NOBOA LEDESMA LUIS ADOLFO

Nadó en Guayaquil el 9 de Agosto de 1890 y fue bautizado en el Sagrario de la Catedral de veinte y un días de nacido el 30 de Agosto. Para el Incendio Grande no sufrió la pérdida de los bienes pues los Noboa Ledesma crecían con la abuela materna Rosa Salinas, en una casa esquinera y de madera, de una sola planta, de su propiedad, ubicada en la esquina de Quito y Vélez, a donde no llegó el fuego. Realizó la primaria en el Colegio de San Luis Gonzaga fundado por el Presbítero José Maria de Santistevan Plaza al costado de la Catedral en la esquina de Ballén y Chimborazo. Niño ágil y travieso, con el pasar del tiempo se transformó en un joven extrovertido y dicharachero que encantaba por su buen humor y por sus rasgos finos, muy tipo Benítes, familia que ha dado por generaciones gente bien presentada en Guayaquil. De risa agradable y contagiante, la tez blanca, alta la frente, el pelo castaño y ligeramente ondeado aunque algo escaso. El bigote corto resaltaba la perfección de la nariz y la boca. Por eso atraía a las mujeres casi sin proponerselo, las conquistaba con su natural simpatía y tuvo muchas en su vida. Juergista, parrandero y enamorador, serenatero como se decía entonces, inició estudios de Medicina en la Universidad de Guayaquil y al finalizar el segundo curso en 1910, decidió cambiar de ambiente y se empleó en la empresa del ferrocarril Guayaquil – Quito, fue enviado a la estación de Ambato, considerada la tercera en importancia por el flujo de mercaderías después de las de Durán y Machachi, entre las treinta y dos que funcionaban en la ruta del ferrocarril. AMBATO.- Capital del Cantón de su nombre en la Provincia del Tungurahua, era una risueña población en 1910, de calles casi rectas y empedradas, asentada en una pintoresca hondonada y a la vera derecha del pequeño rio que le diera su nombre, goza de un clima suave y templado por estar situada a 2.000 metros sobre el nivel del mar. Las principales familias blancas se conocen y llevan una vida sedeña y feliz, de paseos por los lugares cercanos. El resto de la población casi es mestiza y los indígenas forman una minoría. Los apellidos más notables por la antiguedad en el lugar, importancia de sus hechos y número de sus miembros, se puede citar a los Montalvo, Mera, Martínez, Naranjo, Cobo, Holguín, Vela, Ceballos, Suarez, Darquea, Fernández, Villacreces, González, Barona, Sevilla, Tinajero, Vásconez, Cajiao, Borja, Maya, Arias, Viten’, Navarrete, Portilla, Albornoz, Garcés, Ruiz, Toro, Pachano, Coloma, Lalama, Sánchez, Colina, Constante, Lanas, Chacón, Quirola, Tabares, Bucheli, Terán, Lafronte, etc.

De Ambato se sale por el norte a Latacunga, por el sur a Riobamba, por el este a Baños, al Pastaza y al oriente, y por el Oeste al camino a Pallatanga y a diversas poblaciones de la costa. “Bordean a la ciudad ricas y pintorescas vegas cubiertas de verdor perenne, que cautivan con su belleza siempre floreciente a cuantos la visitan por primera vez. Por el Suroeste se extiende una dilatada vega de terreno que desciende suavemente hacia la orilla derecha del Ambato y termina en una ancha playa donde ha surgido la moderna barriada Miraflores con hermosos y cómodos chalets. Al frente, sobre la orilla opuesta, los vergeles evocadores de Ficoa, lugares predilectos de Montalvo y donde plasmó el maestro algunas de sus obras inmortales.”

“Cuenta con numerosos edificios públicos de importancia, como el Palacio de Gobierno, el Colegio Bolívar, el Hospital Civil, el Colegio de la Providencia y entre los edificios particulares, muchos hay que pueden rivalizar con los mejores del país.”

Tiene un hermoso parque central en cuyo frente se levanta la Casa Municipal, que como casi todas es algo achatada, de calicanto y techo de tejas. La casa de Montalvo, antigua y modesta, forma una de las principales esquinas. Las calles Olmedo y Mera tienen un gran comercio y ciertas casonas monumentales como la del señor Rodríguez en la plaza Diez de Agosto, el Club Tungurahua y el viejo Panteón republicano le confieren aires de grandeza. En sus cercanías se levantan hermosas quintas en la colina de Bellavista destacando la espaciosa Quinta Normal de Agricultura fundada por Luis A. Martínez.

