134. Abdón Calderón, muerte, sepultura y retrato

Nació en Cuenca el 31 de Julio de 1.804. Hijo del Coronel Francisco García – Calderón natural de la Habana y Tesorero de las Cajas Reales de Cuenca y de Manuela Garaycoa Llaguno, guayaquileña.

La familia alquilaba un departamento en la casa de doña Josefa Torres situada en el centro de Cuenca. El niño Abdón siguió sus primeros estudios con el Presbítero José Maria de Landa y Ramírez, algunos de sus libros de escuela se conservan en el Museo municipal de Guayaquil. Cuando en 1.809 se produjo la independencia de Quito su padre tomó partido por los revolucionarios y realizó la campaña militar que terminó con su fusilamiento en 1.812 después de la derrota patriota de San Antonio de Ibarra. La viuda se trasladó al puerto con sus tiernos hijos y vivió bajo la protección de su hermano Francisco Javier, Cura de Yaguachi.

El joven Abdón aprendió las primeras letras con su madre, luego ingresó al Colegio Seminario de Guayaquil y fue alumno de francés de su pariente Vicente Rocafuerte. El 9 de octubre de 1.820 se alistó en el ejército Revolucionario con el grado de Subteniente a órdenes del Coronel Ignacio Alcázar. Su madre le confeccionó los uniformes. El 9 de noviembre actuó «con rabia en el cuerpo» en el combate de Camino Real, a órdenes del Coronel Luís Urdaneta, quien pidió su ascenso a Teniente «por su valor heroico».  De allí en adelante realizó la campaña libertadora, asistió a todos los combates. El 24 de mayo figuró como abanderado de la tercera compañía del batallón Yaguachi en la batalla del Pichincha y fue herido en cuatro partes del cuerpo, siendo la última de ellas mortal. I cuantas veces quisieron sus compañeros retirarlo del sitio se negó, hasta que al conocer la victoria, a las tres de la tarde, permitió que lo pusieran en una ruana pues no podía moverse. De allí lo pasaron a casa del Dr. José Félix Valdivieso donde le cuidó su esposa Catita hasta su muerte ocurrida dos semanas más tarde, en medio de atroces sufrimientos.

Una copia certificada de la Partida de Defunción fue presentada en 1.832 por su madre al solicitar una pensión del Estado y certifica que Abdón Calderón murió en casa del Dr. José Félix Valdivieso en siete de junio de mil ochocientos veinte y dos, al día siguiente su cadáver fue conducido con la mayor pompa y acompañamiento a la iglesia del Convento Máximo (San Nicolás de la Orden de la Merced) donde se le hicieron las exequias y fue sepultado.  Posteriormente fue exhumado y   los restos se depositaron debajo de una de las columnas de la Iglesia Matriz de Guayaquil. Allí fueron encontrados el 22 de junio de 1.948 en una tumba fuerte como a dos o más metros de profundidad, mientras se hacían excavaciones en la parte que corresponde a la puerta de la calle Chimborazo. 

Notificado el Obispo José Félix Heredia, concurrió al sitio y descubrieron como a un metro del hallazgo un bloque de ladrillos unidos entre sí por una mezcla de arena y cal, que en su exterior tenía inscripciones en latín, de las cuales se dedujo que eran los restos de Abdón Calderón y que al ser abierta se halló una pequeña urna de madera caoba tallada y en su interior varios fragmentos óseos.

El Obispo no participó a la colectividad del hallazgo, pero tras su fallecimiento, al realizarse ciertas reparaciones en el Palacio Episcopal se descubrió en el interior de uno de los anaqueles que él había utilizado, una caja de cartón con unos restos óseos y un papel escrito de su puño y lera que decía: “Restos de Abdón Calderón, encontrados en la Catedral, en un tumba – fuerte. Julio 22 de 1.948.

En 1.954 el Obispo Auxiliar Silvio Luís Haro Alvear los entregó a María Luisa Lince de Baquerizo, presidenta de Comité Pro Construcción de la Catedral. En 1.974, durante la dictadura militar del General Rodríguez Lara, el ejército decidió llevarlos al Templete de los Héroes del Pichincha con sede en Quito, que debía inaugurarse el día 24 de mayo.

Ante estas pretensiones, uno de los familiares de héroe, Pedro Robles y Chambers, se opuso a la “centralización requerida” y los hizo depositar con mucho sigilo en uno de los mausoleos familiares del Cementerio General de Guayaquil.

A principios del siglo XX otro familiar, Juan lllingworth Icaza, había informado que el único retrato de Calderón lo poseía su hermana Mercedes Calderón de Ayluardo, quien lo había adquirido de su madre doña Manuela. Cuando doña Mercedes falleció dispuso en su testamento que el retrato fuera colocado en el salón de sesiones de la Junta Municipal de Beneficencia. El edificio estaba ubicado frente a la plaza de San Francisco y fue devorado por las llamas en 1.896 durante el Incendio Grande, desapareciendo tan hermosa reliquia.

«Era una pintura al óleo como de media vara de alto, con la efigie del héroe en gran uniforme, que la familia estimaba muy parecida al original; hecha en Quito después de la Batalla del Pichincha por cariñoso acuerdo de la señora en cuya casa expiró el héroe y ésta se la envió a la madre, manifestándole que en previsión de que no existiera el retrato de su glorioso hijo, había querido obtener ese, para ella.”

Los retratos actuales pudieran ser copias de ese original, pero nadie lo puede garantizar y el que se encuentra en el Museo Militar de Quito pertenece a su padre el Coronel García – Calderón y no al Héroe Niño, como equivocadamente se afirma en dicho Museo.