TANCA MARENGO JUAN

FUNDADOR DE S.O.L.C.A.- Nació en Guayaquil el 8 de Noviembre de 1895 y fueron sus padres legítimos el Capitán Bartolomé Tanca Sonza, natural del puerto de Santa Magdalena en Cerdeña y Virginia Marengo Costa, genovesa, que pasaron a radicar en Lima y luego vinieron a Guayaquil llamados por sus tíos los Parodi Marengo que llegaron a tener el hotel Tívoli en Salinas. Don Bartolomé tenía matrícula de Piloto naval pero trabajaba con sus parientes políticos los Costa en la fábrica “La Universal” de caramelos, galletas y chocolates, murió joven y de fiebre amarilla en 1910.
La viuda fue una mujer excepcional que educó a sus hijos en un hogar respetable y decoroso, con el sello de una austera pobreza. Su hijo Juan, el cuarto y único varón, fue matriculado en el Colegio San Luis Gonzaga en 1903 donde siguió la primaria y la secundaria. Mientras tanto el Párroco de la iglesia de la Victoria, Félix A. Roussilhe – a quien su madre había encomendado la vigilancia de su educación – le tomó a cargo, despertando su interés por la investigación científica, el cultivo de los más altos valores del espíritu, el respeto al ser humano y el idioma francés que le enseñó con fruición.
En la casa que alquilaban en la plaza de la Victoria usualmente hablaba italiano y el dialecto genovés con sus hermanas Carolina, Rosa y Virginia, donde creció haciendo deportes y para ayudar a los gastos trabajaba como cajista en la tipografía e imprenta de la Victoria corrigiendo pruebas hasta adquirir un hermoso estilo literario. El 12 de Marzo de 1912 se graduó de Bachiller en Filosofía.
En 1913 empezó a boxear y celebró varios combates amistosos, también se aficionó a los toros, formó parte de una cuadrilla que se presentó vestida apropiadamente de luces en un improvisado redondel en la plaza de la Victoria; en ratos de ocio y movido por la curiosidad a lo desconocido leía las obras de Parasicología del conocido astrónomo francés Camilo Flammarion, que sin embargo pronto dejó para matricularse en la Facultad de Medicina, practicando como estudiante externo en la Sala San Guillermo del Hospital General.
El 14 pasó al Regimiento de Artillería Sucre No. 2, estuvo trabajando en el Hospital Militar y prestó dos meses de servicio durante la revolución del Coronel Carlos Concha en Esmeraldas. A su regreso fue nombrado por el Dr. Ismael Carbo Cucalón, Ayudante del laboratorio Bacteriológico de la Facultad de Medicina y el 15 fue enviado a servir en la campaña contra los últimos guerrilleros conchistas que aún asolaban la zona de Balzar corriendo peligro de muerte en una emboscada y a los dos meses regresó.
El 17 fue electo Vicepresidente de la Asociación Escuela de Medicina. El 18 recibió el Premio Julián Coronel en el concurso de Clínica Interna, pasó a servir en el pabellón de ojos del Hospital para tratar a su madre cuya visión se encontraba muy disminuida a causa de unas fiebres sufridas en la infancia y hasta practicó cirugía ocular. Entonces se cambiaron a un departamento en el primer piso de la casa de los Yépes Batallas en Escobedo y 9 de Octubre y asistió a las conferencias que dictó el médico salubrista japonés Hideyo Noguchi en el lazareto, dentro del programa trazado por la Misión Rockefeller para el saneamiento de Guayaquil.
En 1920 obtuvo el Premio Contenta en mérito a sus altas calificaciones y se graduó de Licenciado en Medicina sustentando la tesis “Contribución al estudio de las Nefridas Clorurémicas” publicada en el Boletín de la Asociación Escuela de Medicina dos años después.
Apenas graduado instaló su consultorio y empezó a atender pacientes de la vista, luego amplió el área de acción de sus trabajos y terminó de Médico Clínico consiguiendo nutrida clientela pues sus aciertos empezaron a ser conocidos en la ciudad.
Para premiar sus esfuerzos el Doctor Julián Coronel lo designó Profesor Accidental de Clínica Interna de la Universidad y Médico Auxiliar de la Sala San Gabriel en el Hospital General y allí trabajó hasta 1936 sin interrupciones, haciendo de dicha Sala un modelo de servicio pues al final hasta llegó a contar con un laboratorio propio dirigido por el Dr. Luis Baquerizo Amador y con aparatos de Rayos X que manejaba el Dr. Germán Abad Valenzuela.