En lo educativo y cultural funciona el Colegio Bolívar fundado por Joaquín Lalama Constante, cuya biblioteca tiene casi seis mil volúmenes. En lo referente a industrias y comercio Ambato ocupa un lugar muy distinguido pues mantiene un activísimo intercambio de valores y productos con las otras poblaciones de la provincia y con varias secciones del país, principalmente con Guayaquil, porque los pueblos del Tungurahua son el granero de la costa.

Su tradicional feria franca se verifica los días lunes de cada semana y se distribuye en cuatro grandes plazas, ofrece toda suerte de efectos negociables, víveres, productos industriales, ganado, etc. En ella se verifican notables transacciones. Uno de los más importantes renglones locales es la venta de ganado vacuno, caballar, lanar, porcino, etc.no obstante la escasez notoria de dehesas característica de la Provincia.

Tomado de la Monografía del Tungurahua, Ambato, 1928.

PRIMEROS MESES EN AMBATO.- A poco de llegado Adolfo Noboa empezó a ser invitado por las principales familias; pues, en una ciudad tan pequeña ningún extraño pasaba desapercibido y llegó a tener un grupo de amigos que cantaban, bebían y enamoraban en ratos perdidos, como él. Uno de ellos era el panameño Salomón Brandon, también funcionario del ferrocarril, que le introdujo en la casa de su novia Mercedes Naranjo Villota y fue presentado a su hermana Zoila Matilde, de solo catorce años de edad, a quien llamaban cariñosamente La Guagua, apodo que le duraría entre los suyos para toda la vida y surgió el amor.

Los Naranjo Villota eran:

  1. 1. – Mercedes, Nació en Ambato y murió en Guayaquil el 26 de Marzo de 1972. Casó en Ambato previa dispensa del 27 de Mayo de 1910 con Salomón Brandon, natural de Panamá. Hijos: Gerardo, Claudio, Judith y David Brandon Naranjo.
  2. 2. -Rosa, Murió en Quito el 26 de Agosto de 1969, Casó con Carlos Suarez Varela. Hijos: Guillermo, Rodrigo, Ernesto, Carlos y Jaime Suarez Naranjo.
  3. 3. – María Elvira, murió en Quito el 20 de Octubre de 1974. Casó en Ambato previa dispensa del l8 de Agosto de 1916 con Luis A. Viten’, natural de Salcedo. Hijos: Luz, Herminia y Luisa Viteri Naranjo.
  4. 4. – Jorge Plutarco, nació en Ambato en 1897, falleció en Guayaquil el 27 de Febrero de 1970, casó con Amelia Noriega.- Hijos: Rosa, Jorge y Luis;
  5. 5. – Roberto.

Espigada y esbelta la niña Zoila era una trigueña clara de facciones finas y bien delineadas, ojos expresivos, nariz recta, el cabello negro y ligeramente ondeado, lo que se dice de buen ver; pero lo mejor de su personalidad expansiva y de reacciones primaria era su trato directo y extrovertido que ganaba tantas simpatías y a todos caía bien. I no le faltaban pretendientes, pero al conocer “al monito Noboa” sintió que había encontrado el gran amor de su vida, el único, como correspondía a una chiquilla romántica y sencilla que ocupaba su tiempo en labores propias de su sexo como la costura, confección de vestidos y finos bordados; por eso sus tapetes, sayas y mantas tenían gran acogida en la feria donde se vendían a buen precio. Hija y hermana abnegada, vivía entregada a las labores del hogar en compañía de su madre viuda y propietaria de una pequeña huerta con frutales, cercana a Ambato.

De ilustración mediana, lo suficiente para figurar en sociedad y con los conocimientos necesarios en su tiempo. Sabía leer, escribir, las cuatro reglas de la aritmética, algo de gramática, historia y geografía, barrer, trapear, lavar, planchar y cocinar, es decir, todo cuanto se exigía a las jóvenes de clase económica media de Ambato a comienzos del siglo XX.

