ORTIZ BERMEO RIGOBERTO

RIGOBERTO ORTIZ BERMEO 

SOCIOLOGO.- Nació en Guayaquil el 3 de Enero de 1899. Hijo legítimo de José Antonio Ortiz González, guarandeño que siendo adolescente fue a vivir en Quito en casa de su pariente el farmacéutico Dr. Francisco Fabara. Luego se especializó en arreglar pianos pues sabía tocar ese instrumento, pasó a Guayaquil y condujo carros urbanos, puso taller de arreglo de pianos y terminó comerciando en arroz y fundando una de las más acreditadas librerías del puerto principal donde se podía obtener toda clase de libros impresos en Quito. Dueño de una regular fortuna, fue de los alfaristas anteriores a 1895, poseyó un chalet con jardín frente a la actual plaza del Centenario y desde 1925 sufrió de reumatismo, quedó inválido en silla de ruedas y murió anciano. Muy joven había casado con Victoria Bermeo Naranjo, natural de Guaranda, bondadosa y bella, quien también falleció casi centenaria en Guayaquil. 

Estudió la primaria en la escuela fiscal del Dr. Manuel Gómez Abad y la secundaria en el Vicente Rocafuerte “donde percibió las diferencias que hacían los profesores y se hizo rebelde a ese injusto ambiente”. En 1918 se graduó de Bachiller con honores, leía constantemente sobre cuestiones sociales y filosóficas sin orden ni concierto y así fue durante dos años tratando de formarse un criterio; pero, al mismo tiempo, se mostraba indeciso en el camino a seguir. 

En 1919 aprovechó una beca que le confirió la Dirección de Estudios del Guayas y viajó al Normal Juan Montalvo de Quito donde era Rector su pariente el Dr. Leonidas García Ortiz en cuya casa vivió. Leonidas García era uno de los más prominentes miembros de la Sociedad Jurídico Literaria y asistía acompañado de su sobrino Rigoberto a las reuniones donde se discutía toda clase de problemas sociales y jurídicos a la luz de las nuevas teorías que giraban alrededor de la lucha de clase expuesta por Carlos Marx y del positivismo social del filósofo francés Augusto Compte. 

Mientras tanto seguía la carrera de Leyes en la Universidad Central y en el Normal recibía la benéfica influencia europea de la II Misión Pedagógica alemana, creadora en el Ecuador del concepto científico de la educación que renovó el ambiente y en nuestro país a las nuevas corrientes educacionales. Estos años fueron decisivos en su formación. 

En 1923 se graduó de Maestro Normalista y fue designado Profesor de Psicología en el Juan Montalvo pero solo dictó un curso pues prefirió volver a Guayaquil a fin de intervenir en la fundación de un nuevo Colegio de señoritas que llamó Guayaquil y funcionó en el local de la Sociedad Hijos del Trabajo, a tiempo que continuaba sus estudios de Derecho en la U. del puerto y dictaba la cátedra de Psicología y Lógica en el Normal Rita Lecumberry. 

Se vivía una etapa de franca decadencia de valores pues mientras el poderoso Banco Comercial y Agrícola manejaba la economía nacional, Enrique Baquerizo Moreno dirigía a los Senadores en el Congreso impidiendo la expedición de leyes que favorecieran los cambios sociales que con tanta urgencia requería el país. Después sería Carlos Alberto Arroyo del Río, quien había desplazado a José Vicente Trujillo del decadente Partido Liberal. En síntesis, un reparto de esferas de poder dentro de la gravedad de la crisis económica motivada por la baja de las exportaciones del cacao que agudizaba las diferencias, convirtiendo a los pobres en más pobres. Esa triste etapa se venía prolongando demasiado y solo con la revolución Juliana de 1925 la situación comenzó a modificarse. 

El 25 de Julio del 25 inscribió su título de Abogado en la Corte Suprema con la tesis “La situación del obrero en el litoral ecuatoriano” que por estar en consonancia con las nuevas tendencias fue publicada en los Anales de la Universidad Central, instaló estudio profesional en Guayaquil y formó familia con la educadora Ildelina Balarezo. Pronto comenzó a hacerse conocer como el abogado de los trabajadores pues cuando alguien de la Confederación Obrera caía en prisión, se encargaba inmediatamente de irlo a sacar. 

