LATHRAP DONALD

ANTROPOLOGO.- Nadó el 4 de Julio de 1927 en California. Siguió estudios y se graduó de Arqueólogo en la Universidad de Berkeley con una licenciatura en Antropología. Durante esos años recibió la influencia de sus profesores Cari Sauer y Alfred L. Kroeber y realizó el análisis de las colecciones del Museo de Antropología Lowie.

Realizó un post grado en Harvard con el profesor Gordon Willey y en 1.956, con una beca del Museo Americano de Historia Natural ayudó al profesor Harry Tschopik. De sus disertaciones de esas épocas aún no hay nada publicado.

En 1959 fue contratado como profesor en el departamento de Antropología ne la Universidad de Illinois, que funciona en Champagne – Urbana. Allí supervisó las tesis de maestría y doctorado y dictó cursos de Antropología física y etnobotánica. El 62 finalizó su tesis, aún inédita, pero un resumen de sus datos aparece en el libro de su autoría editado en 1970 en inglés bajo el título de “The upper Amazon, Ancient peoples and places” o La alta Amazonía, apreciándose la influencia de su maestro Sauer.

Del 73 es su trabajo sobre “The antiquity and importance of long- distance trade relationships in the moist tropics of pre-columbian south America” que apareció en la Revista World Arqueology en 16 págs.

Del 75 es su catálogo “Ancient Ecuador cultura, clay and creativity, 3.000 – 300 B.C. para la exhibición organizada por el Field Museum of Natural History. (Ecuador antiguo, cultura, cerámica y creatividad.

Por esos días se dio su polémica llegar en 1814 encontraron que ya estaba rendida la plaza. Entonces fue destinado a la guarnición del cerro en lucha contra las fuerzas nacionalistas de José Artigas y el 10 de Enero de 1815 los argentinos fueron derrotados en la acción de Guayabos por las nacionalistas de Rivera y tuvieron que renunciar definitivamente al dominio de la Banda Oriental (actual República del Uruguay)

En 1816 se incorporó al ejército de los Andes que adiestraba el General José de San Martín en la ciudad de Mendoza. El joven Lavalle formó parte de un aguerrido núcleo de oficiales porteños con Mariano Necochea, Enrique Martínez e Isidoro Suarez. Los oficiales chilenos tenían su propia división y no faltaron discusiones y roces entre ambas fuerzas, pero San Martín impuso orden desplegando paciencia y energía. De esta época fueron unas célebres corridas de toros improvisadas como parte del entrenamiento de la oficialidad en las que Lavalle y Suarez hicieron alarde de destreza y coraje.

El paso de los Andes continuó siendo el gran objetivo del momento y fue cuidadosamente planificado en todos sus detalles, de manera que para distraer al ejército español que comandaba el General José Marcó del Pont, el Libertador San Martín dispuso amagar por los pasos montañosos del sur de Mendoza y del norte en la Rioja, para dividir al enemigo que los esperaba en el valle del Aconcagua, sitio el más fácil y directo al otro lado de la cordillera.

Finalmente en Enero del 17 se dio la orden de partida con destino a Chile. Se ha escrito que el cruce de los Andes es una hazaña digna de memoria por los padecimientos que el ejército patriota, enseñado a la inmensidad de la pampa y no a los abrojos de las montañas, tuvo que soportar a diez mil pies de altura y con temperaturas próximas a la congelación.

Lavalle se desplazó en la vanguardia y cumplió a cabalidad su misión de distraer al ejército enemigo con pequeñas escaramuzas. El 4 de Febrero de 1817, a las órdenes del General Juan Estanislao Soler, Comandante militar de la plaza de San Fernando, triunfó con una patrulla de 25 granaderos contra 100 jinetes realistas en la quebrada de las Achupallas, logrando la ocupación del valle del Putaendo y la villa de San Felipe. El 12 de Febrero peleó en la gloriosa batalla de Chacabuco, fue ascendido a Capitán y el 5 de Abrilde 1818 mandó una compañía de Granaderos que con los regimientos de Zapiola y Freire pusieron fuera de combate a la caballería realista en la no menos importante victoria de Maipú. Entonces persiguió en el sur a los restos del ejército español y de allí en adelante desempeñó varias funciones militares.

