Calle Pesantes Manuel de Jesús

No he sido en veinte y siete años de periodista, en la Sierra y en la Costa otra cosa que liberal, fiel a una convicción, a una serie de ideas que determinaron en mi mente al aprovechamiento de una doctrina y el apego a un partido. Han pasado todos por delante de mí, y al cabo de un cuarto de siglo, tras de haber padecido lo que hay que padecer en este terreno, estoy como al principio sin oficio ni beneficio, despreciado por los liberales e insultado por los conservadores que me están llamando…. ¡venal! He escrito de prisa y desordenadamente, como todo lo mío, sin embargo, si usted los juzga conveniente, puede dar estas cuartillas al cajista, para que el público se entere de las quiebras del oficio. Fui liberal desde niño; desde las aulas del colegio Seminario de Cuenca, mi primer periódico, «El pensamiento”, fundado allá por Octubre de 1885 en compañía del malogrado Vivar, casi me costó una excomunión episcopal, y fue ese mismo Arteaga, al cual el radicalismo régimen actual acababa de hacerle senador por Azuay, quien nos tapo la boca vendiendo la imprenta que era suya, al obispo León. Y seguí en el Periodismo liberal de Cuenca, de Guayaquil de Quito. Al través de una tempestad de persecuciones, confinamientos, ultrajes carcelazos, juicios criminales y censuras eclesiásticas, improperios e infamias sin soltar un solo días la pluma, hasta que el sol de junio trajo la revolución liberal. Luego…Luego todos fuimos alfaristas, porque Alfaro mantenía la bandera que representaba la cohesión del partido estaba en el poder y no en la conspiración. Lo demás lo saben todos Y he ahí que trabajando siempre para diarios como «La Nación», «El Grito al pueblo», «El Telégrafo»

«La Reacción», y aun en «El Ecuatoriano», que condesaron en ciertos momentos la política de los últimos años el pensamiento nacional y hondamente patriótico, cruce el segundo periodo alfarista, en condiciones horribles, muchas veces con hambre, señora mía, con hambre, haraposo, enfermo, trabajando como un desesperado, siempre en primera fila trabajando a todas horas, casi sin descanso, para poder vivir al día, puesto que las Administraciones anteriores no había sacado nada, arrojado a un rincón o halagado en momento que se me necesitaba ¿Vendido, no? Vendido por que cobraba mí trabajo, sin decir ni más ni menos lo que yo pensaba, de lo que pensaban los ecuatorianos honrados en aquella época de amargo recuerdo? Y viene este periodo de fermentación revolucionaria, con un nuevo reparto de honores y sueldos. Y aquí me tiene, señora Ugarte, peor que antes, oprimido, amenazado, injuriado y mas infeliz que cuando hace más de veinte años salí de Cuenca, porque entonces tenía siquiera la juventud y la esperanza. ¿Vendido, no? Y me lo dicen los escritores de Alfaro, que Vivian de la subvención y el escándalo, y lo repetían los pasquimeros de Quito que comen del excremento que defecan semana por semana y todos los que padecieron persecuciones por la justicia, los que no estuvieron con Montero, se hallaban arriba con la mensualidad asegurada. A mial escritor mas pertinaz del partido, ¿que? yo no quiero nada, no solicito nada, no aceptaría nada, tampoco, pero he ahí que se me sublevaron los nervios cuando un joven Intriago a quien recién he conocido, que hoy es Ministro de Hacienda, me ofreció un cargo…¡En la policía de esa ciudad!….¡Gracias!. Soy corto de vista, y no quiso darles ventajas más a los ladrones y borrachos escandalosos que transitaban libremente en esta noble Guayaquil. Luis Antonio Chacón, quien viene a ser, además de paisano y amigo querido algo así como maestro y el iniciador de mi modestísima carrera de hombre de letras. Camilo Ladin, que saco de las oficinas de «El Ecuatoriano» a Manuel J. Calle para conducirlo a un calabozo, en mayo de 1907, persiguió violentamente a Ezequiel Calle y obligó al mismo señor Cornejo a escaparse fatigosamente, rompiendo rejas y precipitándose por casa ajena, y a mantenerse oculto por muchos meses.