Los tiempos eran duros pues la Confederación había caído derrotada en un mar de sangre el 15 de Noviembre de 1922 y sus dirigentes se encontraban dispersos. Existía gran desconcierto en las bases, algunos seguían pensando en el anarquismo y alimentaban sus creencias a través de las publicaciones que llegaban de España a través de Colombia. Otros eran socialistas puros y ya comenzaban a surgir los comunistas soñadores de una revolución igual a la rusa, de suerte que cuando a finales del 25 arribó el Dr. Carlos Puig Vilazar de los Estados Unidos, y reunió en su estudio a un grupo de acción, nació el Partido Socialista guayaquileño contando con figuras de la importancia de Adolfo H. Simmonds, Colón Serrano Murillo, Manuel Donoso Armas y aunque la división se mantuvo, algunos teóricos como Puig, Manuel Donoso Armas, Luis Maldonado Tamayo y Ortíz Bermeo redactaron una Declaración de Principios llamando al orden. Este grupo contó con dirigentes obreros en el directorio, tales como José Ignacio Guzmán, gasfitero que luego tuvo una larga trayectoria sindicalista. 

En Mayo de 1926 asistió al I Congreso Socialista reunido en Quito bajo la presidencia del Dr. Ricardo Paredes pero nuevamente se suscitaron serios roces por desacuerdos con los comunistas, es decir, con aquellos socialistas que seguían las directivas de la I Internacional de Moscú a través de unos pocos contactos en Buenos Aires y Montevideo donde ya existían centros políticos con adeptos comunistas. 

En la sesión de clausura del Consejo Nacional del Partido socialista presentó su propuesta ideológica mediante discurso que planteó temas que van desde la liberación económica del proletariado, el papel de la filosofía como instrumento para modelar la mentalidad de las jóvenes generaciones. “hizo un recorrido conceptual que marcó su formación teórica, apartada de sujeciones partidarias y verdades absolutas. Sostuvo la importancia de la ciencia para que se operen los grandes cambios, la necesidad de ir hacia un espiritualismo nuevo nacido de la crítica al materialismo precedente, la preeminencia de los ideales sobre las consideraciones materiales de vida para la consecución de la justicia social. Habla de la idea de perfección que atraviesa la historia de la humanidad y de la recuperación de las concreciones artísticas y jurídicas de Grecia y Roma, de la religiosidad de la llamada Edad Media de la historia, de la panacea política de la democracia auspiciada por la revolución francesa y el sueño de la igualdad. Acude al pensamiento de Spengler para sostener que su generación asiste a la muerte de la civilización capitalista occidental, apuesta por el avance indiscutible del socialismo como fuerza y como idea, se confiesa ser parte del temperamento sentimental latino y de una tradición religiosa esperanzada en una vida nueva. Echó mano sin reparo ideológico ni frenos mentales a una religiosidad sentida como parte del ser nacional”. I terminó diciendo que engrandecidos moralmente por obra del amor que hizo de Jesús de Nazareth en Dios. Confiemos en la redención económica y moral del proletariado ecuatoriano, para entregarle libre a la gran patria que es la Humanidad. 

Ese año fue designado Miembro de la Jurídico Literaria de Quito y concejal del Cantón Guayaquil, pero renunció al poco tiempo por falta de apoyo a su proyecto de canalización de la calle Chimborazo. El 27, al crearse los Consejos Provinciales, formó parte del Consejo del Guayas donde tampoco secundaron su plan de modernización de la cárcel pública. El 28 estuvo malísimo con tifoidea y para reponerse viajó a la costa en plan de reposo y estudio, tiempo en el cual escribió un texto de Sociología. Su amigo, el Ministro de Gobierno, Julio E. Moreno, lo hizo designar Diputado a la Asamblea Nacional Constituyente de 1928, que eligió Presidente al dictador Isidro Ayora y dictó la Carta constitucional que sirvió para normalizar la vida político administrativa del país. 

