136. Bolívar y San Martín, Por puesta de mano

Cuando el día 2 de junio de 1822 se conoció en Guayaquil la victoria de Pichincha, los vocales de la Junta de Gobierno redactaron una Proclama de felicitación a Sucre, que más parece una solicitud al vecindario para que continúe apoyando la política de autonomía de la Provincia Libre de Guayaquil, sin dejarse llevar por el entusiasmo de una victoria que presagiaba la anexión final de Guayaquil a Colombia. La Proclama en una de sus partes dice: «La Junta se encuentra reposando bajo la sombra del opulento Perú y la heroica Colombia…»

Olmedo no solo circunscribía su acción a esbozar meros discursos y Proclamas, demostrando que era hombre de largos alcances políticos en previsión de cualquier intento de Bolívar por anexarnos designó al Mariscal José de Lamar para que lo entreviste, investigando con mucho tino y disimulo cuales eran sus intenciones sobre el futuro de Guayaquil y su Provincia y para el caso  que Bolívar estime que Guayaquil debería seguir libre, le arranque una promesa escrita en ese sentido; mas, si observare que sus intenciones eran otras, le hiciera conocer muy claramente que Guayaquil permanecería libre con la ayuda de San Martín y si fuere del caso hasta del mismo Perú.

Esta política no podía ser más idealista pues Olmedo no tenía ejércitos que la respaldaran; además, existían numerosos enemigos dentro de casa, el partido colombianófilo era fuerte, aunque no mayoritario, pero contaba con líderes de la categoría del Procurador General del Cabildo Dr. Leocadio Llona; Cap. José de Villamil, Dr. Luis Fernando Vivero, los hermanos Vicente y Tomás de Espantoso, Antonio y Manuel de Marcos, Fernando y José Merino y muchos más. Y dentro de la propia Junta batallaba contra Francisco Roca y Rafael Jimena peruanófilos y declarados enemigos de la política de Bolívar, teniendo Olmedo que jugar a dos aguas para mantener una posición ecléctica, conservando a Guayaquil como estado libre, pero sin ejército.

Mientras tanto San Martín continuaba en Lima recibiendo numerosas cartas de adhesión que le enviaban de Guayaquil y Quito donde tenía muchos admiradores que verían con gusto su gobierno; sobre todo en Quito, un grupo de abogados conspiraban a su favor pues no estaban de acuerdo con la incorporación a Colombia, porque de capital de Audiencia Quito pasaba a ser una simple ciudad de provincia, así es que, movido por tales demostraciones, San Martín apresuró su viaje a Guayaquil y ordenó al General Santa Cruz que regrese al puerto con pretexto de seguir al Perú con la División a su cargo y al Almirante Blanco Encalada para que apreste la flota en una de cuyas naves embarcó.

Ignorante de estos manejos Olmedo obtuvo la convocatoria del Colegio Electoral del Guayas para el 28 de Julio, realizándola apresuradamente y por bandos en las principales poblaciones de la Gobernación; sentía un funesto presentimiento pues tanto Bolívar como San Martín vendrían a corto plazo y no con santas intenciones; por eso, pensaba adelantarse a los acontecimientos, presionando al Colegio para que declare a Guayaquil libre y soberana de toda influencia del norte y del sur, entre Colombia y Perú.

Bolívar se enteró de la conspiración de los abogados quiteños y a precio de oro conoció sus planes. Igualmente, de la convocatoria de Olmedo y por lo que pudo sonsacarle a Lamar en la entrevista que ambos sostuvieron el 2 de Julio cerca de Guaranda, se dio cuenta de la gravedad de la situación.

Lamar estaba afiebrado y con gripe y Bolívar no quería conversar demasiado, fue tajante pero cortés, como solía serlo. Lamar comenzó por suavizar las tirantes relaciones de la Junta y el Libertador, le pidió que olvidara pasadas discordias pues todo se hacía por la libertad de América y contestó con demasiada franqueza, manifestándole que iba a Guayaquil a obtener su anexión a Colombia y que eso era el resultado natural de una orden recibida del Congreso que no deseaba que los territorios del antiguo Virreinato de Santa Fe de Bogotá fueran cercenados, incluyéndose entre ellos a Guayaquil y su provincia. I con estas terminantes palabras cerró el paso a toda discusión.