Entonces Manuel J Calle tuvo frases olímpicas, enunciadas con la rapidez nerviosa propia de si temperamento. En 1905 dejo de beber en forma consuetudinaria. En 1913 se distanció del General Leónidas Plaza. A principios de mayo de 1895, se encontraba en Quito. Mi difunto amigo don Luis Cordero había tenido la bondad de confiarme en Machachi, temeroso sin duda, de que los liberales le diésemos al traste. En mayo de 1895 regresamos a Ambato los de la primera campaña. En el ínterin había fundado yo un diario en Quito, 2El Diario de Avisos» y «el tiempo», cuyos talleres estaban cerrados desde que la tolerancia gubernativa ahuyentara a editores, redactores y tipógrafos por las playas del destierro popular en su tiempo, circulaba profundamente y no tardo en reaparecer «El tiempo», antes de que resucitara el primeramente heroico «Grito del pueblo».

Con el seudónimo de «Benvenuto» publica en 1900 en el periódico quiteño «El Progreso», una serie de artículos criticando en forma desfavorable el tomo primero de las Obras completas del Dr. José Modesto Espinosa, miembro conspicuo de la academia Ecuatoriana y humorista de nota, Calle ha pretendido nada menos que apuntar incorrecciones en la prosa de Espinosa, poniendo como espejo de calidades idiomáticas a Montalvo. Traía para comparar con el delicioso «Ya no se afeita» de Espinosa el apergaminado «De la belleza artificial» de Montalvo.

Ahí esos canalla. Uno de ellos, el niño terrible de los tontos de mi tierra en el periodismo, es una especie de ratón del altar chiquito, bizco, (tiene torcido el ojo como el alma) envidioso de todos y de todo, desesperado de comprende su insignificancia y el desprecio con que lo miran las gentes; se ha metido en la cabeza a Venancio González y a Leopoldo Alas, y se venga de los grandes escritores de su patria, escupiendo sobre ellos la inmunda bab de sus mal digeridas lecturas. Llona Cordero, Mera, Montalvo ¡quien se ha escapado de recibir un débil zarpazo de ese felino de los periódicos ecuatorianos? En Cuenca se le contrató para que fuera a Guayaquil a defender la candidatura oficial de Cordero se le pago la primera mensualidad cuyo recibo he visto; y se paso al campo de la pancista-radical, llevándose el precio de su venta, Pues ese me ha llamado vendido a mí, después de adularme como un reptil, y es personaje del partido liberal mientras yo bebo sed, y como hambre en un destierro forzado.

Aun después del triunfo de la revolución de enero de 1906, continuo apareciendo el diario con toda regularidad; establecido entonces, en las segundas cuadras de la calle clemente Vallen. Lo redactaban el Dr. Vicente Paz, el viejo periodista, y Dn. Manuel de J. Calle, Se presento francamente adversario del nuevo régimen, de la revolución y del gobierno de hecho del general Alfaro.

Los artículos del Sr. Calle, sobre todo, eran muchas veces violentos, siempre cáusticos; y no fueron pocos los disgustos que le causaron. Sucedió que, en el numero 8.145 correspondiente al 17 de septiembre de 1906, apareció un articulo francamente violento. Ese artículo tiene importancia histórica puesto que fue el último, el que resolvió la catástrofe de la desaparición violenta y definitiva del diario.

