73. La casa de mis antepasados Pimentel

En el lugar de Santiso, jurisdicción del sitio de Moreda, provincia de A Coruña, reino de Galicia, está situado el Pazo del villar de Ferreyros, “uno de los más antiguos que aun existen en España, de los mejor conservados y de más interés histórico».

Su antigüedad data de 1.470 cuando las guerras civiles de los Hermandarios (irmandiños en lengua galaico – portuguesa) asolaba las verdes planicies gallegas. Entonces el Mariscal Suero Gómez de Sotomayor y Mendoza, hijo del también Mariscal Payo Gómez de Sotomayor y Álvarez, viendo que la torre y fortaleza de Moreda, de su propiedad, había sido destruida hasta sus cimientos, por los bandos contrarios, decidió reconstruirla, con otra arquitectura, más a tono con los adelantos de su época y con las mismas piedras dispersas de la anterior mandó fabricar el villar a muy corta distancia.

Durante los siglos XVII y XVIII sus poseedores lo decoraron con buen gusto y algunas inversiones. De estas épocas son las mejoras que aun se aprecian y aunque permaneció casi abandonado, hoy ha sido restaurado en su totalidad por una empresa transnacional turística de la llamada Ruta Jacobea y figura como en los viejos tiempos, siendo lujo y ornato de Galicia por estar asentado en una bella hondonada en la que la naturaleza se ha mostrado pródiga en vegetación con frondosos árboles frutales que brindan una alegre vista al caminante.

“Desde lejos se divisan sus almenas y ya dentro del edificio y en la plaza de armas, puede admirarse el poético conjunto que forma su torre cuadrada de dos pisos y fuertes paredes; la galería con celosías, la balconada sobre las murallas; la capilla inmensa en que las arañas en paz tejen sus telas y un suntuoso portón de entrada, estilo renacimiento, sobre el que campea el escudo de armas de sus antiguos poseedores: los Sotomayor – Pimentel, con la cruz de Santiago y timbrado en lo alto”.

En Galicia se conoce con el nombre de Pazo a las haciendas y Villares a las casas de campo, “en medio del patio existe la fuente de piedra, ancha y maternal, de allí arranca junto a la torre una artística escalinata que conduce al corredor y recibimiento y de él se pasa al amplio salón que mide mil doscientos metros cuadrados, al que siguen muchos otros tan silenciosos como el primero y sin las ricas sillerías de moscovia que los adornaban. También faltan los bargueños con incrustaciones de marfil y nácar, arcones, tapices, cortinajes, cuadros, platería y armaduras que figuran en los ricos inventarios allá en los lejanos días en que sus dueños aún no venían a América.»

“La escalera que corre por una pared de la torre da servicio a la planta baja, en la que se encuentran la despensa, horno o panera, bodega, habitaciones de criados y caballerizas. Otra escalera interior sale al jardín de atrás y comunica con las casas de los antiguos colonos, la hera, la huerta, el palomar, el soto, la cascada y extensas praderías llenas de parras de finísima vid y circundándolo todo una alta y extensa muralla de recias piedras santiagueñas. Hemos recorrido el Villar…»

En los grandes salones silenciosos

polvo y olvido con quietud se acuestan

y en las siestas de junio, alucinantes

inacabable, terca,

se escucha a la carcoma «

royendo sordamente, las maderas…

(De: El Pazo, por Rey Soto)

LEYENDA DEL MARISCAL SOTOMAYOR

Una de las más deliciosas crónicas que registra la historia de España de todos los tiempos es la que refiere las andanzas del insigne guerrero Payo Gómez de Sotomayor y Álvarez, elevado a Gran Mariscal, por Enrique III, Rey de Castilla, en premio a sus heroicas acciones contra los moros.

