MORENO ANDRADE SEGUNDO LUIS

MUSICO.- Nació en Cotacachi, provincia de Imbabura, el 3 de agosto de 1882. Su padre Luís Moreno Terán era carpintero y en ratos de ocio director de la banda municipal de Cotacachi compuesta de aficionados sin sueldo y casó allí con su prima segunda Emperatriz Andrade Proaño, quien hacía sus labores domésticas cantando, lo mismo la abuelita, mamá de ella.

“Desde sus primeros años manifestó gran inclinación a la música, tenía buena voz y no existiendo en su pueblo otro elemento de cultura musical que la banda, apenas ésta sonaba corría a escucharla y a embelesarse con sus melodías. Después llegaría a tocar el tambor pues tenía ritmo. También asistía a los recitales de armonio de la Iglesia parroquial que brindaba en el Coro el organista Angel Cerón”.

Realizó sus primeros estudios en Cotacachi y en 1893 fue enviado a la Escuela de Artes y Oficios que los salesianos mantenían en Quito, donde cantó de oído en el coro “numerosas zarzuelas y misas italianas” pues no se enseñaba por notas ni partituras y al cerrarse la Escuela en 1896 regresó a su lugar natal, desilusionado, prácticamente sin oficio, y fue aprendiz de sastrería por casi tres años.

En 1898 el Director de la Banda del Ejército de Otavalo, Virgilio F. Chávez, hombre de gran talento musical aunque algo inculto, tomó a cargo la dirección de Banda de Cotacachi, que de nueve músicos aumentó a dieciséis, incluyendo a Moreno. “Ya era una bandita apetecible.” Le enseñó teoría (por notas) y clarinete y daba partituras arregladas para quelas copiara, que las estudiaba con gran atención para conocer los elementos de la transposición, orquestación y armonía y llegó a ser un buen copista.

“Los de la banda hicimos buena amistad en Ibarra con los músicos del batallón Vencedores. Allí conocí a un gran músico Ricardo Guerrero. El nos regaló tres composiciones suyas. Yo examiné las partituras y me atreví, sin leer bien música, a instrumentar también. El Sargento primero del Regimiento Esmeraldas que estaba en Otavalo, Guillermo Cárdenas, me prestaba música ya instrumentada y partituras. Con estas amistades y las partituras que nos prestaban empecé a componer y las piezas que yo instrumentaba tocaba la banda y se enviaban al Regimiento Esmeraldas.” Posteriormente reemplazó a Chávez, el director de la banda del Regimiento Esmeraldas Alfredo G. Cárdenas, impulsó a Moreno a componer el pasodoble “Las elecciones” que fue tocado por la banda así como otras marchas, valses y pasillos.

En 1906 obtuvo Medalla de plata por un vals y dos marchas en la Exposición Provincial de Ibarra y su amigo el padre Julio Vacas Endara lo llevó a estudiar en el Conservatorio de Quito, cuyo Director era Doménico Brescia, que al saber que Moreno conocía algo de música, no le obligó a estudiar la teoría sino que lo puso directamente en el curso de armonía y a aprender clarinete con Agustín Enríquez. Ese año compraron la casa donde funciona hasta ahora el Conservatorio. El fagot lo estudiaría después, en 1908, sin maestros.

Moreno recibía del padre Vacas alojamiento y comida gratuitos en el instituto Don Bosco y a cambio dictaba clases a los estudiantes de la sección Comercio. En el Conservatorio tuvo por compañero a Francisco Salgado y estudiaron armonía, contrapunto, fuga, composición, instrumentación, orquesta y estética, además formó un grupo para tocar en las películas mudas del teatro Sucre y en Agosto de 1907, durante unas vacaciones en Cotacachi, contrajo matrimonio con Victoria Andrade Páez, tuvieron cuatro hijos, pero terminaron en divorcio por los continuos viajes que realizaría Moreno a lo largo del país.

En 1908 fue copista para las Bandas del Regimiento Esmeraldas y del Batallón Carchi. En marzo de 1909 fue

nombrado empleado del Conservatorio y en octubre ascendió a asistente de la cátedra de solfeo, aprovechando las vacaciones de ese año para recolectar material para los dos primeros de sus cinco cuadernos de ejemplos musicales indígenas que usaría en los sesenta años siguientes en diversos estudios.

