MORAN DE BUITRON Y GUZMAN JACINTO

HAGIOGRAFO.- Nació en Guayaquil el 9 de Mayo de 1668 y recibió los nombres de Jacinto Basilio en el bautizo, hijo legítimo y primogénito del Capitán Jacinto Morán de Buitrón y Rendón, Procurador General del Cabildo de Guayaquil, casado en 1666 con de María Ramírez de Guzmán y Mestanza, guayaquileños de la primera distinción social pero al mismo tiempo de menos que mediana condición económica.

Recibió las primeras   enseñanzas en el convento de Santo Domingo y cuando frisaba los dieciseis años, viajó a Quito el 11 de Marzo de 1684 y realizó el noviciado en el convento de los jesuitas en esa capital. Dos años después ingresó a la Compañía de Jesús.

“Dio muy buenas esperanzas durante sus estudios si bien al término de ellos en 1695 inquieto por las etrecheces de su familia y hallándose en el Colegio de Ibarra, sufrió una crisis peligrosa para su vocación. Conjurola el padre Altamirano, perdonando con magnanimidad graves intemperancias del fogoso guayaquileño.” El mismo contaba después que sus compañeros le decían el Alacrán de Guayaquil por sus arrebatos de violencia dentro y fuera del claustro y para encauzarlo nuevamente y aumentar su fe y vida interior le ordenó leer el sermón o panegírico que predicó el padre Alonso de Rojas en las honras fúnebres de Mariana de Jesús, impreso en 1.646, en Lima y confiándole el encargo, que éste y con razón, tuvo por muy honroso de componer la Vida de la venerable vírgen Mariana de Jesús,” que después que otros dos padres que habían sido señalados antes que él, se vieron impedidos por sus cargos y ocupaciones.

“Fruto de esa lectura y de la revisión meticulosa de las hojas del proceso canónico fresultó su interés siempre creciente de profundizar en el conocimiento de su vida, y circunstancias,   dedicándole   a su trabajo los años de 1696 y 97 obteniendo la Aprobación de los Censores Eclesiásticos de Quito en 1699.

Treinta años habían pasado desde que el padre Pedro de Alcócer, por su muerte, había dejado trunca la empresa y nadie la había continuado y en tales circunstancias ocurrió que dos sobrinos nietos de Mariana de Jesús llamados José y Manuel Guerrero de Salazar se alistaban a viajar a Lima con el objeto de recoger limosnas para la causa de la beatificación, de suerte que aprovechó tan favorable coyuntura para entregarles una copia manuscrita de sus originales, pero al llegar a la capital peruana econtraron los viajeros que el costo de impresión era muy alto y no pudiendo pagar, Manuel Guerrero de Salazar optó por dedicar el manuscrito al Obispo de Arequipa Antonio de León, electo para ocupar la sede de Quito enviándoselo con una portada impresa y una dedicatoria, todo lo cual guardó el prelado entre sus papeles, pero murió a poco sin haberse posesionado de su silla en Quito y perdiéronse.

En 1949 y gracias a las pesquisas del padre Rubén Vargas Ugarte fueron hallados estos originales y la carátula impresa y única, y en enero siguiente los obsequió a la biblioteca de los jesuitas en Cotocollao donde actualmente se encuentran. Sin embargo, Manuel Guerrero de Salazar había hecho imprimir en 1702 en Lima, un Compendio reducido del original de la obra, que dada su pobreza circuló muy poco, bajo el titulo de “La azucena de Quito que brotó en el florido campo de la iglesia en las Indias Occidentales, la Venerable Vírgen Mariana de Jesús Flores y Paredes, admirable en Virtudes, Milagros y Profecías…”.

Ese año Morán de Buitron trabajó en el convento de Riobamba ejerciendo de Procurador y allí hizo la profesión de los cuatro votos el 2 de Febrero de 1703. Nuevamente en Quito en 1706 leyó un Curso completo de Artes y Metafísica hasta 1709 en la Univesidad de San Gregorio. En sus enseñanzas seguía a Aristóteles. Sobre el alma decía que era el acto primero del cuerpo físico orgánico alejándose de la tesís platónica que mantenía que el cuerpo no es realmente el objetivo del alma. Este problema se había originado en Descartes, quien con criterio racionalista separó cuerpo y alma pués los jesuitas discutirían si el alma humana es la única base de la percepción de los sentidos. Pues esta se encuentra en la mente humana a través de vahos especiales y finísimos.

En 1706 la Congregación Provincial Jesuíta había decidido favorecer en Roma la causa de beatificación de Mariana de Jesús. Estaba Morán de Buitron nuevamente en Quito, sacando una segunda copia de los originales que conservaba consigo; copia que entregó a dos jesuítas que salían a Madrid como Procuradores en Corte, para que la den a la imprenta; pero la nave que los conducía fue asaltada por piratas y perdiéronse dichos papeles en el mar.

