ESTRADA CARMONA EMILIO

PRESIDENTE DE LA REPUBLICA.- Nació en Quito el 28 de mayo de 1855 y fue bautizado con los nombres de Emilio Antonio. Hijo legítimo del Dr. Nicolás Estrada Cirio nacido en Quito en 1822, abogado graduado en dicha ciudad en 1851, político urbinista, el 53 vendió la hacienda Mapasingue herencia de su padre el comerciante José Manuel Estrada Roca, quien la adquirió fue el Capitán José Antonio Gómez Valverde. En 1859 representó al General Guillermo Franco Herrera, Jefe Supremo de Guayaquil, en la firma del Tratado de Mapasingue, que impidió el bombardeo, incendio y destrucción de la urbe. Tras la toma de Guayaquil el 24 en Septiembre de 1860 vivió por varios años exiliado en el Perú, en 1871 era vecino de la parroquia de la Concepción en Ciudavieja y testó en 1878. Había casado en 1853 con Francisca Carmona y Vasmezón (1825 -79) propietaria de una casa antigua en la Calle Real. Su abuelo José Manuel Estrada Roca fue quiteño, Concejero Municipal de Guayaquil, colaboró con el Gobernador Rocafuerte en 1842 en la Junta de Beneficencia establecida para atender a los enfermos de la peste de fiebre amarilla en el puerto, ejerció el comercio y llegó a ser propietario de la hacienda Mapasingue al norte de Guayaquil con sus sitios y anexos La Atarazana, los Ciruelos, San Pedro, La Palma, Colimes, Santa Clara y Tres Potreros, casado con Ana Cirio y Robles, guayaquileña. En 1875 actuó como tesorero en la conspiración para el asesinato de García Moreno.

El segundo de tres hijos, fueron sus padrinos de bautizo el Presidente Urbina y su esposa Teresa Jado y Urbina.

El 24 de septiembre de 1860 las fuerzas combinadas de García Moreno y Juan José Flores entraron en Guayaquil y numerosos políticos buscaron el exilio en Lima, entre ellos Nicolás Estrada Cirio, que se vio forzado a viajar dejando a su familia en abandono pues sus bienes fueron confiscados, mientras tanto encabezó la legación ecuatoriana en Lima hasta que el gobierno peruano reconoció al régimen de García Moreno en 1862, entonces pasó a Piura, trabajó como abogado y formó tres familias. Al final de sus días volvió a residir en esta ciudad.

Sus hijos guayaquileños tuvieron una niñez desvalida con su madre viviendo en casa de la abuela materna y ganando el sustento en diversas labores caseras, preparando dulces y bordando para criarlos y llamaban Enrique, Emilio, José Manuel y Nicolás – los dos últimos murieron niños – para los mayores consiguió becas de estudio otorgadas por el gobierno nacional en épocas del Presidente Javier Espinosa.

En 1863 ingresó al San Vicente del Guayas que acababa de ser entregado a los padres de la Compañía de Jesús, allí estudió seis años, becado por el presidente de la República Javier Espinosa los dos últimos debido a sus buenas calificaciones, también fueron becados por el presidente Espinosa los hijos del General Guillermo Franco Herrera.

En esos días era vecino de la parroquia La Concepción donde habitaban muchas de las familias de escasos recursos de la ciudad.

Graduado de Bachiller, no siguió estudios superiores porque García Moreno tomó el poder y terminó con la Junta Universitaria de Guayaquil y tampoco pudo viajar a Quito ni al exterior, tal como lo hicieran algunos de sus compañeros, dada su pobreza.

Desde 1 870 vivía con su madre y dos hermanos en una casita ubicada en Ciudavieja, y principió a trabajar en el almacén comercial de Mr. Buttler, comenzando desde abajo, abriendo las puertas, barriendo la tienda, luego llegó a ser ayudante personal del dueño. También incursionó en pequeños negocios y fue contratista en la pavimentación de calles. En sus ratos de ocio frecuentaba el gimnasio del Club Sport “Perseverancia” donde hizo amistad con Alfredo Valenzuela Reina, Carlos Alberto Aguirre, Luís Sciacaluga, José María Valverde y otros más, con los que practicaba gimnasia, natación, esgrima, regatas o carreras de botes como también se las llamaba, hasta adquirir una respetable musculatura, que unida a su alta estatura le dio una presencia imponente.

Ágil y fuerte, en cierta ocasión descendió solo a un pozo profundo contra incendios, de los que existían en el antiguo Guayaquil, al que había caído un hombre que se estaba ahogando. En otra ocasión detuvo a un hombre que corría a gran velocidad usando la presión de sus fornidos brazos, mientras llegaba la policía. Bombero raso en la bomba “Unión No 3”, ascendió a Ayudante y ganó en 1874 una medalla de Plata que aún conservan sus descendientes, en un Concurso o Simulacro subiendo en una peligrosa escalera al techo de la casa de los Luzarraga (esquina noroeste de 9 de Octubre y Pichincha) cargando un pesado pitón y dando agua.