En 1819 fue llamado a la campaña en el Perú y fue de los primeros militares que desembarcaron en Pisco. Con el grado de Mayor asistió el 15 de Octubre de 1820 al combate de Nazca y con solo ochenta granaderos cruzó la pampa a todo galope causando una completa sorpresa a una División realista de ochocientos hombres que huyeron despavoridos. En dicha memorable acción se tomaron numerosos prisioneros y la mayor parte del armamento enemigo

Entonces fue destinado con el General Arenales a la campaña de la sierra. El 6 de Diciembre de 1820 concurrió a la batalla del cerro de Pasco donde nuevamente puso en fuga a la caballería enemiga, con sus Granaderos triunfó en Cangallo y en Jauja se le entregó prisionero el Tte. Cor. Andrés de Santa Cruz Calahumana, quien pasó a engrosar el bando patriota.

En Diciembre de 1821 formó parte de la División Auxiliar de 1.200 hombres que San Martín formó y envió a Guayaquil al mando de Santa Cruz para reforzar a las tropas guayaquileñas y colombianas que comandaba el General Antonio José de Sucre, quien estaba en situación casi desesperada pues tras la derrota del segundo Huachi en Noviembre de ese año, y solo debido a la proximidad de la estación lluviosa, había logrado una tregua de tres meses con el realista Carlos Tolrá.

En Enero de 1822, tras alegar que la tregua no había sido ratificada por ambos gobiernos (la Presidencia de la Audiencia de Quito y la Junta de Gobierno de Guayaquil) y contando con estas fuerzas auxiliares, Sucre reanudó las operaciones partiendo de Guayaquil hacia Machala y Cuenca, ciudad que ocupó el 21 de Febrero, tras su evacuación por Tolrá. Entonces surgió un gravísimo inconveniente pues Santa Cruz recibió la orden de regresar al Perú con su gente y habiendo comunicado tal novedad, Sucre trató de persuadirle en contrario, sin conseguirlo. En tan difícil trance apeló a los Oficiales Lavalle, Urdaneta y Villa, quienes hablaron con Santa Cruz y le hicieron presente que estaban dispuestos a proseguir la campaña. Santa Cruz dio parte a su gobierno y decidió esperar, mientras Sucre enviaba postas a Lima manifestando que si se insistía en el regreso de la División Auxiliar, debían enviar al Batallón colombiano Numancia. Finalmente se logró la aprobación del General Arenales, Prefecto del Departamento de Trujillo y los patriotas pudieron reiniciar su marcha hacia el norte, con el objetivo preciso de tomar Quito.

A principios de Abril los Coroneles colombianos Diego Ibarra y Cayetano Cestaris amagaron en Punin el día 20 y en la quebrada de Guaslan a las fuerzas realistas que mantenían el control de las posiciones dominantes cercanas a Riobamba. Sucre había hecho su arribo el día 18 con el grueso del ejército patriota y por el paso de Pantús trató de rodear a los realistas, que viéndose en peligro se refugiaron en Riobamba y al día siguiente – 21 de Abril – tras intensos tiroteos en las calles, la desocuparon y emprendieron el retorno a Quito.

Lavalle y el Primer Escuadrón del regimiento de Granaderos a Caballo formado por noventa y seis hombres persiguieron a las fuerzas de Tolrá, que al notar lo pequeño del contingente insurgente le enfrentó casi a la salida de la población y en horas finales de la madrugada con cuatrocientos hombres en el ejido llamado también la llanura de Tapi. Mas, a pesar de su inferioridad numérica, al producirse el primer encuentro, los Granaderos argentinos le pusieron en vergonzosa fuga y no se le persiguió porque, Lavalle reflexionó que podría quedar aislado de la División de Sucre y a expensas de la infantería y de la caballería enemigas y decidió retroceder.

