GEORGE L. CAPWELL

DIRIGENTE DEPORTIVO.- Nació en Oleon, Estado de New York, USA el 2 de Julio de 1902 y fueron sus padres legítimos el Ing. Civil John Capwell, natural del Estado de New York, casado en 1900 con Katherine Cronin, de Salamanca, en el mismo Estado, de abuelos irlandeses católicos. Los Capwell, en cambio, descienden de una familia protestante oriunda del puerto de La Rochelle en Francia, que a fines del siglo XVII a causa de la persecución religiosa decretada contra los hugonotes (protestantes) tuvieron que huir a Inglaterra, donde sin embargo no permanecieron más de un siglo; pues llegaron a New York antes de la Guerra de la Independencia iniciada en 1776.

Los hermanos Capwell Cronin nacieron en Oleon, N. Y. y fueron tres:

  • -George, de quien trataremos.
  • – Jhon fallecido antes de 1908 en Oleon a consecuencia de la difteria y
  • – Thelma, la menor, nacida en 1906, vivió veinte años en el puerto de Balboa frente al mar Caribe donde siguió cursos y se graduó de Enfermera. El 28 regresó a Salamanca con sus padres y de cuarenta años de edad sirvió a su Patria como arrojada enfermera de la aviación norteamericana durante la II Guerra Mundial (1942 – 45) radicada en Forth Lauderdale, Florida, falleció soltera en 1976, de setenta años de edad. Poseía varias condecoraciones por méritos de guerra.

En 1908 el Ing. John Capwell fue contratado para las obras que se estaban llevando a cabo en la Zona del Canal de Panamá y se trasladó a Balboa con su esposa y sus hijos George y Telma, trabajó veinte años en la Zona del Canal hasta 1928 que se jubiló con sueldo completo y regresó a Salamanca, N. Y. donde falleció en 1945 a consecuencia de una úlcera.

Nuestro biografiado George cursó la primaria y la secundaria en una de las escuelas que mantenía el gobierno norteamericano en Balboa, para los hijos de los funcionarios blancos y tuvo una niñez y adolescencia felices y plenas de realizaciones deportivas, pues desde pequeño poseía contextura atlética y un excelente carácter primario, por abierto y franco, lleno de bromas y conversaciones sabrosas que hacían las delicias de quienes le escuchaban en español y en inglés. Por eso y porque destacó en natación, beisbol y basket, gozaba de inmensa popularidad entre sus compañeros, de manera que siempre fue un líder. Además, era de estatura más que mediana, sanguíneo y muy fuerte, al punto que tenía ancho el tórax, gruesos los brazos y piernas, su cuerpo era casi cuadrado; su tez blanca rosada, los ojos azules, el pelo café, pero lo fue perdiendo en los años veinte hasta quedar casi calvo al arribar a Guayaquil.

En 1921 se graduó de Bachiller y quiso ser entrenador deportivo pero su padre le impuso que estudiara ingeniería en el Instituto Politécnico de Renssalier, N. Y. y más por darle gusto cursó a desgano los tres primeros años, destacando más bien como excelente miembro del equipo de beisbol de dicha Universidad. Durante la primera vacación de verano trabajó de obrero en una fábrica de muebles ubicada en Troy, N.Y. pero no le agradó porque las jornadas eran de doce horas diarias con un ligero descanso para el almuerzo. Los dos veranos posteriores jugó por paga en un equipo semiprofesional de beisbol, con nombre cambiado porque gozaba de una media beca como miembro del equipo oficial de beisbol de su Instituto, que era amateur.

En 1925, por hablar perfectamente el español, un amigo de su padre le ofreció empleo en la planta eléctrica que la “American Foreing Power” poseía en Cienfuegos, Cuba. Ese año había cambiado de aros con su novia

Margaret Kane, natural de Salamanca, N.Y. a quien conocía desde la infancia.

Su estadía en Cuba le sirvió de experiencia y en 1926 su Jefe lo envió a la planta eléctrica de Guayaquil, que también era de la American Foreing Power pues el Gerente Ing. Reed, necesitaba un Superintendente para vigilar su construcción.

A mediados de año se hizo cargo de las obras en la calle Eloy Alfaro. Sus buenas cualidades y un trato cordial a los subordinados le ganaron afecto y nombradía y como excelente deportista, junto a su compañero Nathan Myers empezó a frecuentar la Academia de Box que funcionaba en un ring de Manolo Viscaíno en Escobedo y Nueve de Octubre.

Siendo una persona muy observadora notó con pena que los jóvenes malgastaban su tiempo sin hacer nada de provecho en las esquinas y preocupado de tal situación, en unión de Manolo Viscaíno instaló un gimnasio en el segundo piso de las oficinas de la Empresa y en una zona aledaña frente a la piladora de arroz de los Ponce Luque construyó un pequeño complejo deportivo con una cancha de basket de cemento y una pequeña piscina que pronto se llenaron de jóvenes y surgió la idea de fortalecer un Club de futbol que existía desde 1925 con el siglas de “Emelec” por la contracción de las dos palabras que forman el nombre de la Empresa Eléctrica, a fin de participar en un torneo organizado por la Unión Deportiva Comercial.

