RAMIREZ ESTRADA EDGAR

POETA.- Nació en Guayaquil el 5 de Mayo de 1923 y fueron sus padres legítimos Gustavo Ramírez Pérez, Licenciado en Jurisprudencia, funcionario del Seguro Social en Quito y Guayaquil Aurora Estrada y Ayala, cuya biografía puede verse en este Diccionario, considerada una de las más grandes poetas que ha producido el Ecuador, guayaquileños.
El mayor de cinco hermanos, el 29 fue matriculado en la escuelita Fiscal “Cristóbal Colón” en Boyacá entre Sucre y Colón, mientras su padre trabajaba para la Municipalidad y estudiaba en la Facultad de Jurisprudencia y su madre criaba a la familia en un departamento alquilado en Boyacá y Colón propiedad de los Capobianco; reinaba la felicidad en el hogar aunque en condiciones de estrechez económica, pero todo terminó cuando su padre y seis compañeros más fueron expulsados de la Universidad acusados del “feo delito” de ser comunistas. Al saberse la noticia le botaron del trabajo, se hizo el vacío social y en situación de apremio, casi de miseria, se trasladaron a Quito, alquilando un pequeño departamento en la calle Vargas. Su madre comenzó a trabajar en el magisterio y pronto se ganó el respeto y la consideración de la intelectualidad capitalina que admiró a la voz mayor de la poesía femenina en su tiempo y su padre lograba emplearse en la Caja de Pensiones.
Terminada su primaria, ingresó al Instituto Mejía y empezó a estudiar con rabia, pues había probado en carne propia lo que era la injusticia social.
Durante el primer curso fue invitado por varios compañeros a ascender a los cráteres del Rucu y el Guagua Pichincha. La excursión duró dos días y no estuvo exenta de peligros, durmieron en las alturas y aunque no encontraron nieve, soportaron ventarrones y cruzaron precipicios. Habían llevado maíz tostado, tomaron alcohol puro para el frio y regresaron ahitos de aventura. Desde entonces amó las montañas y algunas tardes subía al Pichincha a estudiar en soledad. Allí comenzó a escribir poesía para dar rienda suelta a su yo interior y por influencia paterna leyó la Filosofía materialista y dialéctica. Era un joven profundamente tímido y sensible, de baja estatura, delgado, fino, blanco, de pelo y ojos negros. Después empezó a realizar ejercicios atléticos, adquirió una buena musculatura, consiguió amigos y se graduó de Bachiller.
Su padre quizo que estudiara Ingeniería pero su madre le dijo una mañana que había soñado que sería médico, volvió a Guayaquil y se matriculó en Medicina ya que esa Facultad era considerada la mejor del país. Vivía en casa de su tía Haydee Estrada de Martínez en 6 de Marzo y Luque con una pequeña mesada que le enviaban de Quito y en las vacaciones del invierno de 1942 se presentó en el Ministerio de Previsión Social a solicitar una de las beca para jóvenes Universitarios, consistente en S/. 300 al mes durante todo el período de estudio, siempre y cuando no se reprobara ningún curso.
Tiene Ud. alguna recomendación? le preguntaron en el Ministerio. No señor, solamente mis Notas de primer Curso, todas excelentes por cierto. Aquí están, y las extendió sobre el escritorio del sorprendido funcionario que no salía de su asombro y solo atinó a responder -Es Ud. el primer candidato que viene tan bien recomendado…. y le becaron -Su padre lo quedó viendo con cariño y le preguntó -¿Te crees tan hombre para eso? Si papa.
En la Universidad descolló por su aprovechamiento, sobre todo en la difícil Anatomía Topográfica que dictaba el profesor Navas, temido por su estrictes. El Dr. Abel Gilbert Pontón dictaba Anatomía Descriptiva en el Tercer Curso y decidió premiar a sus dos mejores alumnos llevándoles de Internos a la Clínica Guayaquil de su propiedad. “Los mejores éramos Walter Franco Ibarbó y yo, pero decliné el honor pues había decidido no ser cirujano”.
“Para entonces me ayudaba trabajando como empleado de la Campaña de vacunación antivariólica del departamento Municipal de Salud. Desde el 48, graduado de Médico, puso consultorio en Luque y Vélez y se especializó en Psiquiatría. Por esos días fue designado Profesor de Biología y Psicología en el Colegio Municipal nocturno César Borja Lavayen y durante un baile estudiantil conoció a Matilde Patiño Moreno, alumna del Cuarto Curso, electa Reina de Belleza del plantel, con quien contrajo matrimonio. “Tenemos dos hijos que actualmente son profesionales y han formado hogares estables”.