En 1710 fue vicerrector del Colegio jesuita de Popayán, escribió un texto en latín sobre “Lógica, Física y Matemáticas” de 236 páginas y un “Comentario sobre los ocho libros de la física de Aristóteles” de 233 páginas, que se conservan en originales en el Archivo Nacional de Historia del Ecuador. Era muy inteligente, tenía la mente abstracta y proclive a las entelequias filosóficas que tanta importancia se daban en esos oscuros tiempos.

En 1712 regresó a Quito y a fines del año siguiente le imputaron la paternidad de un libelo que circuló bajo el seudónimo de un tal Francisco Sierra titulado “La creación del mundo en la Compañía de Jesús por el padre Francisco Sierra, el hijo Castañeda y el espíritu diabólico del lego Azevedo”, en folio, conteniendo sátiras contra el Visitador jesuita Francisco Sierra a quien se le hacía aparecer como el autor de tamaña barbaridad y adefesio. El padre Tamburini, General de los jesuitas, en carta de Roma, de Abril de 1715 dirigida al provincial de Quito, pareciendo que no tuviera que resolver asuntos importantes y dando pie a chismecillos domésticos de convento, se quejó de que hubiera aparecido en dicha ciudad (Quito) un “papel sedicioso, desvergonzado, indigno de pluma cristiana, ajeno a un hombre de honra natural, impío, denigrativo de la religión de la Compañía, abusivo de la Sagrada Escritura,” y mandó a averiguar si era solo de Morán de Buitrón o si también era del padre Manuel Galiano sobre quienes recaían algunas sospechas, acusación que lo obligó a defenderse pues no cabía que se le reputara autor de cualquier libelo infamante por el solo hecho de ser el mejor (escritor) prosista que tenían los jesuitas en los territorios de la Audiencia de Quito y como todo era lento por entonces solo se cerró la investigación once años más tarde, en 1726, a instancias del propio padre Sierra, aunque parezca increíble que un asunto tan banal pudiera ser considerado de tamaña importancia, pero así eran esos tiempos.

Desde 1715 al 19 fué Rector del Colegio jesuita de Popayán, este último año regresó a Quito sacó otra copia, la tercera de su obra, que enviada a Madrid sirvió de base para la impresión de “La azucena de Quito, que brotó del florido campo de la iglesia en las Indias Occidentales de los reinos del Perú y cultivó con los esmeros de su enseñanza la Compañía de Jesús, la

V. Virgen Mariana de Jesús Paredes y Flores, admirable en virtudes, profecías y milagros”, 1724, imprenta de Gabriel del Barrio, que ha conocido las siguientes reimpresiones:

1) México, 1732, por el padre Félix Blanco S. J.

2) Madrid 1754, por el Dr. Tomas Gijón y León, teólogo de la U. de Santo Tomás en Quito, con el título de “Compendio Histórico” y que, como su nombre lo indica, es un resumen en 217 págs. cuarto menor.. Esta edición contiene la célebre litografía que muestra a Mariana de Jesús pensativa y en hábito negro, con un libro y una calavera.

3) Roma, 1833, por el padre Juan del Castillo, Canónigo de la Catedral de Chile y Postulador de la causa en Roma, 269 págs, cuarto. Esta edición fue incautada en España a causa de la independencia de las antiguas colonias americanas, pero fue reimpresa por tres ocasiones.

4) Roma, 1853, en idioma italiano, en octyavo y 221 páginas, publicada por el padre Boro, basada en la del padre del Castillo.

5) Madrid, 1854 por el padre Féliz González Cumplido, S.J. reimpresa en Quito en la imprenta de la viuda de Valencia en 1856, en 305 págs.

6) París, 1861, en idioma francés por el padre Luís de Regnon.

7) Edición en alemán de 1860 estractada de la del padre Boero en 214 págs.

8) Edición polaca del padre José Francisco Clavera tomada de la francesa, en 1871, reeditada en 1875.

9) Londres, 1877, en idioma español, por el padre Enrique María Castro, de Venezuela,

10) Barcelona 1891, Revista la Semana Católica, dirigida por Antonia Rodríguez de Ureta en 134 págs.

11) Friburgo de Brisgovia, en 1908, por el apdre Bruches, 320 págs. 12) Quito 1922, por el apdre José Jouanent S. J. El Modelo de las jóvenes Cristianas, Prensa Católica, 328 págs. 13) Quito, 1955, por disposición de su Cabildo, con notas y crítica del padre Aurelio Espinosa Pólit. S.J.