El 27 viajó a casarse en Panamá con su novia, llegada de los Estados Unidos en compañía de su hermana Dorothy. En nuestro puerto alquilaron un departamento en la casa de Juan Illingworth Ycaza, ubicada en Santa Elena y 9 de Octubre, de las primeras que tuvo ascensor. Allí nacieron cinco hijos (tres mujeres y dos hombres) que se criaron a la usanza de los Estados Unidos, es decir, sin niñeras, constituyendo una familia muy unida. El nunca fumaba ni bebía. Su horario era inflexible. A las 7 a.m. salía a la planta. Almorzaba en casa, regresaba al trabajo y a las 4 cerraba oficina. De 4 y 30 p.m. a 7 entrenaba a sus muchachos en beisbol, box, natación y de 7 a 9 en basket, pues era incansable en los deportes. Ella era hacendosa y excelente mujer. Se comentaba que cada vez que contrataba una cocinera la adiestrarla convenientemente, al punto que después de poco tiempo alguna de sus amigas se la robaban ofreciéndole mejores sueldos para que trabaje en otra casa, pues las ponía expeditas en materia culinaria, lo que se dice, las volvía doméstica de primera.

Cada dos años viajaban a Salamanca. El rigor de nuestros inviernos tropicales atenuaban en Riobamba donde la Empresa poseía la planta eléctrica y varias villas. Muy rara vez visitaban Playas y en una sola ocasión fueron en barco a Salinas pues el viaje por el golfo encerraba sus peligros.

De vez en cuando ofrecían cenas en su casa. Las damas concurrían vestidas de largo y casi siempre de negro, los caballeros de traje de casimir oscuro. Aunque al trabajo asistían con ternos de lino blanco, que en invierno cambiaban dos veces al día por la transpiración del calor.

En lo deportivo el 28 de Abril de 1929 obtuvo la personería jurídica del Club Sport Emelec y el 7 de Junio siguiente lo inscribió en los Registros de la Federación Deportiva del Guayas en la serie C de futbol, debutando el día 28 de ese mes ante el equipo Gimnástico del Ecuador que lo derrotó por dos goles a uno. Los vocales fundadores fueron: Rigoberto Alvarado en futbol, Lauro Guerrero en basket, Rudolf Oetting en natación, John Burton en beisbol, Emilio Morla en atletismo y Walter Jouvin en box.

Capwell organizó una novena de beisbol, figurando como catcher en ella, posición que nunca abandonó pues era la que dominaba y el 29 de Julio sostuvo un partido amistoso contra el equipo del Barcelona Astillero.

El 35 alquiló para vivir con su familia una de las casas de los García en el boulevard del salado. El 38 se cambió a la villa del Ing. Aníbal Santos en la calle José Salcedo del barrio del centenario. El 40 figuró entre los fundadores de la Liga Ecuatoriana Antituberculosa LEA.

Por esa época matriculó a su hija Katherine en el Colegio de María Auxiliadora pero como a una de sus amiguitas, las monjas obligaron a llevar colgado en el pecho un letrero con una leyenda denigrante, por el solo hecho de no haber dado una buena lección, decidió cambiarla a un colegio de alemanes que funcionaba al sur de la urbe, donde permaneció la niña algunos meses hasta que una tarde regresó a la casa haciendo el saludo nazi, de heil Hitler. Entonces la enviaron interna a los Estados Unidos.

El 40 su amigo José Peñaherrera

Encalada, funcionario de la Empresa, le motivó a alquilar a la Municipalidad cuatro manzanas de terreno ubicadas entre las calles Quito, Pío Montúfar, San Martín y General Gómez para destinarlas a diamante de beisbol, pues los jugadores de la novena del Emelec estaban cansados del mal carácter de Federico Von Buchwald Mesones, propietario de una maderera que funcionaba sobre un extenso terreno al pie del río y vecino al Camal, donde realizaban los entrenamientos. Poco después se firmaron los contratos de arrendamiento y el 8 de Septiembre del 42 la Municipalidad terminó donando las mencionadas manzanas al Club Sport Emelec previa autorización del Congreso Nacional.

Ese año su popularidad sufrió un cierto menoscabo cuando a consecuencia de la intervención norteamericana en la Segunda Guerra Mundial no pudo intervenir en favor de algunos de sus amigos que fueron puestos en la Lista Negra, unos hasta tuvieron que ausentarse con sus familias a Lima, otros sufrieron la pena de deportación y se los obligó a regresar a Italia o a Alemania, finalmente no faltaron familias enteras que terminaban en los campos de concentración de Texas y todo porque el padre de familia era de nacionalidad italiana o alemana o peor aún, ecuatoriano de nacimiento pero hijo de inmigrantes de esas nacionalidades. Capwell tenía muchos amigos por el deporte pero no podía apelar ante Roberto Reed, que hacía las veces de cabeza de los agentes norteamericanos del consulado en Guayaquil, pues se lo había prohibido la Empresa. Fue una época de terror, de abusos y venganzas y todo en nombre de la democracia o peor aún, de la defensa del continente, lo que entonces se llamaba el Panamericanismo.