El 1 de julio de 1892, salió de los talleres de la imprenta comercial, un semanario. El interrogante, de formato grande, de cuatro planas a cinco columnas, y cuyo redactor era Dn. Manuel de J, Calle. Solo circulo cinco números de El Interrogante, el último, de 30 de julio de 1892. Allí edito el Grito del pueblo Ecuatoriano, cuyo primer número es de 1 de julio de 1911 Fue su Director el mismo Dr. Paz Ayora, y redactor principal el Sr. Don Vicente Paz, el mismo a quien hemos visto figurar desde 1878 en El Heraldo; y escribían, también los conocidos periodistas Nicolás Augusto Gonzales y Manuel de J. Calle

El vengador, eventual, de cuatro planas a dos columnas, en pequeños formato y con caricaturas, aparecí el 18 de abril de 1916. Fundado, exclusivamente para combatir, por medio del ridículo, al escritor Manuel de J. Calle, hizo esa labor hasta el número 3, ultimo, de 2 de Junio del mismo año.

La crónica ilustrada, semanario ilustrado, de regular formato, de diez y seis páginas a tres columnas, apareció el 3 de julio de 1916 y figaba como redactor, Dn. Manuel de J. Calle.

Diario de Avisos tuvo, desde su fundación febrero 1° 1888, un gran núcleo de colaboradores, de los más distinguidos entre los escritores liberales de todo el país, y literatos de otra escuela política; y entre ellos podemos editar a Dn. Manuel de J. Calle.

Es cierto de que de años atrás se sabía, se conocía de la existencia de un cuaderno o acaso, de un libro completo de versos de Manuel de J. Calle, que nunca se publicaran. El Dr. José Mogrovejo Carrión, guardador hasta su muerte de muchos episodios y secretos de los literatos y de la literatura de Cuenca y que de repente los daba a conocer por intermedio de algunos de nuestros escritores, solía decirnos que guardaba poemas de Calle, y reclamaba, que ese era el lado desconocido de su ingenio. Poco después se hizo público uno que otro poema del gran periodista, en 1938, en un álbum de homenaje al patrono del Colegio, que preparamos los alumnos del «Manuel J. Calle», copiamos unos versos llenos de música, dedicados a una artista llamada Dora del Rio. Después en 1957, G.H. hasta los publico con otros cuatro «Intimas» en su obra «historia de la literatura Horaca» No hace mucho, 1979, en el diario «El tiempo» de Quito, noticiaba Eugenio Aguilar acerca de Manuel J. Calle poeta, dando razón o algo así de que conocía un cuaderno suyo que andaba de mano en mano, por allí, en espera de algún editor. Dio razón, allá por mayo de 1895, de cómo eran y como se hacían los sábados de mayo, las fiestas marianas, a los que el también puso «su granito de arena».

De Manuel J. Calle, Transcribiendo la hoja suelta vindicación, impresa el 30 de octubre de 1885, en la que nobel periodista niega haber tomado parte en la publicación de El Pensamiento.

Sin embargo, él y Víctor León Vivar, en rapto de juvenil entusiasmo, lanzaron El Pensamiento, con ideas y tendencias liberales, zahiriendo a los maestros del colegio. El escándalo es monstruoso. Los profesores se yerguen amenazantes y el par de adolescentes tiemblan. En 1888, parece que gasta el No.11 Manuel J. Calle es el editor responsable de esta hoja, porque en la edición doceava, el Dr. José Peralta, después de afirmar que, con el pseudónimo de Áyax, ha colaborado en la libertad, la toma a su cargo, con la cooperación asidua de su pariente el Dr. Agustín Peralta. Los pocos números que poseemos, editados por Calle, se particularizan por el atrevimiento y el desparpajo que unidos a la genialidad de los deciros y la fluidez castiza del lenguaje, hicieron especial en los anales de la prensa de entonces y más tarde, el periodista, por antonomasia, en la América española.

En No.3, Manuel J. con su firma, protesta por los atropellos de que le han hecho víctima, arrastrándole a una prisión, sujetándole a un consejo de disciplina, levantándole un auto cabeza de proceso y amenazándole con darle de alta en el cuartel, «por haber publicado la libertad entre esclavos que no podían dejar de calificarla de sediciosa».

Colaborador del periódico «La linterna» 1889, Cuenca.

Así continuo El Guante y se mantiene hasta el día. Entre sus redactores, además de los ya citados, figuraron los Sres. Manuel de J. Calle.

