182. A Las Armas Americanos

A principios de 1.864 García Moreno vino a Guayaquil a desbaratar una conjura cuyo jefe visible en Quito era el Dr. Marco Espinel, del bando urbinista. Los agentes en el puerto principal eran el General Tomás Carlos Wright en lo militar y Pedro Carbo “y su círculo de partidarios” en lo civil. Wright fue buscado y le encontraron en Babahoyo. Traído a Guayaquil guardó varios días prisión. Carbo no fue molestado.

El primero de mayo se conoció que la escuadra española estaba en aguas del Pacífico y ocupaba el archipiélago de las islas de Chinchas propiedad del Perú. El Concejo Cantonal de Guayaquil presidido por Pedro Carbo y formado por los Concejales Ignacio A. Ycaza Paredes, José María Sáenz, Francisco J. Suárez, Pedro Camacho, Honorato Chiriboga Nájera, José Matías Avilés Giraud y Francisco Carbo Noboa, se instaló en sesión urgente el tres de ese mes, actuaba de Procurador Síndico Sixto Juan Bernal. 

Carbo explicó que había redactado un Manifiesto titulado “A las armas americanos”, que el Ayuntamiento debía publicar como acto de solidaridad continental, para ser consecuente con la fraternidad y comunidad de intereses que une a los pueblos de América. Aprobado por unanimidad el Manifiesto, fue impreso con dicho título y comenzó a circular al siguiente día, mientras tanto el Síndico Bernal subrepticiamente ponía en conocimiento de García Moreno, quien se hallaba en Guayaquil, tan “peligrosa publicación.” Este convocó a los miembros del Concejo en su casa para que reflexionen sobre “el acto peligroso de ayer” que entrañaba a su juicio una idea anárquica pues los Concejos Cantonales no estaban autorizados a intervenir en asuntos internacionales. Carbo contestó que el Manifiesto ya se encontraba circulando y García Moreno le replicó que eso constituía un atentado a la neutralidad declarada por el Canciller Pablo Herrera en el conflicto armado hispano – peruano que se venía desarrollando. Como las conversaciones no prosperaron García Moreno notificó a Carbo de salir al destierro.

Esa tarde se reunió el Concejo nuevamente y aprobó suspender la circulación de los ejemplares que aún quedaban en la imprenta, con los votos en contra de Ycaza y Carbo, pues éste explicó que “habiendo recibido orden de salir del país, se atribuiría su asentimiento a una cobardía de que no era capaz.”

Pero el asunto no quedó allí porque el Síndico Bernal desde su periódico “Unión Americana” se dedicó a dar otros móviles al Acuerdo para desprestigiar al Concejo, mientras Carbo defendía a la institución y al ideal de americanismo desde la “Gaceta Municipal”; a la postre, falto de apoyo popular, el Síndico tuvo que presentar su renuncia, que fue aceptada el día 18 de junio y García Moreno, no queriendo ahondar un asunto asaz escandaloso, revocó la orden de destierro dictada contra Carbo.

El Manifiesto de Guayaquil “A las armas americanos”, tuvo gran resonancia en el Perú, donde numerosas sociedades patrióticas y hasta varias municipalidades agradecieron el gesto del Cabildo que representaba el sentir de todos los guayaquileños.

A finales del 64 fue candidatizado a la presidencia de la República por diversas sociedades liberales del país, pero el Presidente García Moreno comenzó a hostilizarlo y hasta le puso espías. En carta a sus amigos le describió así: Carbo es inaceptable por sus ideas religiosas y lugareñas y sobre todo por haber permitido que los factores de la última tentativa revolucionaria tomen su nombre (la invasión urbinista) opinión que circuló de inmediato en la ciudad.

Ante tales muestras de animadversión Carbo prefirió exiliarse en París, no sin antes renunciar a la candidatura en memorable manifiesto donde aconsejó la unidad liberal y la lucha permanente contra la tiranía. En París hizo amistad con Montalvo y lo protegió económicamente, regresando durante el gobierno constitucional del Presidente Jerónimo Camón en 1.865.

Desde entonces fue considerado el jefe indiscutible del liberalismo ecuatoriano como bien lo anotó en su Informe de 1.898 e Giambattista Guidi, Encargado de Negocios de la Santa Sede en Quito, cuando dijo de Pedro Carbo lo siguiente: Hombre honesto, él daba su nombre al partido, aunque otros lo dirigieran de hecho, pero el partido hasta su cristiana muerte ocurrida en 1.894 en Guayaquil, estuvo siempre unido y compacto. Montalvo y Alfaro, teniendo gran influencia en el liberalismo, reconocieron siempre a Carbo como Jefe nominal. Esta cohesión dio bastante fuerza al liberalismo para hacer fuerte y enérgica la oposición a los presidentes García Moreno, Borrero y Veintemilla.

García Moreno, resentido en su contra, pero impotente ante su ilustración y patriotismo, tomaba el atajo de la burla e inventaba frases: Una tarde que le vio subiendo una cuesta del brazo del Dr. Javier Endara – otro notable liberal de esos días – declaró ante sus áulicos que ambos: Carbo y Endara, constituían la nulidad en dos tomos. A los pocos días doña Rosa Cabezas, famosa por sus sarcasmos, algunos muy ingeniosos, agregó «I por el color de la piel, forrados de pergamino», refiriéndose a que de puros viejos estaban algo amarillentos.