MACHADO DE CHAVEZ Y MENDOZA JUAN

ESCRITOR.- Nació en Quito en 1594 y muy niño viajó a Lima con sus padres legítimos el Licenciado Hernando Machado, designado Relator de la Audiencia de Quito y luego Oidor de la de Chile y Ana Núñez. Tuvo un hermano llamado Pedro Machado de Chávez, quien se doctoró en Leyes, fue autor del libro “Jurisprudencia española” y de otras producciones.

Realizó sus primeros estudios en el Colegio de San Felipe de Lima y en la Universidad de San Marcos siguió Teología Dogmática, Moral y Derecho Civil y Canónigo. Nuevamente en Quito se graduó de Abogado y Doctor en 1638, entró a eclesiástico y pasó de Canónigo tesorero, luego fue Arcediano, Dean de la iglesia de Trujillo y Tesorero de la de Lima.

Viajó a España y en 1641 editó en la imprenta de Pedro La Caballería, en Barcelona, el “Perfecto Confesor y Cura de Almas” en dos tomos en

cuarto de 618 y 836 págs. más varias docenas de páginas con una Tabla de Cosas notables y previa Licencia eclesiástica. El primero contiene los principios más generales del Derecho Civil y Canónigo, y el segundo la parte científica como lo expresa el propio autor, o sea las obligaciones morales y específicas del hombre contemplado como eclesiástico o regular.

Estaba sirviendo en la Cancillería de Granada cuando el 17 de Febrero de 1651 se le eligió Obispo de Popayán, pero falleció el 53, de cincuenta y nueve años de edad, antes de emprender el viaje a América para ser consagrado.

En 1661 el Padre Francisco Apolinar dio a la luz en Madrid un Compendio de la obra anterior que tituló “Suma Moral y Resumen Brevísimo de las obras del Dr. Machado.”

Toribio Medina opinó que es una obra curiosísima por tratar las cuestiones más espinosas, capaces de hacer ruborizar al que no haya leído nunca ciertos libros de examen de conciencia.

El Perfecto Confesor y Cura de Almas es una obra densa de doctrina y de meticuloso discurrir a través ^ de legislación y autoridades según opinión de Hernán Rodríguez Castelo, que la ha tratado extensamente en su “Literatura en la Audiencia de Quito siglo XVII” calificándola de documento de primerísima mano para estudiar la forma de pensar y actuar en ese siglo. Machado tuvo suficiente sensibilidad social y gran claridad expositiva, de suerte que quiso llegar a un público más amplio que el de los simples confesores como consta en la Introducción. “A esto se debe, en gran parte, su interés, y a la libertad conque trata todos los asuntos que al desmenuzar concienzudamente las cuestiones, se le ofrecen”.

Machado “recogió en cada asunto las principales sentencias, apartando las doctrinas ciertas de las dudosas y controversias.” Sus temas son variadísimos. Desde si tener coito con el demonio sea pecado o bestialidad, qué pecado sea en la desposada encubrir el defecto de su virginidad, el valor y existencia de los hechizos amatorios, si los vuelos nocturnos de las brujas son simplemente ilusión o acción demoníaca, si las brujas se trasladaban con las personas de un lugar a otro, la situación de las viudas obligadas al año de llanto y retraídas por leyes canónicas y civiles de contraer nuevas nupcias, el desempeño

las obras morales y materiales. Era un hombre de pocas palabras, mas bien seco e introvertido, no admitía confianzas de ninguna clase, guardaba siempre las distancias con sus semejantes, era severo hasta consigo mismo. Por eso no se hacía querer aunque sus buenos propósitos y su afán de servicio le ganaba la admiración y el respeto de quienes lo trataban. I como era estudioso, trabajador, solemne y poseía don de mando, pasaba por sacerdote de muchos merecimiento.

En 1890 ocupó el decanato de la Facultad Menor de Filosofía. El 93 fue designado Rector del San Gabriel y le eligieron miembro del Consejo de Instrucción Pública.

En el San Gabriel permaneció sin mayores problemas hasta Mayo de 1897 que fue trasladado al rectorado del San Felipe Neri de Riobamba, Tras los graves sucesos políticos acaecidos en la comunidad de los jesuitas de esa ciudad y que ocasionaron el escándalo nacional.