La caballería española interpretó tal acción como franca retirada e inició a su vez la persecución de los Granaderos. Lavalle se detuvo, dio media vuelta y al grito de “A deguello” causó el pánico en las filas enemigas a las cuales atacó con sus Granaderos y un pelotón de Dragones de Colombia, provocando en los realistas una catastrófica derrota. Más de medio centenar de muertos entre ellos cuatro Oficiales, cuarenta heridos, armamento y cabalgaduras, fueron capturados. Los patriotas solo tuvieron un muerto y dos heridos. Esta victoria destrozó a la caballería española por el resto de la campaña y los pocos que lograron salvarse precipitadamente arribaron a Quito, quedando libre el camino y permitiendo el avance de Sucre sin contratiempos.

El 30 de Abril fue ocupado Ambato y el 24 de Mayo se libró la batalla del Pichincha que selló la independencia total de la antigua audiencia de Quito.

El valor de Lavalle en la célebre batalla de Riobamba fue reconocido por el Jefe de Estado Mayor, Coronel Antonio Morales, quien escribió: “el bravo Comandante Lavalle ha sido en este día el modelo del valor y de la impavidez. Jamás se vio un Jefe más sereno y un soldado más valiente” Sucre informó a Bolívar “el Comandante Lavalle ha conducido su cuerpo al combate con un valor heroico, con una serenidad admirable” y San Martín le premió con un Escudo que decía “El Perú al heroico valor en Riobamba.”

Cuando Bolívar entró en Quito en Junio de 1822 ascendió a Lavalle a Coronel y le llevó consigo a Guayaquil, permaneciendo en el puerto hasta la incorporación de nuestra ciudad a Colombia y la entrevista de ambos Libertadores, luego de lo cual acompañó a San Martín en su retiro a Lima.

Destinado con el General Rudecindo Alvarado, realizó las campañas de los Puertos Intermedios que fueron muy duras por la inclemencia del desierto marítimo peruano y tras el desastre de Torata y la retirada de Moquegua, con solo 300 granaderos protegió al resto del ejército del acoso de fuerzas muy superiores, cargando numerosas veces contra el enemigo perseguidor.

En el puerto de Ilo se embarcó con sus hombres en un bergantín con destino a Lima pero naufragaron y murieron muchos. Nadando alcanzó la playa con los sobrevivientes, caminaron durante cuarenta horas hasta llegar a los primeros palmares donde encontraron agua.

De Lima siguió con los Granaderos a Chancay donde permaneció de guarnición varios meses. Cuando arribó Bolívar al Perú en 1823 estuvo entre sus militares de mayor confianza pero al sublevarse la guarnición del Callao aconsejó atacar el castillo y las fortificaciones, idea que no fue compartida por el Libertador. Entonces, debido a ese desacuerdo, a finales de año se retiró a Chile y Argentina. En Mendoza, un movimiento militar derrocó al Gobernador y nombró en su reemplazo a Lavalle, quien se desempeñó diez días solamente.

Nuevamente en Buenos Aires se reincorporó al ejército para la campaña contra el Imperio del Brasil. El Presidente de las Provincias Unidas del Río de la Plata, Bernardino Rivadavia, le confirmó el grado de Coronel graduado, que le había conferido Bolívar y dio el mando sobre el recién creado Cuarto Regimiento de Caballería.

En 1825 fue designado con Felipe Senillosa y Juan Manuel de Rosas para trazar la nueva línea de fronteras con los indios en el Tandil. De regreso enfrentó a dichos naturales en el Hinojal provocándolos una horrible mortandad.

Habiéndose iniciado la guerra contra el imperio del Brasil fue incorporado al ejército republicano acampado en las márgenes del río Uruguay y en la campaña iniciada en Río Grande do Sur batió el 13 de Febrero de 1827 en Bacacay a una columna de 1.200 hombres de caballería que dirigía el Coronel Vilela y siete días después – tras una audaz y calculada maniobra – triunfó sobre las tropas del General Abreu en ituzaingó y ascendió a General en el campo de batalla. Destinado a operar en el río Yaguarón derrotó en el Yerbal a otra División de 600 hombres mandados por Lucas Teodoro pero resultó herido. Para recuperar su salud pasó a Buenos Aires y desalentado del cuadro de miserias políticas que veía, pidió sus pasaportes con otros distinguidos jefes y se retiró a la vida privada, pero no por mucho tiempo porque pronto se sumó a las filas del partido Unitario por su condición de activo militante masón y el 1 de Diciembre de 1.828 acaudilló la revolución que disolvió a la Junta de Representantes y derrocó al gobierno de Manuel Dorrego.