Al día siguiente, en Guaranda, Bolívar escribió a Lamar, que seguía enfermo en el tambo del camino, para informarle que nada amaba tanto como la libertad de Guayaquil en Colombia y aprovechaba para disculparse por cualquier exabrupto del día anterior, deseándole una pronta mejoría.

Lamar envió dicha comunicación a Olmedo para que estuviere prevenido, avisándole que Bolívar se presentaría en Guayaquil el rato menos pensado, lo que sucedió el jueves 11 de Julio, a las cinco de la tarde hora en que se divisó su falúa en la ría, habiendo sido precedido por el General Bartolomé Salom con dos Batallones de la Guardia.

Bolívar fue recibido por los guayaquileños con inusitado cariño. Era tanta su fama de héroe y genio que un arco triunfal fue colocado por orden de Olmedo con esta leyenda: «A Bolívar, Presidente de Colombia. El Pueblo de Guayaquil» y en su parte inferior decía: «A Simón Bolívar, al rayo de la guerra, al iris de la paz; el pueblo de Guayaquil.» frases que revelaban claramente el generoso corazón de quién conocía los planes de Bolívar y no trepidaba en decir la verdad con la poesía de su alma esclarecida.

Numerosos milicianos de Guayaquil hacían calle de honor en el malecón. Las baterías dispararon sus cañones y el público se agolpaba en ventanas y veredas. Al pasar por la casa de los Avilés, situada al lado del Cabildo, que se encontraba llena de señoritas vestidas de blanco, éstas le espetaron varios estentóreos gritos de “Viva Guayaquil Independiente” que irritaron sobremanera al Libertador. A las seis pasó a la casa que le habían destinado para alojamiento siendo visitado por los miembros de la Junta, el Cabildo, diversas Corporaciones y por los notables del lugar.

Leocadio Llona habló por el Cabildo y solicitó la anexión a Colombia. Esto era un verdadero reto para los miembros de la Junta que estaban presentes y quedaron rabiosos por el desacato de Llona. Bolívar contestó con brillantes frases y repitió tres veces: «Las cimas de los montes se han humillado bajo las plantas victoriosas del ejército del Libertador…» y luego, refiriéndose a la realista ciudad de Pasto, dijo: «la servidumbre tiene su tan prolijo y contagioso influjo, que sepulta el alma en un tenebroso limbo; la degrada, la envilece y lo que es peor, la transforma, para que con la abyección no sepa salir de la indolencia y la barbarie…» El historiador Camilo Destruge contaría años más tarde  que Olmedo se quedó absorto y seducido por el atractivo y la animada elocuencia de la improvisación de Bolívar y al día siguiente se visitaron, concurriendo a las fiestas y saraos como buenos amigos, pero ese mismo viernes el Procurador Llona presentó al Cabildo una solicitud firmada por más de doscientos vecinos distinguidos del puerto, después se ha constatado que algunas firmas fueron invantadas, pidiendo la anexión inmediata de Guayaquil a Colombia; sin  embargo, como las opiniones estaban divididas entre colombianófilos y peruanófilos, mucho se discutió y nada se concluyó. Se ha podido descubrir que entre esas doscientas firmas existían varias de sujetos anónimos y de otros desconocidos, así como de no pocos muertos.

El sábado 13 de Julio muy por la mañana Bolívar asumió el mando político y militar de Guayaquil comunicando el particular a la Junta. Poco después ordenó arriar del malecón el glorioso bicolor celeste y blanco de la Provincia Libre y Soberana de Guayaquil y ante este acto de fuerza los miembros de la Junta abandonaban la ciudad con destino a la isla Puna, donde residieron hasta la llegada de San Martín doce días más tarde, recién el 25. Bolívar le había ganado Guayaquil, como se dice,       por puesta de mano.

LA ENTREVISTA DE GUAYAQUIL

El 25 de Julio de 1822 arribó San Martín a la Islas Puná a bordo de la goleta de guerra «Macedonia», siendo visitado por el Almirante Manuel Blanco Encalada que lo aguardaba en «La Prueba» con el Mariscal Lamar y el General Francisco Salazar quienes le informaron de la anexión de Guayaquil a Colombia. Luego pasó a la goleta donde estaban los miembros de la Junta Olmedo, Roca y Jimena y otros emigrados más que lo esperaban con gran impaciencia para referirle que Santa Cruz y la División Auxiliar no había llegado a tiempo para evitar dicho abuso, pues se había quedado en Cuenca por expresas órdenes de Bolívar y que el General Bartolomé Salom cuidaba el orden.

