228. El Agua Que Tomaban Nuestros Abuelos

El servicio de agua potable se establece en Guayaquil en 1892. Desde los lejanos tiempos de la fundación de la ciudad nuestros antepasados consumían el agua de los pozos abiertos al pie del cerro Santa Ana, que aún existieron hasta hace pocos años. De allí es que todavía se conoce como «La Boca del Pozo» al sector comprendido entre las calles Julián Coronel y Rocafuerte.

Esos pozos sirvieron para abastecer a Guayaquil durante sus primeros años; ya por 1.700, debido al crecimiento demográfico de la población, su capacidad de rendimiento resultó inferior al consumo y entonces prosperó la industria de extracción y acarreo de agua del río Daule, tomada a la hora de la repunta, la de la más baja marea, cuando es menos salina que de ordinario.

El sitio de extracción estaba situado a cinco leguas de Guayaquil en terrenos de la antigua hacienda «La Candelaria», y la traían en balsas unos indios chonanas denominados «mitayos» que la saltaban en tinajas para luego repartirla por barriles a las familias.

PROBLEMAS DE APROVISIONAMIENTO

En las casas existían filtros de barro con piedras porosas, de muy elevado precio. Después de filtrada la hervían para lograr la decantación de cualquier mínima impureza que todavía quedase. Pero existieron temporadas de sequía en las que el agua del Daule se hizo salobre y surgían las protestas del vecindario mal avenido a este tipo de incomodidad. En otras ocasiones eran los mitayos los que complicaban la situación ya que, por comodidad o viveza, en lugar de viajar a la Candelaria acortaban el camino a Mapasingue, ahorrando varias leguas pero entregando agua de inferior calidad, es decir, menos potable por ser más salina.

La mejor época para consumir agua del río iba de Diciembre a Julio de cada año. Entre Agosto y Noviembre, meses de verano y sequía, los pobladores se abastecían de los pozos. Los pobres sólo bebían agua de pozo, estuviera buena o mala, porque no podían pagar la de río.

En 1738 se agudiza el problema del agua por la sequía. El Alcalde Ordinario Gaspar de Ugarte hace escarbar los pozos del cerro hasta sus cimientos, muchos de ellos tenían hasta diez metros de profundidad, para encontrar los «ojos de agua». ¡Guayaquil se muere de sed! En 1739 el Cabildo establece el servicio diario de balsas entre Daule y Guayaquil para evitar la despoblación y aunque en 1740 hay buen invierno» este tipo de aprovisionamiento queda establecido y sigue funcionando aunque irregularmente.

En 1795 el Gobernador José de Aguirre Irisarri con dinero de su propio peculio restablece el servicio de balsas, reconstruye una «noria» o fuente de agua y ordena la fabricación de un estanque para reservas.

A principios del siglo XIX el reparto de agua a lomo de burro y en típicos barriles de madera es un próspero negocio. El Cabildo fija los precios considerando que en el malecón de la orilla deben ser más bajos que en las demás calles. Los aguateros o borriqueros ya no aceptan el nombre de indios mitayos, forman una hermandad y en su mayor parte son mestizos que visten a la usanza de los vecinos.

Cuando cayó la dictadura del General Ignacio de Veintemilla el entonces Jefe Supremo del Guayas, Pedro Carbo y Noboa, convoca a licitación las obras de agua potable y obtiene del Congreso de 1883 la liberación del pago de los derechos aduaneros de los materiales que debían importarse.

En 1885 el Municipio presidido por el Dr. Francisco Campos Coello aprueba el presupuesto que presentan los ingenieros chilenos Viñas y Arancibia por la suma de 716.000 pesos para aprovisionar diariamente con 2.500.000 litros de agua potable a Guayaquil. Para cubrir esta cantidad se piensa realizar un empréstito a los capitalistas porteños, otro al gobierno nacional y una emisión de bonos y cédulas pero ninguna de estas medidas surte efecto porque los capitalistas se asustan con los riesgos y aunque el Congreso nacional aprueba una operación crediticia a  base de la hipoteca de algunos inmuebles municipales, fracasa el proyecto por falta de cooperación a alto nivel.

El Dr. Francisco Campos es hombre terco y no ceja en sus aspiraciones; sueña con ver a nuestra urbe a la altura de las grandes metrópolis de Europa y Norte América, trata de sacar adelante el proyecto y logra convencer a los accionistas del Banco de Crédito Hipotecario, a la sazón en buenas relaciones con la municipalidad, a la que le acaban de vender unos terrenos salitrosos que se inundan en las altas mareas del estero salado y a los que nadie concede importancia. Estos terrenos son los que actualmente sustentan el suburbio; sin embargo, para esa época, no tenían importancia económica y los accionistas del Banco creían realizar un pingüe negocio deshaciéndose de ese elefante blanco.

