NEGRI FRACCHIA ANGELO

INTRODUCTOR DE LA OPERA.-

Nació en el pueblo de Castellazzo Alesandria, en la Romaña, Italia, el 22 de agosto de 1878. Tuvo por maestro de canto y música a Pietro Mascagni y a Ildebrando Pizzetti (1) y coronó sus estudios de Director de Orquesta, Organista y Compositor con el Maestro Cicognani.

Enseguida fue nombrado Director de la escuela de música de Rocanatti y primer Organista de su catedral pues era un consumado pianista, compositor, concertador y Director de orquesta.

Durante los años de la I Guerra Mundial quedó momentáneamente inactivo. En 1916 ingresó a las filas italianas y firmado el Armisticio dos años después volvió a sus actividades y formó un gran Orfeón, donde surgió la maravillosa voz del tenor Belarmino Giggli, con quien hizo un triunfal recorrido por los Estados Unidos y el Canadá entre los años 1925-27. Después pasó a Buenos Aires y dirigió la Orquesta sinfónica de radio Belgrano, hizo amistad con el pintor Quinquela Martín y hasta compuso varios tangos como “Ya te vas Guardia vieja”.

En 1930 la artista Lea Candini lo conquistó para que se pusiera al frente de la orquesta de su compañía y recorrieron Brasil, Uruguay, Argentina, Chile y Perú. En 1932 arribaron a Guayaquil y tras exitosas presentaciones en el teatro “Edén” la compañía partió sin Negri, quien se quedó porque su hija Clara estaba casada con el Ingeniero Rodrigo Perrota, quien había sido contratado con un ingeniero francés para diseñar y construir el edificio del Hospital General. También es verdad que sus cincuenta y cuatro años le pesaban para seguir en la dura vida de artista viajero y porque el clima cálido y húmedo de Guayaquil le asentaba a su vieja dolencia ahortal.

De inmediato se puso a trabajar con singulares bríos y creó la “Gran Orquesta americana Royal Jazz” que dirigió personalmente y tocaba las noches desde las diez y media hasta las doce y los sábados de cinco a siete en el aristocrático te – danza del salón Fortich.

Alquilaba un departamento interior de la casa de madera propiedad de la familia del Pozo Santos, ubicada en el Boulevard frente al Palacio de la Zona Militar. El departamento se componía de un servicio higiénico completo y dos cuartos donde todo era música, desde partituras hasta libros y revistas. Allí tenía una salita y un dormitorio, así como un amplio jardín que el maestro gustaba cuidar y pronto se llenó de alumnos a quienes enseñaba con cariño de padre y maestro, formándoles en el arte del canto, la composición y el piano.

Con el paso de los primeros meses y aprovechando el aporte de magníficos elementos del Círculo Musical Guayaquil puso las primeras bases de una gran orquesta sinfónica y consiguió la ayuda de algunos melómanos del puerto, entre ellos María Piedad Castillo de Leví, Alejo Matheus Amador, Carlos Saona Acebo, Catalina Marín de García, Eduardo Rivas Ors, Víctor Manuel Janer y Pedro Maspons Camarasa entre otros. Rivas le cedió el teatro Edén para sus presentaciones. Matheus y Saona el 9 Octubre y lo contrataron de maestro de la escuela de música de la Sociedad Filantrópica del Guayas.

El 20 de junio de 1933 Negri se presentó en el Olmedo dirigiendo la Orquesta del Círculo actuando en el violín concertino al notable músico uruguayo Ricardo Fabregat. En julio ofreció un Coro con más de cincuenta voces femeninas. El 27 de noviembre volvió a dirigir dicha orquesta en función a beneficio de la Acción Social Católica en el Concierto Opus 16 de Grieg actuando al piano Mercedes Arzube de Roca, recién llegada del exterior con estudios en Londres.

El 16 de julio de 1934, ayudado por Laura Calle Solano presentó la Escuela Coral en la Iglesia de la Victoria e Interpretó su Misa Breve con las sopranos María Riera de García y María Moreno, con acompañamiento de orquesta. Esta Coral se transformó en el semillero de nuevos valores.

