MARTILLO MONSERRATE JORGE

ESCRITOR.- Nació en Guayaquil, el 2 de Mayo de 1957. Hijo legítimo de Jorge Martillo Vinueza, operador de proyectores de cine y de Jacinta Monserrate Saldaña, naturales de Guayaquil y Ventanas (Provincia de Los Ríos) respectivamente.

“Soy el penúltimo de ocho hermanos (dos varones y seis mujeres) y recuerdo mi primera infancia de niño enfermizo y solitario. Días de juegos fantasiosos, de dolores de cabeza producidos por caídas de altillos. El temor de ir a la escuela y no saber las tablas de multiplicar, peor las de dividir. Las historias que contaba mi padre de viajes y peripecias. La ficción verbal suya pues todo era un bellísimo invento que le sacaba la lengua a la realidad. Recuerdo mi afición al cine, pues mi padre me daba pases libres y entraba a cualquiera. Los juegos solitarios ya que no tenía ningún hermano con quien jugar. Por eso creo firmemente que en esos años se fue formando el escritor que ahora soy. Sobre todo después en tardes de lecturas en el altillo del abuelo, meciéndome en una grata hamaca de mocora o en la crujiente mecedora antigua, allí leí lo que Norte América exportaba en español: Life y Selecciones. Luego fueron entrándome Verne y Dostoievsky, embriones entre fantasiosos y malignos, y casi enseguida la escuela dejó de ser una tortura para convertirse en el punto de reunión de primeros amigos y juegos de indor y fútbol. Por eso mi infancia pasó tímida como una criatura que bordea senderos para no ser vista por la calle principal. Es esa huidiza, solitaria y silenciosa sensación de vida, la única que puede, luego, arrastrar a una persona, a querer expresar sus sensaciones, los de los demás o los humores que emana una ciudad bulliciosa, pero, a veces, incapaz de articular una frase coherente”.

“Todas mis escuelas fueron católicas: Domingo Savio, Perpetuo Socorro, nombres que no dejan entrever el sentido ruin de Dios. Mas. en la secundaria, en 1969, el Colegio Nacional Eloy Alfaro me acogió en sus aulas por seis largos años, aunque al terminar el Ciclo Básico quise cambiarme a un Colegio Técnico como no   aprobé   los   exámenes de Matemáticas, Trigonometría y Geometría, me sentí abocado hacia una práctica que siempre había llevado escondida: el dibujo, seguramente influenciado por una tía pintora – María Eugenia Martillo V. – pero llegué tarde al Colegio Municipal de Bellas Artes y tuve que volver al Alfaro”.

“Allí me esperaban las Ciencias Sociales y toda su gama de agradables sorpresas, pero fue solamente en el quinto Curso cuando un profesor de Literatura supo despertar en mí una serie de expectativas en torno a esa materia. Ese año nos encontramos en la misma aula con Fernando Itúrburu, al año siguiente ingresamos al Taller Sicoseo donde fuimos los más jóvenes con Fernando Balseca y Raúl Vallejo. Los otros eran Hugo Salazar Tamariz, Solón y Gaitán Villavicencio, Paredes, Edwin Ulloa, Héctor Alvarado, Fernando Nieto, Fernando Artieda, Raúl Vallejo y Jorge Velasco” y buscamos recuperar el habla popular guayaquileña entre otros proyectos estéticos.

“De allí en adelante las cosas se aclararon para mí. Ingresé en la Facultad de Filosofía de la Universidad Católica. Tuve mis años de intensas lecturas y también los de prácticas políticas, que fueron tiempos de luchas y esperanzas, de amores grabados en el pecho y que saltan aún entre las líneas de mis textos literarios. Allí conocimos a Mario Campaña Avilés y formamos el grupo que como triángulo esotérico tomó el nombre de “Catedral Salvaje” para editar una revista, órgano de expresión de una generación que a veces vive con cinismo e indiferencia y en otras con dolor y legitimidad.

“Al periodismo entré por las puertas de las erratas, como corrector de pruebas del semanario dominical de Expreso en Septiembre de 1985 cuando lo coordinaba Carlos Calderón Chico, quien me incitó a escribir crónicas y bajo la serie El Pulso de la Ciudad me fui interesando en ser una especie de cámara fotográfica que imprime todas las visiones que pasan desapercibidas por comunes y propias. Me interesó la marginalidad por ser la otra realidad que se cubre bajo diversos antifaces y parecería que nadie quiere ver por ser grotesca y populachera; mas para escribir crónicas es necesario además de ver, saber. Ordenar enredados signos, allí esta la poesía ya que la vida y la muerte bailan en las calles en un eterno carnaval de alegría y miseria. Sin embargo hay que interpretar lo popular, no desde el nivel del lenguaje sino en sus estratos vivenciales más íntimos. Escribir crónicas de una ciudad, ir matando a esa ciudad que nos atrapa, es ir quitándole el maquillaje a la vieja ramera, para mostrarla tal como es, antigua y al mismo tiempo naciente como el Ave Fénix”.

“Sin embargo cuando entré a Expreso, no era propiamente un novato. Había ganado algunos premios citadinos y otros no tanto. El 79 obtuve él segundo premio en el VIII Concurso Nacional de Poesía del Festival de las Artes Fundación de Guayaquil, El 80 saqué el primer Premio en el III Concurso Nacional de Literatura (Poesía) convocado por la Universidad Nacional de Loja. El 82 el segundo premio en el X Concurso Nacional de

Poesía Medardo Ángel Silva del Centro Municipal de Cultura de Guayaquil. Ese mismo año el Premio Único de Cuento de la Revista Ariel Internacional.Y recibió una Mención en el Concurso de Poesía Aurelio Espinosa Pólit de la Pontificia Universidad Católica de Quito. El 85 una Mención de Honor en el I Concurso Nacional de Poema Mural del Centro Municipal de Cultura de Guayaquil”.