En 1726 el padre Morán de Buitrón viajó prácticamente desterrado a Guayaquil y tuvo lugar su famosísimo sermón pronunciado en la iglesia de Santo Domingo ante nutrida concurrencia de amigos y parientes que al decir del Cronista Chavez Franco – terminaron por desbandarse, cuando empezó a señalar los pecados de los allí presentes. I como ya no viajó más, permaneció en Guayaquil por espacio de veintitrés años hasta que ocurrió su fallecimiento a la avanzada edad de ochenta años el 6 de Mayo de 1749 habiendose dedicado en esta última etapa de su agitada vida al Colegio de San Ignacio que ayudó a fundar en Guayaquil. Una lástima que los jesuitas le mantuvieran en esta situación de medianía, siendo como era uno de los más brillantes de la Audiencia y todo por un papelucho burlesco contra un Superior anodino. Prácticamente dirigido contra un nadie con poder.

Se le atribuye la autoría del “Compendio Histórico de la Provincia, Partidos, Ciudades, Astilleros, Ríos y Puerto de Guayaquil en las costas de la mar del Sur, dedicado al rey Nuestro Señor en su Real, y Supremo Consejo de Indias “ y su correspondiente “Plano” compuestos a petición del presidente de la Audiencia, Dionisio de Alcedo, impresos en Madrid en 1754 con el nombre de dicho Presidente. La obra y plano son de Morán de Buitrón quien lo entregó a su sobrino Santistevan para que lo hiciera llegar al Presidente Alcedo, quien se apropió de su autoría y ¡Aleluya¡

Ambos trabajos fueron reimpresos en Guayaquil por cuenta de Pedro Carbo Noboa a fines del siglo pasado y luego por Juan Francisco Marcos Aguirre y el Centro de Investigaciones Históricas de Guayaquil en 1930, institución que declaró a Morán de Buitron “iniciador de los estudios de la Historia Patria.”

Cabe destacar que el Plano o Croquis de Guayaquil confeccionado por Morán de Buitrón (Alcedo) en 1740 con la ayuda del dibujante Paulus Minguet es el más antiguo que se conoce sobre nuestra urbe. Contiene los dos barrios que   componían Guayaquil en esa fecha. La parte nueva está señalizada por la clásica estructura de damero propia de las nuevas ciudades españolas en ultramar, con calle tiradas a cordel, con treinta y cinco manzamas que comenzarían de este a oeste en la actual calle Pichincha hasta Boyacá y de norte a sur desde la actual Nueve de Octubre hasta Colón. La parte antigua aparece irregular, con el puente de las ochocientas varas que atravesaba varios esteros para finalizar en la actual Calle Roca. A la altura de la calle Roca se había iniciado la construcción de una muralla para proteger a los habitantes de las invasioens piráticas.

Una de las calles más antiguas y tradicionales de nuestra urbe lleva su nombre a la subida del cerro Santa Ana. Se conserva su retrato idealizado como es natural dado el paso de los años y el flagelo de los incendios, pero más sabemos de su estilo “porque fué un estupendo prosista que escribió una obra muy del tiempo y recogió con ella el momento más intenso del siglo XVII, en la cultura de Quito” según opinión de Hernán Rodríguez Castelo.

De la comparación escrupulosa de los procesos con la narración del hagiógrafo revela la fidelidad conque se atiene al testimonio, contentándose con darle una mayor corrección literaria. A éste mérito de honradez crítica debe añadirse que intentó descubrir el alma de los personajes y la vida íntima de los sucesos. Sin embargo la obra adolece del defecto fundamental de mezclar trivialidades anecdóticas con episodios sobrenaturales difíciles de creer, pero que a través de tres siglos se han ido repitiendo en las biografías de otras doncellas que la imitaron, dando una visión mágica a lo meramente humano. Así tenemos que las vidas de Mercedes de Jesús Molina y Ayala a) la rosa del Guayas, y Narcisa de Jesús Martillo y Morán la violeta de Nobol y su lejanísima pariente aunque por línea chueca, relatan que siendo niñas de pecho no aceptaban caricias en el rostro y hasta rechazaban la leche materna como dizque le había ocurrido a Mariana de Jesús, boberías que hoy solo causan risa, ni siquiera asombro.

En el Catálogo de los manuscritos jesuíticos embargados en Quito durante el extrañamiento, consta en latín un texto de Lógica, Física y Matemática en 236 págs. y un comentario sobre los libros de la Física de Aristóteles, en 233 págs. Actualmente se hallan en el archivo del noviciado jesuita de Cotocollao dos ejemplares de los curso de 1708 y 1709 respectivamente, que tratan sobre la tercera parte de la física de Aristóteles, que se atribuyen a Morán de Buitron.