Como Diputado obtuvo la aprobación del contrato de canalización y pavimentación de Guayaquil con la Casa White y Co. mientras el Socialismo, que se había declarado contrario a la Asamblea, le expulsaba de su seno, sin considerar que Ortíz Bermeo formaba parte de una pléyade de intelectuales valiosos que trataban de estudiar y comprender de manera objetiva los problemas nacionales a través de los fenómenos de la realidad social, estudiados bajo la óptica de un horizonte investigativo y crítico propio del positivismo científico. Sin embargo, esta posición comenzaba a chocar con la novedad del comunismo, que todo lo veía simple y llanamente a través de la lucha de clases. 

En diciembre de ese año 28 Benjamín Carrión le escribió desde El Havre: Ud. Ha tenido no el miraje circunscrito del pedagogo sino el integral del estadista. Del estadista moderno que prepara la inevitable, la necesaria revolución del porvenir. Ud. No se ha preocupado solo de la marcha inmediata de una escuela o colegio, sino del porvenir cultural de una zona, de una parcela de la humanidad que tiene derecho, como todas, a la verdad y al progreso de que gozan todas. 

En 1930 viajó por primera ocasión a Europa. El 31 fundó y figuró en la redacción de la revista “Clamor” con Francisco Ferrandiz Albors, Joaquín Gallegos Lara, Alberto Hidalgo Nevares y César Naveda Avalos. Enseguida los comunistas le hicieron la contra y hasta le solicitaron a Gallegos Lara que salga de sus páginas pero éste – cosa rara – no les hizo caso. Clamor tuvo hasta cierto punto una larga vida pues arribó al número 17 a pesar de la gravísima crisis que vivía el mundo e incidía horriblemente en la economía de nuestro país, sin embargo, la extrema pobreza del medio ciudadano, hizo que la revista terminara por consunción. En su mejor momento “Clamor” circulaba por las principales provincias y fue leída por casi cinco mil personas siendo la mayor revista ecuatoriana del momento. Rigoberto se convirtió en una figura expectante en el panorama socio político nacional. Fue un gran momento, su voz era escuchada en el país. 

Joaquín Gallegos Lara en carta a Nela Martínez le había contado meses atrás: En lo que me dices de Ortiz ya lo he notado. Es demasiado inteligente para ser sincero y no lo suficiente para ser grande. Es que hay una sinceridad ingenua e ignorante. Hay enseguida una inteligencia que ve a medias. Por último la inteligencia que ve del todo y siente. Yo ignoro como sea el Dr.Paredes(Ricardo)fuesimpáticoa mi modo de ver. Ahora que resiste solo mientras los otros han renegado atrae más. Los indios cabecillas comunistas asesinados claman más que el Clamor para mí. Yo fui franco en la redacción. Dije lo mismo que tú me has dicho luego. Un periódico socialista no se sale por la tangente ni rehúye pronunciarse. Entonces me dijeron que escribiera algo. Veremos hasta cuanto duro. Yo creo en el indio. Yo no soy un social demócrata escurridizo, colaboracionista, contemporizador sino un comunista y un revolucionario. Conservo mi independencia de auxiliar no afiliándome al Partido pero mi decisión está tomada. Yo no estoy con los intelectuales resbalosos, estoy con los trabajadores, sobre todo con los del campo. 

El 32 fundó el Sindicato regional de educadores del Guayas y comenzó a editar dos pequeños periódicos titulados “Ardeplo” y “Espectación”. El primero fue el órgano de difusión de los principios de dicho Sindicato y en el segundo hizo política y literatura. 

El 35, su amigo el Ministro de Educación, Carlos Zambrano Orejuela, le designó Rector del Vicente Rocafuerte. Este fue su mejor momento porque adecuó el plantel a los cambios que la modernidad exigía y estableció en el colegio una de las primeras radioemisoras que tuvo Guayaquil y que a pesar de no ser de alta frecuencia salió al aire en numerosas ocasiones, trasmitiendo programas culturales y científicos. Llevó a numerosos intelectuales de la izquierda liberal y socialista. Las primeras figuras literarias de la generación de los años treinta pudieron explayarse sobre las nuevas corrientes lúdicas ante un alumnado absorto pero exigente. 

