457. El Humor Del Dr. Valenzuela

Muy de tarde en tarde sale un personaje bromista y genial que deja impresa su huella en la tradición de su pueblo con situaciones chuscas. Tal el caso del Dr. Alfredo Valenzuela Valverde, notabilísimo científico, médico de profesión (1.878 1.946) y guayaquileño de los más valiosos de su tiempo. De él se cuenta que en 1.922, con motivo de celebrarse en Bruselas la XI Jornada Médica de esa ciudad, fue consultado por el Rey Alberto de Bélgica quien sufría una grave dolencia adquirida en el Congo. Valenzuela tenía fama de conocer enfermedades tropicales y prontamente descubrió un enorme quiste amebiano hepático, que tratado con los medicamentos apropiados, dejó de molestar al monarca. Un reloj de oro recibió de obsequio porque no quiso cobrarle ¿Dónde estará hoy tan preciosa joya?

De regreso al país fue elevado al rectorado de la Universidad de Guayaquil en 1.924 pero sólo estuvo algunos meses porque renunció después de la revolución juliana del 25. En 1.936 asumió la cátedra de Tisiología y la sustentó por largos años. En 1.946 fundó la «Liga Ecuatoriana Antituberculosa» LEA, de tanta trascendencia y servicio en el país para la erradicación de ese mal. Tales sus principales logros públicos, ahora veamos su otra faceta, la del ingenioso bromista.

ENFERMEDAD COMPARTIDA

A princios de 1.944 estaba por terminar su mandato constitucional el    presidente Arroyo del Río y concurrió con su esposa al consultorio de Valenzuela para que la examine, pues la dama se sentía muy deprimida, tenía ardores repentinos en la cara, mareos y otras molestias menores. Luego de examinarla, Valenzuela diagnosticó: Estimada doña Elena Ud. sufre de la misma enfermedad de su esposo. Ambos tienen los malestares propios del final del período. Cuentan que todos rieron con tan aguda opinión.

UN ITALIANO GLOTON

Un napolitano de apellido Flatta, ingeniero gordo y glotón y con enorme sobrepeso, le consultó cierta dolencia estomacal menor. Valenzuela le pidió que le cuente todo lo que se había comido  ese día y después de oír que Flatta había ingerido un banquete pantagruélico de carnes, ensaladas y tallarines, le respondió: «Amigo Flatta, Ud. debe saber que todos venimos al mundo con un tubo de escape  solamente, su problema es que Ud. necesita dos» y lo despachó con cara destemplada.

VISITA DISTINGUIDA

Una señorita de edad madura, flaquísima, soltera, muy rica y recién llegada de París, concurrió alhajadísima y pintadísima a tratarse un ligero desarreglo estitical y luego de muchos rodeos y circunloquios, como quien no quiere decir la cosa, soltó que no había desocupado su intestino en siete días y que esto era muy común en ella. Valenzuela le aconsejó un enema de agua de permanganato al dos por ciento, cada dos días, para aflojar el estómago. La niña, horrorizada de la sola idea de aplicarse un remedio tan casero y poco elegante, poniendo boquita de frasco, se atrevió a preguntar ¿I con yeringa, doctorrr? Sí señorita. Luego ella agregó: ¿Y cómo me lo pongo, doctorrr? Póngaselo por el culo, fue la contestación y la distinguida señorita casi se desmayó.

RECETAS EQUIVOCADAS

Estando en el cementerio notó que en cada tumba habían escritas las letras R.l.P. (Iniciales de Réquiem in Pace, que en castellano significa Descansa en Paz) y haciéndose el sorprendido preguntó a varios amigos que con él estaban, si conocían el significado. Algunos se lo dijeron, pero él aclaró que todos estaban equivocados, que R.l.P. significaba «Recetó Izquieta Pérez», con quien Valenzuela tenía punto tocado en el Hospital, así – casi inocentemente – se desquitaba de su colega.

CHINO CON SUERTE

Estando lleno su consultorio, llegó un chino vestido de blanco y se sentó tranquilamente a esperar. Valenzuela abrió la puerta de su despacho y de inmediato lo hizo pasar. Una dama que tenía más de una hora esperando, se sorprendió de la preferencia y protestó, recibiendo la siguiente explicación. «No se disguste, que ya mismo la hago pasar a Ud.; lo que sucede es que el chinito estal con dialea y viste pantalón blanco». Carcajada general, el chino dicen que después no quiso salir de la vergüenza y tuvieron que sacarlo por una puerta del fondo, para que no se tope con la clientela que esperaba ansiosamente ver cómo estaban los pantalones.

RARA ENFERMEDAD

Uno de sus alumnos le preguntó en clase qué medicina era buena para un dolor de estómago que se le subía y se le bajaba. Posiblemente sufría de gases. Valenzuela, delante de todos los alumnos le dio la siguiente explicación: «No te preocupes, que sólo es un pedo loco, pero como eres un cara de nalga no sabe si debe salir por arriba o por abajo y en esas dudas se encuentra.

REMEDIO TOTAL

Cansados de tantas bromas, sus alumnos quisieron tomar venganza, consultándole una enfermedad imaginaria para ver qué recetaba. Una mañana lo esperaron a las puertas del Hospital y el más pintado le lanzó lo siguiente: Doctor Valenzuela, estoy muy mal, de mañana me dan mareos, a veces sí a veces no. Al mediodía dolores de barriga, a veces sí a veces no. A las seis tengo fiebre a veces sí a veces no y a la medianoche me arde el fundillo, a veces sí a veces no. Valenzuela comprendió que le querían tomar el pelo y contestó: «Hijo mío, estás muy grave, pero no te preocupes que te salvo con una sola receta». La escribió y se la entregó, con esta explicación: «Una píldora en las mañanas, abres la boca, haces como que te la tomas, pero no te la tomas. A las doce una oblea blanda en leche, te la llevas a la boca, haces que te la tomas, pero no te la tomas. Por la tarde un papelito disuelto en una cucharadita de agua tibia, abres la boca, haces que te lo tomas, pero no te lo tomas y a la medianoche un lavado de agua y ácido nítrico”. El estudiante, para salvarse de tal remedio, le dijo: “Ya sé doctor, me acerco al lavado, hago que me lo pongo, pero no me lo pongo”. No hijo: “Te lo pones y luego trotas dos horas por el parque Seminario, para ver si se te sale o si no se te sale».

LAS TRES C

Preguntado en cierta ocasión cuáles eran las tres enfermedades más peligrosas de la vejez contestó que las tres “C”, a saber: corazón, caídas y cagaditis, porque había mucha disentería sanguinolenta de origen amebiano.

EL VIEJO

Habiéndose graduado su hijo Alfredo y como de costumbre mucha gente llamaba por teléfono a la casa, preguntando por el Dr. Valenzuela y contestaba doña María Luisa Barriga Marín, su esposa:

¿Cuál de los dos? ¿El joven o el viejo? Para ver si se decidían por su hijo y así le formaba la clientela al joven galeno recién graduado.

Amoscado de trato tan peyorativo, Valenzuela se colocó cerca del teléfono y esperó pacientemente la próxima llamada, que no se hizo esperar y al oír ¿Está el Dr. Valenzuela? Rápido contestó ¿Cuál de los dos, el joven o el marido de la vieja?

Grandes risas y santo remedio. Doña María Luisa  no volvió a contestar.