371. El Delfín De Las Peñas

Pues sí, cada vez que pienso en los guayaquileños de antaño me viene a la memoria mi tío Víctor Manuel Rendón Pérez, simpático y elegante señor de luengas barbas que en su casa a todos atendía prodigando cortesía. Era un verdadero diplomático y por qué no decirlo un caso en la urbe allá por los años 20 al 30 cuando esto aún olía a campo, los muelles tenían cacao y nuestros padres y abuelos usaban tostada pues monsieur Rendón tuvo sus cosas raras que a todos intrigaba.

SE FUE COMO VINO

Como vino al mundo quiso irse, ordenando a los familiares que respeten su última voluntad expresada en verso // Cuando vine a la tierra nada traje / nada tampoco, de los galardones / obtenidos en premio a mis acciones / he de llevarme en el supremo viaje. // No iré, de los gusanos al ultraje, / con el bordado frac de áureos galones / ostentado en patrióticas funciones; / será el sudario mi último ropaje. //

Por lo que el día de su fallecimiento ocurrido el 9 de octubre de 1.940, fue enterrado con un sudario de tela blanca y totalmente cubierto de un simple y sencillísimo sudario de tela fina y blanca, sobre la que se depositó numerosas rosas espléndidas y así marchó al cementerio quien en vida vistiera tan fino y elegante.

SUS PADRES Y ALLEGADOS

Nació en Guayaquil el 5 de Diciembre de 1.850, hijo legítimo de Manuel Eusebio Rendón y Treviño, hombre talentoso y trabajador a la par de adusto, de quien decían que jamás mintió y era cierto, y de Delfina Pérez Antepara, espíritu selecto y artista por naturaleza que sin haber tenido maestros especializados, un buen día en que su marido estaba en Balzar, entretenido en la cosecha de cacao de las haciendas, movida más por curiosidad que por otra idea, tomó pinceles y logró pintar maravillosos óleos, que tras su muerte fueron presentados en la Exposición Universal de París en 1.900 por su hijo y le conquistaron una Medalla de Oro en reñida lid con destacados artistas de Europa.

De ella se cuenta que viajó a Francia en 1.872 huyendo de la epidemia de fiebre perniciosa o malaria cerebral, que en una noche le arrebató a dos de sus hijos: Eduardo y María. Meses después perdió un tercero; Juan, por igual motivo. Esto ya colmó su dolor, se trataba de su regalón, el consentido de todos, y muy tristemente lió bártulos y emigró dejando el trópico mortal y pestilente.

En la ciudad luz doña Delfina pintó a sus anchas lo que vio, la pequeña vendedora de naranjas a la puerta del Parque Monseau, mujer y niño caminando en la nieve, el retrato en grandes dimensiones de su hijo cuando estudiaba medicina, un busto magnífico de su esposo etc. todo tema era bueno para la fértil paleta de esta gran guayaquileña, única en su género; sólo que en aquellos días no se estilaba que las mujeres salgan de sus obligaciones y ella fue fiel a la tradición y sacrificó el arte al hogar.

PRIMERAS LETRAS Y ESTUDIOS

En Guayaquil estudió Rendón con su tía la poetisa y comediógrafa Carmen Pérez Antepara, esposa de Manuel Rodríguez – Coello y Jiménez. En una foto que aun se conserva consta la siguiente dedicatoria en verso: // A mi hijito Víctor Manuel en prueba del mucho afecto que le profesa su «tita » // Tal cual me encuentras aquí  / grabada en este cartón, / te tengo grabado así / hijito de mi corazón. //

De esta tía querendona conservará Rendón un gran aprecio y en la obra Honrando a quienes me honraron dice: Tenía nariz borbónica, era grata a la vista, bajita, casi regordeta y muy simpática. Sabía ganarse la confianza de todos con numerosos chistes y anécdotas graciosas que contaba a las mil maravillas. Como mujer fue inmejorable y siempre suspiraba al recordar la memoria de su amante esposo, muerto joven. Mi tía Carmen era popular entre sus muchas amigas, fue maestra de Rita Lecumberri, Angela Carbo de Maldonado y Mercedes González de Moscoso y prima segunda y amiga de todas las confianzas de Dolores Veintimilla de Galindo quien le dedicó aquel famoso poema que comienza así: … Menos bella que tú Carmela mía …

También fueron profesores de Rendón el doctor Francisco Campos; su tío Fausto E. Rendón, que ha estudiado odontología en París; Luciano Jaramillo y monsieur Stanislas Levoyer, que le enseñó el idioma de Moliere, casi a la perfección.