El caso es que a raíz del levantamiento armado conservador del 27 de Marzo de ese año en las provincias del centro de la República, se produjo varios combates en Igualata, San Andrés, Bellavista y Calpi entre las fuerzas liberales del gobierno y los guerrilleros conservadores de Melchor Costales y Pacífico Chiriboga. La situación se volvió peligrosa en Riobamba, donde un clero politizado y dirigido por el Obispo Arsenio Andrade, excitaba al pueblo contra el gobierno. El 28 de Abril las autoridades de la plaza solicitaron al prelado que exhorte a los feligreses en favor de la paz pública, pero éste hizo lo contrario, recluyendose en su propio palacio, desde donde fue sacado a un calabozo del cuartel Pichincha con orden de deportación. El 2 de Mayo se tomó igual medida con los jesuitas por predicar contra la Constitución y leyes vigentes. El 3 amaneció la ciudad conmocionada y a través del templo jesuita algunos guerrilleros infiltrados intentaron tomarse el cuartel vecino con la complicidad de varios soldados, para que las fuerzas conservadoras pudieran ingresar tranquilamente en Riobamba; pero, habiéndose descubierto el plan, los gobiernistas ingresaron al interior del Colegio y acorralaron a José P. Cifuentes, que se había escondido en la Capilla, detrás de la estatua del Corazón de Jesús, le cazaron y dieron muerte de un balazo en la frente. E! Superior jesuita Padre Emilio Moscoso sufrió igual suerte y murió con el arma al hombro y las cananas terciadas. Entonces cesó la lucha y apresaron al resto de la comunidad, el Sagrario fue allanado y hasta se cometieron escenas sacrilegas con los Copones y Hostias que fueron cauzados y desarmados al suelo.

Por todo ello Machado apuró su arribo a Riobamba y el día 20 hizo funcionar nuevamente el Colegio, obteniendo que se permita a los jesuítas regresar al Convento y “con sagacidad consiguió desautorizar los cargos que se hacia a los padres de la Compañía y hasta ordenó funciones litúrgicas de desagravio “y la católica Riobamba se desbordó en actos de piedad, a un punto de fervor no sospechado.”

De allí en adelante se dedicó únicamente a sus labores docentes y a pesar de la penuria económica por la que atravesaba el Colegio, logró levantar dos tramos de edificio y permaneció al frente del rectorado hasta principios de 1906, en que por su probada sagacidad y don de mando, sus superiores creyeron oportuna su presencia en Quito, al frente del rectorado del San Gabriel, en momentos de sumo peligro para la Orden, pues acababa de triunfar Alfaro en Chasqui, ocupaba por segunda vez el poder y el grupo de liberales radicales autodenominado de la Fronda bajo la dirección de José de ^ Lapierre, se había propuesto expulsar definitivamente a los jesuitas, como la mejor forma de consolidar al partido radical en el Ecuador.

El 27 de Marzo los de la Fronda dieron un banquete a Alfaro y oficialmente se acordó la expulsión; sin embargo, la noticia se regó pronto en Quito y llegó a oídos del clero. Se hicieron rogativas públicas, la Virgen del Quinche fue traída de apuro y como ni aún así se desistía, la noche del 20 de Abril se produjo un supuesto milagro con una oleografía de la Virgen de los dolores colocada en el refectorio del San Gabriel, que a la luz mortecina de los candiles empezó a abrir y a cerrar los ojos y hasta dicen que lloró delante de treinta y cinco alumnos internos y dos religiosos. El prodigio – que es como ahora se le conoce – se hizo público, se abrió un proceso canónigo, hubo declaraciones y todo lo demás. La autoridad religiosa declaró que se podía creer y nadie hablaba de otra cosa que de la Virgen del Parpadeo, lo cual hizo que los de la Fronda abandonaran su plan de expulsión para no alborotar más el cotarro. En Junio fue trasladado el cuadro a la iglesia de la Compañía participando miles de devotos con velas encendidas. El día 5 de Junio, aniversario de la revolución liberal, el Padre Ceslao un desnudo femenino y la cabeza de un fauno, pero el Obispo Machado protestó alegando que aquel mármol constituía un desacato a la moralidad. La Municipalidad ni siquiera se dio por aludida y tampoco mandó a retirar la estatua.