El 24 de Julio de 1943 colocó la primera piedra para la construcción del diamante que ya llevaba su apellido por decisión del Club. Con tal motivo tomó la palabra el Gobernador del Guayas Enrique Baquerizo Moreno y asistieron numerosos invitados especiales. Hubo que rellenar y nivelar el terreno, levantar el cerramiento de concreto, sembrar el césped, con donaciones de ciudadanos con dinero. Para el transporte público se dispuso de una nueva línea de buses, que saliendo desde la Plaza de San Francisco, avanzaban por la avenida 9 de Octubre hasta la calle Lorenzo de Garaycoa y por allí a San Martín. El 2l de Octubre del 45 se inauguró el diamante con capacidad para once mil espectadores, con un encuentro de beisbol entre el Emelec y Oriente. Capwell actuó en la receptoría haciendo batería con Colón Moggia como serpentinero. El score fue 3 carreras a 1 favorable para Oriente. El 2 de Diciembre se efectuó el primer cotejo de futbol con un preliminar de beisbol. “La taquilla se cerró dos horas antes del espectáculo y las casas de la vecindad, que iban construyéndose a medida que avanzaba las obras del estadio, albergaban en sus techos a centenares de aficionados. Emelec derrotó a la selección Manta – Bahía de futbol por cinco goles a cuatro. En 1989 se amplió el estadio Capwewll con capacidad para veinte y nueve mil espectadores, siendo sus medidas de l05 mtrs. x 70 mtrs. las exigidas por la Federación Internacional de Futbol FIFA.

En Septiembre del 46, tras veinte años en nuestra urbe, Capwell fue cambiado a la Planta de la Empresa de Luz y Fuerza de Panamá. Al saberse la noticia sus numerosos amigos decidieron darle una afectuosa despedida en su estadio y el 22 de ese mes lució por última vez el uniforme de cacher y dio una vuelta al ruedo entre el aplauso de la multitud. El abogado de la Empresa Eléctrica Dr. José Vicente Trujillo le despidió diciendo por micrófono: Cuando tú te hayas ido, nos envolverán las sombras. El día 30 su club Emelec quedó por primera ocasión campeón de futbol y a las pocas horas tomó el avión a Panamá.

En dicha capital habitó con los suyos en el sector de Bella Vista, en ratos de ocio entrenó a una novena de la Zona del canal pero siempre que se acordaba del Ecuador repetía “Ese país es mi primer amor” pues nos había cobrado afecto.

En Diciembre del 47 se llevó a cabo en el estadio Capwell el Campeonato Sudamericano de futbol. Argentina quedó campeón con trece puntos, Paraguay Vice campeón con doce y Uruguay tercero con once. También asistieron Chile, Perú, Ecuador, Bolivia y Colombia. El estadio ya no volvió a ser un diamante de beisbol.

En Abril del 55 Capwell sufrió en su casa un derrame cerebral. Estuvo tres semanas internado en el Hospital Gorgas de la Zona del Canal y se recuperó dada su fortaleza física. El 56 se jubiló en Guayaquil el Gerente Alex Hammond y le designaron en su reemplazo.

Nuevamente en el puerto principal retomó sus labores. En Agosto del 58 su esposa resbaló dentro del departamento que alquilaban en la plaza Colón cerca de las Peñas, quedó semi inconsciente, pasó al Hospital y como no se reponía ni los médicos le encontraban daño alguno, fue conducida a Panamá donde le detectaron un coágulo en el cerebro y fue operada con pronóstico reservado. Mejoró y pasó a una Clínica de Rehabilitación cercana a la casa de su hija Jeanne, casada con Robert Harris, en Troy, N. Y donde murió poco después jamás se repuso.

El 60, su yerno el Ing. Alex Mac Guinnes, de Lebanon, N. Y. esposo de su hija Katherine y funcionario en la compañía de Luz y Fuerza de México, vino a visitarle cuando dicha empresa fue adquirida por el gobierno de ese país, pues había perdido el trabajo. Capwell le recomendó y pasó a ocupar la gerencia de La Cemento Nacional, que pertenecía al mismo grupo de Norton y Yoder. Mac Guinnes trabajó en Guayaquil hasta el 91 que se jubiló.

El 62, tras cuatro años de viudez, Capwell casó con la secretaria de carrera del Consulado norteamericano en Guayaquil. La ceremonia se realizó en casa de su hija Jeanne en Troy. Su nueva esposa había sido transferida a Singapur pero prefirió el matrimonio a pesar que el novio le ganaba con casi veinte años de edad. De vuelta en Guayaquil alquilaron una villa en la Ave. Las Lomas y calle Segunda en Urdesa.

El 67 sufrió otro derrame. Poco después se jubiló a los sesenta y cinco años y se estableció con su esposa en San Diego, California, ciudad que prefirieron por su clima benigno y cercanía del mar, donde falleció a consecuencia de un tercer derrame el 7 de Enero de 1970, de escasos sesenta y ocho de edad. Guayaquil le debe un estadio y el recuerdo imperecedero de su generosa dedicación a la juventud porteña que ayudó a forjar a través del deporte en los años 1920 al 60.