433. Las Generaciones Políticas

Cuando cierto discípulo preguntó a Lactancio cuál era la enfermedad más fuerte y contagiosa de la antigua Roma, el filósofo cosmopolita contestó sonriendo «La política, a no dudarlo». Y asi Sucede en la práctica ecuatoriana, donde curarse del virus político es tán duro para aquellos que lo hemos sufrido alguna vez en nuestra vida, aunque a veces nos mentimos a nosotros mismos repitiendo la frase: «estoy curado de la política».

En Ecuador las generaciones políticas se suceden cada quince años, tiempo en el cual el pensamiento ecuatoriano cambia de rumbo y busca nuevas latitudes. Esta sucesión de períodos no obedece a causas síquicas, sino físicas, porque el hombre político ecuatoriano, como aquellas aves del paraíso que habitan las lejanas islas de Nueva Zelandia, sólo figura quince años como término medio. Veamos por qué:

Ecuador se declaró independiente de la Gran Colombia en 1830 y Juan José Flores sin le competencia del Mariscal Sucre que había caído asesinado en Berruecos, escala la primera Magistratura. Un numeroso grupo de políticos quiteños, unos sobrevivientes de la masacre del 2 de agosto y antiguos realistas otros, apoyan a Flores y lo respaldan. Allí los Valdivieso, Barriga, Bustamante, Fernández – Salvador, Gómez de la Torre, Freile, Ángulo, Aguirre, Martínez, etc. Son los principales protagonistas de la política hasta que cae el régimen el 6 de marzo de 1845. Quince años había durado esta primera etapa de dominio quiteño con apariencia de militarismo extranjero y sólo cuatro años durante ese régimen gozó el Ecuador de un paréntesis de orden en el gobierno del Dr. Vicente Rocafuerte.

DOMINIO GUAYAQUILEÑO

El segundo período histórico se inicia en 1845 y languidece desde 1856 hasta que fallece en 1860; dura quince años como el anterior. En esta segunda etapa toman las riendas del país los próceres sobrevivientes del 9 de octubre, casi todos ancianos por esa época, como dijera García Moreno en memorable carta. Entre ellos se pelean el poder y surge un joven decidido, Urbina, que los liquida en 1852 y en 1856 designa sucesor en la persona de su compañero de armas. General Francisco Robles, buen militar, sincero y noble de corazón. En estas circunstancias García Moreno provoca la voracidad por el poder que se mantiene latente en Quito y forma un Triunvirato; Guillermo Franco traiciona a su superior en Guayaquil y se proclama Jefe Supremo y Manuel Carrión Pinzano, soñador y poeta como era, decide que ha llegado la hora de Loja y crea el Estado Federal, de tan corta duración histórica. El único triunfador en este juego de ambiciones es García Moreno que gracias a su audacia y buena suerte se queda con el gobierno y comienza su tiranía que también dura los quince años consabidos.

DICTADURA TEOCRATICA

De 1860 hasta 1875 gobierna García Moreno a veces personalmente y otras a través de sus allegados. A Jerónimo Carrión lo saca del poder por asuntos familiares y a Xavier Espinoza lo reemplaza cuando ve que no obedece. La muerte llega en forma de rayo y mata al presidente y el Ecuador se libera en 1875 sin tener hombres que lo reemplacen porque lo más valioso del país está en el destierro voluntario o forzado. Se escoge al Dr. Antonio Borrero y con él se inicia la primera etapa de desasosiego nacional, donde no hay doctrina ni partido sino audacia. Esta etapa se repetirá dos veces en la historia nacional; en 1925 y en 1963.

ETAPA DE TANSICION

A Borrero los partidos lo sacan del poder un ano después de haberse posesionado del cargo; ya los políticos habían regresado a casa en 1876 cuando sucede este acontecimiento y tenían que dirigir la república como premio a sus años de destierro. El más atrevido fue Veintemilla y gobierna primero como liberal hasta que en 1877 manda a todos a sus casas y se parapeta en el Palacio Presidencial de donde salió a la fuerza en 1883. En esta ocasión casi llega al poder, pero su falta de experiencia hace que ceda el paso a un conservador disfrazado de progresita: Caamaño, que unido por lazos de parentesco político con la familia Flores crea un nuevo partido que gobierna a la usanza de García Moreno, colocando ad-láteres en el Palacio de Gobierno, primero a Flores Jijón, luego a Cordero.

En estos años la clase media insurge por primera vez a la vida nacional con pujanza y tesón y riega la tierra ecuatoriana con sangre de sus mártires; Vargas Torres, Nicolás Infante y Amador Viten son los más conocidos, pero ¿cuántos más murieron que la historia no recuerda? Todos burgueses; querían mejores días para la Patria ecuatoriana.