Nombrado Gobernador de Buenos Aires, a los diez días dejó en su reemplazo con la calidad de Gobernador accidental al Almirante Guillermo Brown y salió en persecución de Dorrego al que derrotó en el pueblo de Navarro e hizo fusilar sin fórmula de juicio el día 13 de dicho mes, instigado por unos políticos maquiavélicos que fungían como sus asesores.

Decidido a imponer la paz luchó contra los Federales de López y Rosas y en Abril de 1829 triunfó en el puente de Marqués sobre las fuerzas combinadas en un combate desigual de seis a uno; mas, el movimiento decembrista se agravó cuando los barcos de la flotilla porteña fueron capturados por la flota francesa al mando del Almirante Venancourt y entonces – Noviembre – tuvo que pactar con Rosas en la estancia de Cañuelas vecina a Buenos Aires. Se reconstituyó la Junta de

Representantes que nombró a Juan José Viamonte para gobernador de Buenos Aires. Lavalle pidió licencia y embarcó a Montevideo.

Desde Colonia, entre 1830 y el 31 promovió la insurrección del General Justo José de Urquiza en la provincia de Entre Ríos y cuando el General Manuel Oribe sucedió a Fructuoso Rivera en la presidencia de la República y éste se sublevó contra el gobierno, combatió en la batalla de Palmar que determinó que Oribe renuncie y se traslade a Buenos Aires.

En 1839, para la sublevación de los Libres del Sur contra la tiranía de Rosas, un grupo armado al mando de Lavalle y compuesto por emigrados unitarios e inmigrantes franceses se movilizó desde el sur y en lugar de atacar por sorpresa a Buenos Aires donde seguramente hubieran derrotado a las fuerzas del tirano Rosas, prefirió continuar a Entre Ríos, donde fueron derrotados por el General Pascual Echagüe en Sauce Grande.

En 1840 se constituyó la Liga el Norte para luchar contra Rosas y se formaron dos ejércitos libertadores, uno bajo el mando de Lavalle y otro con Gregorio Araoz de la Madrid. Las fuerzas de Lavalle cruzaron el Paraná en embarcaciones francesas y en quince días llegaron con mil cien hombres a Luján, cerca de Buenos Aires. Rosas había organizado un ejército y orquestó una campaña de terror dentro de la ciudad. El 19 de Septiembre las fuerzas de Lavalle fueron derrotadas en Famaillá pues con simples voluntarios y sin apoyo no pudieron oponerse al ejército federal mandado por el General Manuel Oribe.

Con solo 200 hombres que le quedaban Lavalle se retiró a Santa Fe y perseguido por tres ejércitos trató de reunirse con las fuerzas del General Gregorio Araoz de la Madrid. A marchas forzadas Oribe le alcanzó el 28 de Noviembre en Quebracho Herrado. Lavalle trató de oponer resistencia pero no pudo, luego intentó organizar una guerra de guerrillas con solo 1.000 hombres contra los 12.000 del General Félix de Aldao. Retirado a Chilecito con la intención de atraer a los Federales, logró de esta manera que Araoz de la Madrid se recupere en Tucumán. El 10 de Junio de 1841, ante la proximidad de Aldao, buscó a Araoz de la Madrid en Catamarca. De paso por Tucumán se unió al Gobernador Marco Avellaneda y juntos marcharon a Salta, mientras Oribe, desde Río Hondo, amagaba sobre Tucumán.

En Salta conoció Lavalle a una joven llamada Damasita Boedo, rubia de ojos azules que no llegaba a los veinte y cinco años y enamorado de ella se la llevó en su retirada pues hasta ese momento no había tenido tiempo para el amor ni para formar familia.

Entonces de cuarenta y cuatro años de edad regresó a Salta para atraer a Oribe, de manera que los Generales Paz y La Madrid pudieran operar libremente, pero la tropa correntina que lo había acompañado decidió regresar en masa a su provincia cortando toda posibilidad de resistencia.