Calle era fuerza atómica encerrada en pluma fuente en forma de hombre de hombre chiquito pero de escupitajo de largo alcance y de infinita trascendencia. Hijo de un morlaco avecindado en Paute, hijo de la viuda Teresa Pesantez. La Madre de Manuel Jesús Calle fue la Señora doña Teresa Ramón Pesantez. El Dr. Aguilar deseara reconocer como legitimo a su hijo y la respuesta llena de santa indignación que el hijo ha de lanzar, virilmente, al rostro del antiguo usurpador: Ahí ¿si? ¿Ahora? ¡Ahora que ya soy un hombre! ¡Ahora que valgo por mi mismo! Ahora que ya no necesito de su protección, peor de su apellido! ¡Y esa otra respuesta castica a unos hermanos, escritor también que se empeñaba en el reconocimiento. «Trasteando en la vieja y en polveada biblioteca del Colegio Seminarista de Cuenca». Calle es un estudiante, compañero de Víctor León Vivar. Un día los acogió la Universidad Víctor León Vivar y Manuel J. Calle. Aquí les nació a Calle y Vivar «El Pensamiento» su periódico de 1885 en el que Víctor León Vivar vertía chorros de demagogia y Calle ejercitaba ya la destemplanza de su pluma contra todos. Pronto vio claramente que Vivar estaba bajo el ala de la razón y las luces intelectuales de su profesor González Suarez a cuya sombra iniciaba ya un giro a la derecha.

Y así nació «La Libertad» 1888, único grito de protesta en esos días tétricos que se extremo la recriminación y el apostrofe. Por ello Manuel de Jesús Calle su arrojo violentamente al liberalismo. Desempeñaba accidentalmente el cargo de Gobernador de la provincia. En tal ordeno mi prisión. Al ver que calle no presentaba la boleta de asistencia a las Guardias Nacionales, alegando estar decepcionado en su calidad de estudiante, el gobernador le replico: «Los estudiantes no están exceptuados. Además Ud. ya no es estudiante. ¡Por qué?, Porque acaba de ser expulsado esta mañana misma de la Universidad Inmoral ha insultado usted en este papel (El Periódico) al poder ejecutivo, al poder legislativo, a las autoridades de la provincia. Pues no lo sabía…Y como no tiene papeleta de miliciano, va a ser usted juzgado por un consejo de disciplina. Señores (Volviéndose a unos cuantas de uniforme y chafarote), procedamos».

Felizmente entre los jueces había un hombre honrado, y merced a su enérgica actitud no me atropellaron. Bien caro pago D. Mariano Vidal este su enorme pecado, años después, y el de haber salvado su voto en el consejo de Guerra inicuo que sentencio a muerte a Vargas Torres. Huyo, se escondió Calle desapareció de la vista y narices de quienes «me buscaron por todas partes, y no ciertamente, para darme una corona. En 1890, si la memoria no nos engaña en la fecha, una polémica que el mismo Dr. Peralta sostenía con el hoy Obispo de Ibarra Gonzales Suarez, acabose a balazos en las calles de cuenca, con un escándalo atroz, con la intervención de la autoridad pública, con más de trescientos disparos del cuerpo de policía comandado por un imbécil. ¿Quienes eran los agresores? Víctor L. Vivar (a quien Dios haya perdonado), el padre de este, un tal David Neira y su padre…. ¿Quien es el asesinado? D. Ramón Pesantez. ¿Cual la casa atacada?

