SEGURA MANUEL ASCENCIO

ESCRITOR.- Dentro de la colonia difícilmente podía prosperar un género literario tan libre como el teatro, que surgió después de la independencia a despecho de los moralistas, que antaño como hogaño han visto y ven en toda manifestación artística un motivo de sospechoso libertinaje.
El más popular autor teatral del siglo XIX en el Perú fue Manuel Ascencio Segura, natural de Lima, donde nació en 1805.
Su padre era un Oficial del rey nacido en Huancavelica, llamado Juan Segura y su madre Manuela Cordero, también criolla. Para 1824 el padre era Teniente Coronel del ejército realista y más por acompañarlo que por otra razón Manuel Ascencio luchó contra los patriotas y fue derrotado en Ayacucho cuando solo contaba 20 años de edad. Este hecho cuidó de ocultarlo en el futuro, para evitar las críticas de sus numerosos émulos y enemigos.
En 1831 fue capitán y para la Confederación Peruano Boliviana estuvo con Salaverry y fue de los derrotados en la batalla de Camaná. salvando la vida a últimas Instancias. Entonces se retiró del ejército y pasó a residir a Lima. donde comenzó a escribir contra el Gran Mariscal Santa Cruz a quien Felipe Pardo había apodado “el Jetón” por sus grandes labios. Segura no quizo quedarse atrás y escribió una comedia para teatro, en un acto, titulado “La Pepa”, cuyos originales corrieron de mano en mano pero sin llegar a estrenar por el escándalo que hubiera provocado.
En 1841 escribió la letrilla “A las Muchachas”. Más tarde fundó el periódico “La Bolsa”, viéndose en el caso de desmentir a los que pensaban que todo el material que se publicaba allí era suyo con el siguiente verso en que aludió nuevamente a Santa Cruz.
El jetón. //Dizque cuanto se pinta en “La Bolsa” soy autor/ y aún hay quien me hace el favor/. De añadir que hago la tinta.// El que tal cosa ha pensado /Recuerde bien que hay infierno/ y que puede a un fuego eterno /Por falso ser condenado.// ¡Yo escritor! ¡Pobre de mí!/ ¿Quién dijo tal de un idiota? /Contra nadie escribo jota/. Contra el jetón? Eso sí. //En 1845 estrenó “Doña Catita”, más tarde fue designado secretario de la Gobernación de Piura y al regresar a Lima trajo consigo un conocido verso satírico titulado “La pelimuertada” con hirientes burlas contra todos y especialmente contra Felipe Pardo y Aliaga, su contrincante literario de mayor prestigio, a quien dijo en tono zumbón lo siguiente: //Con tres-bon y tres-bien/ no es Beranguer quien me ofusca;/ y aunque la gente pardusca/ después se devane el seso/ he de soltar la sin hueso…// después estrenó su obra de teatro “Blasco Nuñez de Vela” y entablóse un debate entre europeistas con Pardo y criollistas con Segura y el zambo Soffía.
Segura estaba en su mejor época, después estrenó “La Saya y el manto” en el Coliseo de Comedias y diariamente escribía para el periódico “El Comercio” que había ayudado a fundar. Era el autor de moda, el más comentado y aplaudido y hasta el que más enemigos gastaba.
Tenía temas para todos los públicos. En “La Pepa” trata sobre devaneos amorosos y lances militares matizados con ridículos episodios donde los personajes quedan en soletas. En “El sargento Canuto” hace declarar a Nicolasa, harta de soportar sus estridencias militares, lo siguiente: //No quiero generalato;/ lo que gusto es un paisano/ que me ame, que me dé buen trato. /Que esté mano sobre mano/ y muera como pato…//
En Septiembre de 1862 llevó a las tablas “Las Tres Viudas” sobre tres hermosas mujeres que han perdido a sus maridos y encuentran engorroso el problema de sus vidas en una ciudad donde solo había que escoger entre la viudez beatona y llena de chismes y un segundo matrimonio con mayor cortejo de chismes. La obra casi le ocasionó su salida de la capital pues varias viudas se vieron retratadas y sus parientes quisieron tomar venganza. Se le insultó por las calles al grito de “insolente y desvergonzado” y así por el estilo, que no todo fue flores y aplausos en la vida del poeta como a primera vista se podría pensar.
Segura se burlaba de todo y de todos; los militares insolentes, ambiciosos y procaces son los que salen peor parados, pero los periodistas irresponsables, los juerguistas inveterados, los perjudicados sociales y sexuales y las damas aristocráticas y ridículas también llevan buena parte de sus invectivas. En un poema suyo se dice de estas últimas.// Yo conozco cierta dama,// que con este siglo se irá,/ que dice que a su mamá/ no llamó nunca mamá.// Y otra de aspecto cetrino/ que, por mostrar gusto inglés,/ dice: Yo no sé lo que es/ mazamorra de cochino”.//
Sin embargo a los sacerdotes nunca tocó ni de aldeala porque como él solía decir, era un católico a capa y espada y aunque reconocía que entre los clérigos y las monjas había mucha tela que cortar, sus convicciones profundas y sinceras no se lo permitían, de suerte que escaparon a sus aguzadas tijeras de crítico.
Otro capítulo de su producción está retratada en “Lima Sofía” y contra Felipe Pardo; allí estampó sonados epítetos en salvaguardar del criollismo americano como se solía llamar, de las costumbres e idiosincrasia de estos pueblos. En otros pasajes también hizo gala de donosura y hasta sentenció como Cervantes lo hizo en el Quijote.// La engañan a Ud../ la traicionan como un chino.// Si no lo burla en sus barbas/ le hace por detrás huesillo.// También defendió lo autóctono en artículos sueltos y para periódicos que algún día serán recogidos por generosa mano amiga. Allí habló largo y tendido de la mazamorra, el aguatero, la carantoña, los vendedores ambulantes de baratijas y comidas y en fin, sobre todo títere del criollismo americano. Algunas de sus obras llegaron a representarse en Guayaquil.