En París siguió el bachillerato en el gran colegio Stanislas de la nobleza de Francia, donde obtuvo diploma en Letras y Ciencias. En 1.880 ingresó a La Sorbona y nueve años después sustentó su tesis premiada «FIEBRES DE SURMENAGE» (fiebres por cansancio) aplaudida con sobresaliente (tres satisfait) y publicada en París.

EL AMOR TOCA A SUS PUERTAS

En 1.889 vino a Guayaquil dando su palabra de matrimonio a María Seminario Marticorena, pero aquí se enamoró de María Morla – así llamada porque siendo hija de un irlandés la criaba el administrador de una de las haciendas de los Morla en Balao que no tenía hijos con su esposa –  y tras un período de indecisión, regresó a Francia a cumplir como caballero. El 91 contrajo matrimonio con María Seminario Marticorena, de quien nacen Manuel, pintor de renombre universal, casado con Paulette Everard Kieffer, autora de «Galápagos, las últimas islas encantadas», Miguel, hombre de letras y escritor en París, Teresa, esposa de su primo hermano José Miguel Seminario de la Cerda, con dos hijos: Fernando y Mercedes Seminario de la Cerda y Rendón, e Isabel y Margarita, monjas católicas.

Doña María fue una esposa singular y mujer de mucho temple. El baleo del 15 de Noviembre de 1.922 la tomó de sorpresa recién llegada a Guayaquil y durante los tumultos tomó un revólver y se disponía a matar a sus hijas antes de permitir que el populacho dedicado al saqueo de la ciudad pudiera deshonrarlas. Felizmente no sucedió nada.

En sus últimos días vivía en el pensionado del hospital General y dedicó los dolores, por tener un cáncer avanzado al  seno, como sacrificio de amor a Dios y mantuvo en secreto su enfermedad por muchos meses, hasta que se enteró el personal de enfermeras y la familia por la fetidez que despedía él tumor.

CONSUL PRIMERO DESPUES PLENIPOTENCIARIO

La revolución liberal de 1.895 le elevó al Consulado General de Ecuador en París hasta 1.901. En 1.900 actuó de Comisario de la Exposición Internacional y Miembro del Jurado. En 1.901 la Asamblea de Notables de Quito le designó en primer lugar en la terna que elaboraron para la presidencia de la República con Leonidas Plaza y Abelardo Moncayo. El presidente Alfaro escogió a Plaza y debió arrepentirse después, otra habría sido nuestra vida republicana si Rendón hubiera sido el elegido.

En 1.903 viajó a Madrid como enviado Extraordinario a la jura y coronación de Alfonso XIII y meses después a sus bodas con Victoria Eugenia de Battemberg. Desde ese año y hasta 1.914 fue Ministro Plenipotenciario en Misión especial ante el Rey de España, defendiendo con dinero y persona los derechos nacionales en el Laudo Arbitral con el Perú, conjuntamente con Honorato Vásquez. 

Francia le nombró Caballero de la Legión de Honor y España le otorgó el Gran Cordón de la Orden americana de Isabel La Católica. Por esos días publicó «Cuentos del Delfín de las Peñas», obra llena de sabor y colorido, y «Lorenzo Cilda», novela traducida a quince idiomas.

