306. Los Males De Un Cansado Corazón

Al final del segundo período presidencial del General Alfaro sonaban algunos nombres para la presidencia de la República; Alfredo Baquerizo Moreno y Carlos Alberto Aguirre Ferruzola por los liberales moderados; Francisco Martínez Aguirre, José Peralta, Emilio Estrada, Julio Fernández, Flavio Alfaro y Felicísimo López por los radicales, personas de respeto por sus virtudes, civismo y antigua militancia en las filas del partido de las luces.

En principio Alfaro dudaba y no podía decidirse por ninguno, a pesar de que entre los nominados figuraba su sobrino predilecto, hombre valeroso a toda prueba; pero el hecho de haber desempeñado el Ministerio de Guerra y Marina en tiempos de Plaza le hacía peligroso y hasta engañador y por ello desechó su nombre, contrariando a muchos de sus allegados que veían en Flavio Alfaro al lógico continuador del radicalismo ecuatoriano. Entonces decidió bajar a Guayaquil a consultar opiniones y formó una terna con Baquerizo Moreno, Estrada y Aguirre Ferruzola, El primero era un distinguido poeta, literato y orador de nota, pulcro y delgado, abogado de brillante porvenir. Sólo tenía en su contra una antigua militancia progresista, por haber desempeñado la secretaría de la Gobernación del Guayas en tiempos de Caamaño y su parentesco con plaza por cuanto su hijo era casado con una sobrina de Valenzuela Plaza. El segundo era un mártir, pues había sido perseguido durante dos décadas. Alto, corpulento y formidable, su sola presencia provocaba admiración y respeto. Aguirre en cambio, era hombre de cuentas y números, comerciante afrancesado y de sólida posición económica. Tres sectores, tres destinos.

Y como Alfaro tenía que escoger bien, pues no quería que se repitiera su amarga experiencia de 1901 dudó mucho antes de decidirse. Entonces le llegó la noticia de que el General Julio Andrade Rodríguez, muy amigo de Plaza, estaba dispuesto a terciar y esto hizo que se decidiera por Estrada, el único de pelea entre los tres precandidatos y el más popular de todos, quien recibió con beneplácito el apoyo del Presidente, que ignoraba que sufría del corazón y tenía prohibido viajar a Quito so pena de exponerse a un fulminante ataque.

Sin embargo las elecciones se realizaron sin contratiempos entre el 8 y el 11 de Enero de 1911 y Estrada obtuvo más de cien mil votos ganando por mayoría absoluta. Algunos empezaron a murmurar en su contra. Manuel J. Calle escribió: «Estrada es un hombre agrio de genio, fosco de carácter, irritable, absoluto en sus opiniones, tímido en el fondo, con carácter que lo hace agresivo y desconfiado y sin ductilidad para el trato social».

En cambio Calle se guardó mucho en decir que Estrada era virtuoso hijo del ilustre diplomático Nicolás Estrada Cirio, abogado y Canciller de la jefatura Suprema del General Guillermo Franco Herrera y que sin tener tropas que oponer a los peruanos obtuvo su salida del territorio nacional en 1859. Por esas actuaciones el señor Estrada había tenido que exilarse al triunfo de García Moreno, llevando una vida de sinsabores hasta su muerte en Lima. Su familia en cambio, abandonada en Guayaquil, había sobrevivido casi en la indigencia.

Por eso el joven Emilio maduró pronto, ayudando a su madre en conseguir el diario sustento. Después fue compañero de Nicolás Infante durante la revolución de los Chapulos en Palenque y al ser derrotados permaneció varios meses en la cárcel de Guayaquil, escapando disfrazado a Panamá gracias a la ayuda que le prestó una concuñada del Presidente Caamaño. Por eso era todo un carácter y razón tuvo su hijo al titular: «Vida de un hombre» a su biografía.

