108. A la sombra de un árbol venerable

Cierto día un joven peruano, curioso y erudito, llamado Manuel Nicolás Corpancho, registraba en los fondos de la Biblioteca Nacional de Lima las publicaciones anteriores a la época de la Independencia; cuando de improviso encontró un pequeño libro empastado en pergamino, en cuyo dorso se leía: «Gacetas y proclamas del año 8». 1808.

Él mismo lo cuenta: «movido por una natural curiosidad y deseoso de encontrar ciertos datos históricos que por el momento necesitábamos, hojeamos prolijamente el libro, compuesto en su mayor parte de la colección de la «Minerva Peruana» y de algunas proclamas, bandos y manifiestos; pero ¡Cuál sería nuestra agradable sorpresa¡ cuando hallamos un pliego intercalado, de la misma dimensión que los demás, que contenía una composición poética con la siguiente nota: El doctor don José Joaquín Olmedo lleva adelante en esta oda su sensibilidad a nuestros infortunios que respira en su anterior en las exequias de la virtuosa princesa María Antonia, f) A. Al final decía: Con permiso superior. Impresa en Lima, en la Casa Real de niños expósitos. Año de 1.809. Se vendeen la Librería de don Guillermo del Río.»

Así fue como reapareció la Silva «El Árbol,» de la que nadie guardaba memoria en esa capital y creo que ni siquiera había sido conocida en Guayaquil, y es una de las más hermosas obras de Olmedo, bien entendido que la Silva se compone de dos partes, la primera es  filosófica, contiene hermosísimos símiles y altos vuelos imaginativos y la segunda,  por la materia que trata,  política y de la barata, ha sido  incorporada a la fuerza pues ambas no marchan de acuerdo. I si  me preguntaran qué otras obras me agradan de Olmedo, diría en orden descendente: Al general Flores, vencedor en Miñarica, que desde siempre se conoció por decires de los viejos Roca a finales del siglo XIX, que Olmedo la tenía iniciada en honor a Sucre y el original guardaba en su escritorio; mas, a pedido expreso de Rocafuerte la cambió a Flores en 1.835, por necesidad y solo para halagar su ego pues seguía mandando en el ejército y a quien puso en lugar del héroe de Ayacucho, tomándose la licencia literaria de agregarle algunas partecitas aclarativas. Luego de este canto vendría la Victoria de Junín, Canto a Bolívar. Después El alfabeto para un Niño, escrito para Pepito Vivero Garaycoa y Mi retrato, dedicado a su única hermana Magdalena, a quien quiso mucho.

EL ÁRBOL (Primera parte)

¡A la sombra de este árbol venerable

donde se quiebra y calma

la furia de los vientos formidables

I cuya ancianidad inspira a mi alma

un respeto sagrado y misterioso,

cuyo tronco desnudo y escabroso

un buen asiento rústico me ofrece;

I que de hojosa majestad cubierto.

Es el único rey de este desierto,

que vastísimo en torno me rodea;

aquí mi alma desea

venir a meditar, de aquí mi musa,

desplegando sus alas vagarosas,

por el aire sutil tenderá el vuelo;

ya cual fugaz y bella mariposa

por la selva florida,

libre, inquieta, perdida

irá en pos de un clavel o de una rosa,

Ya cual paloma blanda y lastimera

Irá a Chipre a buscar su compañera;

ya cual garzaz atrevida

Traspasará los mares,

Verá todos los reinos y lugares;

O cuál águila audaz alzará el vuelo

hasta el remoto y estrellado cielo,

¿No ves cuan ricas tornan a sus playas

de las Indias las naves españolas

a pesar de los vientos y las olas?

pues, muy más rica tornarás, mi musa,

de imágenes, de grandes pensamientos,

y de cuantos tesoros de belleza

contiene en sí la gran naturaleza

I de tu largo vuelo fatigada

vendrás a descansar,

como á seguro y deseado puerto,

a la sombra del árbol del desierto.