Posteriormente el monarca envió al Mariscal Sotomayor al Asia en lucido cortejo de caballeros, con la misión de entrevistar al Príncipe Tamerlán. No se sabe cual habrá sido el objeto de tal embajada, quizá pudo desear el castellano monarca una alianza con los mongoles o simplemente tenerlos de amigos por aquellos de que bien podían llegar a la península ibérica con igual facilidad con la que estaban merodeando por los territorios de Asia. Mas, sea que Enrique III pensó lo uno o lo otro, lo cierto es que después de dos años de audaz travesía, pudo el Mariscal Sotomayor arribar a Samarcanda, entonces capital de Tamerlán, siendo recibido con la pompa y cortesanía digna de su rango; pero no se crea que el rey de los Mongoles era hombre fácil de agradar con los pobres obsequios de los españoles, por el contrario, enseñado a las riquezas de oriente exigía de los embajadores muchos y buenos presentes y esto obligó a Sotomayor a idear una feliz estratagema con la que lo sorprendió.

El día de la entrevista llevó bajo el brazo una piedra porosa que depositó en medio de la mesa que precedía Tamerlán y preguntado por ella le respondió que era mágica, siendo su virtud la de exudar humedad cuando se mentía en su presencia. Tamerlán le preguntó varias veces y Sotomayor le contestó sin que la piedra sudara, por lo que el cándido emperador creyó a pie juntillas todas las mentiras que le dijo el gallego sobre el poder y la riqueza de Enrique III, estableciéndose alianza entre ambos países y de no haber sido por esta estratagema, Tamerlán quizá hubiera llegado en sus conquistas hasta los reinos cristianos de España, subyugándola, convisible retraso en el descubrimiento de América.

Varios meses permaneció Sotomayor en la corte y llegado el tiempo de su regreso a Castilla fue obsequiado por Tamerlan que ya se le había hecho amigo, y entre los obsequios que le envió al monarca castellano se contaban tres bellas princesas cautivas llamadas Angelina, María, y Catalina, hijas del conde Juan y nietas del Rey Luis de Hungría, a las que había tomado prisioneras, el muy bárbaro, en su ultima correría militar por ese país europeo.

Las dos últimas llegaron en buen estado a Castilla, no así la primera que era la mayor y más bella, porque en medio camino, nuestro buen Mariscal Sotomayor, sin poderse contener, tomó un adelanto, producto de la mucha confianza que le había dado doña Angelina. Lo cierto es que en la corte se descubrió que estaba embarazada y Enrique III, propietario de las tres, se creyó el único afectado; y ordenó que le cortaran la cabeza al Mariscal por atrevido, siendo salvado en ultimo momento por la Princesa, que se arrodilló ante el monarca y pidió que cambiaran la pena de muerte por la del destierro perpetuo de la corte. Y cuenta la misma leyenda que años después, ya ancianos, el bravo embajador y su no menos valientes princesa, aun vivían en el destierro.

UN BISNIETO DE MAL CARACTER

Hacia 1.546 vivía en el Pazo del Villar un bisnieto del Mariscal llamado Luis de Sotomayor y Villamarín, de los más poderosos señores gallegos de su tiempo, que viudo de su primera mujer Catalina Rodríguez de Torres y Silva, en quien no tenía descendientes, casó nuevamente con Mayor de Pimentel y Tovar.

Este don Luis era de temperamento vivo, muy mal carácter y dado a la impaciencia, por lo que en cierta ocasión en que ordenó algo sin importancia y por el solo hecho que no le obedecieron con prontitud, mandó ahorcar a dos infelices vasallos; lo que efectivamente se cumplió con detrimento de la justicia y motivó un ruidoso pleito en la Audiencia de ese reino de Galicia siendo condenado a la perdida de sus estados feudales, que apuradamente vendió a su propia mujer para conservarlos, aunque indirectamente.

De aquí proviene el hecho que su hijo y heredero antepusiera el apellido materno al paterno, para evitarse problemas con los jueces de Santiago de Compostela; que seguían obstinados en mantener la sentencia.  Por eso me llamo Pimentel y no Sotomayor como me correspondería en verdad.