También asistió a varios seminarios sobre Medios visuales de enseñanza y medios de educación colectiva, pero el 29 de Noviembre ocurrió el fallido movimiento militar contra la dictadura del Ingeniero Federico Páez, llamado la Guerra de las Cuatro Horas, contra el Ministro de Defensa, Alberto Enríquez Gallo y el propio dictador. El Ministro de Gobierno, Aurelio Armando Bayas Argudo cayó preso y corrió peligro de muerte pero finalmente fracasó la asonada y se salvó el régimen. 

Poco después se acusaba falsamente a los dirigentes izquierdistas de ser los autores del golpe, numerosos obreros fueron apresados y confinados al penal de las Islas Galápagos o al oriente. Los políticos tuvieron que salir del país o pasaron a la clandestinidad. “El Vicente Rocafuerte fue reorganizado bajo la acusación de tener numerosos profesores izquierdistas y se designó nuevo rector a Teodoro Alvarado Olea. “No contento con ello el Gobernador Alberto Icaza Carbo me sacó a Chile. En Santiago fui protegido por mi amiga la ensayista Amanda Labarca, autora de la Historia de la Educación en Chile, quien me hizo designar profesor de Sociología en la Universidad de Concepción, donde dicté el curso del 37 al 38 muy bien remunerado. De regreso a Santiago me incorporé al cuerpo de Abogados y trabajé en la organización jurídica Estrella hasta el 39 que retorné a Guayaquil, volví a instalar estudio y me especialicé en asuntos contenciosos civiles.” En Santiago había entregado su texto de Sociología a Luis Alberto Sánchez, Gerente de la Editorial Ercilla y aunque se inició el levantamiento de las planas, la edición quedó trunca por la quiebra de esa editorial” y se perdió la gran oportunidad de que su obra se hiciera conocida a nivel continental. 

Nuevamente en el país el 39 cuenta: 

“Mi hermano el Ing. José Vicente Ortíz Bermeo, radicado en New York, había construido un radio transmisor para el Instituto Prat donde estudiaba y lo trajo a Guayaquil. “Con mucho cuidado instalamos el transmisor en un predio ubicado en el carretero a la costa, pusimos oficinas en una de las cúpulas del Palacio Municipal que nos fue cedida gratuitamente, con el tiempo nos cambiamos a una villa situada en la calle Esmeraldas entre Hurtado y Vélez y finalmente al edificio Calero frente al correo que por ser más central facilitaba la recepción de anuncios pagados. Al principio funcionó la radio sin nombre durante seis horas diarias, después se llamó radio Ortiz. El noticiero comenzaba a las seis de la mañana y terminaba a las ocho. El servicio se reiniciaba a las seis de la tarde y duraba hasta las diez de la noche. La propaganda pagada era escasa, después fue suficiente para cubrir los sueldos de los cuatro empleados: Un técnico, el locutor, un conserje y el director. “Yo dirigía y editorializaba diariamente los temas de actualidad”. 

Cada domingo a las doce del día comenzaba la revista literaria con la intervención de numerosos intelectuales. “Recuerdo que el Dr. Falconí Villagómez polemizó con los vanguardistas negándoles importancia como escuela literaria. Después nos llegó el permiso ministerial de funcionamiento. El 55 Carlos Armando Romero Rodas administraba y locutaba mi radio. El 56 subió Fulgencio Batista al poder y numerosos cubanos emigraron a Latinoamérica. Dos locutores profesionales vinieron a Guayaquil y los acogimos. Nos pusieron en contacto con las agencias internacionales de publicidad y robustecieron la economía de la radio; sin embargo, cuando cayó Batista el 1 de Enero del 59, se regresaron a La Habana. En ese invierno se inundaron las instalaciones del kilómetro 6 de la vía a Daule y se destruyó el transmisor, que no pude reponer, dejando de salir al aire a pesar de tener una magnífica sintonía”. 

En 1945 fue electo miembro fundador de la Casa de la Cultura Ecuatoriana en representación de las instituciones culturales del litoral. En Septiembre asistió a la fundación de la Asociación Interamericana de Radiodifusoras. 