PRIMERAS DISCORDIAS

Electo Emilio Estrada Presidente Constitucional de la República tuvo sus primeras diferencias con Alfaro por asuntos internos. Numerosos interesados en agriar esta disputa abrían nuevas diferencias y surgían los ambiciosos de siempre. Se comenzó a hablar de un golpe de estado en los cuarteles y la enfermedad cardíaca del presidente electo hizo que muchos liberales pensaran seriamente en esa solución. Ya el asunto de su corazón había trascendido. Flavio Alfaro y Emilio María Terán sondeaban un golpe de estado entre la baja oficialidad y los soldados. Terán era todo un tipazo, alto, soberbio, de gran arrogancia física, en 1.906 había encabezado la oposición armada contra el Presidente Lizardo García y al triunfar la revolución fue enviado como Ministro Plenipotenciario a Londres donde consiguió una variedad de manzana grande y aromática que aclimató en Ambato,  que hasta hoy se conocen con el nombre de «manzanas Emilias».

Terán entraba y salía de los cuarteles dando discursos fogosos y se abrazaba con todos. Alfaro confiaba en que las cosas no pasarían a mayores y lo dejaba actuar porque le tenía por aventurero, pero el destino preparó a todos una sorpresa y el 3 de Julio de 1.911 al ingresar el General Terán al zaguán del Hotel Royal de Quito, fue asesinado por la espalda de un tiro de revólver que le disparó su compadre el Coronel Luis Quirola, quien utilizó para el crimen una pistola obsequiada por su víctima. Entonces se rumoró que el asunto se había originado en una acción deshonrosa de Terán contra el hogar de su comadre lo cual no era cierto en lo absoluto. El reloj del vestíbulo daba once campanadas

LOS PARTIDARIO DE TERAN

Víctor Emilio Estrada que por aquellos días era un impetuoso joven, aprovechó del crimen de Terán para entrar en contacto con los partidarios del difunto que no eran pocos ni despreciables y logró convencerlos para que apoyaran a su padre. Entre ellos descollaba el Dr. Carlos Bermeo, Manuel Moreno e Isabel Palacios de Espinosa, figurita femenina, noble y fina a la par de delicada, que conocía de política y frecuentaba los mejores círculos sociales de la capital. El Jefe de Zona de Guayaquil, General Pedro J. Montero, consultado al respecto, indicó que no se opondría a la subida del presidente electo y que como militar pundonoroso serviría a la constitución y al orden.

Con estas seguridades Don Emilio Estrada viajó a Quito sabiendo que nada malo pasaría en su ausencia. El 26 arribó con su hijo y su tercera esposa Lastenia Gamarra y Menéndez, con quien acababa de contraer nupcias y fueron recibidos en la estación de Chimbacalle por numerosos partidarios de Alfaro que lo pifiaron a más no poder, como si con este acto de desacato hicieren algún favor al régimen.

Esa tarde Estrada visitó a Alfaro en el palacio presidencial y nuevas pifias en la escalera. La entrevista fue agria y no podía ser de otra manera después de tanta vileza de parte del populacho.

Al día siguiente 27 de Julio fue visitado en su casa por Alfaro que llegó acompañado de varios Ministros y de algunos militantes activos del liberalismo y se desarrolló la siguiente conversación:  

-Tu salud es precaria, Emilio, tú no puedes soportar la presidencia. Me han informado que sufres del corazón. (1)

– Eso es cosa mía. General.

-Los amigos dicen que tú no tienes popularidad y que esto ocasionará la ruina del partido liberal y la tuya propia.

(1) Se ha dicho que fue Mr. Lockwood, alto funcionario del ferrocarril Guayaquil Quito, quien conversando con Olmedo Alfaro le había informado sobre la mala salud del presidenta electo, por cuanto así lo había oído decir al Dr. Herman Parker, médico de Estrada.          

-Estoy completamente resuelto a no renunciar. Me sostendré hasta que me maten. Moriré matando y si alguien se proclama dictador habrá guerra civil.

-Dame un medio para evitar esto. Respondió Alfaro.