En la estación de radio Quinta Piedad HC2RL del Dr. Roberto Leví trasmitía programas culturales. Allí descubrió la voz de Olga Ruiz Robles de Luces y la llevó a la Coral donde la hizo cantar óperas. El 3 de enero de 1935 presentó a sus alumnos en el teatro Edén y

actuaron la soprano Eloísa Marcet, Clara Bruno después señora de Plana, Maruja Moreno y Francisca de Maestre, el tenor César Elizalde y el violinista Pablo Alvarez García.

Era un hombre excepcional que no solamente dirigía sino también impulsaba. Durante el día impartía clases y por las noches se dedicaba a instrumentar partituras y copiar a mano cada una de las particellas para los diferentes instrumentos de la orquesta, coros y solistas. Los fines de semana buscaba a personas dispuestas a prepararse como escenógrafos, decoradores, apuntadores, maquilladores, vestuaristas.

En 1936 estrenó en Guayaquil su Orquesta Sinfónica en un Concierto de sesenta profesores y cincuenta voces, teniendo como pianista a Enriqueta Fernández Usubillaga, después señora de Dillon, primera alumna en graduarse bajo su dirección.

El 15 de Junio de 1937 brindó un gran Concierto Sinfónico Coral con acompañamiento de Orquesta. Allí debutó Rebeca Minutto y en el Concierto Romántico de Goddar tocó el violín concertino de la sinfónica Pablo Alvarez García. El maestro Negri dirigió su “Fantasía Ecuatoriana” sobre temas originales de J. C. Espinosa y en premio a tanto esfuerzo fue designado Director Profesor del Conservatorio de Música de Guayaquil el 13 de diciembre de ese año.

Lila Alvarez García, una de sus alumnas de canto que más ha escrito sobre Negri opinó años tarde que su labor en el Conservatorio no ha tenido parangón. “Reformó los planes y programas. El de piano, que quedó vigente para muchos años, lo elaboró con el concertista quiteño Gustavo Bueno, que había sido alumno de Alfredo Cortot en París. Organizó clases de composición, a las cuales, por cierto, asistieron los propios profesores del Conservatorio”.

El 20 de enero de 1938 dirigió otro Concierto con la colaboración de María Riera de García, Eloísa Marcet, Maruja Moreno, Rosa Noboa Chiriboga y Alfonso Calero Benites a beneficio de la Sociedad Protectora de la Infancia. El 31 de agosto ofreció un Concierto con la notable arpista Inés Ramírez de Espinosa y tras ardua y fatigosa labor representó por primera vez en el Ecuador “La Traviata”, escribiendo todas las partes para la orquesta y coro. En los siguientes años Negri fue repitiendo “La Traviata” y “descubriendo voces maravillosas y una increíble capacidad histriónica en nuestra gente. Fernando Vicenzini era su brazo derecho para la organización, contando con la mayor parte de los instrumentistas que no cobraban y hasta colaboraban con plata y persona cuando era necesario”. En los roles estelares de la primera Traviata actuaron Olga Ruiz Robles de Estrada Valle, Alfonso Calero Benites y Carlos Alberto González secundados por Bolivia Gavilánez, León Benigno Palacios, Alejandro Bueno Pinto y Emiliano Pólit. Los decorados fueron confeccionados por Eduardo Beltrán e hijos y por los hermanos Loffredo Rodríguez. La parte escénica por José Garmendia y de apuntadora trabajó Laura Calle Solano. En el Coro de Zíngaros a cuatro voces y con ochenta integrantes cantaron María Luisa Zerega Péndola después señora de Barniol, Pablo Chávez y demás componentes de la Coral.

“La Traviata” se representó cuatro veces más en 1939 y actuaron Rosario Játiva, Zobeida Jiménez, Aída Vicencini, Fernando Vicencini, P. Morris, Enrique Ortíz, José Sánchez y Vicente Forastieri.

A causa de la inminencia de un conflicto armado mundial había hecho venir de Italia a su esposa y a sus hijos: Clara, casada con el Ing. Rodrigo Perrotta quien tocaba dentro de los segundos violines y a Athos Negri, pero vivía separado de ellos.

Agil a pesar de ser cardiaco, como no podía subir escaleras porque se asfixiaba, cuando iba de casa en casa citando a sus alumnos, les gritaba desde el zaguán para que ellos bajaran. Además hacía de todo un poco, desde empresario y maestro, hasta de director, porque era un dínamo que nunca estaba cansado, quería a sus alumnos, velaba por ellos y todo eso dentro de las limitaciones propias de su edad y enfermedad.