LOS TRABAJOS TECNICOS DE AGUA POTABLE

Conseguido el dinero, el Dr. Campos contrata al sabio Teodoro Wolf para la dirección de los trabajos y obtiene de los concejales que constituyan un Directorio con autonomía para vigilar el proyecto; es electo presidente de esa entidad y negocia con varios contratistas el resto de la obra. A la herrería de Alejandro Mann le corresponde el tendido de la cañería urbana; al Ing. Elmore el tramo comprendido entre el sitio de abastecimiento y la hacienda El Recreo, al lado de la actual población de Duran; el Ing. Ward tiene a su haber la colocación del tramo de casi 2 kilómetros de largo del ramal subfluvial del Guayas y el italiano Brianzoni la construcción de los aljibes metálicos del cerro del Carmen.

Hasta 1889 la obra continúa realizándose aunque con mucha lentitud debido a las dificultades económicas por las que atraviesa el directorio, que en varias ocasiones paraliza los trabajos por falta de dinero. Para esta fecha resuelve el Dr. Francisco Campos asumir la responsabilidad del proyecto. El Dr. Wolf abandona la parte técnica y el directorio rescinde los contratos de Elmore, Mann y Brianzoni. El 4 de Septiembre el Dr. Campos estipula con los ingenieros franceses Millet y Coiret la terminación de los trabajos. El contrato con el Ing. Ward queda insubsistente porque aún no había iniciado el tendido de la red de cañerías subfluviales.

LA SOCIEDAD ECONOMICA

En 1823 un grupo de progresistas ciudadanos establecen una organización cívica destinada a servir a Guayaquil: «La Sociedad Económica» y comisionan a José Francisco Araujo para que estudie el problema de agua. Por ese tiempo el Cabildo solicita al Intendente del Departamento que intervenga con el Capitán del Puerto y entre ambos regulen la provisión.

Ese mismo año Natal de Malta y José María Villamil contratan con el Cabildo la provisión de agua, fijándose precios y detalles; pero parece que los socios desistieron por el alto costo del transporte y reparto. En Julio de 1825 Natal de Malta solicitó la rescisión del contrato.

En 1843 la empresa José Antonio de Irisarri y Cía. es facultada en 1843 por Decreto Legislativo para destilar agua del Guayas por fuego. También obtiene el monopolio por diez años pero no pudo negociar porque la destilación le salió carísima y muy lenta. En treinta días de trabajos a duras penas obtuvo unos cuantos galones de agua de mala calidad, ¡Fracaso completo!

INTERVENCION ESTATAL

En 1854 el Congreso Nacional dictó un decreto para la construcción del acueducto entre Daule y Guayaquil, pero la obra queda en proyecto. En 1866 Evangelista López Mazuera propone al Municipio la construcción de pozos artesianos para dar agua potable al vecindario en cantidades necesarias. El contrato se llega a suscribir por S/. 500.000 pesos, de los cuales S/. 300.000 debían pagarse en calidad de cuota inicial y S/. 200.000 al fin de las obras. El Municipio pidió prestado al gobierno el dinero de la cuota inicial. La ayuda le fue negada. López rebaja la cuota y persiste en dar facilidades. Un año después, como aún no se ha cubierto el pago inicial, obtiene una prórroga del gobierno por dos años, en 1872 fue declarado insubsistente su contrato porque ni siquiera le habían abonado la primera cuota. Su hermano el Ing. Manuel López Mazuera abrió varios pozos al pie del cerro, pero el agua salió salobre y el contrato no pudo perfeccionarse.

Después aparece un ingeniero “hidróscopo” de nacionalidad francesa llamado Armand Gautherot que propone que por 6.1/4 centavos da 20 galones de agua potable. El asunto pasó a Quito para su aprobación pero el Congreso no se interesa en el proyecto.

En 1876 la empresa de Manuel Antonio Oronoz y Cía, avisa al Municipio que está en posibilidad de proporcionar trinta y cinco mil galones diarios de agua notable extraída del río Guayas por medios mecánicos.

En 1880 el Municipio contrata con los  ingenieros Agustín Kruse y Jorge B. Dunian la provisión de agua potable desde el río Boliche, para almacenamiento en depósitos y distribución mediante una red interna de cañerías metálicas. El proyecto progresó y José María Molestina, tesorero de esta Empresa de Agua Potable, emite acciones de quinientos pesos cada una para financiarlo entre los capitalistas de nuestra ciudad; pero pocos se interesaron.