En este ciclo, como sucede luego con los de 1925 y 1963, numerosos candidatos tratan de obtener la presidencia. Basta recordar a los hermanos Salazar, al General Sarasti, Vernaza y José Veintemilla; a Secundino Darquea y al perínclito Piedrahita, sin contar a Pedro Carbo y Pedro Moncayo, que fracasan ante la mejor organización de la maquinaria Caamañista.

Al final de cada ciclo político la corrupción y el desastre siembran el caos que trae la renovación y así como sucedió al final del Floreanismo, del Garcianismo y del Marcismo, sucede también con los tiempos del progresismo caamañista, donde se llega a negociar el uso de la bandera nacional a cambio de libras esterlinas.

EL LIBERALISMO

El progresismo termina el 5 de junio de 1895 y salta el liberalismo contenido desde 1883 cuando casi llega al poder. ¡Qué gran oportunidad se perdió en aquella fecha de que gobierne un Alfaro joven y lleno de bríos y no el achacoso general de 1895! Pero ¡oh sorpresa! el viejo de Montecristi se recobra y alienta la gran transformación ecuatoriana con fuerza inusitada. El país avanzarías en esos 10 años que en toda su vida republicana. Las artes florecen porque hay libertad y las ciencias amigas de la opresión garciana, languidecen y se marchitan; en general el liberalismo abre las puertas de la revolución francesa al Ecuador que se adentra maravillado por los destellos de la libertad. Lamentablemente Alfaro, como todo hombre público, llegó a cansar con el tiempo, no por culpa de sus errores que, aunque los tuvo nunca fueron grandes, sino por malas compañías. Y esta razón motiva al ambicioso lugarteniente General Leonidas Plaza» a pactar con los descendientes de los políticos que gobernaron con Flores y luego con García Moreno y unidos cortan la revolución en 1912.

Diecisiete años había durado el Alfarismo y con él murió el Liberalismo machetero y revolucionario. Carlos Concha, Julio Andrade y otros valientes más quisieron protestar y fueron sepultados por el alud de sangre con que Plaza y los políticos y diplomáticos de esos días, baldearon el piso de la Patria horrorizada.

GRANDES ERRORES

Aquí vale la pena explayarnos sobre el tema de los diplomáticos y sus errores:

1) El Tratado Ponce-Castro Oyanguren, que supeditó nuestro litigio fronterizo al arreglo del litigio peruano-boliviano-chileno. ¡Gran Triunfo para el Perú!

2) El Laudo Arbitral ante el Rey de España que nos hizo entregar la solución del problema a un monarca lejano y personalmente agradecido al Perú, última nación sudamericana en independizarse de la madre patria (y nosotros, por el contrario, la primera y la más desagradecida, a los ojos de Alfonso XIII); y

3) El Tratado Muñoz Vernaza-Suárez y consiguiente entrega gratuita y sin condiciones de 116.000 kilómetros cuadrados a Colombia.         

El Liberalismo Civilista es la etapa más corta dentro de los ciclos políticos y no podía ser de otra manera porque nació de la decadencia de la anterior, fruto exclusivo del odio antia alfarista. En ella se suceden varios presidentes bajo la égida militar del General Plaza y dependiendo lo económico de Francisco Urbina. Plaza es sucedido por Baquerizo Moreno, ex-secretario de la Gobernación en tiempos de Flores Jijón, convertido al liberalismo cuando este ascendió al poder. Luego viene Tamayo y la economía del país languidece y la-etapa muere al fin, con Gonzalo S. Córdova en julio de 1925.

NUEVA ETAPA DE INDECISION

Surge entonces otra era, llena de buenas intenciones como toda etapa de indecisión, pero con resultados nulos. El país encara por primera vez el problema de la seguridad social como reacción favorable a la revolución mexicana de 1910. Ayora trata de modernizar al Ecuador y trae a la Misión Kemmerer.

La etapa Juliana se inicia en 1925 y termina el 28 de mayo de 1944, 19 años después y bien podemos considerarla como una repetición de la etapa de indecisión de 1875 a 1895, en ella se inicia en la vida un nuevo partido, el socialismo. También encontramos a los presidenciables en número astronómico; cualquiera aspira a la presidencia y muchos la ocuparon aun sólo por días. Velasco Ibarra, el Dr. Pons, el Ing. Páez, Andrés F. Córdova, Mosquera Narváez, Arroyo del Río, Martínez Mera; no llegan Teodoro Alvarado, Neptalí Bonifaz, Federico Intriago. El país se debate en crisis de gabinetes provocadas para destruir al régimen de turno; no se confía en nadie. Como lagunas de bondad encontramos mejoras como el Código de Trabajo, el Régimen del Seguro Social Obligatorio, etc.