En Enero del 76 se sumó al grupo de ciudadanos que solicitó al recién electo Presidente Antonio Borrero la convocatoria inmediata de una Convención Nacional con el objeto de derogar la Constitución del 69, denominada la Carta Negra por la oposición liberal, pero no fueron escuchados. Poco después participó en el complot de Nicolás Infante, Miguel Valverde y Eloy Alfaro para derrocar al gobierno pero el golpe abortó sin consecuencias. Los dos primeros salieron del país y los restantes no fueron molestados. En Junio del 76 abrió una panadería ofreciendo entregar el producto (pan de superior calidad) a domicilio entre las 5 y V y 7 de la mañana o a la hora en que lo pidan, así como las tardes el pan que se labre al medio día para que esté fresco. El Aviso salió publicado en El Comercio, pero cosa rara, no contenía la dirección de la panadería ni la del anunciante, y fue Ayudante de la Compañía Unión No. 6 del Cuerpo de Bomberos de la ciudad.

Se había quedado sin familia porque su hermano Enrique vivía en Chile. El 3 de Agosto de 1879 murió su madre y se cuenta que como era muy pobre y no tuvo el dinero suficiente para unos funerales decentes, obtuvo un préstamo de cien sucres de su amigo Lisímaco Guzmán Garrido para adquirir el ataúd y pagar por la bóveda, acomodó el cadáver y aprovechando su gran corpulencia lo cargó sobre sus hombros y sin otro acompañamiento la condujo al cementerio, pues estando señalado como conspirador por el gobierno, nadie quiso hacerse presente.

El 31 de Diciembre de ese año contrajo matrimonio con Isabel Usubillaga Robles. El 2 de Agosto del 81, instalado en la calle 9 de Octubre, sin número, ofrecía sus servicios como contratista en la construcción de pozos, desagues, pavimentos de patios y otros trabajos afines. Contaba con numeroso personal de obreros y albañiles y garantizaba el más estricto cumplimiento. Entonces ocurrió la prisión de Alfaro que había vuelto al país y hacía activa oposición al presidente Ignacio de Veintemilla.

Juan Montalvo escribió en su defensa “Los grillos perpetuos,” logró la libertad de Alfaro y éste salió al exilio en Panamá. Desde allí Montalvo comenzó a redactar sus célebres “Catilinarias” contra el déspota, que circularon clandestinamente en toda la República. Estrada y otros liberales eran los encargados de hacerlas circular en Guayaquil.

El 26 de Marzo de l882 Veintemilla se proclamó Jefe Supremo, abandonó la capital y se trasladó a Guayaquil. Clemente Concha, Medardo Alfaro y Luis Vargas Torres se alzan en armas en armas en Esmeraldas. El primero muere en los combates de esa población. Eloy

Alfaro regresó de Panamá y formó un gobierno revolucionario y Regenerador porque los liberales deseaban un cambio profundo en el País, pronto dominó las provincias de Esmeraldas y Manabí, avanzó a Pascuales y a principios del 1 883 sitió Guayaquil. Los conservadores, que habían tomado Quito el 10 de Enero de ese año y formado un gobierno de cinco miembros llamado por eso el de los Pentaviros, bajaron a la costa. Ambos ejércitos se unieron en la sabana de Mapasingue al norte de Guayaquil. El de los Conservadores se llamó Restaurador porque ambicionaba el retorno a las prácticas garcianas.

Dentro de la ciudad la policía ejercía una activa vigilancia para impedir que los jóvenes salieran a engrosaran las filas rebeldes. Algunos lograron burlar a los guardias. Estrada se presentó a Alfaro y le entregó un rústico plano confeccionado con detalles de gran interés sobre las fortificaciones enemigas. “Plano que sirvió de mucho para las operaciones ulteriores”. Alfaro lo designó Proveedor General del Ejército, bien es verdad que conocía su integridad moral y su capacidad de acción.

En plena campaña militar intervino en el cañoneo del vapor Aragoné, guió a Mr. Marten en la reparación del alambre conductor del telégrafo en las inmediaciones del puente del Salado, en la vanguardia de la guerrilla que atacó el día 9 de Julio a la artillería enemiga. Capturada ese mismo días la ciudad fue designado Comisario de Policía el 1 de Septiembre, con ochenta pesos mensuales de sueldo, por el Jefe Civil y Militar Pedro Carbo, a<ctuando en dichas funciones por pocas semanas.