Incansable en enseñar, por muchos años mantuvo los inolvidables “Domingos clínicos” donde comenzaron a brillar sus discípulos porque las explicaciones tenían una claridad meridiana y todo lo hacía simple, fácil, comprensible.
En Diciembre del 22 el joven médico Edmundo Vera se puso malísimo con apendicitis, operado de urgencia, siguió grave y falleció el 3 de Enero del 23. Tanca y otros compañeros realizaban vigilias para atender al paciente. Uno de ellos tuvo la idea de consultar en el centro espirita Dr. Mardem que funcionaba en Guayaquil y la médium les dio una receta. Cuando la fueron a comprar a una botica, nadie supo de qué se trataba, pues era una simple fórmula. Tanca guardó el papel y años más tarde contaba que se trataba de la fórmula de las sulfas, que en 1923 ya habían sido inventadas en Alemania pero aún se encontraban en estudio y no se vendían. De haberle suministrado dicho remedio, a lo mejor el Dr. Vera se hubiera salvado. Misterios del más allá!!
En 1925 ingresó a la Sociedad Médico Quirúrgica de Guayaquil con el artículo “El Mercurocromo por vía endovenosa” y presidió la Comisión de Box de la Federación Deportiva del Guayas. El 26 ocupó la Vicepresidencia de la Federación Deportiva Nacional. Ya era un médico famoso en la ciudad por sus acertados dictámenes y en la Universidad se destacaba en las cátedras de Oftalmología, Terapéutica Teórica y Materia Médica. Era el Clínico por antonomasia, entusiasta militante de la Escuela Francesa que estudiaba al hombre enfermo en su compleja humanidad y con ahorros adquiridos en su profesión adquirió una casa en Chimborazo entre Aguirre y Ballén, que habitó con su madre y hermanas. Allí murió su madre, casi ciega.
En 1930 conoció en Salinas a Noemí Camposano Franco y contrajeron matrimonio poco después, con diez hijos. El 31 hizo construir del Ing. Alfredo Tinajero una elegante residencia de dos pisos altos en 9 de Octubre y Escobedo esquina. El 33 viajó a París con su esposa a estudiar en la Salpetriere radiología y gastroenterología, viviendo ocho meses en el barrio latino y convenció a Monseñor Rousilhe, quien se encontraba en dicha capital, para que retornara al puerto.
En 1935 para cancelar las deudas del viaje tuvo que vender su casa. Para entonces dirigía la revista “Anales de la Sociedad Médico Quirúrgica del Guayas”. El 36 dictó una conferencia en esa institución sobre la vacuna BCG (Bacil Calvet Grant) en la lucha antituberculosa y ayudó al Dr. Jorge Higgins Jaramillo a importar la vacuna del Instituto Pasteur de París, con la que se llegó a aplacar la terrible incidencia del mal, sobre todo en la costa, donde la enfermedad era casi endémica. El 37 representó en el Ecuador al “American College of Chest Physicians.” Hablaba francés aprendido en el colegio e Inglés con diccionarios, aparte como ya se dijo el italiano y el general.
El 38 instaló el Centro Médico Julián Coronel en su casa de madera de la calle Chimborazo asociándose con sus colegas Isaías Medina, Vicente Mosquera Ferrés y la radióloga alemana Ruth Krober esposa del Dr. Carlos Guevara Moreno. El 40 lo transformó en Clínica con los Cirujanos Eduardo y Enrique Ortega Moreira y el radiólogo Julio Mata Martínez. Ese año hizo traer al Hospital General el primer Gastroscopio que se usó en el país, modelo flexirígido de Wolf y organizó en la Sala San Gabriel el primer curso de gastroenterología.
El 40 figuró entre los fundadores de la Liga Ecuatoriana Antituberculosa LEA y dos años más tarde fue electo miembro del Consejo Supremo de la institución. Al ocurrir el fallecimiento de su presidente Alfredo Valenzuela Valverde lo reemplazó. El 43 adquirió una manzana de terreno en Chimborazo entre Colombia y Venezuela con amplio y hermoso chalet interior, donde vivió con su familia.
Después de la revolución del 28 de Mayo del 44 sonó su nombre para ocupar la dirección de la Junta Patriótica Nacional y el 45 la presidió. El 46 fundó el Hospital de Neumonología de LEA y dirigió la “Gaceta Médica” como órgano de publicación de la Sala San Gabriel del Hospital General, que mantuvo diecinueve años hasta su muerte, tras lo cual fue tomada por la Junta de Beneficencia, que ha logrado mantenerla hasta nuestros días. Ese año fue electo Miembro de la Casa de la Cultura, organizó y dictó el 1er. Cursillo de Gastroenterología del país con una duración de cuatro semanas y cuando se fundó el Comité de Vialidad fue designado su Vicepresidente.