El 47 fue designado Vocal y Vicepresidente del Tribunal Provincial Electoral del Guayas y fundó la Asociación Ecuatoriana de Radiodifusión AER cuya presidencia ejerció hasta el 63 que renunció por no tener radio. Entre el 48 y el 54 fue Inspector de Segunda Educación del Litoral y obtuvo la creación de los Colegios Dolores Sucre, Francisco Campos Coello y Francisco de Orellana. 

En 1949 contrajo matrimonio con la guayaquileña Alcira Crespo Ramírez a quien había conocido en la capital y tuvieron un matrimonio feliz aunque sin hijos. Entre el 49 y el 51 dictó la cátedra de Sociología en la Facultad de Jurisprudencia. Entre el 52 y el 57 ocupó el decanato de la Facultad de Humanidades y Ciencias de la Educación, representando a la U. de Guayaquil en el I Congreso de Sociología celebrado en la U. Central de Quito, donde también dictó clases dentro del programa de intercambio de profesores existente entre ambas instituciones. Por esos días ocupó la presidencia de la Sociedad Bolivariana de Guayaquil, funciones que ejerció por muchos años hasta su renuncia en favor del Dr. Antonio Parra Velasco. 

En 1964 fue designado Ministro Juez de la Corte Superior de Guayaquil pero se excusó. Entre el 69 y el 70 fue Juez de Tierras del IV Distrito con categoría de Ministro Juez y el 71 pasó a Ministro Juez de la Corte Suprema, presidiendo la IV Sala entre el 72 y el 75, en que se acogió a los beneficios de la jubilación obligatoria decretada por la dictadura del General Guillermo Rodríguez Lara. 

El 79 falleció su esposa y se formó un Comité especial presidido por los Doctores: César Palacios García, Angel Felicísimo Rojas, Luis Antonio Arzube y Macario Gutiérrez Solórzano que organizó los festejos conmemorativos de sus Bodas de Oro profesionales. Ese año cerró el estudio y pasó a vivir con sus hermanas Luisa y Emma Esperanza. El gobierno del Presidente Jaime Roldós le confirió la Orden Nacional al Mérito a través de su Canciller Alfredo Pareja Diez – Canseco. 

El 89 fue muy felicitado al cumplir noventa años de vida y cuando el 91 falleció su hermana Emma Esperanza entró en una severa depresión, sufrió un infarto y tras breve enfermedad falleció el jueves 19 de Diciembre sin agonía. 

Trigueño claro, de rostro amable y trato afectuoso y paternal. La estatura mediana y de contextura algo gruesa. Buen conversador, teórico del socialismo, tuvo años de lucha noble y generosa en defensa de la causa del obrerismo guayaquileño. 

Leopoldo Benítes le recordaba como hombre de vasto saber sociológico, maestro de enseñanzas puras y desinteresadas. Con él compartimos las postraciones del liberalismo político, la revolución rusa de 1917, el descontento de la primera post guerra, la revisión crítica de todos los valores y una concepción de compromiso y lucha por una sociedad justa.” Cuando le visitaban sus amigos solía recibir en su extensa biblioteca y hablaba de preferencia sobre los problemas de la educación en el Ecuador y el mundo, de sus experiencias en el campo pedagógico, del futuro de la Patria y de su querida ciudad. Yo pude contarme entre ellos y gocé de su fina cortesanía pues era muy brindador y su hermana una excelente anfitriona que agasajaba en los almuerzos con platillos de la comida criolla, especialmente confeccionados por ella, y entre los recuerdo estaban las tradicionales hayacas y su chicha de la santa, tradicional bebida guayaquileña que se prepara con agua de arroz, jugo de naranjilla y azúcar. 

Como nota curiosa cabe indicar que en 1933, con motivo del planificado viaje a Suiza de mi tío Jorge Pérez Concha, mi abuela Teresa se deshizo del mobiliario de su casa y vendió al Dr. Ortiz el juego de sala de veinte y cuatro piezas tipo Regencia tapizado en damasco amarillo, adquirido a principios de siglo por mi abuelo Federico Pérez Aspiazu en una de sus visitas a Paris. Juego que aún se conservaba intacto entre los descendientes de Ortíz Bermeo, aunque que con otro tapiz del mismo color original.