Una tarde, que habían salido a pasear tomados de las manos, aceptó la romántica proposición que le hizo el joven costeño y con su hermana Mercedes alcanzaron las dispensas diocesanas de rigor y ambas se casaron la mañana de 27 de Mayo de 1910 en Ambato (Mercedes con Salomón Brandon y Zoila con Luis Adolfo Noboa Ledesma) A la ceremonia asistieron unos pocos parientes y amigos porque los matrimonios eran ceremonias sencillas y solemnes y los convites pequeños. Zoila tuvo en Ambato a:

  1. 1. – MARIA Angélica Noboa Naranjo nació el 5 de Marzo de 1911,
  2. 2. – Jorge ENRIQUE Noboa Naranjo nació el 21 de Marzo de 1913, y
  3. 3. – LUIS Adolfo Noboa Naranjo nació el 1 de Febrero de 1916.

Viaje a Guayaquil

En Febrero de 1918, tras casi ocho años de trabajar en la estación de Ambato Luis Adolfo Noboa Ledesma se cansó de la rutina y creyó del caso buscar mejores oportunidades en el puerto principal; pero como arribó en plena estación invernal donde el trabajo es difícil y escaso, se dio tiempo para un amorío circunstancial, mas bien una simple aventura, que casi le costó la vida a manos de un marido celoso, que salió a buscarle por calles y plazas y con las peores intenciones, pues estaba armado.

Estudios EN LIMA y trabajos EN LA SERENA

Perurgido por las circunstancias se trasladó a Lima y decidió ingresar a la Escuela de Odontología de la Universidad de San Marcos, comenzando una carrera corta de solamente tres años, que sin embargo se le volvió difícil por la estrechez económica y por eso, cuando en cierta ocasión un amigo le habló de las excelentes posibilidades que un joven dentista podría tener en La Serena, puerto cuatri centenario, con casas de piedra, ubicado al norte de Chile, se dejó convencer y partió a esa extensa región que va del mar a las montañas, conocida como el desierto amarillo, porque la tierra está mezclada con arena y es bastante seca pero cuado llueve se cubre de vegetación y aparece un bellísimo manto verde.

La Serena tiene hermosas casas antiguas y calles de adoquines, en su malecón marítimo crecen las altas palmeras tropicales que por el clima más bien frio no dan frutos; pero allí también le fue difícil al joven profesional y tuvo que probar suerte en el vecino pueblo de Nogales, casi inaccesible por estar rodeado de frondosos bosques y espesas montañas, donde instaló su consultorio y prosperó porque no había dentistas. En tan apartado como rústico confín adquirió clientela por su “buena mano” para las complicadas extracciones dentales. Rápido con el gatillo, casi no ocasionaba dolor, por eso empezó a ser buscado y ganó dinero aunque su extremada bondad le impedía ahorrar. En cierta ocasión, tras realizar una operación difícil que salvó una vida, recibió excelentes honorarios que no tardó en entregar a una sociedad de beneficencia !Así era de generoso! y como le gustaban los caballos finos, que para entonces constituían el único medio de locomoción en el campo, todo se le iba en eso.

Quienes le conocieron y trataron le describen así: Joven, delgado, bien parecido, de modales finos, carácter entusiasta y dado a los jolgorios. La tez blanca rosada.

EL SACRIFICIO DE SU ESPOSA

Su desapego a los bienes materiales era increíble, actitud que contrastaba con la de su joven esposa, quien velaba en Ambato por la crianza de los pequeñuelos ganando el diario sustento con toda clase de trabajos honrados y sometiendose a un régimen de enormes privaciones. Los jueves y domingos concurría a las ferias para aprovisionarse de víveres, en algunas ocasiones hasta comprando por puñados, que vendía en el cuartel – pan, leche, granos – al por mayor o a lo que pidan, pues tenía que mantener el hogar.

EI pasó junto a sus hijos esos cuatro largos años que fueron de soledad y pobreza hasta que el 2 de Julio de 1922 falleció en Quito doña Rosa Ledesma Salinas vda. de Cañizares, en casa de su hija Rosa Amanda de Pierrottet, quien gozaba de buena situación económica y social. Su hijo Adolfo se enteró en Chile de la mala noticia y comprendiendo que ya no era posible que su esposa e hijos siguieran abandonados en Ambato, tomó conciencia de su responsabilidad y les envió el dinero para los pasajes !Ven pronto, te necesito amor mío….! y doña Zoila Naranjo de Noboa, amantísima esposa, sin pensarlo dos veces y desechando los consejos de amigos y familiares que se oponían a una viaje tan largo y peligroso, tomó a sus tres pequeños, se despidió de los suyos y viajó a buscarle.