Carbo se dirigió a la Convención Nacional a reunirse en Quito el 9 de Octubre, para que se adopte el sistema federal de gobierno; pero tan alto organismo, integrado mayoritariamente por serranos conservadores, no solo que desconoció el justo pedido sino que rompiendo la alianza con los liberales, designó Presidente al Dr. Plácido Caamaño, ciudadano guayaquileño con entronques familiares en la capital, quien comenzó a gobernar dejando a la minoría liberal fuera de su gobierno y en la oposición.

El 17 de Noviembre Pedro Carbo fundó en Guayaquil el periódico “El Federalista”, semanario de 4 páginas, editado en la Imprenta de los hermanos Calvo y Cia. allí colaboró Estrada, Eduardo Hidalgo Arbeláez, su esposa Maria Gamarra Elizondo. Pronto se iniciaron rudas polémicas con escritores de ideología conservadora parapetados en “Los Andes” como Pacífico Arboleda y José Gómez Carbo, quien escribía bajo el pseudónimo de “Jecé”.

Entonces empezó a sufrir de astigmatismo y comenzó a usar lentes. En “El Federalista” se publicó la Constitución de los Estados Unidos, aparecieron varios escritos de Juan Montalvo que residía en Panamá, se esclarecieron algunos incidentes registrados en la Campaña Militar contra la dictadura, refutados desde “La Nación” en Quito por el General José Maria Sarasti; pero, a la postre, el gobierno inició un proceso contra Estrada acusándole de mantener armas en su domicilio con el fin de subvertir el orden y el semanario dejó de aparecer a las once semanas de existencia, el 26 de Enero del 1884, dando paso a “El Telégrafo” de Juan Emilio Murillo Miró, quien siguió la misma línea opositora porque Caamaño había comenzado su gobierno con mano fuerte, de manera que volvían los terribles tiempos garcianos y la violación de los derechos políticos se hacía ostensible.

En Septiembre, Eloy Alfaro – apoyado económicamente por Luís Vargas Torres – armó una expedición naval sobre las costas de Manabí a bordo del vapor Alajuela. El Gobierno despachó dos naves en su persecución: el Huacho y el Nueve de Julio, ésta última de gran calado, que trataron de dar con la nave de los liberales hasta que lograron encerrarla en el estuario de Bahía de Caráquez, pero Alfaro pudo librarse del cerco navegando en la oscuridad de la media noche con la alta marea. Posteriormente sorprendió y abordó al Huacho y lo incendió, pero habiendo sido atacado por el Nueve de Julio en el punto Balsamaragua, lo embistió varias veces pero el nueve de julio con su mayor lo evitó en cada ocasión; entonces, habiendo comenzado un incendio y para evitar que el enemigo se apodere de su nave la echó a pique y con el resto de sus compañeros logró llegar a la playa y tras grandes penalidades sufridas en las selvas finalmente consiguieron salir del país por la frontera con Colombia.

Mientras estos sucesos atraían la atención continental, algunos prestantes liberales reunidos en la hacienda Victoria propiedad de Maria Gamarra de Hidalgo, ubicada en las márgenes del estero Chapulo en las cercanías de Palenque, el 15 de Noviembre formaron una montonera, se denominaron Húsares de Chapulo y juraron libertad o muerte. Nicolás Infante presidió el grupo contando con su hermano Justo Infante, su hijo Pedro Infante, Emilio Estrada, el Dr. Marco Alfaro, Eduardo Hidalgo, Gabriel Moncayo, Francisco Borja Lavayen, los mayordomos Crispín y José Cerezo, el joven Pedro J. Montero Maridueña y numerosos campesinos del sector. Primero fueron veinte hombres luego subió el número a ochenta y ocuparon varias poblaciones: Vinces, Balzar, Palenque, así como las regiones aledañas, sembrando el desconcierto en la República. El 6 de Diciembre Nicolás Infante fue proclamado Jefe Superior de la provincia de Los Ríos y desconoció el gobierno de Caamaño. Emilio Estrada firmó como secretario.

El Gobernador del Guayas, Reinaldo Flores Jijón, designó al General Secundino Darquea Iturralde para que fuera a debelar la insurrección al mando de un numeroso contingente de experimentados soldados de línea, que bien armados y disciplinado ascendían a quinientos hombres y le instruyó para pacificar los campos. Los Chapulos se batieron con singular muestras de valor en varias acciones, pero cercados en las inmediaciones de la hacienda Piscano se desbandaron en diferentes direcciones. Darquea hizo circular un bando ofreciendo un Indulto General. El 30 de Diciembre Nicolás Infante y sus compañeros Justo y Pedro Infante (hermano e hijo del Coronel respectivamente) Marco Alfaro, Emilio Estrada, Francisco Borja Lavayen, José Carrión, Luis F. Luna y Simón Alarcón, fueron entregados en el sitio El Pechiche por un campesino de apellido Castro, vecino de la zona de Palenque.