Entre 1910 y el 11 compuso varias piezas para orquesta. A fines de ese último año el Director Brescia, que lo vivía protegiendo, fue obligado a renunciar y lo reemplazó Sixto María Durán; la posición de Moreno se tornó insostenible y también salió. En 1912 fue designado director del Centro Musical Ecuador de efímera existencia y para enero del 13 decidió viajar a Esmeraldas con el pretexto de una dolencia cardiaca. De su estadía de catorce meses en esa provincia ha quedado “La Campaña de Esmeraldas de 1913 – 16 encabezada por el Coronel graduado don Carlos Concha Torres” que en 49 págs. editó en Cuenca en 1939.

Nuevamente en la Sierra, excursionó por Píntag buscando minas de piedra. En 1914, se avecindó en Cotacachi y en Mayo del 15 entró al ejército como Director de la Banda del batallón Imbabura con el grado de Capitán.

Entonces se dedicó a reclutar numerosos jóvenes a los cuales enseñaba música. De esa época es su primera “Suite Ecuatoriana”, que se compone de cuatro movimientos, tres de las cuales están basados en temas indígenas nacionales (andinos o serranos).

En octubre de 1922 pasó a dirigir la Banda del batallón “Zapadores del Chimborazo” y a petición de su hermano Alberto Moreno, que dirigía un periódico en Esmeraldas, escribió el ensayo “La música en la Provincia de Imbabura”, que salió como folleto en Quito, obteniendo una mención honorífica en la Exposición Interprovincial de Ibarra.

En 1924 apareció su segunda obra titulada “Sobre las reformas al Himno Nacional Ecuatoriano” en la revista “Dios y Patria” de los jesuitas de Riobamba. Este trabajo vio una segunda edición en 1937 en la revista del “Centro de Estudios Históricos y Geográficos del Azuay”.

En 1925 compuso la obertura “Nueve de Julio” en homenaje a la revolución Juliana y pasó a la dirección de la banda del Regimiento No. 2 “Sucre”; pero los sueldos se habían deteriorado y no abastecían para el sustento; sin embargo, esa fue su mejor época, pues compuso numerosas piezas y estudios, a través de una serie musical que publicaba desde Barcelona y Buenos Aires la Editorial Labor.

En 1930 fue asignado al Batallón No. 1 “Vencedores” y cuando un grupo de editores decidió lanzar un libro sobre el crecimiento y desarrollo del Ecuador en diferentes áreas de la cultura y de la tecnología desde la fundación de la República en 1830, Moreno contribuyó con su ensayo titulado “La Música en el Ecuador” en 89 págs. que la crítica considera “el más completo tratado de música ecuatoriana”.

En 1933 escribió “Teoría de la música y elementos de Solfeo” como texto para los músicos integrantes de su banda y en 1934 “La música en la provincia del Chimborazo” aún inéditos y viajó a Guayaquil a tratarse de la vista, pero no logró mejoría. En octubre del 35 varió la estructura del ejército y se crearon las zonas militares en el país. Moreno pasó con sueldo de Teniente a dirigir las Bandas de la III Zona militar con sede en Cuenca, teniendo tres a su cargo.

En 1937 alcanzó el retiro después de veinte y dos años de servicio y aceptó la dirección del recién fundado Conservatorio de Música de Cuenca. Ya gozaba de merecida fama como experto y el Dr. Francisco Curt Lange, editor del “Boletín latinoamericano de música” le sugirió que investigara el libro de los esposos D’ Harcourt “La Musique del Incas et ses survivances”.

En 1939 apareció su artículo “La música Criolla en el Ecuador” en 3 págs. en la revista “América” de la Habana. En 1940 abandonó la dirección del Conservatorio de Cuenca y se radicó en Quito, completando dos de los tres volúmenes que componen su obra “La música en el Ecuador”. El primero recién saldría publicado en 1 972 y los dos restantes aún siguen inéditos. Igualmente obtuvo el primer Premio en la Exposición Cantonal de Cotacachi por su obra “Stabat Mater” dedicada a la Virgen, en el Concurso Internacional de Paysandú ganó el tercer Premio por una barcarola “Canto del remero” y en el de música folklórica organizado por la Asociación Argentina de música de cámara de Buenos Aires sacó Medalla de plata con un sanjuanito.

En 1941 el Director del Instituto Interamericano de música de Montevideo, Francisco Curt Lange, de visita por el Ecuador, manifestó que en nuestro país la investigación musical era casi nula, excepto por los trabajos de Moreno y de Ruales Lasso, a quienes alabó mucho.