“A los dos años de fundada la Casa de la Cultura Ecuatoriana, mi madre leyó lo mío y lo entregó al Director de la Editorial, Lic. Alejandro Carrión Aguirre, quien decidió incorporar mi cuadernillo a la Colección Madrugada, formada por voces nuevas que insurgían en la poética nacional sin ser grupo ni obedecer a otra circunstancia que el momento, que fue de eclosión lírica sin igual. Carrión fue muy fino conmigo y me dijo: Eres Tremendo, escribes antipoesía porque eres rebelde, y desde ese momento quedé bautizado como el Tremendo, lo que no me disgustó, luego agregó: Ha nacido en un hogar donde la poesía es costumbre cotidiana. No hay pues que extrañarse de este hombre que haya salido poeta. Lo que sí es suficiente, no sólo para extrañar sino para dejar al lector mudo de asombro, es que haya salido el poeta que es. Es difícil concebir algo igual. Habla en sonámbulo, entra con los ojos cerrados y las manos extendidas y comprende y conoce por el tacto, sin que la inteligencia intervenga con su fuerza ordenadora, pero con una lucidez de loco suelto que hay para quedarse helados. Extraño ser sobre quien nada es posible decir. Solamente esto, que es la más acusada, vigorosa e inconfundible personalidad. Floración de Poeta. I apareció “Canción de la Perfecta Estancia” en 1947.
Encuentro de tu fuga en mi presencia.- // Para Aurora Estrada y Ayala, mi madre.- // Postigos adentro, atrás la rabia, / cruzando sorda puerta sin aldabas./ Postigos adentro goznes impalpables,/ me circundan el rostro y me ablandan los labios.// Que hoy debo tener un soplo de mares,/ y en mi alma primera un filón de agua blanca,/ puntas de la luz a la dulce pestaña/ puntas de luz a mi tierno mensaje.// Todo esto es el bárbaro y mágico deseo,/ y en las alas del insecto al fin la razón de los cielos, /todo esto,/ que llevaré los pétalos abiertos sobre el pecho cuando / llueva,/ y como árbol joven, sensitivo, y abierto, /seré inigualable por ti, como un pequeño sorbo de viento.
Hernán Rodríguez Castelo en su “’Lírica Ecuatoriana Contemporánea” ha opinado que la Canción fue un libro de irrupción temprana, al margen aún de las novedades en que se afirmaría la generación. Sus acordes dominantes son aun postmodernistas: imágenes grandes, corte versal amplio y ritmos solemnes y seguros. Hermosos logros y hondas resonancias como simiente de lo que iba a constituir su poética personalista, se insinúan notas broncas: imágenes antilíricas para la poesía erótica, búsqueda de significantes para la rabia, violentacion sintáctica y presidiendo esas búsquedas una visión amarga de la vida.
Rafael Díaz Icaza ha opinado que su nota mayor fue la ruptura con lo tradicional. Una poesía irreverente, cargada de humor ácido e imaginación, con voluntad de jugar con la construcción gramatical de las frases para obtener con ellas nuevas significaciones. Escribir para èl era como renegar de las anteriores corrientes literarias, cargadas de falso romanticismo. ¿Fue una poesía existencialista o meramente existencial?
Sin embargo de tan buen comienzo, sobrevínole un largo y grave período de maduración y en veintidós años solo compuso dos poemarios que prefirió mantener parcialmente inéditos, pues colaboraba con poemas y relatos de sabor tremendo en diarios y revistas nacionales como “Cuadernos del Guayas” organo de la Sección de Literatura al que pertenecía y en donde ejerció la Subdirección y “Letras del Ecuador” publicación de la Matriz, hasta que el domingo 12 de Marzo de 1967 dejó de existir su madre. Entonces se dijo él mismo: El nombre de ella tiene que seguir, y en la hora del predominio de su generación escapando momentáneamente de su profesión, “inmerso en su propia órbita desencantada y en medio de su mundo envejecido, con una sencillez que penetra y tiembla y una humanidad cálida que conmueve, expresó en solidario y solitario acento, toda su angustia existencial”, un parvo poemario de solo 47 pags. que tituló “Derrumbe”, en 1969, editado con prólogo de Rafael Díaz Icaza y crítica de Ileana Espinel.
