114. El Tribunal del Consulado de Lima

Para la exportación de cacao desde el puerto de Guayaquil a Acapulco en México  o hacia cualquier otro sitio durante el coloniaje, primero debían los comerciantes enfilar sus naves portadoras de la pepa de oro hacia el Callao, donde se tasaban las cargas y se pagaban los almojarifazgos o impuesto a las exportaciones, que era muy crecido e injusto, pues no revertía en favor del país y solo servía para enriquecer a unos cuantos españoles  radicados en Lima, que estafaban a esta provincia de Guayaquil merced a los privilegios recibidos de la corte.

Estos monopolistas compartían sus jugosos ingresos con el Virrey de turno y con una que otra autoridad menor pero necesaria para el normal desenvolvimiento del Tribunal del Consulado, institución encargada de recaudar los impuestos al comercio y la exportación: pero aún así, el reparto era cuantioso entre el Prior y los Cónsules,como pomposamente se titulaban los funcionarios de este organismo colegiado, cuyo origen arrancaba de la noche del medioevo en Europa, cuando los gremios aplicaban sus leyes de comercio entre sus miembros a través de Tribunales especiales aprobados y reconocidospor losreyes mediante estatutos o fueros.

En Barcelona y Valencia existieron gremios de fabricantes de paños que recibieron de Pedro IV de Aragón el derecho a administrarse justicia, obteniendo un auge económico por el Comercio existente entre las provincias aragonesas del mediterráneo, que incluían tierras tan distantes como Nápoles, Sicilia, Cerdeña, Córcega, las Baleares, Cataluña, Aragón, Valencia y el Rosellón. Esta situación duró algunos siglos hasta que el emperador Carlos V fusionó las coronas de Castilla y Aragón abrogándose los fueros y privilegios concedidos por sus antepasados. Un solo gremio sobrevivió a esta nueva situación y fue el de actividades navieras de Bilbao, que por dicha condición pasó a ser directivo en toda España, manteniendo Tribunales del Consulado donde se dirimían contiendas marítimas, mercantiles y asuntos de pesos.

Para formar parte del Tribunal del Consulado se requería tener la calidad de comerciante, mercader o factor. Eran comerciantes los que sentaban plaza de comercio abierto al público. Mercaderes lo que traían o llevaban productos por mar o tierra para su venta al por mayor o menor y Factores los socios o compañeros de un Mercader o Comerciante y quienes ejercían actos de comercio o mercadeo como Apoderados o Representantes de terceras personas.

El Tribunal del Consulado era un organismo colegiado formado por el Jefe o Prior que lo presidía, un Primer Cónsul o Tesorero y un Segundo Cónsul o Contador. También actuaban dos Cónsules comisionados siendo el primero el Síndico o Fiscal en toda «Quimera» o contienda, discusión o pleito y el Segundo el Abogado Asesor que indicaba el procedimiento.  También componían el Tribunal dos «Colegas» sacados de entre los comerciantes, mercaderes y factores de la plaza por su capacidad, fama y buena conducta; no eran miembros natos del organismo y en cada ocasión variaban pues siempre eran provisionales. Uno era designado por el actor y otro por el demandado.

Funcionó en Guayaquil desde el 14 de junio de 1.795 como simple delegación de la matriz en Cartagena deIndias. El Tribunal podía delegar funciones como sucedió en Guayaquil, mediante Representantes o Diputados con facultades para dirimir contiendas entre comerciantes, mercaderías y factores.

Martín de Icaza Caparroso fue designado Diputado para Guayaquil el 14 de diciembre de 1.795. Le sucedió Juan Millán en 1.799, pero Icaza regresó en 1.803 desempeñándose desde entonces. La tercera parte de las rentas de la Delegación fue puesta a disposición del Cabildo para que iniciara la construcción del malecón. Hacia 1.806, debido a la vecindad de Guayaquil y Lima, nuestra delegación pasó a depender del Tribunal de la capital peruana y todo volvió a ser como antes de 1.795. Por ello, cuando estalló la revolución del 10 de agosto de 1.809 en Quito, los más asustados fueron los miembros del Tribunal del Consulado de Lima, que veían peligrar sus pingües rentas con este movimiento político. En 1.812 sacaron de sus reple tas arcas la enorme suma ed cien mil pesos oro de a ocho reales, que obsequiaron al virrey Abascal para financiar la campaña militar del General Toribio Montes, quien arribó a Guayaquil el 21 de Junio y se reunió con el GObernador de Cuenca, Melchor Aymerich, planificando la marcha sobre Quito,.

Junto a Montes llegó el Coronel Juan Sámano, cuyo nombre ha recogido la historia de estos territorios como sinónimo de ferocidad para la guerra.

Pocos días después Montes, Sámano y los suyos partieron de Guayaquil, escalaron la cordillera y derrotaron a las fuerzas del Coronel insurgente Feliciano Checa y Barba en lña población de Mocha derca del Chimborazo, también doblegaron en Mochapata a los hombres del Capitán Carlos Larrea, en Punta de Piedra a los Oficiales Manuel Lama, Tomás Sevilla y Salvador Bahamonde y solo entonces les quedó expedito el camino hacia Ambato.En Mocha se dio el caso que un octogenario caballero de Ambato llamado Joaquín Hervas salió de su casa armado de una escopeta que descargó a quemarropa contra los realistas matando a dos de ellos, para luego rodar por los suelos cosido con un centenar de balas. Así murió este héroe ecuatoriano, hoy prácticamente olbvidado.

De Mocha partió Montes hacia Ambato, siempre hostilizado por las guerrillas del Coronel Manuel Matheus y solo pudo avanzar gracias a la oportuna ayuda que recibió de Martín Chiriboga, Corregidor de Riobamba. Luego araciado con el título de Marqués del Chimborazo. Por último, siguiendo por la quebrada de Jalupana, que atravezó con sus fuerzas por la presencia de ánimo del americano Andrés Fernández Salvador y López, fanático americano, que arengaba a la rtopa en contra de sus conciudadanos.

Ya en Quito, ciudad que tomó sin resistencia, ordenó am marcha forzada la persecución de los últimos residuos del ejército patriota. Hechos ocurridos en Caranqui y en Yaguarcocha, donde hizo fusilar al Coronel Francisco García Caldferón y a sus compañeros Guyón y Aguilar. Poco después las autoridades realistas se dedicaron a la innoble tarea de perseguir a los últimos patriotas que aún resistían en otras provincias, como fue el caso de los patriotas Nicolás de la Peña Maldonado y a su consosrte Rosa Zárate y a los Coroneles Pontón y Caicedo. A Pontón lo mataron en la canoa en que iba deterni a Tumaco y a Caicedo en Pasto, junto al Coronel John Macaulay.

Como corolario a esta campaña el Virrey del Perú premió a los miembros del Tribunal del Consulado de Lima con la Gran Cruz del Tribunal del Consulado de Lima, pero en 1.826 el Libertador Bolívar tomó desquite y suprimió el cobro del Almojarifazgo y habiendo quedo el Tribunal sin restas desapareció como institución comercial.