Prisioneros los jefes Chapulos fueron conducidos a pie y amarrados hasta la población de Palenque, a Infante le hicieron entrar montado sobre el caballo y sometido a un Consejo de Guerra fue condenado a sufrir la pena de fusilamiento. Darquea dispuso de inmediato que entre en Capilla, los demás prisioneros a última hora les fue cambiada la pena con la de prisión, no así a Infante que murió pasado por las armas la tarde del 1 de Enero de 1885 cometiendo Darquea la villanía de hacer que sus amigos presencien tan bárbara escena desde el balcón de la casa donde estaban detenidos, enseguida los hizo conducir a todos a Guayaquil, parte del camino lo recorrieron a pie y atados con sogas, luego fueron pasados al vapor Pichincha engrillados de pies y manos. En la tarde del 5 de Enero saltaron por uno de los muelles del malecón en medio de una turba adicta al gobierno que los insultó. Desde ese día guardaron prisión indefinida en el Cuartel de Artillería ubicado en la esquina noreste de las actuales calles 9 de Octubre y Boyacá en las condiciones de mayor insalubridad, con grillos, al interior del cuarto destinado a las letrinas, con olores nauseabundos, etc.

Coincidía tan penosa situación con la medida retaliatoria y absurda del gobierno, que el 27 de Diciembre borró del escalafón militar “al General Eloy Alfaro y a todos los jefes y oficiales que le habían ayudado en su criminal propósito”.

Con posterioridad a estos hechos Estrada escribió una “Relación” sobre el fusilamiento de Infante, que reprodujo el diario “El Tiempo” de Guayaquil el 1 de Enero de 1903 donde relata que tras el Consejo de Guerra Infante fue conducido a la planta baja de un edificio donde le armaron una Capilla Ardiente con velas y todo lo demás, como si estuviera muerto. Una parafernalia propia de los tiempos de la Santa Inquisicipon. Estrada fue llevado a un cuarto de la planta alta, situado exactamente sobre el que estaba Infante. Unas tablas habían sido arrancadas al piso para que pudiera observar el terrible aparato fúnebre. Como es natural esa noche no pudo descansar ni dormir El 9 de Enero “El Telégrafo” publicó una viril protesta por el “asesinato” de Nicolás Infante pues según la Constitución nadie podía ser puesto fuera de la jurisdicción de las leyes ni distraerse de sus jueces naturales, ni juzgado en condiciones especiales o por leyes posteriores a la instrucción. También se indicaba que el mando y la jurisdicción militares solo podían ser ejercidas sobre personas puramente militares en servicio activo y para evitarse futuros problemas los jefes gobiernistas Darquea y Orejuela, con mucha viveza, solicitaron que sean juzgadas sus conductas, sabiendo de antemano que los iban a declarar absueltos como en efecto sucedió.

En el interim graves sucesos habían ocurrido en el hogar pues el 18 de Noviembre, por expresa disposición del Gobernador del Guayas, su domicilio había sido allanado y confiscado por las tropas del gobierno para alojar al Batallón No. 38 de las Guardias Nacionales, formado para combatir a los guerrilleros Chapulos. Este abuso sin nombre causó a su esposa Isabel una crisis nerviosa y depresiva, aumentada por la incertidumbre sobre la suerte de su esposo, a quien un diario oficialista dio por muerto en Palenque, de manera que se fue deteriorando y falleció a los cuatro meses, el 9 de Abril de 1885. Varios amigos y hasta parientes del presidente Caamaño intervinieron para que el joven Estrada pudiera concurrir al velorio, finalmente le consiguieron el permiso para visitar el cadáver y al ir a darle un beso se lo impidieron dos militares, alegando que el permiso solo era para concurrir al velorio.

Meses después, cuando el peligro de otra revolución había pasado, los prisioneros políticos fueron ingresados a la Cárcel Pública ubicada en Ballén y Pedro Carbo, como vulgares delincuentes, mientras tanto el gobierno les había impuesto multas que el Tesorero de Hacienda no pudo cobrar dada la pobreza de ellos, que hasta habían sido privados de los derechos de ciudadanía. Lo peor es que seguían sin juicio, prácticamente en prisión indefinida, tiempo que sin embargo aprovechó para escribir algunos poemas menos que mediocres y el folleto “La historia contra las calumnias de la campaña de Mapasingue”.