El 20 de diciembre de 1939 estrenó la ópera cómica y coral “Las Educandas de Sorrento” de Emilio Usiglio, con voces nuevas como la de María Luisa Zerega Péndola y el peruano Pablo Alberto Chávez. El 20 de julio de 1940 ofreció y dirigió un Concierto en el que actuó como violín concertino el maestro español José Barniol.

Su cordial amigo Pedro Maspons le escribió la letra de la marcha “Mi Ciudad” que Negri le puso música, dedicó a Guayaquil y estrenó el 7 de Octubre en un concierto al aire libre realizado en la Rotonda bajo los auspicios del Municipio y con motivo de la independencia. Igual hicieron con las canciones “Una bella Luna” para cuatro voces y orquesta y “Confidencias” para canto y piano.

El 22 de diciembre estrenó exitosamente la ópera mística “Sor Angélica” en un acto, de Giochino Forzano y Giacomo Puccini, en la que sólo intervienen mujeres porque la acción se desarrolla en el interior de un convento. Allí cantaron María Luisa Zerega Péndola, Bolivia Gavilánez, Hilda Paredes, Rosario Játiva, Mercedes y Alemania Estévez y Alda Vicenzini.

En 1941 dirigió el Concierto por el Centenario de la fundación del Colegio Nacional Vicente Rocafuerte y actuaron al piano sus alumnas Divina Ycaza Coral y Blanca Muirragui y al violín José Barniol. Posteriormente compuso una Misa de réquiem en homenaje a los caídos en la invasión peruana que llamó “Misa de Profundis” y presentó en diversas iglesias (San Francisco, San Agustín, María auxiliadora, etc.)

Los periódicos empezaron a atacarlo porque admiraba al Duce Benito Mussolini y aunque no era político se le consideraba un sujeto pro fascista.

A finales del 1942 estrenó “Marina” de Emilio Arrieta. Para esa fecha ya no dirigía el Conservatorio porque en noviembre había sido reemplazado por José Casimiro Arellano debido a su nacionalidad italiana, pero el asunto se prestó al escándalo porque el profesorado se portó solidario y hubo la renuncia masiva que era de esperarse pero Negri no era de los que se dejaban amilanar y en su departamentito interior fundó la Academia de Música “Santa Cecilia”, justamente con algunos de los profesores renunciantes del Conservatorio y se dio el lujo de presentar “Caballería Rusticana” de Mascagni, en un solo acto y con libreto de Tardioni, Dorsetti y Menasci y las voces de María Luisa Zerega, Rosario Játiva, Bolivia Gavilánez y Pablo Alberto Chávez.

I habiendo salido del Conservatorio aceptó dirigir la Escuela de Música de la Sociedad Filantrópica del Guayas ese mismo año, sacando nuevos valores entre los alumnos, tales como el clarinetista Nelson Claverol, que años más tarde tuvo que dejar el instrumento con el cual hubiera sido un virtuoso para asumir el negocio musical de su familia.

En noviembre del 43 volvió a presentar “Marina” en el teatro “9 de Octubre” y para darle mayor agilidad lo hizo en forma de zarzuela. Allí actuó de galán joven el tenor Guido Garay Vargas – Machuca.

En enero de 1944 estrenó “Marina” en el teatro Sucre de Quito con el tenor español Alex Rojo, el barítono quiteño Humberto Velasco y numerosas voces nuevas. Poco después inauguró temporada en Guayaquil con “Pagliacci” en el “9 de Octubre” con Gina Lotuffo, Zobeida Jiménez y Argentina López. El 45 fue el reprise de “Caballería Rusticana” en un acto y como segunda parte su “Canción de cuna” con letra de Gabriela Mistral y el cuarteto de voces formado por Alicia Ycaza, Elsie Pauta, Rosario Játiva y Lila Alvarez García.

El 46, finaliza la II Guerra Mundial salió de la Lista Negra y regresó con honores al Conservatorio como maestro de Armonía, acompañado de los profesores solidarizados con él durante la crisis del 42 y representó “Madame Buterfly” con gran despliegue de lujo y no menor éxito en versión de lllica y Giacosa y música de Giacomo Puccini, actuando María Luisa Zerega, Zobeida Jiménez, Erna Schwartz, Pablo Jiménez, León Benigno Palacios, ^ Enrique Ortíz, Fernando Vicenzini y Héctor Pozo.

