ORRANTIA WRIGHT TOMAS CARLOS

(Un guayaquileño de honor)

Nació en Guayaquil el 17 de febrero de 1.919 en la antigua casa familiar situada en el tradicional barrio de Las Peñas con frente a la ría, donde tuvo una niñez y juventud tranquilas y llena de felicidad. Hijo del matrimonio formado por Carolina Wright Ycaza (Guayaquil 1882. Guayaquil 1967) copropietaria de la gran hacienda Convento que había pertenecido tres generaciones de la familia Icaza, comenzaba en la jurisdicción de Babahoyo y terminaba en Puebloviejo y que terminó dividida entre los Wright Icaza, los Icaza Venegas y los Icaza Owerwer, y de Luís Federico Orrantia Cornejo (Quito 1875 – Los Ángeles, California, 1951) que al quedar huérfano de padre fue pedido por su tío Manuel Orrantia para terminar de educarle en París, tras lo cual pasó a trabajar en la tienda de comercio que su acaudalado tío mantenía en nuestra ciudad, y aqui casó en 1900 y formó una familia compuesta de  diez hijos, de los cuales sobrevivirían siete, siendo Tomás Carlos el menor.

Como se acostumbraba por entonces recibió su educación con profesores en casa, entre los cuales recordaba a Alfredo Sáenz en matemáticas por estricto y a Teobaldo Constante García en dibujo. 

De escasos nueve años en 1.928 se trasladó a París con sus padres y hermanos y tras conocer la ciudad luz y viajar por varios países europeos volvieron cuatro años después.  en 1.932 a concluir la secundaria.

A principios de siglo su padre había fundado la empresa Luís Orrantia y Cia. dedicada a la administración de propiedades agrícolas y urbanas con su socio Martín Avilés Garaicoa, pronto adquirió las haciendas Matilde y Estrella en Salitre, fue Comisario del Banco del Ecuador cuyo directorio presidió en 1920, ingresó ese año a la Junta de Beneficencia y fue electo Senador por el Guayas. Dos años antes había figurado entre los socios fundadores de la Sociedad de Puericultura del Guayas propietaria de la Casa Cuna. Entre 1920 y el 24 presidió la Municipalidad de Guayaquil, el 25 el Club de la Unión, y el 27 constituyó la Constructora Fénix con los ingenieros José Antonio Gómez Gault y Álvaro Tinajero Albornoz que tantos edificios públicos y privados construyeran en Guayaquil. Finalmente se dedicó al turismo a través del Hotel Metropolitano de tan grata recordación,

Mientras tanto el joven Tomás Carlos había vuelto a Europa donde se mantuvo cuatro años estudiando hasta que en 1936 tomó a cargo los trabajos de campo de las haciendas que su padre puso a su cargo, manejando la piladora y los cultivos de arroz, café y cacao y sembró numerosos árboles de teca, pero tantos esfuerzos desplegados en casi treinta años se vieron frenados en 1.964 cuando la Reforma Agraria decretada por los militares y el Punto IV promovió las invasiones de tierras y se perdió todo.

En enero de 1942 había contraído matrimonio en Bucaramanga con Hersilia Santos Díaz, hija del Dr. Marco Arturo Santos Gómez, cónsul General de Colombia en Guayaquil y de su prima hermana Margarita Díaz Gómez, naturales de Suaita y Socorro, respectivamente, estado de Santander del Sur. Unión estable y feliz, con tres hijos.

Entre 1953 y el 61 ejerció la dirección de la Asociación de Ganaderos del Litoral y del 53 al 61 representó a la institución ante el Centro de Salud Pecuaria con sede en Quito. El 53 figuró entre los socios fundadores de la Alianza Francesa de Guayaquil y desde el 58 al 80 formó parte de su directorio.

Desde 1970 ejerció una de las vocalías del directorio del Banco de Guayaquil cuando esta institución fue rescatada por el civismo guayaquileño tras su cierre. Allí se mantuvo hasta el 74 y luego nuevamente entre el 78 y el 81 luchando denodadamente para lograr su total rehabilitación. En estas labores cumplió una importante función pues se logró restablecer la confianza pública. Entre el 74 y el 77 presidió el directorio del Banco Sociedad de Crédito. En el interim mantenía una oficina de brokers para varias Compañías de Seguro del país. 

Con su esposa asistían a numerosos compromisos sociales y culturales, sus hijos estaban casados y la familia había aumentado con varios nietos, luego vendrían los bisnietos. En 1998 fue entrevistado por diario Expreso, declaró que sus metas siempre habían sido el honor y la honradez, que jamás había hecho daño a nadie, y que no soportaba la falsedad. 

Vivía con los suyos en una villa del barrio del Centenario hasta que ocurrió el fallecimiento de su cónyuge en marzo del 2007. Desde entonces pasó al hogar de su hija María Verónica de Nickel y tras varios años en que su salud fue declinando paulatinamente falleció en su ciudad natal, que tanto quiso, el          y está enterrado en el Cementerio General. 

Fue una personalidad eminentemente social, su trato sereno y agradabilísimo, siempre cortés sin ser cortesano, le recomendaba. En lo personal siempre de buen ver, alto, delgado, blanquísimo, el pelo negro y lacio, sereno el andar, sencilla la mirada y con esa caballerosidad tan propia de los guayaquileños de antes.

Trabajó mucho hasta una avanzada edad pues como ciudadano honestísimo se había dado por entero al servicio en favor de sus conciudadanos, olvidándose prácticamente de su propia economía. Nunca ambicioné riquezas diría en alguna ocasión. 

En la década de los años 1920 hasta el 64 dio lo mejor de sí en favor de la ganadería del litoral, que mucho le debe, fueron años de constantes sacrificios; después le llevaron a prestar servicios bancarios que realizó con suma delicadeza y decencia, dando ejemplo de civismo cuando en 1970 se produjo el cierre y la reapertura, es decir, la rehabilitación, del Banco de Guayaquil, institución quebrada que logró rescatar con la ayuda de otros buenos guayaquileños.

El Diccionario Biográfico del Ecuador le tiene en la nómina de los más valiosos y mejores guayaquileños del siglo veinte.