El General Tomás Cipriano de Mosquera cuenta que en Guayaquil se acusaba abiertamente a San Martín de haber querido la anexión al Perú como punto de partida para establecer una monarquía en esta parte de América, así es que Olmedo estaba entre dos fuegos o mejor dicho entre los fuegos de dos partidos políticos; sin embargo, se quejó amargamente del abuso de fuerza cometido por el Libertador y quiso cambiar las cosas apoyándose en el Colegio Electoral donde sin embargo no encontró eco,  por eso al día siguiente, 29 de Julio, siguió hacia Lima, es decir, hacia el destierro que él mismo se había impuesto por dignidad.

En el interim, Bolívar, que sabía de la llegada de San Martín, le envió una atentísima misiva con el Coronel Ignacio Torres Tenorio, pidiéndole que pase a «suelo de Colombia» a dialogar con él. San Martín primero se negó a desembarcar, pero nuevas comunicaciones y repetidas instancias hicieron que a última hora se decidiera a celebrar la entrevista y el 26 por la mañana llegó su nave al malecón. Estaría entre nosotros hasta el 29, partiendo junto a Olmedo con destino a Lima.

Bolívar subió a saludarle, impaciente por estrechar la mano del “libertador del sur del continente” y regresó enseguida a los bajos del edificio del Cabildo en el malecón de la orilla, a esperarlo en «suelo de Colombia». San Martín estaba de gran uniforme y ambos quedaron favorablemente impresionados de este primer encuentro, aunque luego San Martín escribió lo contrario a Santa Cruz.

Su estadía en Guayaquil fue efímera y no duró más de cuarenta horas. Bajó a tierra y caminó hasta los bajos del Cabildo donde lo esperaba Bolívar rodeado de su Estado Mayor. Ambos se detuvieron al verse y entonces se adelantaron para estrecharse en un fuerte abrazo que fue vivado por el público, juntos subieron al salón de sesiones donde recibieron el saludo del Cabildo, las corporaciones y el vecindario, después se alejaron a conversar unos pocos minutos a solas, pues no hubo testigos. Bolívar bajó y se fue a su casa, mientras San Martín salía al balcón a responder los saludos del pueblo que lo vitoreó incesantemente.

De tarde San Martín visitó a Bolívar en gesto de cortesía y volvieron a conversar desde la una hasta las cinco, que se les sirvió una cena o banquete al que concurrieron más de cincuenta personas. Esa noche San Martín se envolvió en un encuentro romántico con la guayaquileña Carmen Mirón y Alayón que se embarazó y de estas nació José San Martín Mirón, tronco de su apellido en Guayaquil. Al día siguiente mantuvo una nueva conversación con Bolívar y por la noche hubo el baile de gala del Cabildo que duró desde las nueve hasta pasada la una de la madrugada del 28 de julio; Bolívar bailó bien, como siempre solía hacerlo, pues era muy cortés con las damas. San Martín conversó con varios caballeros, saludó con las damas y contestó varios brindis de amigos; al final se alejó discretamente con Bolívar y los edecanes y salió por una puerta posterior, embarcándose en una chalupa que lo llevó a la Macedonia y en ella se ausentó al Perú. Bolívar regresó a bailar pues había triunfado y era justo que celebrara, un nuevo laurel orlaba su frente…

Con posterioridad a la entrevista se han tejido numerosas versiones relacionados con los temas que ambos libertadores trataron, incluso se han publicado cartas sensacionalistas que luego resultaron apócrifas; de todo esto solo queda el recuerdo, pues el temario de la entrevista ha sido estudiado en forma exhaustiva por numerosos investigadores americanos. En el Ecuador el Dr. Pío Jaramillo Alvarado publicó un libro aclarando ciertas dudas. En síntesis, parece que el objeto principal de las conversaciones fue el Perú, nación que aún permanecía en su mayor parte ocupada por tropas del rey.

San Martín cedió el paso a Bolívar y se retiró definitivamente del escenario americano para ir a vivir en Boulogne sur Mer en la costa francesa donde falleció de avanzada edad en digna pobreza. Bolívar se mantuvo por algunos años pero al final también se retiró cansado y abatido por !as circunstancias, falleciendo en la quinta de San Pedro Alejandrino, cerca del Mar Caribe que tanto amó, en la flor de la edad, y a causa de una tisis que venía sufriendo desde años atrás.