Observados los detenidos con redoblada vigilancia, se le ocurrió a Estrada mandarle recado al General Reinaldo Flores Jijón, Jefe Militar de la Plaza, indicándole que no perdiera su tiempo su tiempo en cuidarle tanto pues que le mandaría a decir el día en que pensaba escaparse. Por supuesto que Flores tomó el recado a guasa y no hizo caso, pero en la madrugada de ese día sábado 18 de Diciembre de l886, le envió un segundo recado indicándole que ese día se escaparía, lo cual tampoco fue considerado; sin embargo, logró comprometer al soldado cuidador de las llaves (llavero) de los calabozos de los presos comunes que viéndose libres salieron en estampida y entre ellos, debidamente mimetizado se confundió Estrada quien había  forzaba la propia. La columna de presos siguió rápidamente a la salida, arriada con un palo desprendido de la pata de una silla por Estrada. Al llegar a la puerta principal los guardias no se atrevieron a disparar contra tanta gente y mezclado entre todos, como si fuera un preso común, pudo escabullirse en la oscuridad de la noche hasta la casa de un humilde carpintero amigo donde pasó permaneció varios días, tras casi dos años de penoso encierro. Ocho fueron los prisioneros políticos y una veintena de presos comunes los que alcanzaron su libertad y coincidió que por esos días se presentaba en el teatro Olmedo de Guayaquil la trágica francesa Sarah Berhardt, interpretando el papel de Margarita Gautier en La Dama de las Camelias, espectáculo al que asistieron todas las autoridades.

Disfrazado una noche salió de la casa de su amigo el carpintero y se cambió a la casa de la concuñada del presidente de la República, su amiga Mercedes Monsalve de Márquez de la Plata, quien lo mantuvo con las consideraciones del caso  hasta una tarde sin lentes y sin zapatos y disfrazado de marinero, con un charol sobre su cabeza, doña Mercedes le condujo a un muelle en el malecón y pudo abordar un buque inglés con destino a Panamá para lo cual fue auxiliado por el Capitán George Chambers Diack y por sus amigos Alfred Cartwright, agente de la Compañía Inglesa de Vapores y Lisímaco Guzmán Garrido que hicieron los contactos. Viajó como fogonero y al llegar a Panamá se empleó de obrero en las obras de construcción del canal y al cabo de pocas semanas ascendió a Capataz, Ayudante y hombre de confianza de los Ingenieros franceses Paul Millet y Joseph Coiret, aprendiendo nuevas técnicas de construcción que le serían de gran utilidad en el futuro.

En 1888, al finalizar el período presidencial de Caamaño, fue electo el Dr. Antonio Flores Jijón, quien se encontraba ausente en Francia. Posesionado en Septiembre, uno de sus primeros actos fue declarar el día 19 de ese mes, un Indulto General a favor de los presos políticos. Estrada regresó a principios de l889 y comenzó a escribir en “Los Andes” bajo el pseudónimo de Dantón, siempre a favor de la causa liberal.

Ese año figuró entre los fundadores de la “Sociedad Liberal Republicana” con Juan Emilio Roca Andrade, Homero Morla Mendoza, Cesáreo Carrera Padrón, Luis Felipe Carbo Amador, Delfín B. Treviño y gestionaron la traída de los restos de Juan Montalvo recientemente fallecido en Paris.

A principios de ese año 89 confeccionó el catastro urbano para la Municipalidad de Guayaquil que terminó en Septiembre y fue tan bien acogido, que los concejales comisionados Homero Morla Mendoza, Francisco Campos Coello y Pedro José Noboa Carbo resolvieron aprobarlo por unanimidad de votos

El 12 de Mayo, faltando casi un mes para cumplir los cuarenta y cinco años de edad, contrajo segundas nupcias con Isabel Schiacaluga Aubert, en la que tendrá tres hijos. La pareja ocupó la casa de Estrada que ya había sido desocupada por el batallón de soldados cuando así lo dispuso su incautación.  Por esa época fue contratista en la colocación de tuberías de agua potable, servicio público que se inauguró el 1 de Enero de l890 con gran contentamiento del vecindario.

En Mayo del 89 Martin Reinberg Eder le llamó para ocupar el cargo de Sub administrador de la Empresa de Carros Urbanos donde se mantuvo hasta que en 1892 fue nombrado Administrador del Ingenio “ Luz María” ubicado en el sitio Balao Grande cerca de Naranjito, propiedad de los hermanos Homero y Darío Morla Mendoza, quienes pretendían crear el primer Instituto Agronómico del país. Estrada aprovechó la tranquilidad del campo y logró escribir el folleto “Para la Historia”, publicado sin nombre en Nicaragua. Por entonces adquirió un pequeño fundo agrícola en Yaguachi que denominó “La Victoria” y colaboró en la construcción del enrielado de un tren para el Ingenio. En ratos libres también dibujaba a la plumilla y pintaba al óleo.

