187. Una Nueva Sor Mercedes

El padre Hugo Vásquez y Almazán ha publicado la biografía de Sor Mercedes de Jesús Molina y Ayala, algunos de cuyos capítulos ya conocíamos por haberlos leído en diferentes periódicos del país. Este libro constituye el más valioso trabajo histórico del padre Hugo y un intento de biografía muy completo y actualizado con numerosos datos que él ha podido obtener de recuerdos familiares y documentos de archivos.

En esta ocasión Sor Mercedes aparece un poco más nítida que en la biografía del padre Villafuerte, libro donde no existe la cabal comprensión del pensamiento y de la religiosidad de tan hermosa alma que el padre Vásquez ha estudiado a conciencia.

Los hermanos Molina y Ayala, de tres de los cuales se tienen noticias concretas. Miguel se dedicó a la agricultura y fue Sindico de la Iglesia de Yaguachi, muriendo sin dejar descendencia. Se le recuerda por su carácter caballeroso. De Mercedes ya existen tres biografías muy completas, por algo será ¿I de María qué? Esta María Molina y Ayala tan batalladora, tan caza maridos, que cuando se le moría uno encontraba otro enseguida, tan moderna en su forma de ser y tan femenina en eso de amar siempre y de criar hijos virtuosos y al mismo tiempo tan independientes, amiga de dar fiestas, gustosa de vivir con cierto boato y tan tajante en sus relaciones con Mercedes. Pues ha de saberse que María era mujer de una sola pieza, que amaba mucho a Mercedes pero que no le perdonó en años el haberla dejado para trabajar en un Orfelinato y viajar al oriente a evangelizar a los jíbaros de Gualaquiza.

Esta María es el prototipo de la mujer guayaquileña de todos los tiempos, lástima que aún no se haya encontrado su fotografía que debe ser interesantísima, mostrando a toda una real hembra en el mejor sentido de la palabra. Femenina y altiva, digna y sensual, inteligente, muy inteligente, cariñosa muy cariñosa. Así debió ser María Molina y Ayala que hoy aparece nuevamente en la historia chica de nuestra urbe, por hermana de Sor Mercedes, virgen fundadora del rosal místico del Guayas.

Que en una generación salgan dos voluntades tan firmes como las de Mercedes y María es cosa rara. ¿Qué sobrecarga genética de inexplicable mecanismo permitió este hecho, no originado es una simple coincidencia sino en las leyes de la herencia que aún nos son enteramente desconocidas? Y si examinamos los cuatro primeros apellidos de ellas, veremos que los Molina nunca han mantenido rasgos peculiares o característicos entre sus miembros, más bien son de distintos temperamentos, de preferencia muy educados, gentiles y poco excitables. Los Ayala en cambio han tenido varias generaciones de intelectuales en la rama familiar de Arcadio Ayala Campuzano, el feliz inventor de la «Ayalina» y del «Listerol de Ayala» así como técnico en la reforestación de nuestras antiguas huertas de cacao. Escritores y profesionales también ilustran esa familia, siendo las más importantes de todas Aurora Estrada y Ayala de Ramírez considerada no sin razón como la voz más alta de la poesía femenina ecuatoriana y el Dr. Carlos Ayala Cabanilla considerado uno de los mayores médicos alienistas que ha tenido Guayaquil.

Los otros dos apellidos de las hermanas Molina y Ayala son Arbeláez y Aguilar. Los Arbeláez son de carácter fuerte y exaltado, rumbosos y al mismo tiempo conflictivos y de armas tomar. Los Aguilar no se quedan atrás, en Cuenca han producido talentosos literatos y poetas y gente de iglesia y es de notar que la familia del Arzobispo Ordóñez Lazo por varonía es Aguilar y que las damas de Baba y Cuenca tienen por tronco común al Alférez Juan de Aguilar, que casó con una Sánchez Morillo, descendiente de conquistadores, así pues, la carga genética de los Molina y Ayala es riquísima por estos últimos apellidos Arbeláez y Aguilar de donde necesariamente debió venirles a Mercedes y a María sus características psicológicas, llenas de matices, sin opacidades ni subterfugios.

Otro asunto interesantísimo en la vida de Sor Mercedes es su actuación al frente del Convento y Casa Matriz de las Marianitas en Riobamba y cómo ella, siendo la fundadora, aceptó la voluntad del superior y delegó todas sus funciones, en esa jovencita buena y genial que fue María Estatira Uquillas, de tanto carácter y visión comercial, tan férrea en sus determinaciones como respetuosa de su querida Madre superiora. ¡Qué feliz coincidencia que se hayan encontrado en el camino de la vida dos personalidades tan diferentes y por ende tan complementarias! de no haber ocurrido ello, quizá las madres Marianitas no hubieran podido divisar la alborada de nuestro siglo, ni progresar como lo han hecho hasta la presente fecha.

Sobre los carismas, facultades parasicológicas y milagros de Sor Mercedes, por ser tan conocidos no cabría que emita opiniones o conceptos. Sin embargo es muy loable que el padre Hugo también haya profundizado en el estudio de las causas físicas, que no divinas, de tantos hechos raros y peregrinos de esta beata, para permitir a los neófitos un mayor acercamiento a vida tan plagada de hechos sobrenaturales y asombra que una mujer relativamente frágil como Sor Mercedes haya soportado por tantos años un régimen de ayunos y mortificaciones que en poco tiempo liquidaría al más fuerte hombronazo de esta época y a ella en cambio, jamás perjudicó en lo más mínimo.