LUZARRAGA Y ECHEZURIA MANUEL ANTONIO

BANQUERO.- Nació en el puerto de Múndaca, señorío de Vizcaya, España, el 1 de octubre de 1796, en el centro de una región de pescadores. Hijo legítimo de Manuel Antonio de Luzárraga y Basterrechea y de María de Echezuria y Basaran, de familia de marinos y pescadores, según tradición familiar descendía de Juan Zuria, Vizcaya (El apellido Luzárraga se acentúa en idioma vasco, no en castellano)

En 1811 se alistó de Guardia Marina. “Ya desde España había hecho ostensible sus ideas liberales, no sólo en vista de la triste situación a que estaba reducido el lamentable monarca – coronado luego como Fernando VII – prisionero en Bayona, sino contagiado por las ideas de Francia, lo que le había traído reprensiones disciplinarias a bordo”. Tres años después llegó a Guayaquil en la fragata “Gerona” y aquí se quedó con sus compañeros Juan José Casal y Francisco de Reina y Martos, dedicados al negocio de cabotaje, es decir, al transporte de mercaderías por los ríos del litoral y aún en mar abierta.

En 1816 adquirieron la goleta “Alcance” a su dueño José de Villamil, destinada al tráfico con el Callao, que desde 1820 tuvo destacada actuación en la campaña libertadora. En 1818 Luzarraga manejaba las oficinas y el Capitán Manuel Loro, de nacionalidad española la nave; y ambos pudieron constatar las injustas trabas aduaneras existentes en el régimen colonial, que impedían el desarrollo y expansión comercial de Guayaquil pues toda exportación debía ser autorizada por el Tribunal del Consulado que funcionaba mayo formó con Bartolomé Francisco de Ayluardo y Vicente Ramón Roca la Comisión nombrada por el Cabildo para redactar el Reglamento contra Incendios.

En 1826 figuró entre los promotores de la “Junta de Seguridad Mutua”, compañía de seguros que al módico precio del uno por ciento anual se ocupaba de la defensa contra incendios y en 1827 fue ascendido a Director, renunciando a la Capitanía del Puerto que había venido desempeñando por espacio de siete años.

En 1828 construyó de su peculio el local para el funcionamiento de la primera escuela de niñas que tuvo Guayaquil y que años después en épocas de García Moreno fue entregada a las madres francesas de la Orden de los Sagrados Corazones. En la primitiva escuelita, dirigida por notables pedagogas guayaquileñas como Juana de la Cruz Andrade Fuente – Fría de Drinot, se educaron las hijas de Luzarraga y de las principales familias de la ciudad y estaba ubicada al norte del malecón.

En 1829, durante el bloqueo de la Armada peruana, actuó con el grado de Coronel y fue uno de los parlamentarios en las conferencias sostenidas el 19 de Enero para el Convenio de Paz. La ciudad se salvó de un bombardeo e incendio y fue entregada pacíficamente a los peruanos. Ese año era Concejero Municipal.

En 1830 era propietario de varios barcos traficando por el Pacífico desde las costas mexicanas hasta las de Chile y Perú, con cacao y otros frutos y mercaderías. De regreso venían abarrotados de productos manufacturados que llenaban su almacén en 9 de Octubre y Pichincha en cuyos altos tenía su domicilio y la bodega de Malecón y Sucre. Sus naves llamaban: La Adela, así nombrada por su hija, que capitaneaba Mateo P. Game desde 1826 y enarboló la bandera Grancolombiana por primera vez en el mediterráneo frente a las costas del Africa. Igualmente el Rocafuerte, el Cuatro Hermanas por sus cuñadas, el Teodoro por una novela de madama de Genlis, el Perseverancia, el Rosario y el Panchita por su esposa. Ese año remató a su favor el bergantín Portete también llamado el Terrible, y fue electo Consejero Municipal.

Era miembro de la Junta de Sanidad con el Jefe de Policía, el Vicario de la iglesia Matriz, Francisco de Ycaza Silva, Manuel Galecio y los Dres. Mariano Arcia, José Mascote Aguirre, Álcides Destrnge Maitín y N. Roldán que realizaban el control de easos de lepra, las visitas a los buques que entraban al puerto y la inspección sanitaria de las boticas. Luzarraga era propietario de la mejor botica de la ciudad, no solamente por la cantidad y calidad de los medicamentos que vendía sino también por el orden y decencia con que se exhibían y mostraban al público.

Tenía varias haciendas productoras de cacao – la mayor en Palenque – con un total de 225.000 matas daba anualmente 4.556 quintales, que vendía en 61.000 pesos con una utilidad estimada en no menos de 30.000.

Se le consideraba la primera fortuna de la costa ecuatoriana. Su Casa resumía el comercio y el crédito del país, importaba, exportaba, comerciaba, negociaba letras de cambio, etc. La agricultura, la industria, aún la Hacienda Pública se alimentaba de su “Casa”, pero como cobraba lo que le apetecía, fue acusado por la opinión pública de chulquero. I siguió enriqueciéndose pues la falta de circulante en los primeros años de la República hacía que los comerciantes de la plaza dependieran absolutamente de él en sus transacciones a crédito, que casi ^ siempre terminaban descontadas en la “Casa”.