El 5 de junio de 1895 Guayaquil se pronunció contra el régimen progresista. Estrada figuró entre los firmantes del Acta respectiva. El 9 de Diciembre fue designado Gobernador Interino del Guayas. En Enero de 1896 le fue propuesto el Ministerio del Interior pero solo aceptó la Jefatura Política y como autoridad le correspondió actuar en los dos grandes incendios que se registraron ese año, el primero ocurrió el 12 de Febrero destruyó ciento cinco inmuebles y el segundo el 5 de Octubre ocasionó la pérdida de mil dos cientos edificios, entonces integró la Comisión de Socorro a los damnificados que coordinó la ayuda del país y del exterior. En noviembre pasó a administrar la empresa de Carros urbanos y trasladó su familia a Guayaquil, pues continuaba viviendo en las instalaciones del Ingenio.

En 1898 fue jurado principal del Tribunal de Imprenta, Senador Suplente por la Provincia del Azuay y Diputado principal por la del Guayas, viajó a Quito, concurrió un mes a las sesiones y pidió licencia por enfermedad. El 99 presidió el Concejo Cantonal de Guayaquil y habiendo salido electo Diputado por el Guayas concurrió al Congreso y le eligieron Vicepresidente de la Cámara durante el Congreso Extraordinario convocado para discutir y aprobar la Ley de Patronato, cuyo proyecto había ayudado a elaborar. Entre 1902 y el 3 presidió la “Sociedad de Crédito Público” que prestó un millón de sucres al gobierno, tomando la administración de los monopolios y salvando al comercio local del pago de una contribución de guerra ya ordenada, también fue miembro de la Comisión de reconstrucción de los edificios de la aduana y del Colegio San Vicente.

Había vuelto a ocupar la administración de la Empresa de carros urbanos. Para la Exposición Universal celebrada en París en 1900 recibió algunos Premios con las muestras que envió. Laboraba como Colector del Colegio San Vicente cuyo nombre fue cambiado por el de Vicente Rocafuerte ese año y salió electo Concejero Municipal por un año, actuando en las comisiones de Ornato y Fábrica.

I como se avecinaban las elecciones presidenciales sonó su nombre con insistencia para ocupar el solio presidencial. Alfaro le prefería como precandidato civil pero los liberales que habían triunfado con la revolución creían que el cargo debía ser ocupado por un militar de carrera. Estrada no luchó por su precandidatura pues sentía que la fuerza de su carácter le había granjeado algunas malquerencias en el desempeño de la Gobernación del Guayas, perdiendo así una gran oportunidad el liberalismo ecuatoriano, pues hubiera contado en el poder con un digno sucesor del Viejo Luchador; al final triunfó la candidatura del General Leonidas Plaza, elemento joven que había actuado junto a Alfaro en la expedición naval de l884, quien lamentablemente poseía un carácter renacentista, capaz de emprender acciones loables y al mismo tiempo cometer los más horrendos abusos. Se ha dicho con insistencia que fue un error del liberalismo de entonces elegir a un personaje como Plaza, a quien el Viejo Luchador había descalificado diciendo: De mi escuela no es, sino de la escuela de Ezeta, en referencia a los virajes políticos de Plaza en Centroamérica y a los servicios prestados al dictador Ezeta.

En Enero de l901 presidió el Concejo Cantonal de Guayaquil y como también fue Diputado por el Guayas, a los seis meses pidió licencia municipal. Era una de las principales figuras del liberalismo ecuatoriano por derecho propio. Nuevamente Gobernador del Guayas a finales de 1901.

Su situación económica había mejorado pues la Empresa de Carros Urbanos daba buenas ganancias, ampliando sus líneas a diecisiete, poseía vehículos de tracción animal y a vapor, fabricaba las carrocerías en la ciudad. Como contratista municipal empedró la calle 9 de Octubre y otras laterales. En cambio Alfaro había concluido la presidencia, cesaron sus ingresos y como no poseía ahorros pasó duros momentos. Por ello Pedro Córdova y Emilio Estrada decidieron pasarle una mensualidad hasta que supere la crisis momentánea que le agobiaba a través de ciertas ayudas económicas que comenzaron a enviarle sus parientes políticos panameños.

En 1902 asistió en unión de sus familiares a la inauguración de la estación del ferrocarril en Huigra. El 16 de Julio le tocó actuar en el Incendio del Carmen, salvando numerosas vidas ya que puso a trabajar los carros urbanos para el desalojo de los pacientes asilados en el Hospital, ubicado frente a la Vieja Casona Universitaria. La Municipalidad le comisionó la reconstrucción de los hospitales quemados, después sería subinspector del Hospital General y colaboró en el Diario “El Tiempo” con el seudónimo de “Tácito”. Ese año trabajó para la nueva edificación del Colegio Vicente Rocafuerte, cuyos planos obsequió. Durante el fuego había ayudado a retirar parte del mobiliario y libros. En 1903 fue miembro de la comisión de fijación de tarifas del ferrocarril, Inspector del Cementerio Católico (luego Cementerio General) y Presidente del directorio de la recientemente creada Compañía de Teléfonos. En 1904 fue designado Liquidador de la Sociedad de Crédito Público, el 5 le nombraron miembro de la Sociedad Filantrópica el Guayas.