En 1947 fue electo Miembro de la Junta de Beneficencia, ingresó al Club de Leones, fundó el Boletín Informativo de LEA y abogó por el dragado del río Guayas en el Comité de Vialidad donde seguía de miembro. En Julio escribió “Papeles Viejos” en 42 pags. con reminiscencias históricas de la medicina guayaquileña y en Septiembre su amigo personal el Presidente de la República, Carlos Julio Arosemena Tola, lo llamó a ocupar la Gobernación del Guayas, y le correspondió organizar la Comisión de Tránsito. Ya era reconocido entre los más ilustres médicos del país y mantenía una nutrida correspondencia científica con celebridades mundiales de la talla del Dr. Gregorio Marañón.
En Abril del 48 pasó a ocupar el ministerio de Gobierno, Policía y Oriente. Fueron sus días de plenitud vital, fundó la “Junta Nacional Pro Oriente JUNO, dirigiendo el 49 la campaña nacional pro oriente y allí sostuvo el principio de que la Amazonía era patrimonio del Ecuador. Como simple curiosidad, propia de su carácter vital, cabe indicar que fue el primer Ministro de Gobierno en visitar el oriente ecuatoriano, hasta entonces una región inhóspita y misteriosa, a la par de dificilísimo acceso por falta de vías terrestres y campos de aterrizaje y aviación.
Entonces sonó su nombre para ocupar la vicepresidencia de la República en binomio con Galo Plaza, pero sus gratuitos oponentes lo acusaron de peruano, teniendo que defenderse con el testimonio de su nodriza que aún vivía y hasta sostuvo un acalorado debate nacional que fue retrasmitido por las radios del país con el político falangista Dr. Alfonso Tous Enireb sobre el interesante tema “¿Pueden ser católicos los liberales?” Tanca defendió el principio de que no existía oposición. El día del debate se paralizó la ciudad y el asunto dio pie a discusiones que duraron semanas.
El 49 adquirió con sus socios, al Dr. Federico Coello Salvador, un moderno edificio de cemento de cuatro pisos y ascensor, en Eloy Alfaro y Alberto Reina, para funcionamiento de la Clínica Julián Coronel. El 50 dio a la luz un muy completo informe de las labores cumplidas en L.E.A durante la década de los años 40 al 50, con la historia de la tuberculosis en el país.
En la década de los años cincuenta según me ha referido mi primo hermano el Dr. Luís Pimentel Franco, a) El Chollo, que era ahijado de Tanca y su discípulo en la clínica y en la Universidad, aún acostumbraba los domingos de mañana dictar un curso de clínica médica a los internos del Hospital, visitando las salas y conversando con los pacientes, luego se reunían para conversar sobre los casos más difíciles que examinaba. Estas reuniones se prolongaban desde las nueve de la mañana hasta la una de la tarde en que se retiraba a su hogar. Normalmente se servía un abundante plato de tallarines con salsa de tomate que preparaba su hermana Rosita que vivía en su casa, después se retiraba a su hamaca con una revista cómica en las manos, casi siempre una argentina llamada Rico Tipo, pero al llegar a la segunda página le vencía el cansancio y hacía una larga siesta hasta las cinco, que sacaba a su extensa familia a pasear en automóvil y tomar helados. Fue un ser apacible y hogareño, amó mucho a los suyos, le gustaba rodearse de sus familiares y amigos para los cuales siempre permanecieron abiertas las puertas de su casa,
El 51 ocupó la Vicepresidencia de L.E.A y apoyó al Dr. Jorge Higgins Jaramillo en su lucha para importar la vacuna antituberculosa BCG (Bacil Calvet Grant) al Ecuador, que producía el Instituto Pasteur de París, porque la enfermedad era casi endémica en Ecuador; pero renunció tras una durísima polémica con Víctor Emilio Estrada no sin antes recomendar a sus miembros que permanecieran en LEA.