Su arribo a Guayaquil fue grandioso; una comisión compuesta por literatos y lo más representativo del puerto le dio la bienvenida en el barco que le trajo después de veinte y nueve años de ausencia. En tal oportunidad se cruzaron conceptuosas frases y Rendón popularizó su vena costumbrista al terminar diciendo // He venido a Guayaquil, / a comer perejil / y a vestirme de dril. // que algunos cursis y sabihondos pueblerinos criticaron por pura ignorancia, sacando otra frase alusiva a su persona: De Daule los mangos, de Samborondón los aguacates, y de Víctor Manuel Rendón los disparates…

GRAN SEÑOR DE NUESTRA SOCIEDAD

En 1.920 el Presidente José Luis Tamayo le ofreció la cartera de Relaciones Exteriores, que no aceptó. El 25 regresó a Europa a tratarse un ictus cerebral y radicó en Niza hasta el 32 en que volvió definitivamente, tomando una suite del entonces primer lugar guayaquileño, «El Gran Hotel», sitio de las más aristocráticas reuniones de sociedad pues diariamente se tomaba el té a las cinco, se hablaba en francés yse reunían los millonarios que allí habitaban: Clemente Manzano Torres de Piedrahita, las Stagg, las Rodríguez de Rivas, las Acevedo, las Torres – Caycedo, los Marcos, la baronesa Duroy de Bruignacq, Rosita de Ycaza Venegas, María Valdés de Dillon y muchos más. En el Hotel se habla bajito por educación y se vestía a la europea.

El Rey de España le envió un telegrama de agradecimiento por la defensa que realizó ante el Congreso Nacional, cuando consiguió que no se cante en el Himno una estrofa hiriente a España.

ANTE TODO: UN HOMBRE BONDADOSO

La más importante faceta de la vida de este hombre es su versatilidad y dominio de las ciencias y las artes y su gran corazón. Era dramaturgo, poeta, médico, novelista, compositor y músico, así como brillante diplomático y conocido políglota. Conversar con él era una dicha por sus conocimientos y atenciones que prodigaba y sus grandes ojos azules y barba blanca, su figura de patriarca le distinguían entre todos. Siempre de pantalones blancos con levita de casimir azul a la moda de Eduardo VII y al mismo tiempo era sencillo con el pueblo que lo adoraba.

Cuéntase que en 1.925 y estando muy enfermo, al embarcarse a Niza hizo entrar el automóvil al portal porque no podía caminar a consecuencia del derrame sufrido y un pordiosero que estaba sentado, se incomodó porque el vehículo subiera a la vereda; Rendón asomando por la puerta le dice: Amigo, disculpe usted, pero es que estoy muy enfermo … Recibiendo por respuesta esta significativa frase // Para usted doctor, todo honor …//

En otra ocasión un sorprendido vecino que lo visitaba tuvo que ponerse de pie cuando escucharon a una radio del vecindario que tocaba el himno nacional después de un programa y como cierre de la estación, porque el antiguo diplomático se lo ordenó con suaves frases y así estuvieron Rendón y el visitante, varios minutos, en silencio respetuoso, escuchando a lo lejos la canción de la Patria.

Las damas y niños que concurrían a su casa de la calle Clemente Ballen y que aún existe, eran objeto de sus mejores atenciones. Helados para el niñito… Permítame que le ayude al niñito … Así era él: Muy generoso y cortesano. Y pensar que sacrificó más de un millón de pesetas, de su peculio, defendiendo nuestra integridad territorial de la voracidad peruana ¡Hombre completo, sabía portarse con el chico y el grande!

OTRAS ANECDOTAS

Siempre recordaba que una noche en Madrid supo por sus pesquisas que el primer ministro español había terminado el borrador del fallo del laudo arbitral y que favorecía al Perú; presto se levantó de la cama y corrió a Palacio donde pidió Audiencia a la Reina madre María Cristina, que lo recibió a las pocas horas; Majestad, mi pueblo no puede ser perjudicado por España, intervenga con su augusto hijo y consiga que se haga justicia. Así se hará, le contestó la anciana reina y efectivamente el Rey, no pudiéndose ir contra el falló, se inhibió.