En 19 de Junio de 1921 se estableció la Gran Logia Masónica del Ecuador. El 24 tenía un registro de ciento cuarenta maestros y al consagrarse el templo masónico en Quito hubo una concurrencia masiva pero como se confundía la cuestión política con lo religioso, la Iglesia Católica intensificó sus ataques contra la Masonería. I cuando se anunció la construcción del templo masónico mayor en toda Sudamérica, a erigirse en una de las más céntricas esquinas del boulevard principal de Guayaquil, Machado hizo circular una Carta Pastoral que en su parte medular decía: Notadlo bien, todo aquel que da su nombre a la masonería sea cualquier grado de ella, desde ese mismo momento queda excomulgado, la Iglesia no le cuenta más en su seno, ni puede participar en los Sacramentos. Ni muerto puede recibir sepultura sagrada..

I esto dicho cuando el Cementerio General de Guayaquil pertenecía la Municipalidad desde su función en 1804 y era administrado por la Junta de Beneficencia, constituía un desafío no solamente a los masones si no también al Estado liberal imperante; mas, los Masones, solo se contentaron con hacer algunas discretas reflexiones a través de sus publicaciones internas y la provocación episcopal cayó en el puerto, en el más completo vacío. El 25 la Gran Logia del Ecuador obtuvo la aprobación de las logias inglesas y la noticia salió en los periódicos, inaugurándose en los meses siguientes las Logias de Ambato y Riobamba y el 25 la de Manta, pero en cambio ese año cerraron sus puertas las de Quito y Riobamba, aunque el 27 reabrió la de Quito más con extranjeros que con nacionales, pero para entonces Machado ya había fallecido.

El canónigo José María Navarro Jijón ha escrito sobre Machado lo siguiente: Era hasta indulgente con los demás. Ayudaba a los menesterosos, se preocupa de obsequiar a los huéspedes que recibía constantemente en palacio y hasta sentaba a su mesa al clero diocesano, a representaciones de religiosos de los varios Conventos y a un buen número de caballeros. Trataba con mucha veneración y aprecio al Cabildo Capitular, acatando todas sus resoluciones. Durante su estadía en Guayaquil impulsó la construcción de

Su padre se empeñó en hacerlo un hombre de provecho para su provincia y la Patria y por ello lo mandó a estudiar a Cuenca donde tenía parientes y existían mayores medios para sobresalir, pero como al poco tiempo murió, el joven quedó sin recursos para continuar la carrera de Médico que había escogido. Entonces regresó a Manabí y radicó en el antiguo sitio de Quebrada Grande, llamado Río Chico desde finales del siglo XVIII y dedicado a labores propias del comercio, permaneció varios meses hasta que abandonó dichos trabajos porque no tenía vocación para ellos.

En 1875 los padres de familia de Portoviejo le pidieron que tome a cargo la escuelita del lugar y así fue como empezó su larga carrera. Al poco tiempo contrajo matrimonio con Olalla Guadamud, unión feliz con nueve hijos.

En Enero de 1879 fundó el noticiero “El amigo del pueblo”, semanario de los más antiguos de esa provincia, que imprimía en forma de folleto en una pequeña máquina que hizo llevar al lugar y como era un diestro mecánico pronto sacó fama de buen tipógrafo.

En 1884 fue designado Director de la escuela San Luis Gonzaga de Portoviejo y tuvo por ayudante a Rafael Zevallos Chiriboga y a Quiteño Saltos.

En 1888 le designaron profesor ayudante en el Colegio Pedro Carbo de Portoviejo, a petición del rector William Peter Retener, pedagogo inglés que dirigía el plantel. En Mayo de ese año fundó con su amigo Joaquín J. Loor el periódico “El Bien Público”, cuyo administrador fue Antonio Segovia. Se editaba en la imprenta El Horizonte, en un formato de 40 x 60 cmts. y dejó de aparecer en 1893 tras completar doscientos setenta números porque el Obispo Pedro Schumacher entró en polémicas y hasta fulminó excomunión mayor contra Macias y su amigo Loor, quienes tuvieron que retractarse para salir bien librados de tan fenomenal escándalo.