-Queriendo Ud. todo puede remediarse de inmediato. Respondió Estrada, en clara alusión a las andanzas revolucionarias de Flavio Alfaro, que incursionaba diariamente por los cuarteles para no dejarle posesionar.

-No puedo fusilar a Flavio, ni atropellar a nadie.

-No se trata de eso. Nombre Ud. a Franco, Ministro de Guerra y mañana no habrá un solo flavista, ni nadie que moleste, ni quiera proclamarse dictador.

-Emilio, replicó Alfaro – es necesario que medites ¡Acto seguido se despidió muy seriamente y salió con los demás! – Una amistad de treinta años acababa de terminar y no era para menos. Desde ese momento Estrada y Alfaro dejaron de ser amigos. La muerte de ambos, ocurrida a intervalo de pocas semanas, sellaría una época histórica, abriendo nuevos causes de sangre primero en Esmeraldas en 1.913 y luego en Guayaquil el 15 de noviembre de 1.922.

LA JUNTA PATRIOTICA APRESURO LOS HECHOS

El día 30 de Julio la Junta Patriótica Nacional que funcionaba en Quito bajo la Presidencia del Dr. Luis Felipe Borja Pérez, lanzó un Comunicado a la Nación, advirtiendo los peligros de la dictadura. Alfaro jamás había pensado en proclamarse, pero debido a lo avanzado de su arterioesclerosis permitía que su sobrino Flavio dirija los acontecimientos, creando un estado de agitación propicio a cualquier exceso. Pocos días después el señor Tamariz, Comisario del grupo flavista, irrumpió en una reunión de partidarios de Estrada y repartió palo entre todos, quedando algunos heridos. Don Emilio concurrió al día siguiente a quejarse ante Alfaro, quien le contestó dándole la razón a Tamariz e indicando al paso que todo funcionario que cumpliera con su deber merecía la aprobación del régimen. Estrada reaccionó enseguida y recogiendo su bastón y su sombrero se alejó sin decir ni una sola palabra.

De allí en adelante nadie podía predecir lo que ocurriría. El Congreso reeligió presidente de la Cámara del Senado al Dr. Carlos Freile Zaldumbide, convirtiéndole en potencial presidente de la República si Estrada no lograba posesionarse y como algunos chismosos trataban de distanciar a Alfaro y Montero, el primero le envió un telegrama al segundo, diciéndole que si algún coideario le iba a decir que Alfaro desconfiaba de Montero, le rompa la boca con un palo, porque se trataba de un mentiroso.

Mientras tanto Carlos Espinosa Coronel y su esposa Isabel Palacios seguían en sus ajetreos revolucionarios con Víctor Emilio Estrada y algunos amigos más de la Compañía Nacional Comercial donde era socio Dn. Emilio y el día 11 de agosto se tomaron los cuarteles de Quito, sin mayores resistencias, proclamando su elección y dando vivas a la Constitución que nadie había roto.

Alfaro fue tomado de sorpresa y tuvo que abrirse paso por la Plaza de la Independencia con cuatro soldados, su hijo Olmedo y Víctor Eastman Cox, Ministro Plenipotenciario de Chile, quien expuso su vida a grave riesgo y peligro por salvar la del presidente. Horas después salía Alfaro de la sede diplomática con destino a Guayaquil, de donde partió a Panamá. El General Leonidas Plaza que estaba entre los comprometidos, tuvo el acierto de visitarle en Guayaquil para rendirle el homenaje de afecto que le debía a su antiguo protector en tiempos de pobreza.

-Venga un abrazo mi General. Díjole.

-Gracias Placita. Eres muy gentil.

-Abracémonos como en otros tiempos, cuando Ud. me quería.

Y ambos caudillos estrecharon sus cuerpos en señal de amistad, recordando épocas pasadas cuando habían sido perseguidos y pasaron hambre y dolor en tierras centroamericanas.

Tres meses después Plaza permitía el asesinato de Alfaro y sus tenientes, aunque existen historiadores serios que han opinado que no solamente lo permitió sino que además lo indujo al permitir el viaje de los prisioneros en tren a Quito.