El 7 de Diciembre de ese año 51 fundó la “Sociedad de Lucha contra el Cáncer del Ecuador” S.O.L.C.A. presidiéndola y llevándola desde sus modestos comienzos a la jerarquía de entidad autónoma nacional a través de múltiples campañas de educación, prevención y tratamiento del cáncer, cuando aún se la consideraba una enfermedad vergonzosa pues se creía erróneamente que era contagiosa. Tanca comprendía que un diagnóstico a tiempo y una terapéutica adecuada, podían vencer la enfermedad y por eso fundó SOLCA entidad que atiende gratuitamente al pobre. En este empeño localizó a diversas instituciones mundiales como la American Cáncer Society y el Rotary Club para enviar al exterior a los primeros médicos becarios, que se especializarían en tratamientos de cáncer tales como el radiólogo Mario Hinojosa Cardona, y los cirujanos Gaetano Leonne di Vanna y José Molestina Roca y para apoyar la acción médica también fundó el Comité de Damas que tan buenos resultados viene proporcionando desde entonces.
En 1952 realizó y presidió el IV Congreso Nacional de Medicina y I de Cirugía así como las Jornadas de Pediatría y editó “Ideas para una reforma universitaria” en 24 pags. En los primeros días de Noviembre del 52 le robaron su camioneta Chevrolet Station Wagon, color celeste, placa No. 2.703, adquirida en el almacén del señor Albán, mientras asistía a un acto social de LEA en la American Park, pero la recuperó al día siguiente en horas de la madrugada cuando el ladrón se enteró de quien era el perjudicado y prcedió a devolverla Tal su fama entre el pueblo.
En Agosto de 1953 asistió a la I Conferencia Mundial de enseñanza médica reunida en Londres y en la sesión de clausura expuso su ponencia sobre “La Educación profesional del estudiante de medicina” con numerosas recomendaciones, volvió a ocupar su cátedra de Clínica Médica y representó al Ecuador ante la Unión Internacional de Lucha contra el Cáncer.
El 15 de Octubre el gobierno nacional le encargó llevar a cabo la ejecución de una Campaña Antineoplásica en todo el país a través de la puesta en marcha de una estrategia con planes de enseñanza e investigación orientados a la prevención, curación y paliación de las enfermedades neoplásicas, pero empezó a sentir ciertas molestias gástricas y fue operado el 7 de Mayo del 54 de una úlcera benigna al estómago en el “New York Memorial Hospital”.
El 20 de Abril del 54 SOLCA había inaugurado en Guayaquil, mediante comodato con la Junta de Beneficencia, el primer dispensario para atención de los enfermos de cáncer en el país. Poco tiempo después inauguraría los núcleos de Quito, Cuenca, se importó por primera ocasión en el país la bomba de cobalto para realizar radioterapias.
En 1957, aquejado de fuertes dolores, fue operado de la columna vertebral y aún tuvo fuerzas para organizar el Capítulo de Guayaquil de la “Asociación Médica Panamericana” P.A.M.A. ocupando la Vicepresidencia. El 59 fue declarado por la Municipalidad “El Mejor Ciudadano de Guayaquil” y recibió el galardón correspondiente.
En 1961 le fue ofrecida la Embajada en Londres por el Presidente Carlos Julio Arosemena Monroy, que no aceptó porque se sentía muy cansado y adolorido a causa de unas calcificaciones en la columna que lo mantenía postrado. Operado de ellas, no experimentó mejoría y por eso tuvo que rebajar su ritmo de trabajo pues por muchos años había atendido a su numerosísima clientela hasta altas horas de la noche.
En 1964 prefirió renunciar a la dirección de SOLCA antes que ceder a las inicuas pretensiones de la Junta Militar de Gobierno, que de todas maneras centralizó las rentas.
Por su capacidad científica era reputado el primer Clínico del país, se especializaba en cáncer, tuberculosis y gastroenterología. Una extensa bibliografía médica, que llegaba a los sesenta y cuatro títulos, abonaba en favor de su fama. Además había publicado noventa y cinco cursos, conferencias, disertaciones y discursos sobre diversos temas de Medicina, de suerte que podía sentirse satisfecho de la labor cumplida.
I envejecía en un hogar colmado de hijos, en medio de una sociedad que le veneraba, lleno de afectuosos discípulos pues los tenía en gran número y así vivió esos últimos meses aquejado de severos dolores que le restaban fuerzas y movilidad, hasta el 4 de Septiembre de 1965, que falleció a las 6 y 30 de la mañana, de un infarto masivo, en circunstancias en que se afeitaba en el baño de su casa para salir a atender las consultas.
Tenía solamente sesenta y nueve años de edad, el tiempo había nevado sobre su cabellera ya escasa pero en su cerebro y en su corazón ardía la llama del ideal y del civismo como en una eterna juventud.
Cual un patriarca bonachón, amable y generoso, le gustaba rodearse y por eso se ha dicho que a la par de científico brillante fue un personaje humano, muy humano.