Entonces, con un poco más de tiempo disponible, ascendió al rectorado del “Pedro Carbo” que desempeñó a satisfacción del vecindario durante tres años. En 1901 fue nombrado Director de la Casa de Huérfanos de Artes y Oficios que tenía una de las mejores imprentas de la república, adquirida poco antes por Schumacher.

En 1905 el pueblo reunido en Asamblea General decidió llevarle ala presidencia del Concejo y allí se mantuvo un año gozando del respeto y el aprecio de sus congéneres. El 6 fue Administrador de Correos, pero una vieja dolencia cardiaca que le venía aquejando le condujo al sepulcro el 1 de Agosto de 1907 a los cincuenta y nueve años de edad.

Fue hábil para la relojería y tuvo un pequeño taller de reparaciones que gozó de justa fama. En Portoviejo vivía en un chalet de caña en la calle Córdova y Morales y gastaba sus horas de ocio en excursiones por los alrededores acompañado de sus hijos pues era muy dado a la cacería.

Como buen profesor tenía suma paciencia y un orden especial para hacerse querer de los niños. Con los animales usaba iguales métodos de persuación. Todavía se cuenta que había domesticado a una perdiz para que a su simple silbido todas las tardes a las cinco se recogiera en su dormitorio. En una ocasión el bueno de don Tiburcio se olvidó de silbar y la perdiz se quedó fuera largo rato sin poder entrar porque estaba la ventana cerrada. Entonces, cansada de la espera, la perdiz empezó a silbar para llamar la atención a su amigo. En otra ocasión su hijo José Tiburcio importó de España varias cajas de vino y en una de ellas llegó de contrabando un ratoncito blanco. Don Tiburcio lo pidió y lo llevó a su chalet. Siete días después convocó al vecindario y con dos palmadas hizo que el ratoncito sacara su cabeza de un horámen que había en la pared sobre el gancho de una hamaca y bajara corriendo por la soga a recibir el pedacito de queso que le tenia listo su amigo. Luego de ello, corrió otra vez a su hueco y allí se estuvo hasta el día siguiente que se realizó nuevamente la operación de las palmadas y el queso.

Los que le conocieron aseguran que tenía el trato amable, suave y dulces expresiones, empleando una sagaz cortesanía con sus semejantes. Por eso era querido y apreciado por todos. Una noche, que regresaba a su casa, fue asaltado en una esquina oscura por un desconocido, que le dijo: “La bolsa o la vida don Tiburcio”. El sorprendido pedagogo, muy despacio, se metió la mano al chaleco y en lugar de sacar la billetera sacó una pistolita que siempre llevaba consigo, contestando al ladrón: “Ni la bolsa ni la vida y siga Ud. su camino, querido amigo, que yo no le voy a dar nada” Pero el ladrón insistió “No sea necio es mejor que la gente diga: Por aquí corrió y no aquí murió don Tiburcio” pero el otro enérgicamente le apartó de su lado al grito de “Eso sería según las circunstancias” y se alejó rápidamente.

En otra ocasión y jugando al billar con varios amigotes, quiso hacer una jugada especial de banda con efecto y uno de ellos le increpó: “No seas pendejo, así no lo vas a lograr”, Don Tiburcio insistió y lo logró ante las risas de los presentes que celebraron su maestría como billarista,

En 1933 sus restos mortales fueron inhumados por la Municipalidad de Portoviejo juntos a los de la Profesora Amalia Zevallos y se levantó una severa Capilla Ardiente en el salón de actos del Colegio Nacional Olmedo y después fueron sepultados en dos bóvedas donadas por las Municipalidad como prototipos de maestros manabitas, En su honor se designó también a la Escuela Fiscal No, 1 de Varones de Portoviejo con su nombre,

De estatura más que regular, esbelto, delgado, rostro canela claro, grandes bigotes gruesos, ojos y pelo negro, Siempre vestía ternos de casimir y chalecos, Era inteligente, instruido, parco y ceremonioso en el hablar, por eso gozó del respeto y admiración del ^ vecindario portovejense,