YCAZA CAPARROSO MARTIN

EXPORTADOR.- Nació en Panamá y fue bautizado en la parroquia de Santa Ana el 18 de diciembre de 1756 de seis días de nacido. Fue el penúltimo de los siete hijos de Juan Martín de Ycaza Urigoitia, natural de la villa de Ochandiano, Viscaya, de profesión comerciante, y de Juana Martina Caparroso y Vásquez de Gortayre, panameña.
Pasó la niñez en la pequeña población de Santiago de Veraguas con su familia. En 1765 quedó huérfano de padre. El 75 su hermano mayor José Gabriel era abogado y Asesor de Gobierno en Guayaquil, le trajo a esta ciudad Martín vino con sus hermanos Isidro y Antonio y todos se dedicaron al comercio, sentando las bases de su prosperidad.
En 1780, siendo el puerto de Acapulco en México el principal mercado para el cacao guayaquileño, los hermanos Martin e Isidro viajaron a esa capital para estudiar la posibilidad de colocarlo. Isidro se quedó en México y puso una oficina. Martín regresó no si antes nombrar junto a su hermano Procuradores en España a fin de tramitar varios pedimentos ante los Reales Consejos, Audiencias y Cancillerías y más tribunales de la península para que les señalen los blasones que les correspondían y podían usar.
En Octubre contrajo matrimonio con Rosa de Silva y Olave, mayorcita que él en tres años, unión que trajo al mundo nueve hijos, ocho hombres y una mujer llamada Rosa de Ycaza Silva, esposa de José Joaquín de Olmedo, Cantor de la victoria de Junín.
En 1781 salió electo Procurador del Cabildo. El 82 fue Alcalde Ordinario y armó la fragata “Guadalupe” para la travesía Guayaquil – Acapulco. El 87 también figuraba como armador de naves, era propietario del navío “La Concepción” que llevaba cargas de cacao al Callao y como numerosos hacendados le entregaban la venta exclusiva de sus granos, con Bernardo Roca, Miguel Barragán y Jacinto Bejarano fueron acusados de monopolizar dicho comercio y ser los responsables de la baja del precio que de cinco pesos en que se cotizaba en 1785 cada carga, descendió a dos y tres en 1786 y a uno en 1787.
El 91 fue electo por segunda vez Procurador General del Cabildo pero renunció a poco. El 93 volvió como Alcalde Ordinario. Ese año figuraba entre los múltiples malquerientes que dejó en Guayaquil el Gobernador Ramón García de León y Pizarro.
En 1795 y habiéndose creado el Tribunal del Consulado en Cartagena de Indias le designaron Juez Subdelegado en Guayaquil y su Distrito. “Activo, emprendedor y preocupado del bien público” se interesaba en todos los aspectos de la ciudad. Ese año formó el primer servicio de vigilancia nocturna con un Cabo y diez rondines, con cuya guardia cesaron los incendios sospechosos que venían ocurriendo en el sector del comercio. El 96 solicitó la adquisición de dos bombas contra incendio, que sumadas a las ya existentes aseguraron la tranquilidad del vecindario. El 99 le sustituyó Juan Millán en el Tribunal del Consulado.
Su vida familiar era ordenada, tenía a sus hijos mayores educándose en el Colegio de San Carlos de Lima donde era Vice rector su cuñado el Dr. José de Silva y Olave. Entre 1803 y el 4 volvió al Consulado y puso a disposición del Cabildo ochocientos sesenta y seis pesos, correspondientes a la tercera parte del derecho de avería recaudado por la Aduana, para ser destinados a la construcción del malecón.
En 1806 el Cabildo le propuso ante el Virrey del Perú para uno de los cuatros títulos de Castilla creados por Carlos IV en la celebración de las bodas de su hijo mayor el Príncipe de Asturias con la Princesa de Nápoles. Ycaza tenía caudales suficientes para darse ese lujo como propietario de la rica hacienda Santa Rita y otras más que le rentaban varios miles al año. El segundo escogido fue Bernando de Echevers y Subisa, dueño del latifundio de San Pablo en Balzar.
En 1808 aún tenía la “Guadalupe” a su nombre y a nombre de su hermano Isidro y cuando éste murió asumió los negocios en México su hijo Mariano de Ycaza Iraeta. La Guadalupe se hundió durante una tempestad. En ese momento estaba Ycaza descansando y alcanzó a oír una voz que dijo: Se perdió la Guadalupe. Nunca pudo explicar dicho fenómeno de telequinesia.
En 1809 figuró entre los más enconados realistas guayaquileños y contribuyó con cuatro mil setecientos ochenta y cinco pesos para las operaciones emprendidas contra la ciudad de Quito.
El 10 solicitó al Cabildo un certificado de su conducta pública y privada para remitirlo a España, el 16 aún seguía con el tema del titulo nobiliario, pues ese año el Gobernador Juan Vasco y Pascual le recomendaba con nuevos argumentos en sus pretensiones. Ycaza empujaría las gestiones hasta Abril del 19, en el Consejo de Cámara de Indias y en la Contaduría General, pero se interpuso la independencia y todo quedó en nada.