La de D. Rafael Torres, donde teníamos una pequeña imprenta. La conclusión irritante. Fue la casa rodeada de soldados, Ramón Pesante conducido casi muerto con cinco balazos, a un calabazo, Ullauri, Peralta, el infrascrito y varios de los agrefifod, criminalmente enjuiciados.. Y los agresores se paseaban libremente y orondos y aplaudidos. Así se llevan las cosas en Cuenca, cuando de liberales se trata. José Peralta se serbia de calle como amanuense, como comprobar que tenía talento deseaba que no se perdiera en la vida y a las letras, por ello le obligaba a escribir sin descanso «Ojo por ojo, diente por diente o Don Manuel Flor Juzgado por pasiva y por activa por Manuel J. Calle. Riendo corrige mores. Riendo se corrige a los moros. Peregrulllo. Cuenca, junio 15 de 1888. descuidado es el vestir como en el hablar, en el gobernarse, como producirse, en el método como en la economía, fue el tipo de la que en lo moderno han llamado Bohemio, pero un Bohrmio autentico, chispeante, genial, laborioso, activo, soberbio, voluntarioso, ingobernable. Fue el general Cornelio E. Vernaza quien, en 1896, año de estas tribulaciones que refiere Calle, le asigno un empleíllo en el ministerio de Guerra, se hizo cargo del Ministerio Lizardo García «y su primera providencia fue darme de baja. Cuestión de días. Calle estaba en Quito, desoyendo las suplicas de Juan Murillo a que escribiese en el resucitado El Telégrafo. Y fundó en la capital El nuevo Régimen… y murió este diario a tres meses quedando su animador, su creador sin protección ni barricada: «sin destino, ni dinero, (pues, al fin no se me pago sino pequeña parte de mi trabajo), y en tierra extraña, en la cual no conocía a nadie que pudiese valerme.

De jefe de Sección de un Ministerio intentaron nombrar al periodista (Acordarse de Recuerdos del Tiempo Heroico del Chileno José María Castro Rey) dicen que fue escrita en 15 días que Calle estuvo preso en la cárcel de Guayaquil. Valioso libro es este. Ya desde 1897, en su revista Semana Literaria de «El nuevo Régimen», azotaba con tremendas griferías a los cultores de las «nuevas escuelas» literarias que, importando bisutería francesa afeminada, 2echaban a perder la Cordura Artística de la patria de Montalvo, Mera, Olmedo, que están lejos de ese decadentismo. La querida de Calle fue Eudofilia Carrión, mujer de la «aristocracia» cuencana. Esto me lo refirió el Dr. José Mogrovejo Carrión, pariente de la…occisa novelada. Llegue a esta ciudad, en la plenitud de la juventud, con un mundo de entusiasmo e ilusiones por equipaje; y que, también de cerca, con afecto como de padre y constancia como de mentor, me ha seguido en mis peregrinaciones en la prensa política; sabe de cuanta amargura esta henchida mi pobre existencia. Me creía un modesto soldado de las libertades públicas desde que aprendí a manejar la pluma de periodista, y no he sido sino un forzado de las letras de molde, de peón de imprenta a discreción de editores sin conciencia, y en vísperas siempre de quedarme en media calle, y cada vez mas menguado el pan, más dura la jornada y mas débiles los hombros. Suponía que estaba cumpliendo un alto deber de verdad y de justicia, y no hacía sino cumplir la tarea para llenar la olla. Me juzgaba un hombre y no era sino una máquina de escribir. Y he aquí que he llegado a la vejez y me encuentro en las proximidades de la tumba, enfermo, desmedrado desconocido solo y sin protección, como un pobre paria que puede tenderse tranquilamente en el ultimo lecho del Hospital, seguro de que no habrá para él una lagrima, mucho menos un pensamiento que el sobreviva veinticuatro horas.