En 1834 fue ascendido a General de Brigada sin haber combatido jamás en ninguna batalla lo que no debe llamar la atención porque ahora sucede igual en nuestras gloriosas Fuerzas Ármadas donde tenemos docenas de Generales, Álmirantes y Brigadieres de espadas vírgenes que jamás han olido pólvora y han ascendido lo que se ha dado elegantemente en llamar “por antiguedad”. El presidente Flores había mandado a pintar su retrato de cuerpo entero por Ántonio Salas en la Galería de Generales de la República, tal el adulo. Dichos cuadros se conservan en el museo de la Universidad Católica de Quito.

En 1835 ascendió a la presidencia de la República su tío político Vicente Rocafuerte. El 36 figuró en el Registro o Matrícula de Comerciantes de Guayaquil y estableció una sucursal en Montecristi, para la compra de sombreros de paja toquilla y su venta en el exterior, dirigida por su paisano Manuel Álfaro González (padre de Eloy Álfaro) quien después se independizó.

En 1838 fue designado Ministro Plenipotenciario del Ecuador en México y el 21 de junio firmó un letras, luego en Octubre se suscitó el gravísimo problema de la epidemia de fiebre amarilla que segó vidas valiosas y convirtió a la ciudad en despoblado, pues numerosas familias fugaron a otros sitios tratando de escapar de la plaga. Todo ello trajo como consecuencia el decaimiento en los negocios y un empobrecimiento general.

Luzarraga era tesorero del recién creado Colegio San Vicente del Guayas fundado por su tío político, administraba sus rentas, le proveía de todo lo necesario ayudando con dinero de su propio peculio y sin cobrar sueldos. Ese año y con un préstamo de 6.000 pesos concedido al Cabildo se trajo de Londres el nuevo reloj municipal inaugurado en una torrecilla del edificio del Cabildo, en reemplazo al antiguo que era mudo y funcionaba tocando una campana, que había sido propiedad de los jesuitas expulsados en 1767

En 1843 firmó como representante diplomático del Ecuador ante España un Tratado de Ámistad, Comercio y Navegación, otorgó un préstamo al estado ecuatoriano de 160.000 pesos para financiar la amortización de papel moneda y obtuvo que se gravara con impuestos al transporte en naves extranjeras, a fin de proteger a los armadores nacionales, pues Guayaquil era de continuo visitada por veleros europeos y norteamericanos, que vendida la carga que traían, aceptaban fletes para vender el cacao en España, principal comprador de este producto, etc. El 45 dio otro préstamo de 148.000 pesetas y 4.000 libras esterlinas.

Ál estallar la revolución nacionalista del 6 de Marzo de 1845 en Guayaquil contra el régimen del Presidente Juan José Flores, asistió a las negociaciones de paz que se dieron luego de los sangrientos combates de La Virginia y fue requerido como garante personal del Tratado, suscrito el 18 de Junio en dicha hacienda de propiedad de Olmedo, entre el Triunvirato recién formado con Olmedo, Roca y Noboa y el depuesto Presidente Flores, a quien Luzarraga se comprometió en pagar la cantidad de veinte mil pesos en dos años, para su subsistencia en Europa, más sus salarios atrasados, así como a su esposa la mitad de sus salarios mensuales de Presidente del país, pero como el tratado fue repudiado por la asamblea nacional, no se cumplió.

En 1846 ejerció como Tesorero del Cuerpo de Bomberos de Guayaquil e inscribió nuevos barcos para el tráfico Internacional, fueron las fragatas Villa de Bilbao y el Ciudad de Guayaquil con capacidad de 400 y 980 toneladas respectivamente, para cubrir las rutas de Valparaíso hasta Acapulco. Renovaba así su flota con las modernas máquinas a vapor y vela.

En 1847 Vicente Rocafuerte le designó desde Lima su Albacea testamentario. Ese año exportó el 49,80% de la producción total de cacao, es decir, 690.000 quintales, recibiendo a cambio 450.000 pesos.

En 1851 fue comisionado por el Jefe Supremo Diego Noboa para conferenciar con los delegados del General Antonio Elizalde y tras varias reuniones lograron llegar a un acuerdo, celebrando el 27 de Julio un Tratado de Paz en la hacienda La Florida, que terminó las operaciones militares.

En julio de 1852, durante la invasión naval del General Juan José Flores, aprovechó que había viajado dicho Jefe a Machala, para sorpresivamente trasladarse a la isla Puna, donde convenció con dinero a la marinería del vapor Chile, trayéndoles a entregarse en Guayaquil bajo el ofrecimiento de que serían amnistiados por el presidente Urbina como efectivamente sucedió y quedó desbaratada dicha invasión sin siquiera haberse disparado un tiro de fusil pues los tiros fueron de bolsillo. Ese año enviudó, lo cual le causó un gran pesar.