En 1811 volvió a ser Alcalde Ordinario. En Abril del 14, de resultados de las luchas del insurgente General Morelos, quien prefirió incendiar la plaza de Acapulco para impedir que cayera en manos de los realistas, se quemaron esas aduanas repletas de productos. Ycaza y su sobrino Mariano perdieron veinte mil cargas allí depositadas. Tan serio revés liquidó la mitad de su fortuna como fue público y notorio en Guayaquil; sin embargo pudo seguir viviendo holgadamente gracias a sus haciendas Cacharí y Santa Rita en Babahoyo y a seis huertas de cacao en Puebloviejo, pero optó por disminuir sus negocios y empezó a soltarlos a sus numerosos hijos. Guillermo Arosemena, en su obra clásica sobre el cacao, estima que el total de las pérdidas de los Ycaza representó algo así como trescientos mil dólares actuales. Julio Estrada Icaza ha estimado el daño en no menos de doscientos mil pesos oro de entonces.
En 1815 su hijo Martín de Ycaza Silva fue Secretario del Presidente de la Audiencia Toribio Montes.
El 9 de Febrero del 16 franqueó de sus almacenes cuanto fue necesario para armar las lanchas que protegían el río y premió a los artilleros que más se distinguieron en la defensa del malecón durante la invasión de las dos naves del Almirante Guillermo Brown, quien llegó enviado en corso por las Provincias Unidas del Río de la Plata.
En 1820 el Gobernador Juan Manuel de Mendiburo le impuso una contribución de un mil doscientos ochenta pesos. Ycaza temía la revolución sin odiarla y cuando el 9 de Octubre la ciudad proclamó su independencia sin el menor daño a nadie, dejó de temerla, de suerte que no siendo político sino comerciante exportador se movía únicamente por la defensa de sus negocios. En Mayo del 23 arribó a su casa la vacuna contra la viruela procedente de Lima.
En Julio de 1822 llegó Bolívar preparado contra Ycaza y sus hijos a quienes tenía por acérrimos enemigos de la independencia y deseando contenerlos con medidas severas, según le confesó a José de Villamil, pero desde que lo conoció comenzó a variar de concepto. Villamil terminó asegurándole a Bolívar “Cuando Ud. lo conozca mejor – a Ycaza – la prevención desfavorable que Vuestra Excelencia ha traído se convertirá en concepto muy favorable”. Desde entonces Ycaza fue un fervoroso partidario del Libertador su fiel amigo y con sus hijos le guardó especialísima consideraciones de aprecio.
El 24 encabezó una Comisión designada por el Cabildo para trabajar un proyecto por el engrandecimiento de este país y hasta donde debían extenderse sus límites, asunto importante pues ya desde entonces se vislumbraban los problemas de orden territorial que luego se suscitaron con el Perú. La Comisión estuvo formada por Ycaza, Miguel de Anzoátegui Cossío, Pedro Santander y de la Peña, José Antonio Roca Rodríguez, Manuel Tama Plaza, Diego Noboa Arteta, Guillermo Weelwright y José Cruz Correa que actuó de Secretario. En dichas reuniones nació la “Sociedad de Amigos del País”.
En 1825 figuró entre los fundadores de la “Sociedad de Seguridad Mutua” que fue la primera compañía de seguros que funcionó en el país. Aseguraban los edificios a la bajísima tasa del 1 % anual y tenían a su cargo el funcionamiento de las bombas contra incendio.
En 1826 firmó con sus hijos el Acta que puso a Guayaquil bajo la protección del Libertador. El 27 su hijo Martín de Ycaza Silva propuso al Cabildo la construcción de un nuevo mercado. La financiación se llevaría a efecto cobrando los arriendos de los puestos. Después de terminada la obra la Corporación edilicia se quedó con ella y con los arriendos, e indemnizó a Ycaza Silva entregándole el viejo edificio del Hospital de San Juan de Dios, ubicado en la esquina del Malecón y Aguirre, que éste vendió poco después a José Rito Matheus y Vasmezón. Los descendientes de éste último aún conservan parte del histórico terreno.
Otro de sus hijos Antonio de Ycaza Silva era administrador de las rentas municipales y como aficionado al dibujo arquitectónico estaba encargado de la construcción del nuevo panteón desde los inicios de la obra en 1804.
Entre 1828 y el 29 y durante la ocupación peruana de Guayaquil, fue perseguido bajo la acusación de conspirar a favor de Colombia. Se encontraba viudo.
Falleció en Guayaquil el 3 de Octubre de 1830, sin testar, de setenta y cuatro años de edad. Dejó una fortuna considerable compuesta de tres mil cabezas de ganado, trescientas yeguas, cien potros, treinta mulas, una casa grande en Guayaquil de un piso y doce lumbres avaluada en treinta mil pesos, algunos miles más en dinero efectivo y trescientos veinte y cinco mil arboles de cacao en la parroquia Puebloviejo que producían alrededor de treinta y dos mil quinientos pesos anuales.
“El Colombiano” publicó una Necrología diciendo que Ycaza jamás había sido un hombre de partidos pues solo seguía el de la razón y el orden, odiando siempre las intrigas de la ambición.
Sus hijos Manuel y Juan Francisco continuaron con la exportación de cacao en grano, agregando a sus negocios una agencia de buques en sociedad con el Cónsul norteamericano Francisco Sweetser.