EL AGUA POTABLE ARRIBA A GUAYAQUIL

El 1 de Agosto de 1890 el gobierno nacional adjudica a la Municipalidad de Guayaquil el derecho de agua sobre el torrente de Agua Clara y queda garantizada la provisión de tan precioso elemento. Sin embargo aún no llega el agua potable a la urbe. Recién el año siguiente Millet y Coiret colocan las tuberías en terrenos de la hacienda El Recreo y para el 6 de Julio de 1892, habiéndose tendido la red subfluvial y construidos los aljibes del cerro del Carmen, se inauguran en significativa ceremonia y al día siguiente empiezan a llenarse con agua potable tomada del río Daule.

El 1 de Enero de 1893 ya cuenta Guayaquil con la provisión de Agua Clara y el día 30 de ese mes se inaugura el servicio de abastecimiento a domicilio en las ciento cincuenta primeras casas de la población. Es un lujo tener agua interior, como llamaban en esos tiempos a las cañerías internas. Su instalación era costosa y muchas personas temían las explosiones que pensaban que podían sucederse por la presión del agua al ser «metida por juera» a tan misteriosos tubos. Las familias pobres visitan a las ricas para «conocer» los lavados y muchos comerciantes inician un nuevo ramo de negocios, importando lavatorios de Inglaterra, que vienen en hierro enlozado y en porcelana. De éstos últimos aún quedan algunos ejemplares, primorosamente adornados con motivos florales y frutales. ¡Un verdadero lujo para la vista y el buen gusto!

Las cañerías de agua servida aún no se conocen y la ciudad continúa ignorando lo que significa un «excusado, «un bidet»,  etc. Algunos adinerados vecinos cuando viajan a Panamá en algún barco de la Pacific Steam Co. se muestran sorprendidos con tan «raros servicios» y en su ignorancia confunden lastimosamente las piezas. Se cuenta de un caballeroso hacendado ya entrado en años, que acostumbraba lavarse los pies en los bidets, aunque siempre se indignaba por la incomodidad del aparato.

SE INICIA EL PROGRES DE GUAYAQUIL

Años después, en Mayo de 1903, los contratistas Millet y Coiret y el Directorio autónomo entregan la obra y el Municipio la recibe para su administración, comentándose que la difícil situación económica del cabildo se ha vuelto insostenible con la deuda de este servicio. El directorio autónomo se ha transformado en la Junta de Canalización y Proveedora de Agua Potable de Guayaquil y nuestra urbe cuenta con algunos «retretes», «excusados» o «wateres» que también son visitados para experimento de nuestros felices mayores; sin embargo no faltan los timoratos que se asustan con los excusados y que siguen prefiriendo las «bacinillas», unas de hierro enlozado, otras de fina porcelana y las menos de plata repujada, con monogramas en el fondo y la consabida agarradera o asa de manubrio». Es costumbre subirlas a unos pequeños banquitos de madera de tres patas, que facilitan la operación y brindan confort (1)

 (1) Todavía se oye por allí pero cada vez menos, el famoso «cuento» de la señora montubia que «presentó a sus invitados un pavo hornado dentro de un bacín, de los que se importaban por los años veinte para uso de clínicas y hospitales, creyendo que tan higiénico utensilio servía de «pavera». También he oído que en Chanduy y en el Morro, a comienzos de siglo era costumbre regalar a las familias guayaquileñas que iban a invernar, unas hermosas bacinillas de hierro enlozado llenas de amarilla y sabrosa mantequilla morreña. Muchas familias se horrorizaban con el presente, pero otras, más comprensivas, considerando que los recipientes eran nuevecitos y sin uso, se servían de tan deliciosos presentes y por qué no decirlo, al fin del regalo, también le daban uso al recipiente, que a caballo regalado nadie le mira los dientes (refrán castellano que bien acomoda en este párrafo)

En 1.918 arriba la Misión Rockefeller y el Dr. Hideyo Noguchi, médico jampones que lucha por conseguir el saneamiento ambiental, para erradicar los mosquitos propagadores de diversos males, entre otros, la fiebre amarilla.

El 5 de Enero de 1919 y dado el considerable aumento de la población, el gobierno nacional contrata con la empresa J. G. White y Co. Ltd. la nueva provisión de agua potable traída de la montaña para el saneamiento de Guayaquil. Meses después el Municipio sustituye al gobierno en este servicio.

Para 1923 se crea la Junta Especial de Saneamiento para ejecución de las obras de canalización, pavimentación y agua potable. La empresa White prosigue con los trabajos y el gobierno faculta al Municipio la contratación de empréstitos.

En 1.938 el Dr. Leopoldo Izquieta Pérez funda el Instituto Nacional de Higiene para alcanzar nuevas metas de progreso. Los trabajos fueron inaugurados en 1.940. Hoy existe la Junta Cantonal de Agua Potable, como institución semiautónoma con vida independiente y al servicio de nuestra querida ciudad.