MERINO Y ORTEGA PABLO

VICEPRESIDENTE DE LA REPÚBLICA.-

Nació en Guayaquil el l de Julio de 1793, hijo legítimo de José López – Merino y Moreno de Acosta, quiteño que obtuvo Amparo de Nobleza ante la Audiencia (1) comerciante en objetos de plata, avecindado en Guayaquil y luego miembro distinguido de su Cabildo. En 1802 introdujo la variedad Otalutiana de caña de azúcar traída desde Jamaica, que en 1806 hizo llevar a algunas plantaciones del Perú. En 1807 atendió a William B. Stevenson, secretario del recien nombrado Presidente de la recién Audiencia de Quito, Conde Ruiz de Castilla, durante su estadía en Guayaquil. Era coleccionista, poseía un enorme molar de 5 libras y 3 onzas y el esmalte tenía manchas como el caparazón de una tortuga hembra, encontrado en las llanuras de Santa Elena, y de Teresa Ortega y Davalos, riobambeña.

Muy joven fue enviado a Quito a estudiar al Seminario de San Luis “en donde se distinguió por el precoz desarrollo de su inteligencia y sus cualidades de integridad moral”. Apenas contaba diez y seis años de edad cuando asombró a sus profesores con una tesis escolar denominada “Conclusiones Filosóficas” que compuso para un Concurso Literario y que dedicó a Jacinto de Bejarano y Labayen. Ese mismo año, con motivo de la revolución del 10 de Agosto de 1809, formó con sus condiscípulos un Cuerpo de Defensa para luchar por la libertad de la Patria, entonces amenazada por las fuerzas del Presidente Toribio Montes.

Triunfante la reacción en 1812 se prohibió a los estudiantes patriotas que continúen sus cursos lectivos: razón por la que fue enviado por su padre a Lima para terminar la secundaria e iniciar la carrera de Jurisprudencia.

El 9 de Octubre de 1820 suscribió el Acta Abierta de la Independencia de Guayaquil. Enseguida colaboró con sus hermanos Guillermo y Francisco Merino en el mantenimiento del orden en la ciudad y al conocerse en Guayaquil en Septiembre de 1821, el fallecimiento de José María de Antepara y Arenazas, Secretario de la Junta de Gobierno de Guayaquil, en la segunda Batalla de Huachi, fue designado en su reemplazo. En Julio de 1822 firmó la Comunicación que hizo saber a Bolívar que “La Junta había cesado en sus funciones que le habían sido encomendadas por el pueblo”, forma elegante de enrostrarle su abuso de autoridad, al haber anexado Guayaquil a Colombia (2)

En tales circunstancias viajó a Lima en exilio voluntario y siguiendo a los triunviros Olmedo, Roca y Jimena y allí se graduó de Abogado.

Regresó en 1824, de treinta y un años de edad, fue nominado Secretario de la Intendencia del Departamento de Guayaquil y al año siguiente Ministro principal de la recién creada Corte Superior de Justicia del Distrito, pero en Abril de 1826 se excusó ante el Intendente del Departamento Gral. Juan Paz del Castillo y no llegó a posesionarse. Entonces fue electo Senador del Departamento de Guayaquil al Congreso Grancolombiano. En 1827 Ministro de la Alta Corte (Corte Suprema) de Justicia en Bogotá. En 1828 Diputado a la Convención de Ocaña, dejada sin quórum por los diputados bolivarianos que estaban en minoría. Merino no fue partidario de la dictadura de Bolívar, tampoco de la ruptura de la Gran Colombia en 1830 y no autorizó con su firma esta separación. Era partidario de un gobierno constructivo y con libertad, libre de una fuerte autoridad.

En 1831 el Presidente Juan José Flores quiso atraerle a su bando y lo designó Consejero de Estado. El 14 de Septiembre de 1833 protestó con los Diputados Vicente Rocafuerte y José Miguel Carrión y Valdivieso por la concesión de las Facultades Extraordinarias al Ejecutivo y renunció ante el Congreso, pero los Diputados no consideraron su renuncia y lo destituyeron.

El 28 de Septiembre Flores ordenó su inmediato destierro al Perú; Merino fue más rápido y habiendo arribado a Guayaquil en los primeros días de Octubre, se puso en contacto con el Gral. Antonio de Elizalde y Lamar y juntos convencieron al Comandante Pedro Mena para hacer la revolución.

La noche del 12 de Octubre los revoltosos tomaron la fragata de guerra “Colombia” surta en la ría y los cuarteles del puerto, cambiando a los militares floreanos por otros jefes nacionalistas, entre ellos su hermano el Crnel. Guillermo Merino y Ortega. El 17 mandaron una escolta armada a Naranjal para rescatar al Diputado Rocafuerte que iba al exilio en el Perú y el 20 Merino reunió a los padres de familia de Guayaquil, suscribiéndose una Acta con Olmedo a la cabeza, por la que se concedió a Rocafuerte la calidad de Jefe Supremo del departamento de Guayaquil mientras en Quito se consolidaba el régimen floreano con el asesinato de los patriotas del “Quiteño Libre” y Flores bajó a Babahoyo donde situó a los suyos para que descansen, luego avanzó a Mapasingue y sitió Guayaquil. El 24 de Octubre, casi sin combatir entró al puerto y los “nacionalistas” y entre ellos Merino, se refugiaron a bordo de la fragata Colombia, estableciendo el cuartel general en la Isla Puná. Esta revolución ha pasado a nuestra historia con el nombre de “Revolución de los Chihuahuas”.