Meses después viajó a Bilbao a visitar a sus padres llevándoles de obsequio unas cargas de cacao, pero ellos no le perdonaron haber “traicionado al Rey en 1820 adoptando el partido de los insurgentes americanos” y el cacao se perdió para ellos pues Luzarraga, comerciante al fin, lo vendió de todas maneras y se aprovechó del dinero. Visitó Múndaca y obsequió a la iglesia parroquial de Santa María, donde le habían bautizado, una hermosa campana de bronce que aún se conserva en dicho lugar. Igualmente hizo dorar el Altar Mayor y erigió su nuevo Presbiterio, como lo expresa una placa puesta allí, que dice: Fue dorado este altar y erigido el nuevo presbiterio a expensas de don Manuel Antonio de Luzárraga. Año MDCCCLII.

Ya para entonces había retomado su nacionalidad española, de suerte que se excusó de asistir como Diputado y tras recorrer la península ibérica, se sintió cansado, estaba cardiaco sin saberlo, de suerte que decidió tomar unas merecidas vacaciones y radicó en Cádiz, ciudad que por su clima benigno

El Banco había emitido 500.000 pesos en billetes con un respaldo del diez por ciento pero el presidente García Moreno comenzó a sofocar su economía con préstamos casi obligatorios, así por ejemplo, había que entregar al gobierno la cantidad de cincuenta mil pesos semestrales a fin de amortizar la moneda de baja calidad que circulaba en el país, pero esto no fue todo pues además pidió varios préstamos directos, convirtiendo al Banco en una especie de caja fiscal de un país quebrado. Estos préstamos serían cancelados con los pagarés que los comerciantes entregaban a la aduana por derechos arancelarios. Al mismo tiempo el Presidente García Moreno ordenó que los billetes el Banco de Luzárraga se convirtieran en una especie de moneda de circulación y aceptación obligatoria en todo el país, tanto en las oficinas públicas como en las transacciones privadas, siendo el Gobernador del Guayas quien ejercería las funciones de Inspector y controlador; pero esta política malsana del gobierno, que había transformado al Banco en fuente principal de sus recursos, terminaría por obligar al cierre de la entidad en 1863 luego de dos años de funcionamiento, dando como plazo final hasta el 15 de Mayo de 1865 para recoger la totalidad de los billetes circulantes y cambiarlos por moneda metálica…Igual ocurriría con un banco nuevo llamado “Banco de Descuento y Circulación de Guayaquil” que tuvo que cerrar ante la implacable pedigüeñería de García Moreno, quien no trepidaba en quebrar estas instituciones con tal de satisfacer sus ansias interminables de dinero para seguir apuntalando su tiranía en el país.

En 1865 suscribieron 1.000 libras esterlinas en préstamo voluntario al gobierno. El 67 los hermanos Luzárraga donaron cierta cantidad de dinero en beneficio del Cuerpo de Bomberos de Guayaquil. El 69 resultaron acreedores en 30.000 pesos en la testamentaria de Juan José Plutarco Vera. El 71 eran los mayores acreedores particulares del gobierno en cuanto a billetes de crédito por empréstitos forzosos y voluntarios con 20.864 pesos. El 73 aceptaron descontar las Cédulas Hipotecarias del recién creado Banco de Crédito Hipotecario, con una ganancia del 4% de interés anual.

Los hijos de Luzárraga fueron personas raras con excepción de Juan José Luzárraga y Rico, fundador del Banco y quien casó con su prima Angélica Wright Rico y tuvo numerosa descendencia.

Francisco Javier, prestó ingentes sumas de dinero a la ex reina regente María Cristina de Borbón durante su exilio en París, ella estaba casada morganáticamente con Fernando Muñoz creado I Duque de Riansares y al volver la monarquía al trono español en 1868 Luzárraga fue premiado por su hija la reina Isabel II con el título de Conde de Casa Luzárraga, pero no le devolvieron ni el capital ni los intereses. Había casado en París con Antonia Barrón y Añorga, de la nobleza mexicana. Tuvo un solo hijo llamado Manuel Antonio de Luzárraga y Barrón, quien vivía aún en Lausana, Suiza, en 1952, como II Conde de Casa Luzárraga. Actualmente el título se encuentra vacante por su fallecimiento, Manuel José Luzárraga Rico, el hijo mayor, fue un excéntrico que vivía solitario en París carteándose con una señorita romántica y victoriana de Londres, a quien no llegó a conocer jamás a pesar que ambos estaban muy cerca, pero al morir le dejó de herencia su cuantiosa fortuna.

La Casa Luzarraga llegaría a tener dificultades insalvables que culminarían con su cierre por quiebra en 1895 debido al desinterés y a la falta de pericia demostrada por los hijos del fundador, la mayor parte de ^ los cuales habitaban en Europa.

El Condado de Casa Luzarraga fue creado por Real Decreto de Isabel II el 20 de enero de 1873 y despacho del 30 de junio de 1876.