El trayecto resultó bastante complicado. De Ambato salió en tren. En Guayaquil tuvo que alojarse en una pensión y esperar algunos días por el vapor que iría al sur, una pequeña embarcación, de las llamadas caletera, peligrosa y llena de incomodidades que pasó por Paita, Piura, el Callao, Ica y finalmente atracó en La Serena. En el muelle los esperaba su esposo, muy fresco después de tan larga ausencia, pero ella nada le reprochó; era una mujer fuerte y su amor por él había aumentado con la ausencia.

VIDA FAMILIAR EN CHILE

Pronto se acomodaron en una casita de piedra con techo de tejas y patio de tierra en los extramuros de Nogales, ubicada a la vera de un camino vecinal, pues la situación no daba para más. El clima frio, húmedo y lluvioso, típico de montaña, no la tomó desprevenida y aprendió a gozar las mañanas soleadas, aunque las tardes eran grises y casi siempre bajaba la neblina a las dos.

Los primeros tiempos fueron de incesantes trabajos, había que hacer de todo. La Guagua limpió, cocinó, lavó, planchó, remendó, cuidó a sus niños, atendió solícitamente a su bienamado esposo y a principios de 1 924 quedó embarazada.

I todo volvió a ser igual que en Ambato, la misma vida rutinaria, solamente que en Chile no conocía a nadie. Diariamente salía su esposo a atender la clientela, pero ¿Qué importaba la soledad, si su carácter franco y sencillo, sin limitaciones ni complejos, le abría todas las puertas y además estaba viva y feliz, por eso su frase favorita fue desde entonces !Viva, viva! reveladora de un sano optimismo. I los vecinos, viendola tan abnegada, entregada por entero a sus obligaciones de esposa, madre y ama de casa, la llegaron a estimar en grado superlativo.

De otra parte la clientela de su esposo estaba formada por los propietarios rurales y sus familias, que se esmeraban en prodigar al Dr. Noboa, a su joven esposa y a los niños, todas las finezas usuales en el campo, como se estila entre amigos, vecinos y conocidos. Por eso, cuando el dueño de una de las quintas cercanas decidió dar una fiesta, les invitó. El convite iba a celebrarse ese fin de semana en su parcela a pocos kilómetros de distancia. Doña Zoila se excusó de asistir por su avanzado estado de gestación, en realidad se le hacia difícil trasladarse a caballo con sus pequeños hijos y solos no los podía dejar; pero como la invitación no podía ser despreciada, su esposo partió ofreciendo volver lo más pronto posible.

Esa fría y lluviosa noche de Agosto de 1924, en medio de las sombras que cubrían el horizonte, el trote del caballo anunció su regreso. Su esposa solícitamente salió a recibirle llevando en una mano la linterna de carburo para alumbrar el fangoso patio y en la otra a su hijo menor Luis Adolfo, de solo ocho años de edad, que aún no se ^ había acostado. Y ocurrió la tragedia cuando el jinete trató de apearse algo mareado, se enredó y cayó al suelo. Asustada la bestia, una y diez veces lo pateó delante de la esposa y de su hijo, el padre quedó tendido en el suelo. Doña Zoila, aterrada pero sin perder el control de sus actos, entró rápido a la casa y despertó a Enrique su hijo mayor, a quien cariñosamente llamaba “negrito”.

!Ve pronto, corre donde el médico vecino. Tu papá se ha accidentado…! El niño partió desaforado y al cruzar la puerta se golpeó en la frente con la rama de un árbol cercano, quedando la cicatriz para toda la vida, pero aún sangrando copiosamente, con gran valentía y responsabilidad siguió corriendo y regresó con el médico; quien solo pudo comprobar que la muerte de Don Luis Adolfo había sido instantánea, provocada por múltiples fracturas de la bóveda del cráneo. Fue una experiencia dolorosa para todos y tan triste e impactante, que muchos años después aún la recordaba su hijo Luis con gran dolor.

“Nunca el mundo me pareció más grande ni mi vida más sola! Tomados de la mano con mi madre, frente al cadáver de mi padre, quedamos estáticos, sin lágrimas, no sé cuánto tiempo”.