Dado el crecimiento que experimentaba la ciudad en 1903 fundó una fábrica de mosaico, yeso, cal, cemento, ladrillos (huecos y sólidos) y tuberías de cemento (para desagües) y materiales en general para construcciones de albañilería que denominó “La Victoria” y ubicó en la calle El Oro con oficina para las ventas en Pedro Carbo No. 413.

En 1906 refutó por la prensa al Dr. Emilio Arévalo, autor del folleto “La Jornada del 19 de enero” y como Alfaro fue elevado nuevamente al solio presidencial Estrada volvió a ocupar la Gobernación del Guayas con la energía de siempre, pues cierta tarde bajó del despacho a bastonazo limpio y a toda carrera a un grupo de levantiscos militares que lo importunaron con desplantes. Por esta anécdota y otras parecidas sus amigos le decían cariñosamente “El Ogro”.

En Julio el Concejo Cantonal le designó miembro de la Junta de Beneficencia Municipal. Su esposa enfermó de gravedad y al conocer Alfaro esta situación lo designó “Visitador de Consulados en Europa” ayudando con los gastos del viaje. Ella murió el 9 de Septiembre de l909 a pesar del tratamiento de un cáncer.

En 1907 fue Interventor fiscal del ferrocarril. En 1908 y con motivo de la epidemia de fiebre bubónica que se desató en Guayaquil, fue designado Inspector de Sanidad del Guayas, miembro de la comisión Administrativa de Sanidad y después Vocal de la comisión Especial de Saneamiento del Guayas (cargos ad honorem pero de mucha responsabilidad) también Visitador Fiscal de Aduanas y Presidente de la discutida Compañía Nacional Comercial.

En 1909 volvió a ocupar la Gobernación del Guayas por quinta vez pero se excusó al poco tiempo. El sueldo mensual era de quinientos sucres mensuales. En Mayo del 10 volvió a desempeñar tales funciones, que renunció en l911 cuando el partido Liberal Radical lanzó su candidatura a la Presidencia de la República. Alfaro lo apoyó al principio abiertamente, pero un grupo de jóvenes presionaba en favor del General Flavio Alfaro, con el pretexto que Estrada era viejo, estaba cardiaco según había diagnosticado el Dr. Herman Parker y no resistiría la altura de Quito. Alfaro, con casi setenta años de edad y una vida llena de problemas, se hallaba cansado y disminuido en su voluntad, de suerte que sin abandonar su neutralidad en la campaña, permitió la complicidad de las autoridades en la clausura de los comités políticos de Estrada y la persecución de sus numerosos partidarios.

En Abril de 1911 contrajo terceras nupcias con Lastenia Gamarra y Elizondo, a quien ganaba con veinte y cinco años de edad, siendo apadrinado por su amigo personal el Presidente de la República General Eloy Alfaro. El 27 de Julio el presidente le invitó a Palacio. Estrada y su hijo Víctor Emilio concurrieron. Su posición era absurda porque siendo el candidato oficial del liberalismo no gozaba del respaldo del gobierno. Alfaro le pidió la renuncia en bien del partido aduciendo como razón la enfermedad del corazón que constituía un peligro para el futuro del radicalismo ecuatoriano, lo cual era verdad, pero ya era demasiado tarde para reconocerlo pues la candidatura estaba lanzada, tenía el apoyo de la mayoría del país y no podía dar pie atrás.

Estrada propuso una fórmula de transacción; que Alfaro designe Ministro del Interior al Gral. Manuel Antonio Franco, enérgico militar que evitaría cualquier intento revolucionario y Estrada se comprometía a mantener a Franco en su ministerio y a disponer para que en caso de su muerte le subrogue legalmente.Lamentablemente

Alfaro no aceptó tan cordial y lógica propuesta que hubiera librado al país de la Guerra Civil de 1911 y al partido liberal de su división, por eso la reunión terminó en fracaso.

El 7 de Agosto un grupo de militares liberales envió un telegrama a Estrada, que vivía en Guayaquil, pidiendo su renuncia para que su nombre no sirva de pretexto para una guerra civil. Estrada contestó el día 9 manifestando que un hombre honrado no podía prestarse al juego de intereses, puesto que si renunciaba a su postulación el Congreso calificaría al otro candidato, Flavio Alfaro, pues el tercero Alfredo Baquerizo Moreno, que representaba al placismo, no tenía partidarios.