“Caballería Rusticana” volvió a darse la noche del 15 de diciembre de 1947 en el escenario del mismo teatro “9 de Octubre” como un número cumbre del campeonato sudamericano de futbol que se celebrada en la ciudad. Sus alumnas adornaron primorosamente los palcos del cuerpo consular invitado, con ramos de vistosas flores, el lleno fue completo y mientras se encontraba con la batuta en la mano y dirigiendo el tercer acto, cayó de improviso hacia adelante sobre el atril y recibió el impacto uno de los músicos, el oboísta Teófilo Jácome. Murió a causa de un fulminante infarto en el momento preciso en que habiendo terminado el brindis y el reto de Taruddi a Alfio, el coro comenzaba a hacer mutis a los primeros compases del “Addio a la madre” y la soprano Maruja Orejuela y el tenor Fernando Vincenzini esperaban la orden para volver a la escena.

María Luisa Zerega gritó “Maestrino” y su hija Clara Negri de Perrota corrió entre el público para auxiliarlo pero nada pudo hacer pues la muerte había sido instantánea, provocada por un fulminante infarto, causado por su alta presión arterial de los días previos.

El 13 de Julio de 1810. Hijo de Serafín Neumane y de Margarita Marno, alemanes. Destinado a la carrera de medicina la abandonó y entró a la música viajando a Viena a estudiar, no sin antes discutir con su padre quien le gritó “Lárgate y hazte músico.” En 1830 y de escasos veinte años estuvo en las barricadas de la revolución liberal, ya era masón. 1834 trabajó en Milán como profesor de una Academia. En 1837 nuevamente residió en Viena, contrajo matrimonio y obtuvo una condecoración de manos del emperador Fernando de Austria. Meses después enviudó, se instaló a trabajar en Turín, allí casó con Idálide Turri y nació su hija Nina.

En 1838 ingresó a la Compañía de Opera “Malibrán” como arreglista musical y viajó a Sudamérica con su familia. Estrenaron en Buenos Aires con éxito rotundo, siguió a Santiago y se instaló como director de Bandas de Música. En una función de beneficencia dirigió a seis bandas de ejército al mismo tiempo y todas tocaron a la perfección. El gobierno chileno lo premió el 39 con el nombramiento de director del Conservatorio Nacional de Música. En 1841 vino a Guayaquil con su esposa y demás miembros de la compañía de Operas que acababa de formar y como no había teatro actuó durante nueve funciones en una casa particular de la esquina de Pichincha e lllingworth, presentando diversas operas tales como Marina, Elisir D’Amore, Sorrámbula, el barbero de sevilla, entre otras.

La compañía de Operas estaba formada de la siguiente manera: Zambiatti tenor, Ferretti bajo, Gastaldi bufo, Amina y Teresa Rossi tiples, Idálide Turri de Neumane contralto, Irene Turri, hermana de la anterior, soprano, Grandi barítono, Rizzoli tenor de coros y Neumane dirigía la orquesta. La señora Turri cantó en Guayaquil como Irene en la ópera Belisario y como Adalgisa en Norma, “con voz firme, llena, dulce a la vez y al mismo tiempo fuerte y sonora y de su acreditado gusto, poseía las mas bellas aptitudes para aspirar al triunfo que acuerdan el estudio y el ejercicio del arte”, según opinión de un crítico artístico de “El Correo”.En cambio “El Correo Semanal de Guayaquil” calificó la voz del tenor Zambiati de trueno olivino en celestial torrente.

Las damas de la ciudad le pidieron que se quedara y enseñara música. En Octubre del 42 comenzó la epidemia de fiebre amarilla y murieron tres miembros de su compañía, entre ellos el tenor Zambiatti y la compañía se disolvió. Había tantos mosquitos que las autoridades emplazaron unos cañones en San Francisco y otros en Ciudavieja y disparaban con pólvora para matar a los insectos.