Posteriormente, el 18 de Junio de 1834, Rocafuerte fue apresado a traición, llevado a Guayaquil y seducido por Vicente Ramón Roca, Consejero de Flores, para unir sus efectivos a los del gobierno, con la oferta que el 10 de Septiembre – fecha en que Flores terminaría su mandato constitucional – el poder pasaría a Rocafuerte. Al conocer este pacto, Merino protestó y viajó a Quito, sumándose a las fuerzas revolucionarias del Dr. José Félix Valdivieso y fue comisionado con José Miguel Carrión para entrevistarse en Babahoyo con los Dres. José Joaquín de Olmedo y Luis Fernando Vivero, delegados de Flores y Rocafuerte, para encontrar la solución apropiada que termine la guerra. La reunión se llevó a efecto en Babahoyo entre el 4 y el 8 de Agosto.

Merino y Carrión propusieron la convocatoria a una Convención Nacional. Olmedo y Vivero quisieron un Congreso. Consultado Rocafuerte aceptó la idea de una Convención pero entonces Flores se opuso y las conversaciones entraron en un punto muerto del que no pudieron salir. El 4 de Octubre Merino envió una comunicación a Rocafuerte, instándole a llegar a una solución pero solo recibió “un sarcasmo, un juego de palabras, admisible solo en el escenario de un teatro, pero no en la alta esfera de la política, en la que se trata de los intereses del pueblo”, según frase de Pedro Moncayo puesta en su Historia.

El 18 de Enero de 1835 ambos bandos midieron sus armas en “Miñarica” donde triunfó Flores. Entonces Merino y otros mil doscientos patriotas nacionalistas de la primera distinción social e intelectual del país emigraron a Colombia.

En 1836 regresó a Guayaquil. El l de Septiembre de 1838 de 45 años de edad, contrajo matrimonio con Josefa Menéndez y Espantoso, en quien tendrá una larga descendencia. En 1842 fue Ministro Juez de la Corte Superior de Justicia y con el Dr. José María Sáenz de Viten’ ordenó la incautación de numerosas pesetas cobrunas o monedas falsas pagadas en la Tesorería de la provincia. Era Gobernador Rocafuerte, con quien Merino se tenía una marcada antipatía desde el pacto de 1833 que tantos desastres ocasionó al país. Rocafuerte declaró a Merino y a Sáenz de Viten’ “cesantes en sus funciones”, estos apelaron ante la Corte Suprema y el ^ Gobernador lo hizo ante el Consejo

de Estado; ordenada la reposición de los Ministros, Rocafuerte les envió un oficio considerado “insultante”, que originó nuevos reclamos y disturbios, La epidemia de la fiebre amarilla que se desató por esos días sobre la ciudad puso fin a este embrollo, pero Merino sufría el embate de los periodistas afectos al régimen como Antonio José de Irisarri, que llegó a calificarle de “idólatra de principios abstractos” por el solo hecho de defender la ley.

La revolución del 6 de Marzo de 1845 le proporcionó la oportunidad de volver a servir a su patria. Olmedo fue llamado por los Jefes del movimiento para encabezar un Triunvirato compuesto con Vicente Ramón Roca por Quito y Diego Noboa por Cuenca y designó a Merino para las funciones de Gobernador del Guayas y a José María Cucalón Secretario General.

Electo Diputado por el Chimborazo, concurrió a la Convención de Cuenca inaugurada el 3 de Octubre de 1845 y fue designado Presidente de la Convención y cuando el bando Olmedista, viendo que no iba a triunfar su candidato, pidió que Merino asumiera provisionalmente la presidencia, estuvo a punto de salir electo. Finalmente pudo Vicente

Noboa, lo derrocó y se hizo designar en su reemplazo.

En 1852 arribó de Londres Elías Mocatta, Comisionado de los tenedores de bonos colombianos para realizar un arreglo con el gobierno del Ecuador en la parte que le correspondía en dichos bonos. Sin embargo de que la Constitución autorizaba plenamente al poder ejecutivo a llegar a esta clase de arreglos, solicitó a la Asamblea que se conceda autorización especial, a lo que se accedió. El Gobierno designó comisionados a Pablo Merino y Angel Tola, ambos versados en asuntos públicos y el segundo especializado en negocios de hacienda, pero después de largas conferencias los negociadores no llegaron a ningún arreglo.

Falleció en Guayaquil el 27 de Febrero de 1854 después de larga dolencia, tras una vida llena de merecimientos, a los sesenta años de edad.

De estatura pequeña, rostro ovalado, calvicie pronunciada, ojos profundos y vivos, manos finas pero firmes; junto a Pedro Moncayo, símbolo del más sincero “nacionalismo”, ambos fueron hombres de una sola línea de conducta política, enemigos de toda dictadura. Merino las combatió sin cesar y sin claudicaciones. Primero enfrentó a la de los españoles, luego la bolivariana, después a Flores, a Rocafuerte y nuevamente a Flores cuando hizo aprobar la “Carta de Esclavitud” en 1843. Gozó de la confianza de todos los grandes hombres de su tiempo que lo apreciaron sinceramente. Olmedo lo hizo dos veces su Secretario.

Fue amante de las musas pero ellas lo desdeñaron. El 45 acertó a forjar una octava, que no carece de sentimiento y energía, en elogio del Coronel Jado, muerto a consecuencia de las heridas recibidas en el Combate de la Elvira.