Realizadas las elecciones, ganó ampliamente Estrada pero algunos militares flavistas habían dispuesto un golpe de estado; así pues, su hijo Víctor Emilio Estrada se les adelantó en Quito el 11 de Agosto, tomando los cuarteles con varios jefes que vivaban a su padre. Alfaro fue depuesto, su salida del Palacio se volvió sumamente peligrosa. Varios diplomáticos le defendieron de la turba, se asiló en la Legación chilena y treinta y cinco días más tarde viajó a Guayaquil y de allí partió hacia Panamá.

El día 17 el Congreso proclamó Presidente electo a Estrada y el 1 de septiembre de 1911 inició su mandato constitucional que debía durar hasta 1915, siendo su lema de gobierno: Libros y arados en vez de fusiles.

Hombre práctico y patriota, buscó la cooperación de todos los grupos liberales; al General Plaza, que acababa de arribar de los Estados Unidos, nombró Ministro de Hacienda pero éste renunció a las cinco semanas por discrepancias con el Presidente.

Su estado de salud, en la altura de Quito, se fue deteriorando, de manera que el 27 de Noviembre encargó la presidencia de la República, – mientras durara su ausencia – al presidente de la Cámara de Diputados, Dr. Francisco Andrade Marín y viajó a Guayaquil.

Instalado en su casa de 9 de Octubre 730 y Chanduy, a diario concurría a la gobernación a despachar los asuntos del país, especialmente puso el mayor interés en tratar los problemas relacionados con la Compañía Nacional Comercial encargada del manejo del muelle fiscal y su movimiento ribereño. El 21 de Diciembre, tras una reunión con Carlos Alberto Aguirre Ferruzola, presidente de dicha Sociedad, que debía liquidarse por disposición del Congreso, regresó a su casa a las siete de la noche, cenó a las nueve, fue a reposar y al poco rato, siendo aproximadamente las once y media, sufrió el malestar de un infarto. Llamado el Dr. Alfredo J. Valenzuela Valverde, su médico personal, le encontró muerto. La agitación de los últimos meses, de una intensa vida política y posiblemente el ajetreo de su luna de miel, le precipitaron el fin de su vida, que no por haber sido anunciado como próximo, dejó de ser sensible, después de sólo ciento doce días de gobierno, a los cincuenta y seis años de edad, aunque aparentaba muchos más.

Su sepelio se realizó al día siguiente, con Capilla Ardiente en el edificio de la Gobernación, fue impresionante, concurriendo una enorme multitud encabezada por los más notables personajes de la ciudad y a las tres de la tarde el cadáver fue trasladado al Cementerio de la ciudad.

Manuel J. Calle en su obra “Hombres de la Revuelta” insultó a los principales alfaristas de 1906, pero al tratar de Estrada dijo: “Creo que era en 1890 cuando todos los días veíamos, al paso, sentado en la puerta de la Agencia de Carros Urbanos, un hombre grueso, pálido y barbudo, que se dejaba estar horas y horas en su silla, en inmovilidad casi hierática, con el ceño fruncido, medio cerrados los ojos, la boca plegada como con dejos de una amargura infinita, sombrío, hosco, impenetrable, silencioso, con los brazos cruzados sobre el pecho y al viento la desnuda cabeza. Resumiendo: Ese carácter no tiene complejidad de ninguna clase. La adversidad le hizo duro. El abandono social le hizo rebelde. El dolor le hizo adusto. Pero en lo íntimo del Ogro, como cariñosamente le llaman los suyos, hay un hombre excelente.”

Su hijo Víctor Emilio al dar a la luz pública su biografía le puso por título “Vida de un hombre” porque a tiempo completo fue un valeroso luchador, un ciudadano activo, un espíritu rebelde y amante de la verdad.

Alto, muy alto, espaldas anchas, musculatura desarrollada, mal genio, no gustaba de condescendencias y esto le acarreó malquerencias y enemistades; callado, hogareño, buen padre y buen marido pero enemigo de exteriorizar sus sentimientos. Ni estaba hecho ni gustaba de “la vida guáchara” – solitaria – y por eso se casó la tercera vez, según sus propias palabras, en carta dirigida a una hija. Gustaba practicando la introspección profunda y no se conoce que haya realizado males a nadie.

En 1903 regaló a la Universidad de Guayaquil los planos que había confeccionado el Ingeniero Otto Von Buchwald para el edificio que hoy se conoce como “La Vieja Casona”. Durante su administración en el Ingenio “Luz María” construyó un puente colgante. Fue habilidoso y de inteligencia, en síntesis, parodiando a Calle “un hombre excelente” y además positivo.