En 1942 organizó por primera vez en el país un Festival de Danzas Ceremoniales compuesto por seis de ellas que presentado en el teatro Sucre alcanzó un notable éxito. El segundo Festival se realizó al aire libre el 44 y el tercero el 45 con los mismos indios danzantes de Cotacachi.

En 1943 le ofrecieron la dirección del Conservatorio Nacional “Antonio Neumane” de Guayaquil pero no aceptó por la situación interna creada en dicho centro de estudios, donde habían sacado al excelente director Angelo Negri por ser de nacionalidad italiana, lo que trajo consigo la renuncia de la mayor parte del profesorado. Al año siguiente le repitieron la oferta y el 13 de diciembre se posesionó en el puesto, comenzando sus dificultades con el rectorado de la Universidad al cual estaba adscrito el Conservatorio, pues no aceptaron su plan de estudios mínimo de dos años para formar profesores de música para las escuelas primarias; le nombraban profesores sin consultarlo y cuando quiso separar ambas instituciones como antes habían estado, encontró mayor oposición.

En 1945 obtuvo el “Libro de Oro” en la fiesta de la Lira de Cuenca por un yaraví. El 46 apareció en la revista de la Casa de la Cultura Ecuatoriana su ensayo sobre “La música y danza autóctona del Ecuador”. Ese año triunfó en un concurso de música popular organizado por la empresa Reed y Reed de Guayaquil con el pasillo “A una rosa”.

En 1949 editó “Músicas y Danzas autóctonas del Ecuador” en inglés y español, que mereció un premio en la Exposición Provincial de Otavalo. Charles Sigmund ha expresado de este libro de Moreno que es el más interesante de los suyos después de “La música en el Ecuador”, pues trae el material seleccionado para dictar un ciclo de conferencia, de las que sólo llegó a pronunciar la primera, el 44.

En 1950 renunció al Conservatorio amargado por la soterrada oposición que encontraba y por una progresiva enfermedad a la vista que le venía aquejando desde un tiempo atrás y regresó a Quito donde terminó su tercer volumen de “La música en el Ecuador”, viviendo de una módica pensión jubilar. La gente no valoraba su importancia, muchos le creían

únicamente un ex director de bandas y un músico más de los tantos que tenía el país; además, no contaba con el dinero suficiente para publicar su voluminoso libro.

En 1953 apareció insertada en la “Antología ibérica Americana del

Folklore” su artículo “Fiesta de San Juan Evangelista”; al año siguiente “Algo sobre música” en la revista de la Casa de la Cultura y en 1957 “La música de los incas”, conteniendo sus apreciaciones críticas sobre el libro de los D’Harcourt.

En 1956 se hizo operar en Guayaquil y aunque perdió definitivamente la visión de uno de sus ojos con el otro veía algo aunque muy borroso, por eso dejó de salir a la calle, ya no pudo pautar ni componer. En adelante se dedicaría al folklore colaborando en la revista Folklore ecuatoriano pero su vida se había transformado en una sucesión inacabable de días, unos más grises que otros, estaba sano, solo tenía setenta y cuatro años. De allí en adelante la monotonía fue su compañera, pocos amigos le visitaban.

En 1966 escribió “Cotacachi y su Comarca”, poema épico con numerosas notas explicativas de los ciclos solares édito.

Por esos días ya vivía con mala salud y en pobreza, casi olvidado por los medios culturales; solamente su profunda fe y una religiosidad natural motivaban su vida, hasta que falleció en 1972 en Quito, de noventa años, tras haber compuesto una gran cantidad de música popular andina (valses, albazos, pasillos, sanjuanitos) música sacra, música para orquestación (suites) y un texto. Además de varios libros, ensayos y artículos sobre la historia de la música ecuatoriana y un folleto de experiencias sobre la revolución de Concha en Esmeraldas; como folklorólogo ha dejado un copioso registro de instrumentos y danzas.

Tuvo el gran mérito de haberse dado cuenta que la herencia musical ecuatoriana merecía su atención. Si pudo responder este desafío a pesar de tantas limitaciones, prueba no sólo es de su inteligencia, esfuerzo, laboriosidad y constancia; sino, sobre todo, de su amor al Ecuador y a su terruño natal; Cotacachi.