Su sepelio fue apoteósico y en el Paraninfo de la Universidad le levantaron severa Capilla Ardiente. “Fue un santo y un sabio” se expresó entonces, “de talento multifacético y esfuerzos proteicos y al abrirse su tumba lo acogió la historia”; su mayor mérito fue dar alivio al prójimo, sanando al enfermo y fundando sociedades y publicaciones médicas, animando congresos y eventos científicos, de manera que debe ser reputado entre los intelectuales más notables del país en su tiempo.
Vivió una etapa muy importante en el desarrollo de la Medicina mundial. Nació con las pestes y epidemias como la bubónica y la fiebre amarilla, creció con los flagelos incurables como la sífilis, la lepra y la tuberculosis y presenció el nacimiento de las sulfas y los antibióticos. Fue el clásico médico de cabecera o de familia, llegó a la especialización, aunque considerando que la fragmentación que esto suponía era perjudicial para el humanismo médico. Dejó una Libreta Negra con apuntes autobiográficos y pensamientos profundos, que reflejan su bondad y ciencia, su lucha continua por conseguir una medicina humanizada, hoy en manos de su hijo juani que ha continuado sus pasos.
De estatura más bien elevada, contextura gruesa y musculada. Muy apersonado, de tez blanca rosada, rasgos regulares, manos bellas y hechas para el bien, con dedos largos de persona meticulosa. Voz gangosa, hablar reposado y con propiedad, en ratos de ocio prendía el tabaco de su pipa y era feliz. Poseía un carisma especial para infundir confianza en los enfermos, pues los tranquilizaba con su sola presencia y bien que él lo sabía, por eso se ha dicho que ejerció la medicina psicosomática.
Simpático y buen conversador. Le agradaban las cosas dulces y cuando no había postre en su casa solicitaba una cucharadita de azúcar y la saboreaba con gran fruición.
Usaba lentes sin marco como de intelectual, apreciaba los cigarrillos rubios que fumaba delicadamente en boquilla y en su casa tenía una pipa que usaba de vez en cuando, emanando todo su ser un aire de aristócrata romano.
También tenía la costumbre de leer, estudiar, comparar datos y actualizar lecturas al filo de la madrugada, pues hasta el final de sus días creyó que el médico debía poseer una cultura humanística y al mismo tiempo ser un especialista.
Le conocí en el consultorio donde atendía ayudado por su enfermera la señorita Jara que concedía los turnos y cobraba. Cuando iba con mi madre a las cuatro de la tarde nunca se salía antes de las ocho como muy pronto, tanta su clientela. “Su universo cognoscitivo abarcó casi todas las ramas de la clínica médica e incursionó en temas novedosos que de alguna manera cambiaron el conocimiento sobre las causas de las enfermedades, como el análisis sobre el síndrome general de adaptación de Hans Seyle”.
“Hombre de lucha, valiente, estudioso, incansable, curioso por naturaleza y con un espíritu inagotable de investigador, solía tratar bien a los pacientes, les escuchaba y observaba detenidamente, creía en la importancia de darles la mano para saber si estaban con fiebre o nerviosos, y mirarlos a los ojos para descubrir mucho de su interior”.
En Noviembre de 1995 SOLCA celebró el centenario de su nacimiento con diversos eventos científicos. La historiadora Jenny Estrada publicó su biografía y la Municipalidad inauguró su estatua en la Avenida que lleva su ilustre nombre. Entonces el Dr. Alfonso Roldós Garcés dijo que la vida de Tanca no había sido un rastro agitado y efímero como el de una nave en el mar, sino callado y fecundo como el arado en la tierra, a través de sus enseñanzas y escritos que beneficiaron a los discípulos y pacientes que los tuvo en calidad y cantidad superlativa porque se calcula que atendió a más de veinte miles personas a lo largo de su vida, cifra enorme si se considera que la población guayaquileña era reducida en esos tiempos.
Poseyó una inteligencia puesta al servicio de sus semejantes y una capacidad creativa y organizativa extraordinaria fruto de la cual es S.O.L.C.A. y los libros, folletos y revistas que sacó, de gran profundidad científica, por eso dejó una proyección de su propio ser en obras y en libros.
Uno de sus discípulos me ha referido casi con veneración que cuando Tanca ingresaba a la Sala que mantenía a su cargo en el hospital, los internos se paraban en señal de respetuoso saludo al maestro perfecto que jamás levantaba la voz ni se alteraba con nadie, pues era toda bondad y compasión para sus semejantes y cuando parecia que su rostro se le iluminaba.