VITERI DURAND: Juan


Nació en la Provincia de Imbabura en el año indicado.
Bachiller del «Mejia». Licenciado en Ciencias Sociales (Universidad Central, Quito), Doctor en Leyes (U. C.); ha efectuado estudios en las Universidades de Santiago, de Columbia (Nueva York), del Noroeste (Chicago).
Ha dictado conferencias en: Primer Congreso Latinoamericano de Filosofía (1952 Quito); Conferencia Regional de la UNESCO (Caras 1960) Seminario de UNESCO (París, 1966) Congreso Internacional de Filosofía (1958, Venecia – __ Primer Congreso de Sociología Ecuatoriana (Cuenca 1957), Congreso de Sociología Ecuatoriana (Guayaquil, 1967); Congreso Iberoamericano de Educación (1954, Quito).
Profesor del Colegio «Mejía”, del «24 de Mayo», de la Universidad. Central, Director General del Trabajo. Asesor Jurídico del Ministerio de Educación. Director de los proyectos de UNESCO en el Ecuador. Director de Humanidades, Ministro Conjuez de la Corte Suprema de Justicia,
Tiene en su haber abundante obra. Según el mismo: “En total, 72 títulos algunos de ellos importantes por su contenido, extensión, saber y originalidad. Como no me es posible editar todo ni tendré nunca, seguramente, la oportunidad, un día decidiré lo que convenga respecto de ese material extraordinario que día a día se agiganta y que inevitablemente, me coloca por encima de mis amigos, mis enemigos y mis “paisanos”.
Si que de ello yo pretenda sacar ventaja alguna. Conozco la verdadera historia y sé del destino de las corrientes subterráneas y me ha sido dado penetrar en la futilidad de las marionetas que, como las sombras, son apenas el testimonio materialmente visible y risible de las cosas auténticas». Al referirse a su obra «Aurora, tres cuentos, por ejemplo y un epílogo” expresa: «Esta obra, sin duda la más sobresaliente y universal de la historia literaria y filosófica del país, consta de tres partes, cada una de las cuales contiene a su vez tres”.
Intelectual convencido de sus propias capacidades, llega, en ocasiones, como se desprende de los renglones arriba transcritos, a la inmodestia, a la pedantería; así y todo es un buen escritor, de acción y de pasión, que sabe los secretos del lenguaje y que conoce con suficiencia las materias que aborda, del Humanismo y la Filosofía en especial.
Algunas de sus obras: «Vocabulario Filosófico», Edit. Fray Jodocko Ricke, Fray Jodocko Ricke, 1948, Quito; «Pensamientos», Edit. Fray Jodocko Ricke, Fray Jodocko Ricke, 1948, Quito; «Centenario de Don Abelardo Moncayo” recopilación de discursos, 1949, Quito; «Historia de la Filosofía Griega Presocrática», Edit. Fray Jodocko Ricke, 1946; «Montalvo» (ensayo), Talleres Gráficos Minerva, 1962, Quito, esta obra tiene también otra edición, Edit. Universitaria, Quito, 1966; «Aurora, tres cuentos por ejemplo y un epílogo», Editorial «Voluntad», Quito, 1968. Víctima de la Junta Militar de Gobierno (1963-1966) varias veces estuvo preso en el Penal «García Moreno” de Quitó. Viajó como exiliado a Paraguay y Colombia.
Prestigioso maestro del aula secundaria y universitaria. Múltiples son las facetas de su personalidad que proyectan luz a los campos de la filosofía, el Derecho, la Literatura, la Didáctica.

Sobre su labor poética, Roberto Morales Almeida en artículo, editado en el Diario “La Verdad” de Ibarra, que reproduce «El Tiempo» de Quito (octubre 10 de 1970), manifiesta: «Ibarra tiene su posta filósofo. En Juan Viteri Durand predomina una estética de la inteligencia, iluminada por la luz de la razón, que aspira a penetrar en todos los misterios. Tiene fibra de luchador, abierto a toda renovación bienhechora, irradia optimismo y serenidad, aspira a humanizar el mismo de la verdad, poniendo al alcance del ente pensante los interrogantes que le cercan y angustian. Su poesía cerebral, sacudida por hondo tremor de lirismo, evita la obscuridad y la incoherencia, no acude a las martingalas del verso o al lenguaje erudito y rebuscado como tantos ansiosos del momentáneo brillo publicitario. Búsqueda apasionada de la verdad, lucidez intelectual, equilibrio en la emoción: por esos caminos anhela conducir al hombre ecuatoriano hasta las puras líneas de la sabiduría liberadora. Y allí está su mensaje».
Activo y valiente periodista. Ha hecho famoso el seudónimo «El Diablo cojuelo». Sus obras siguen apareciendo en labor humanística digna de imitación y elogio.