GÓMEZ – JURADO FLORES ENRIQUE

PINTOR.- Nació en Quito el 16 de enero de 1891 y fueron sus padres el químico y biólogo Pastor

Gómez – Jurado y Gómez – Jurado y Mariana Flores Abarca, vecinos de Quito de la clase media

económica.

Hizo la primaria donde los Hermanos Cristianos. En la escuela del Cebollar fue alumno del

Hermano Miguel. La secundaria en el San Gabriel de los jesuitas sin graduarse de Bachiller

porque en 1905 decidió cambiar a la Escuela de Bellas Artes, destacando por sus dotes

naturales para el dibujo. En 1907 el General Alfaro ofreció una beca a Europa para el mejor

estudiante, que Gómez – Jurado ganó, sin poder utilizarla por su corta edad.

En julio de ese año y en 1908 obtuvo

sus primeros premios por dibujos de anatomía. En la Exposición Nacional de 1909 logró la

Medalla de Bronce del Ministerio de Educación con dos estudios al natural.

En 1911 fue llamado por sus profesores para dictar la cátedra de dibujo en la Escuela. En 1914

consiguió el segundo y el tercer Premio en la Exposición Nacional de Bellas Artes realizada en

Quito por el Ministerio de Instrucción Pública con sus cuadros “El Zapatero” y “Paisaje”, siendo

felicitado por el Ministro Manuel María Sánchez Baquero y por el Director de la Escuela Pedro

Traversari. El profesor de dibujo León Camarero se mostraba orgulloso de su alumno; un estilo

profundamente académico le hermanaba con Víctor Mideros. Ambos de tendencia

impresionista pues aún no le tentaba la poderosa irrupción del expresionismo (realismo social).

Gómez – Jurado “utilizaba tonalidades puras en la realización de paisajes, retratos, desnudos y

composiciones de figuras, creando con su ágil pincelada efectos cambiantes de la luz, que

plasmados en el lienzo permitían la mejor resolución de las formas. Presenciaba e intervenía

en muchas disecciones anatómicas para

dándole un tratamiento de corte clásico con reminiscencias históricas. Famoso fue su “Rumiñahui”

descansando en lo alto de una montaña, huyendo de sus perseguidores, cavilante y

desesperanzado, y “Los últimos días de Huayna Cápac”. De esta época también son “Después de la

fiesta”, “Las Vírgenes del Sol”, “Indios en el mercado”, “Procesión Indígena”,” Miseria.” Otros

cuadros que despertaron comentarios admirativos fueron “El Pastaza”, “Los arbolitos”, “El

Pichincha”, “La laguna de Cotacachi”, dos desnudos – uno sobre la tentación y otro sobre la

evolución de la materia – y “La imprudencia”.

Uno de sus temas preferidos era el indio, “al que dedicó concienzudos trabajos, de gran rigor

automático y exacto tratamiento cromático, siempre con tendencia a rehuir cualquier fealdad,”

por eso se ha dicho que con Víctor Mideros figura en las dos primeras décadas del siglo XX como

los más notables pintores académicos de Quito, siendo el que extiende alguna vigencia en las

primeras décadas frente a la poderosa irrupción del expresionismo local.

Por entonces construyó su casa en estilo chalet francés en una zona alejada del centro urbano de

Quito y en recuerdo a su viaje denominó a la calle con el nombre de los Campos Elíseos de Quito,

aunque hoy se llama Dieciocho de Septiembre en recuerdo a la fecha nacional de Chile. La casa,

con los cambios que se le han efectuado, sigue allí como exponente de un estilo muy particular y

es de las más antiguas de ese sector.

En 1941 logró el Primer Premio en el Concurso de retratos del Libertador Bolívar. En Panamá había

pintado varios óleos de Eloy Alfaro para la Fundación internacional que lleva su nombre. En Costa

Rica dejó uno del General Leonidas Plaza.

Por esta época su pintura se tornó intemporal y a medida que se especializaba en retratos dejaba de lado su

impresionismo academicista inicial. Entonces pintó a los personajes principales de Quito: Galo Plaza, Eduardo Salazar

Gómez, María Elvira Campi de Yoder, Aurelio Mosquera Narváez. También se dejó llevar por Víctor Mideros y trató temas

bíblicos como José, Jesús, Salomé, etc. y por temas populares como “El Zapatero” y “El Alcalde”. En 1948 falleció su

madre sufrió una profunda pena. En 1951 fue declarado Oficial de la Academia Francesa de Arte y miembro del Comité “France – Amerique” pues hablaba perfectamente el francés y era un admirador de esa

gran nación.

En la III Bienal deArte Hispanoamericano celebrada en 1955 en Barcelona logró un Segundo

Premio. El 62 se acogió a la jubilación luego de treinta y cinco años de continua enseñanza. El 63

la Universidad Central le dio el Premio “Mérito Docente.” En Abril del 64 falleció su cónyuge de un

cáncer lento al estómago.

Desde entonces se deprimió y vivía fatigado por la falta que le hacia su cónyuge; mas, para disipar

un poco su depresión viajó a Suiza donde residía su hija Ana, también pintora, con su esposo.

El 67 participó en la Exposición “Testimonio Plástico del Ecuador” con otras notables figuras del

arte nacional. Se hallaba retirado y a principio de 1978, a causa de una antigua úlcera estomacal,

muy fastidiosa por cierto, fue internado en la Clínica del Seguro Social, donde le sometieron a una

operación y a varios tratamientos. Salió mejorado pero falleció al poco tiempo en su casa de Quito

el 21 de Septiembre de ese año, viejecito, de ochenta y cinco años.

Su estatura más bien alta, delgado,

canoso y calvo, nariz prominente, anteojos de miope, orejas y boca grande. En su trato

cordialísimo con la amabilidad de los viejos quiteños. Como profesor, notable por su puntualidad,

así como también por su rigor y bondad; lo que no se contraponía en él, pues era todo dulzura en

el trato con sus semejantes.

Su pintura denota al perfeccionista anatómico y exacto, cuyo tratamiento cromático guarda la

más absoluta semejanza con la realidad pues no le agradaban las distorsiones ni los efectos

visuales, por eso no retrataba la fealdad. Todas sus figuras son perfectas, con un cierto aire

hierático producto del tratamiento de su época. Su nieto Javier Gómez – Jurado Zevallos le ha

dedicado algunas páginas liminares con datos de vida. Los nietos que viven en el barrio de La

Carolina cerca de la población de La Libertad en la península de Santa Elena, conservan buena

parte de sus pinturas y un “Rumiñahuy” en medio de la montaña y con características ciclópeas.