A raíz de su feliz descubrimiento Corpancho transcribió la hermosísima Silva y la puso al lado de las  composiciones conocidas de Olmedo formando un solo cuerpo que editó con el nombre de «Poesías Completas» para deleite del buen gusto y gloria de las americanas letras; lamentablemente lo persiguió la mala estrella pues habiendo cumplido una difícil misión diplomática en Quito, pasó con iguales funciones a México siempre como  agente de su Patria el Perú, allá editó las Poesías de Olmedo como ya quedó referido y al regresar a Lima en 1.863, falleció ahogado al naufragar el vapor «México» en el que había tomado pasaje y se perdió casi la totalidad de la edición de las Poesías y de su producción literaria y personal última.

Pero algunos ejemplares habían quedado en México y uno de ellos adquirí de casualidad en 1.963 en New York en la irrisoria cantidad de veinte dólares. Entonces yo atravesaba una de las mayores arranquitis de metal de mi vida, teniendo que trabajar a medio tiempo para pagar mis estudios en la academia de inglés de la Universidad de New York. Ya se podrá imaginar el lector amigo con cuánto sacrificio saqué los dólares del cuento.

Mas, he aquí, que dicho ejemplar se destruyó en la inundación de mi villa en la ciudadela Los Ceibos en 1.983 con algunos otros libros raros, antiguos incunables, que conservaba con el afecto que se tiene por las cosas bellas del pasado, que hablan al espíritu más que alamateria. Calculo que hoy no quedan más de diez «Corpanchos» enel mundo, de los cuales cuatro estarán en México y no más de dos enel Perú. Los otros deben andar diseminados por algunas bibliotecas de los Estados Unidos. ¿Habrá alguno en el Ecuador?

De las poesías de Olmedo conservo dos volúmenes clásicos y valiosos. 1.- Las Poesías Completas recopiladas por Clemente Ballén que murió antes de verlas editadas por Garnier Hermanos en 1.896 y  corren con un prólogo de su cuñado el escritor y diplomático nicaraguense Crisanto Medina y 2.- Las traducciones al francés – de dichas Poesías –  por mi pariente el Dr. Víctor Manuel Rendón Pérez, que según opinión del padre Aurelio Espinosa Pólit constituye el mayor esfuerzo intelectual  realizado por un diplomático ecuatoriano en el exterior, libro igualmente editado en París.

MANUEL NICOLAS CORPANCHO (Lima 1.830 –  Mar Caribe 1.863) Hijo de Carlos Corpancho y María Alarcón. Estudió en el Colegio de la Independencia y luego siguió en la Facultad de Medicina para dar gusto a su padre que le quería médico. Atraído por las bellas letras se hizo poeta e integró la llamada Bohemia Literaria que dio inicio al romanticismo en el Perú, el año 47 publicó su Oda a América en la Revista del Ateneo Americano, el 48 fundó el periódico literario El Semanario de Lima, el 51 estrenó un drama en verso titulado “El Poeta Cruzado” iniciando el romanticismo teatral en su patria y tuvo gran éxito. En recompensa el Presidente Rufino Echenique le envió de veinte y un años a viajar por Europa. Posteriormente fue designado Ministro Plenipotenciario en Quito y después en México, donde le correspondió actuar durante la presidencia del liberal Benito Juárez, que al desconocer la deuda externa se atrajo la animadversión de las potencias extranjeras. El gobierno francés de Napoleón III auspició una invasión armada y colocó en el trono mexicano al Archiduque Maximiliano de Habsburgo. El Presidente Juárez se retiró al interior del país e inició una guerra de guerrillas, mientras Corpancho se unía a su partido en gesto de gran americanismo. Con cartas de Juárez salió al exterior en busca de ayuda para ese gobierno y pereció en alta mar durante el naufragio del buque que le conducía, como ya se dijo. Una pena grande para todos.