La etapa es funesta para la Pama y prepara el camino que nos llevaría en 1942 a Río de Janeiro; se inicia con el craso error de ceder la labor diplomática a buenos señores; luego el terrible mentís de mantener los errores de ellos como verdaderos éxitos diplomáticos; y por último la inestabilidad interna producto de la crisis y signo inequívoco del fin de un ciclo político, hacen que el Ecuador y su gobierno de 1942 cedan a Perú lo que a bien se nos exigió, con tal de que nos dejen dulcemente en paz. Y Ecuador murió el 28 de mayo para renacer nuevo, en otro ciclo que como el diario morir y renacer del sol de los egipcios, nos alumbraría por algunos años.

LA GLORIOSA

Del 28 de mayo de 1944 dura hasta el 11 de Julio de 1963, casi veinte años. Se inicia con una evocación verdaderamente hermosa; teníamos en Salinas un oleaje de extranjeros rubios y blancos, como había anunciado Viracocha Inca y con el mismo fatalismo de siglos atrás nos entregamos en rapto de admiración a imitar estos extranjeros que ganaban la guerra a Alemania derrotando al Dios Europa que nos había iluminado desde el siglo XVI. ¿Qué hacer? Pues imitarlos en todo porque ellos nos señalaban el norte triunal y así lo hicimos, aceptando un vocablo raro pero lleno de esperanzas.

¡Democracia! Nadie entendía, pero que importaba, era algo de ellos y por lo tanto tenía que ser buena para nosotros. Igualmente adoptamos su forma de gobierno y su modo de elegir a los gobernantes. Como Velasco Ibarra se declara dictador en 1946, mandando a los conservadores guayacos y quiteños a sus casas, desde las curules del Congreso, a las que habían llegado por ser anti-arroyistas; casi en seguida Velasco cae del poder por no ser demócrata y entonces en verdadero gesto cívico se elige a otro Dr. Borrero, el encomiable «suecos man», Carlos Julio Arosemena Tola, de tan grata recordación para la Patria. El nos gobernó un año, pero no ambicionaba el poder y lo dejó al que fue ungido por el Tribunal Supremo Electoral, Galo Plaza Lasso, que para el criterio de imitadores, imperante en la década del 50, fue un gran hombre, un genio, por haber sido el mejor imitador de los Estados Unidos; fue hombre de las Américas y la buena suerte le colmó de parabienes porque el banano empezó a venderse y todo era prosperidad. A Plaza sucede nuevamente Velasco, que con bonanza pudo mantenerse cuatro años y a pesar de sus errores de siempre y luego sube el Dr. Camilo Ponce, que casi cae del poder porque ya la bonanza estaba terminando. Velasco continúa por última vez en este ciclo, que podríamos denominar de imitación norteamericana o velasquismo, como se quiera, y es obligado a ceder las riendas de la nación a Carlos Julio Arosemena Monroy, joven Prometeo que nos ofreció el fuego sagrado de la esperanza a toda una generación de hombres ecuatorianos que hoy corremos hacia los treinta años, (1). Arosemena Monroy hubiera podido inaugurar una etapa nueva pero numerosos errores hicieron que en lugar de fundar dinastía muriese con la que le recogió y como en los finales de los siglos anteriores se suscitaron escándalos, pendencias y una que otra reforma; radical para ver si la Patria se curaba de ¡a mortal enfermedad que la aquejaba. Basta recordar el décimo tercer sueldo, la rebaja de los alquileres, etc., obra de Arosemena, el único presidente que ha tenido conciencia del desastre, aunque no pudo superarlo, por aquello de sus vicios masculinos.

Y surge la Junta Militar de Gobierno en 1963 inaugurando una nueva etapa histórica que vivimos actualmente, que la denomino de cambios fundaméntales, en  la  estructura   social  y  económica del país. La

(1) El artículo fue publicado en 1967.

Junta, compuesta por ineptos como estaba, entregó las riendas del gobierno a numerosos audaces que llegaron a las altas esferas para «ayudar» a gobernar el país y que sólo sirvieron para hacer popular el término «Kikuyo».

Esta etapa es sólo la repetición del ciclo iniciado en 1875 y del de 1925. Existe desconcierto, nadie sabe a dónde vamos, pero presentimos algo. Es tan especial el cambio que el anticomunismo MacCartista norteamericano de 1952, que llegó al país con el Dr. Palacios Sáenz en 1961, ha finalizado en Punta del Este, en 1966; hemos superado esa etapa que se reflejó en la Universidad, Casa de la Cultura, etc.

Ahora estamos de nuevo en la etapa de los audaces trepadores del poder y en la que otros podrán llegar con tal de colocarse en el lugar y en el sitio preciso, cuando las circunstancias lo requieran. El régimen de Clemente Yerovi fue en esencia de imitación Placista, usando los mismos métodos que tan buenos resultados dieron en el ciclo anterior pero que ahora resultan abuchea dos por pasados de moda. La subida al poder del Dr. Otto Arosemena, por sorpresa, nos enseña que no estamos equivocados; él está queriendo acuñar nuevas figuras políticas para reemplazar a las anteriores, pero nadie quiere perder la comodidad adquirida, en aventuras palaciegas.