Díaz Icaza escribió: el poema Derrumbe, en donde dice que “Toma su sopa ajena en tus Derrumbes/ el triste y miserable Conde de Lautrèamont/ y hace preguntas a la piedra andina/ César Vallejo”.”/Se derrumban aquí/ los pagarés cubiertos por el auto/ y por la juventud./ Los intereses y las comisiones/ que el desamor nos cobra./ Se derrumban los pechos/ de la querida amiga que nos ama/todos los días de pago”.
Allí rechazó sistemáticamente la “grandeza y belleza para dar en lo simplemente vulgar, con el feismo, pues solo le importaba hallar expresión inmediata y tensa en su cosmovisión amarga y mal podría servir una forma ordenada y bella, por eso el violentar del idioma con las mas abruptas elipsis y el erizarlo de enumeraciones agitadas por terca y casi exasperada pasión”.
Por entonces, habiendo prestado servicios en LEA Liga Ecuatoriana Antituberculosa, trabajaba para el IESS Instituto Ecuatoriano de Segundad Social y viajó becado a México a fin de especializarse en el Centro Interamericano de Seguridad Social en Psicoterapia (Psiquiatría Moderna con hipnotismo) durante un año.
En 1970 logró el Primer Premio de Poesía en el VIII Festival Universitario de las Letras de Guayaquil con el tríptico “La Vida es un Tango” que incluyó en “Con la Piel afuera” en 64 pags. desnudándose, es decir, desmitificando, irónicamente, descarnadamente, para “desembocar en una de las poesías de protesta más duras que se hayan hecho en la lírica ecuatoriana: el tríptico La Vida es un tango, cuya pieza central es Vietnam.
Aquí también, como en Derrumbe, la portada y los dibujos interiores de un tremendísimo acorde con los textos, fueron ejecutados por su amigo el pintor Juan Villafuerte. El 71 y el 73 le estudió largamente Miguel Donoso Pareja desde México.
El 74 apareció su cuarto poemario “Por las paredes el Embudo” en 75 pags. irónico más que tremendista, muy cercano a lo Pop, con protesta y denuncia, y hasta con un cierto humor ¿Compromiso político con la izquierda? No ciertamente, pues Edgar es un raro caso, el del autor no político pero si comprometido con la humanidad.
El 76 apareció en la Antología Poética de “Madrugada” de Cristóbal Garcés Larrea y en el No. 29 de la Colección Letras del Ecuador del Núcleo del Guayas salió “El osario Perdido y otros Poemas” tomados de sus obras anteriores, en 101 págs. con la novedad de carácter histórico de haber relatado por primera ocasión en su poética, los orígenes y el desenvolvimiento de nuestro país, al que califica de simple y únicamente el osario.
Poco a poco, el poeta se fue metiendo más y más en el mundo misterioso de su poesía, que unas veces era de militancia política y otras tenía singular hermetismo. En los años 80 se jubiló y adquirió una villa de cemento esquinera, que ha ido terminando sin apresuramientos, en la Ciudadela de la FAE. Tenía dos poemarios inéditos que ha enviado a diferentes Concursos y una novela que nunca concluyó titulada provisionalmente “Autopsia para un posible asesinato”, que inició en los años 70 pero que dada la dificultad que encuentra en la prosa, parece que no dará fin.
Leía mucho por las mañanas, acompañándose de música clásica selecta, escribía poesías a la hora meridiana y atendía a sus pacientes en los bajos de la villa por las tardes. Era de los pocos Psiquiatras que practicaba el hipnotismo en curas sexuales (de homosexualidad, impotencia, lesbianismo, etc.) Poeta a cabalidad, con la debilidad propia de las almas hipersensibles que se emocionan intensamente y pueden llegar al llanto. Por eso se ha dicho que detrás de su aparente dureza había un espíritu altruista, preocupado por el eterno drama del hombre universal.
En 1999 sufrió un infarto cerebral, estuvo grave porque se le complicó con una neumonía pero lo salvó su amigo el Dr. Avelino Arteaga.
El 2000 pasó mejor pero en Marzo del 2001 entró en coma, fue llevado al Hospital del IESS, le encontraron diabetes y tras sufrir una traqueotomía sin recobrar el conocimiento falleció a los 33 días de estar asilado, el 9 de Abril, de casi 78 años de edad.