Pasada la epidemia de fiebre amarilla en 1843 fue contratado como profesor de música del Batallón No. 1 de esta plaza. A principios del 45 puso música a una Canción Patriótica de Olmedo. El 51 regresó a Lima donde estableció a su familia y viajó él sólo a Europa. El 53 regresó como empresario de una gran compañía de Operas, trabajó en Santiago de Chile y volvió a dirigir varias bandas a la vez, logrando un gran éxito. En 1856 ya estaba en Guayaquil cuando se inauguró el teatro Olmedo con una obra musical dramática titulada “La Hija de las flores” de Gertrudis Gómez de Avellaneda. Neumane dirigió la orquesta.

Entonces alquilaba un departamento en la esquina de Bolívar y Malecón y cuando componía acostumbraba comer mucho pan, dejando caer las migas sobre las teclas del piano. Aquí se quedó como director de bandas del ejército y profesor particular de canto y piano, y nacieron sus hijos Ricardo y Rosa.

El 64 alquilaba la tercera casa del lado del río en el barrio de Las Peñas, dicha propiedad era del General Francisco Robles. El 65 y estando de Presidente Jerónimo Carrión, el músico argentino Juan José Allende, Director de las Bandas de los batallones acantonados en Quito, se dirigió al Congreso Nacional enviando una composición suya con letra de un “ilustre poeta ecuatoriano” cuyo nombre jamás se ha conocido, para que tan alto organismo lo declare Himno oficial de la Nación. Los Congresistas lo escucharon y no les agradó, ni la letra que fue calificada de ruin, ni la música que consideraron deficiente y decidieron desecharlo.

Entonces el Dr. Nicolás Espinosa Rivadeneira, Presidente del Senado, requirió a Juan León Mera para que escriba la letra de una Canción Nacional. Mera tenía sólo treinta y tres años pero supo cumplir fielmente el encargo, leyó la letra de la Canción Patria de Olmedo y con base a ella se inspiró y escribió unos versos bastante parecidos, que los entregó a las pocas horas y fueron remitidos a Guayaquil para que el Comandante del Distrito, Gen. Secundino Darquea, los entregue al profesor Antonio Neumane Marno, quien habitaba la tercera casa con vista al río en las Peñas, con la consignade componer la música.

Neumane se excusó al principio aduciendo motivos de delicadeza personal fundados en su calidad de extranjero, pero Darquea insistió cariñosamente y hasta le puso centinela en la puerta de calle. El maestro meditó un rato, luego pidió pliegos de papel pautado a su hija Rosa, un vaso de agua y tres panecillos, signo indiscutible que iba a trabajar pues era muy afecto a comer algo mientras componía y casi de un tirón tuvo la música que le requerían. Fue en el mes de Julio y para mayores detalles era noche de luna y estaba frente al ventanal abierto que daba al río. Queda de recuerdo la placa de bronce que aún se conserva en el sitió donde estuvo la casa del ilustre músico en las Peñas, que se quemó el 6 de Octubre de 1896 durante el Incendio Grande.

Juan León Mera en carta a su tío el Dr. Nicolás Martínez Vásconez del 18 de Abril de 1866 le dice: Tengo ya la música de Neumane puesta a mi Himno y distribuida por él mismo para una banda de once instrumentos. Es la que se toca en Guayaquil, Lima y Chile. Le remitiré luego que aquí saquen una copia y haciéndole poner también para piano. El Himno se estrenó en Quito la noche del 10 de Agosto del 66, tocado y cantado por los miembros de la Compañía de Operas de Pablo Ferretti que estaba de paso por la capital y comenzó su programa de arte con las notas del nuevo Himno.

En 1870 García Moreno llamó a Neumane a Quito para dirigir el Conservatorio Nacional de Música aunque eran de ideologías diferentes pero conservaban buenas relaciones de amistad, al punto que Neumane le solicitó al presidente la libertad de un pariente del esposo de su hija Rosa.

En dicho empleo lo sorprendió la Muerte el 3 de marzo de 1871, de sólo cincuenta y tres años de edad. a consecuencia de un infarto. Fue enterrado en el Cementerio del Tejar de la Merced, pero al poco tiempo su hijo Ricardo Neumane Turri trajo los restos a Guayaquil y fueron sepultados en el templo de San Francisco que desapareció en la madrugada del 6 de Octubre de 1896 para el Incendio Grande.

Cumplido caballero de maneras cultas y conversación sabrosa. En sus rasgos físicos alto, delgado, blanco, ojos hundidos, ojeras pronunciadas, pelo negro y usaba bastón. Apreciadísimo