Fundó en Cuenca, «El Renacimiento» (1885) con Víctor L. Vivar». Es «El Pensamiento», aciagamente repulido por Calle como ya lo anote en paginas anteriores. Biblioteca de la Juventud hispanoamericana Manuel J. Calle. Leyendas del tiempo Heroico Episodios de la Guerra de la independencia Americana Editorial América, Madrid Concesionaria Exclusiva para la venta Sociedad Española de librería-Ferras, 25”. No consta el año, por parte alguna; hay una «advertencia» en la p.7 en la p. 10 se consigna la firma: «El autor Quito, 25 de julio de 19052. En la edición de «Quito-Talleres gráficos Nacionales 1929. En la portada, se hace constar: «Lectura para los niños». En verdad que algunas leyendas. ahora me envidian el sueldecito regular con que voy cubriendo antiguas deudas de los días de hambre: ¿por qué, entonces, fueron tan pocos y tan extraños los que vinieron a mi ayuda, cuando de 1906 a 1912 (fecha en que ingrese en «El Guante» me moría literalmente de inanición por desnudez, falta de alimentación completa, aburrimiento y tristeza, cuando Adolfo Benjamín Serrano me tenia de caridad en un cuartucho como para cocinera de una de sus muchas casas, y paraba yo la olla valiéndome de recursos ingeniosos dignos de una novela de bohemios, con el sistema de pagares, descuentos, libramientos a la vista, cartas monitorias y pensiones de trabajo, que me hubiera enviado el Rodolfo del buen Marguera Quedan mis vicios y defectos y he ahí que soy un borracho..Tanto lo dicen que me voy creyendo.

Manuel J. Calle (autor también del drama romántico en versos «Don Constantino.

La obra genial del famoso escritor M.J Calle, fue Charlas. En estas se describió, a la hora, al minuto, el desarrollo o proceso de la vida ecuatoriana, principalmente a su aspecto político, sin descuidar el cultural y múltiple: Las costumbre, la literatura, también o retrospectivo y las prolongaciones de los sucesos nacionales con el movimiento internacional Calle fue un prodigio de memoria, de talento y de enciclopedia y esto en el diarismo para el que se escribió rápidamente, con el motor electrónico en el cerebro. Escribía sin secretario, sin amanuense, en caracteres limpios y hermosos, sin enmiendas ni tropiezos, en una como corriente continua sin curvatura ni salto de pensamiento o de expresión. Charlas, los tomos de charlas, van a reproducirse, para comprobación de que hoy casi somos como ayer y de que la crítica de gran escritor resulta en gran parte trascendental, para todo tiempo y a toda clase de personas. Calle sabia de todo, y si no lo sabía lo adivinaba, y si no lo adivinaba lo inventaba; y lo adivinaba o inventaba al correr de la pluma, manejaba con ímpetu genial y espontaneo regocijo de echarle una gresca al lucero del alba; al correr de pluma que iba veloz del plato hecho tintero, lo vi yo mismo, al blanco papel de las cuartillas, a trazar renglones en líneas paralelas con aquella letra casi redonda, grande y de muy limpio perfil y control. Maravilla de ingenio, ingenio sutil, nunca dormido ni adormecido. Siempre despierto vivo y eréctil. Creemos conocer un poco la Historia parlamentaria del Ecuador, y hasta fuimos archiveros del poder legislativo, mediante las gestiones de don Abelardo Moncayo. le naciera esta Carlota? De todos modos, calle la apreciaba holgadamente. No bien inició su publicación en la semana, cuando hubo de suspenderse por la defunción de aquella revista de El nuevo Régimen; mas, es en la revista de Quito que logra publicarla por completo, en 1898. Ezequiel calle hermano de Manuel de J, nació en Cuenca en 1860. Periodista de la derecha política, hizo una labor panfletaria, en defensa de sus ideas políticas y religiosas, por las cuales combatió acremente desde la palestra de la prensa.

Fue militar de carrera El estilo de sus cartas, de tono político, dirigida al coronel Antonio Vega Muñoz, que aquí se publican recogidas por G.H. Mata, le demuestran tal como fue: acérrimo enemigo político de Alfaro, de Peralta y Ullauri y de todos los liberales azuayos de su época. Escribió por largos años en los periódicos de Guayaquil y Quito. Murió en la capital de la Republica en septiembre de 1931.

Camilo Landín, que saco de las oficinas de «El Ecuatoriano» a Manuel J. Calle para conducirlo a un calabozo, en Mayo de 1907, persiguio violentamente a Ezequiel Calle obligo al mismo Sr. Cornejo a escaparse fatigosamente, rompiendo rejas y predipitandose por casa ajena y a mentenerse oculto por muchos meses.