Con sus últimos fieles, unos 200 veteranos, decidió seguir a Jujuy y en la madrugada del 7 de Octubre hizo un alto sobre el río Sauce. El 8 acampó la tropa en un caserón de Zenarruza en las afueras de Jujuy. Estaba enfermo y quizá por eso ocupó una casa grande en la ciudad que tenía dos patios y dos grandes puertas de madera.

En la madrugada del sábado 9 arribó al lugar una partida de Federales al mando del Teniente Coronel Fortunato Blanco preguntando por él. Damasita trató de despistarlos diciendo que el General se hallaba en La Tablada, tras lo cual se fueron.

Al escuchar los ruidos Lavalle salió de su cuarto cubierto con una bufanda de vicuña y dado su valor temerario pidió en el segundo patio que le trajeran su espada y preguntó a su Ayudante Lacasa. ¿Quiénes son? Paisanos ¿Cómo cuantos? Veinte o treinta. – No hay cuidado entonces, cierre la puerta y mande a ensillar, que ahora nos hemos de abrir paso. La puerta de calle fue cerrada con precipitación, lo que produjo recelo en la fuerza enemiga, que viendo en ello una señal de resistencia decidieron echarla abajo por algún procedimiento.

En ese momento Lavalle decidió mirar al enemigo por el ojo de la cerradura. Sonó un disparo y luego dos más contra la fuerte y tosca puerta de cedro. Una de las balas penetró por la cerradura e hirió mortalmente al General en la garganta, quien se dobló hacia delante y cayó al empedrado, cerca del zaguán, manando abundante sangre que empapó su bufanda. Cuando sus amigos se acercaron a verle, estaba en los estertores de la agonía. El autor del disparo era un mulato joven llamado José Bracho, que desde entonces fue conocido como el héroe de la cerradura.

Los hombres de Lavalle se unieron al grueso de sus fuerzas y continuaron las guerrillas al mando del General Juan Esteban Pedernera. Los amigos del General Lavalle y Damasita (1) colocaron el cadáver sobre un hermoso tordillo, lo cubrieron con una gruesa manta y emprendieron una triste peregrinación hasta Potosí, para evitar que cayera en poder de las fuerzas del General Oribe, que lo ansiaba tenazmente para mostrar su cabeza al tirano Rosas (2)

Como la descomposición empezó a sentirse, dificultando la marcha, se decidió descarnarlo para disecar mejor sus huesos. El Coronel Alejandro Danel practicó esta penosa operación, conservando el corazón. Los huesos se tendieron al sol sobre el techo de un rancho e inesperadamente un cóndor se apoderó del cubito del brazo derecho y remontó las alturas.

La silenciosa caravana atravesó las ciento sesenta y tres leguas que separan a Jujuy de Potosí y el 22 de Octubre arribaron a las 11 de la noche, siendo recibidos por el Presidente de Bolivia, quien dispuso solemnísimas honras en la Catedral.

Lavalle es uno de los guerreros más notable de la gesta de emancipación sudamericana. Su acción en Riobamba fue decisiva y apresuró el triunfo definitivo de las armas patriotas en Pichincha. Existe el Romance de la Muerte de Juan Lavalle escrito por Ernesto Sábato y cantado por Mercedes Sosa.

En 1858, libre su Patria del tirano Rosas, regresaron los restos a Buenos Aires. Bartolomé Mitre hizo su elogio con las siguientes palabras: “Campeón de la emancipación sudamericana, su nombre está escrito en la historia de ocho naciones independientes (Argentina, Chile, Perú, Bolivia, Ecuador, Uruguay, Paraguay y Brasil donde guerreó siempre con ánimo valeroso) Fundador de la nacionalidad argentina, catorce provincias vienen hoy a sostener esta urna. Su semblante grave pero apacible no se alteraba nunca” y recibieron sepultura en un suntuoso mausoleo del cementerio de la Recoleta que tiene en su frente la estatua en bronce y de tamaño natural de un Granadero haciendo guardia de honor. El Epitafio dice así: “Granadero. Vela su sueño y si despierta dile que su Patria lo admira”.