519. Su Terrible Hoja De Afeitar

Entre1.961 y el 63 se vinculó a la Universidad de los Andes de Mérida. Había vuelto a separarse de su esposa sin motivo alguno de su parte, simplemente porque si. El 62 ganó el Primer Premio del Concurso promovido por la Universidad de Zulia con «El Huracán y su Hembra» y continuando en la línea de sus cuentos, escribió para la «Revista Nacional de Cultura», editó el poemario «En un lugar no identificado» con poesía «más esotérica y rica en símbolos» y volvió con su esposa, que siempre fue su gran perdonadora.  

Parecía que estaba recuperando la normalidad, se preocupaba de su madre y la protegía cada cierto tiempo con pequeñas remesas de dólares. En carta que he tenido en mi poder gracias a la gentileza de su hermana Rosario le dice: «Mis pequeñas entradas vienen de las colaboraciones literarias en los diarios o revistas, pero estas colaboraciones no son fijas ni constantes y por la misma razón hay muchos días en que nos vemos apretados.»

En 1.963 comenzó a trabajar para la revista «Cultura» del INCIBA y «Zona Franca» de su amigo personal Juan Liscano, escribiendo muchos ensayos y profundizando sus conocimientos en todas las formas de hermetismo. Leía libros de alquimia, de espiritismo, de magia. «Conoció intelectiva y emocionalmente el vasto panorama de las Ciencias Ocultas, la Parasicología, el Budismoy el Yoga Zen, que pareció influirle definitivamente hasta su muerte.

El 64 sacó “Conexiones de Tierra”. En 1.966 “La Corteza embrujada” y el 67 “Poesía del Gran Todo en polvo” y publicó un último libro de Cuentos «Cabeza de Gallo» en la Editorial Arte de Caracas, selección de cinco cuentos nuevos, tres de Abandonados en la Luz y dos de Trece Relatos, «que le abrió nuevos horizontes luminosos, extraños y hondos, por su poder fabulador, su grandeza de concepción y por las situaciones casi agónicas que presenta. Sus seres humanos y animales están en trance de descomposición, en situaciones límites, angustiados por la tristeza milenaria de la carne, asombrados ante extraños reductos de la miseria humana, pero como lo afirma Rodríguez Castelo, lo suyo no es solamente un mundo crudamente naturista, todo lo contrario, abundan las interpretaciones, el misterio y hasta la grandeza cósmica. Fue, pues, un escritor profundamente religioso y puso a sus cuentos una dimensión que careció el cuento de su generación. Por eso se ha dicho que la prosa de Dávila Andrade tiene crítica, ironía, observaciones desconcertantes de carácter mágico, metafísico y religioso, que los abre a todas las extrañezas y a todas las sugestiones y sobrecogedoras iluminaciones. En esta última obra conserva las antiguas calidades suyas pero pavimentadas con un trasfondo de magia».

El domingo 23 de abril de 1.967 una crisis nerviosa le hizo separar de su mujer con quien vivía en un cómodo departamento del edificio Pompey, en la avenida Cristóbal Mendoza del elegante barrio de San Bernardino. Se fue al Hotel Real de propiedad de su amigo Juan Liscano donde tomó una pieza. El 2 de mayo, luego de ocho días de residir allí, tras haber llamado telefónicamente a Isabelita muchas veces, se cortó la yugular con una afilada hoja de afeitar que siempre portaba.

La mucama que aseaba las habitaciones notó que no había salido de su habitación y al observarlo por el ojo de la cerradura en medio de un gran charco de sangre, llamó inmediatamente al administrador, quien dio aviso a la policía, pero ya era tarde, tenía varias horas de muerto. La tragedia se conoció enseguida a través de radioaficionados en el Ecuador.

Hombre solo, diminuto y huidizo. El gobierno ecuatoriano le concedió diez mil sucres a su madre y una pensión vitalicia de mil quinientos sucres mensuales, pero su viuda se sintiera preterida. El gobierno venezolano y los intelectuales de esa nación le construyeron un mausoleo en el cementerio General de Caracas.Dejó varios poemas inéditos dedicados a «Isabelita» que ella publicó meses después con el título de «Poemas de Amor». al espectador. Isabelita le sobrevivió seis años y murió del corazón en Venezuela. A ella tampoco se le ha hecho enteramente justicia. Una hermosa plumilla de Mena Franco ejecutada en Quito, le nuestra en toda su grandeza espiritual a través de una mirada triste que sigue pues fue una mujer fuerte que dulcificó los últimos años prodigándole cariño, protección y ayudándole en su difícil tarea de poeta y escritor angustiado y existencial.