En 1986 conquistó el Premio en el Concurso de Poesía del Festival de las Flores y de las Frutas convocado por la Municipalidad de Ambato y trabajó como Inspector del Colegio Nacional Aguirre Abad. Desde el 86 empezó a colaborar con la revista Diner’s y desde el 1 de Marzo del 87 escribió para la revista dominical de El Universo una serie de crónicas sobre Guayaquil.

“En 1987 la CCE de Quito publicó mi poemario “Aviso a los Navegantes” en

86 páginas, con “crepitante poesía, corre el riesgo de armar amparo para la mediocridad de la crítica. Es un poemario imposible para la audacia de la crítica. Había que recorrer al revés los caminos del corazón amante y lacerado del poeta, para medio interpretar y peor explicar esta marejada de poesía. Los versos sabios, los poéticos, son para que descubramos a tientas y a luces poderosas -como lo hizo el poeta- los valores negados y tergiversados por las mentiras convencióles” según opinión del crítico Ignacio Carvallo Collage de todos sus intereses de la época, búsqueda fresca y dispersa.

Tengo otro: Grises, y tres libros de crónicas titulados Aquellos Días, Artes y Oficios, con trabajos publicados en diferentes periódicos de la ciudad, como historias simples que revelan el rostro de un Guayaquil convulso y febril, con tipos populares muy interesantes. Últimamente el ejercicio de la prosa me ha alejado de la poesía o será acaso, ¿qué la vida me aleja del ejercicio de la ficción? Pero nada es más verdadero que la ficción…

Martillo Monserrate es el cronista actual de Guayaquil por su estilo y forma de ver la urbe, nadie como él para apreciar los vericuetos de sus calles y comprender el alma de sus personajes. En este sentido viene a ser el continuador de una largo lista de escritores que se iniciaron en este siglo con Pino Roca y Chávez Franco, continuaron con Rosa Borja de Ycaza, Carlos Saona Acebo, María

Angélica Castro de Von Buchwald, Emilio Gallegos Ortiz, Rodolfo Pérez Pimentel y Jenny Estrada. Cada época tiene su cronista que responde a las necesidades del momento, por ello la importancia de Martillo, que ha sabido captar la psicología actual de la urbe y plasmarla en intensas y vividas historias.

Su estilo es poético con cierto sabor y regusto amargo, sus metáforas amplias y profundas dan densidad al relato que se torna cinematográfico y al mismo tiempo simbólico, lamentando únicamente su poco bagaje histórico de manera que lo suyo se queda casi siempre en lo meramente literario.

La estatura menos que mediana, rostro moreno, rasgos finos, hablar rápido y con propiedad, ojos inteligentes, pelo negro.

En 1991 ganó el primer premio en el Concurso Nacional de Poesía Aurelio Espinosa Pólit con “Fragmentarium” libro que tiene que ver con la condición humana y lanzó su primer libro de crónicas titulado “Viajando por pueblos costeños” con descripciones certera de lugares, personajes y paisajes costeños. El 96 publicó su tercer poemario “Confesionarium” diario de realidades y sueños y el 97 salió su cuarto tomo denominado “Vida Póstuma”, inventario de su pertenencias personales, descripción de la vida que sus bienes van a tener en su ausencia terrenal. Casi un testamento, declaración de la lúcida locura, una declaración desgarradora de la soledad y la muerte (1)

El 99 editó “La bohemia en Guayaquil y otras historias crónicas” con cuarenta y una crónicas sobre la ciudad, escritas con referencias y observaciones propias y ajenas, en lenguaje poético y en tono popular. Su visión es sensible y sus temas son sacados de ambientes bohemios, sitios donde sus ternura se recrea en personajes de la noche o del Folklore citadino, en tono personal, testimonial.

Escribe para conmover, para transformar, porque navega hacia sí mismo. Tiene por publicar “Maremagnum” con versos lúcidos que giran en torno a la locura cotidiana.

El 2009 ganó el Premio del Ministerio de Cultura con el poemario “El amor es una cursilería que mata” en 174 págs. que contiene textos poéticos que relatan su experiencia amorosa diversos puntos de vista, discursos y lenguajes. Catálogo donde lo erótico se enfrenta a la desolación y como él mismo lo ha declarado escribe para limpieza de sus riñones, para voz de sus pensamientos salvajes, para limpiar mi sangre para poder respirar y dormir aunque sea tres horas. El 2010 sacó “Guayaquil de mis desvaríos” con enfoques habiendo arribado a los cincuenta años, edad en la cual el escritor de oficio da todo de sí, vive en un péqueño departamento de la Ciudadela Ferroviaria, en compañía de una gata regalona, escuchando música de jazz, frente a su ordenar que le vincula a la realidad mediante incesantes correos electrónicos. Sale poco, lo suficiente para aprovisionarse de alimentos y bebidas, trabaja por entregas en la revista dominical del diario “El Universo.”

Carácter afectuoso y temperamento vital, de conversación rápida y llena de giros y expresiones. Su situación económica estrecha, de escritor a contrata, le causa a veces unas rachas depresivas de las que sin embargo sabe resolverse rápidamente pues es un espíritu optimista y ama la vida.

  1. (1) Su proyecto para la “Vida Póstuma” era mucho más ambicioso pero escribir los versos se le volvió cuesta arriba porque en el interím murieron algunas personas allegadas al poeta y muy amadas por él, de manera que por higiene mental dejó el libro así.