QUIJIJE LUCAS CALIXTO

INTRODUCTOR DE LA IMPRENTA.- Nació en Montecristi el 14 de Marzo de 1813 cuando esta población era un Partido que pertenecía a la Tenencia de Portoviejo en la Gobernación de Guayaquil y fue bautizado diez días después, siendo sus padres legítimos Juan Crisóstomo Quijije, acomodado propietario de una de las mejores tiendas de sombreros de paja toquilla y dueño de varias estancias en los alrededores y Dorotea Lucas, miembros distinguidos del común de Indios naturales de esa jurisdicción.
Huérfano de madre a los dos años, idolatrado por su progenitor, estudió con profesores en casa, siendo un aprovechado alumno de canto y con el tiempo aprendió a tocar arpa y violín y en la iglesia de Montecristi el órgano que acompañaba con cánticos religiosos como si fuere Maestro de Capilla. Cuando en 1833, durante la guerra civil de los Chihuahuas que se extendió por la parte sur de Manabí, para evitar las reclutas, su padre le mandó en misión comercial a Paita. Después permaneció varios meses en Panamá y tuvo la oportunidad de frecuentar teatros y conocer los progresos de la civilización y de la imprenta.
Nuevamente en Montecristi representó con varios aficionados la comedia “El Ramadán” y contrajo nupcias con Dionisia Posligua con quien se trasladó a Charapotó como Maestro de Capilla y profesor de música. Vuelto a Jipijapa enseñó desde 1837 a la juventud, ganando la confianza del Párroco Manuel García Moreno quien le mantuvo de Maestro de Capilla hasta que en 1843 fue electo Teniente Pedáneo de Montecristi, pero el 44 el Dr. García Moreno le hizo nombrar Notario Eclesiástico de la Vicaría de Manabí por el Obispo de Guayaquil, Francisco Javier Garaycoa, quien estaba de paso por esas poblaciones. El 48 fue Alcalde Segundo Municipal de Montecristi siendo Alcalde Primero José Agustín Robles.
Por entonces empezó a manejar el negocio paterno con inteligencia y honestidad, pero aunque no lo buscaba pronto se vio envuelto en los escándalos que a diario se suscitaban en Montecristi a causa de la antigua y sangrienta pugna existente entre Atahualpas (Indios) y Pizarros (Blancos) los primeros liderados por los Quijije y los segundos por los Robles, y que recién en 1852 se estabilizó cuando ambos bandos se pusieron de acuerdo para elegir en Enero de cada año a dos Alcaldes Pedáneos, uno blanco y otro indio, cada cual con su jurisdicción, de manera que no se interpusiera el uno al otro en el normal desempeño de sus actividades judiciales.
I para defender a sus semejantes de las levas que cada cierto tiempo se decretaban contra la juventud y al mismo tiempo fomentar el espíritu de superación y expansión entre los proletarios indígenas – casi todos ellos tejedores de paja toquilla – formó un gremio compuesto de ciudadanos ansiosos de lograr una saludable superación cultural que denominó “Círculo Atahualpa” y dictó clases de procedimiento civil y penal, escribió Loas y Entremeses que se representaban en los festejos de la Navidad y en Corpus Cristi. Entre ellos aún se recuerda una supuesta lid entre Jívaros y Serranos cuyos versos se han perdido.
En Toahaya, sitio ubicado en la parte oriental del cerro de Montecristi, levantó una linda chacra que a imitación de las quintas de recreo sirvió para las reuniones del Círculo.
A principios de 1853 su amigo Sixto Juan Berna!, por entonces en Montecristi, le incitó a comprar una imprenta que estaba en venta en Portoviejo y puesta en funcionamiento en los bajos de su casa que compartía con su hermano Venancio, sirvió para publicar desde el 4 de Abril un periódico de pequeño formato titulado “El Montecristense” cuyo lema era “Sin principio ni bandera”, queriendo significar con esto que se trataba de un medio de difusión de noticias totalmente imparcial, que no estaba ni por los indios ni por los blancos como tampoco por partido político alguno.
Bernal escribía bajo el pseudónimo de “El barón de Bidasoa” pero la mayor parte de las colaboraciones surgían espontáneamente del grupo de los Atahualpas. Esta forma de ser le granjeó al periódico el respeto de la comunidad que se benefició de dicho medio de comunicación, pero la carencia de tipógrafos hizo que cesara poco tiempo después; en cambio, la Imprenta continuó sirviendo por muchos años al convivir manabita, siendo de las mejores de la Provincia.
Tan importante ciudadano, ejemplo de civismo para con sus congéneres, no pudo escapar de la emulación de los miembros del bando de los blancos que seguían envidiosos el éxito de sus logros y fue envenenado con un tósigo mientras se encontraba descansando en su chacra. Quijije, sintiéndose próximo a la muerte, tuvo la fortaleza suficiente para solicitar a los suyos que lo trasladen a Montecristi y allí escribió las siguientes esquelas. A MIS ENEMIGOS.- Muere Quijije con sus ideas, si los míos las secundan es en vano el crimen cometido. Perdono a la mano desgraciada que preparó el veneno, que viva, que no deseo que purgue su delincuencia. A MIS AMIGOS.- Siendo todos unidos nada teman. Oigan desde la eternidad mis consejos, que entonces, la sombra de Calixto les servirá. A MI HERMANO VENANCIO.- Empaqueta todo, cuida que nadie registre mis papeles, sino que los abrirás cuando la calma reine en nuestro hogar.- f) Calixto Quijije. P. D.-Mi vida es un sacrificio, yo me resigno a todo. En ese momento le llegó el acceso de muerte, era el 27 de Abril de 1855 y tenía solamente cuarenta y dos años de edad.
El crimen reinició los disturbios entre indios y blancos en la zona y fue tan comentado, que cada cual se ocupaba de el y solo se habló del tema por muchos meses, habiendo quedado en Montecristi la siguiente composición en su honor. Recuerdo de Don Calixto Quijije.- // Allá en pasados tiempos / cuando tu nombre sonó / nuestro Cantón figuró / dando a los demás ejemplo. // Tu trajiste la imprenta / esa visión del pensamiento / donde la civilización se sienta / con el periodismo de cimiento. // Fomentaste un Círculo respetable / de indígenas pero natales / y con ellos fuiste estable / para conjurar los males. // Mientras viviste la paz sonrió / bajo el montecristense cielo / muriéndote se acabó / rodando la dicha al suelo. //
Su amigo Fulgencio Espinosa es autor de una Loa en su honor que dice así: CALIXTO QUIJIJE.- // Sin que nada le aflige / esbozado en su capa / con borlas y solapas / ¿Quien no vio a Quijije? // Gentil en sus maneras / gravedad en su andar / parece hasta quimera / se le temía al saludar. // Juez probo y recto / no le agradó la impudicia / pues todo lo llevaba directo / hacia la razón y justicia.//
Fue un autodidacta de altos ideales, que se entregó por entero a los suyos, especialmente a la raza indígena y proletaria, por eso se mantiene su memoria como ejemplo de generosidad.