VILLAR: Paco


El está en la historia del teatro guayaquileño desde hace muchos años (más de medio siglo quizá?, sí, más). Resumir todo este tiempo en una conversación es titánico para ambas partes. Por eso su hija Cecill se desespera y cree que nos vamos a quedar hasta el otro día conversando, aún con el riesgo -seguro- de ignorar innumerables retazos en los recuerdos. Ella quiere que mostremos el diálogo; nosotros también, y él lo intenta; pero igual la conversación se dispersa tanto, y es tan enriquecedora, que después de un rato qué importa. Con Paco Villar nos desfilan familiarmente hasta las historias que no hemos vivido; las personas que no hemos conocido; los lugares que ya no existen y que nunca vimos. Es decir, aprendimos una vez más.
Ahora vive en Nueva York. Por Guayaquil está de paso, a propósito del próximo estreno de una obra teatral que representará la compañía de su hija Cecill Villar: «El día que secuestraron al Papa”, donde él desempeñará uno de los papeles protagónicos. La adaptación de esta obra, original del brasileño Joao Bitencourt, será escenificada en el Teatro Principal del Centro de Arte de la Sociedad Femenina de Cultura, en septiembre. Es una superproducción con una serie de exigencias técnicas y actorales, que corresponderá apreciar en su momento, aunque desde ahora las expectativas son grandes. Los ensayos están en marcha y un considerable equipo de producción, está ocupándose de las múltiples necesidades que significa hacer esta obra de serias connotaciones.
HOMBRE DE TEATRO
Si hubiera que definir a Paco Villar, no faltarían más de tres palabras: hombre de teatro. Eso incluye todo, hasta la voz de ricos matices que conserva y que lo hizo profesor de locución durante algunos años acá en Guayaquil y después en el exterior, ha sido otra de sus herramientas de trabajo.
Amplio y generoso para mirar nuestro teatro, piensa que «las cosas tienen que hacerse, bien o mal, pero hacerse; luego en el camino se va acomodando, limando, enderezando”; esto traído a mención porque no ha visto lo que en este terreno se está haciendo en Guayaquil, pero que le han comentado que tiene un movimiento, por lo menos mucho mayor al que él supo hace unos años.
Es irónico aludir algunas cosas. Entre la que más gracia nos hizo fue aquel comentario de las tantas primeras piedras que – en el pasado-vio poner para la construcción de un Teatro Municipal, el cual finalmente no tenemos, pero cree que con todas ellas, ya por lo menos tendríamos una pared de ese tan proyectado teatro. »Es inconcebible que una ciudad como Guayaquil no tenga un buen teatro municipal, de acceso para todo el mundo, al que le destinen un impuesto específico para su mantenimiento; ya que sostener un teatro y todo lo que él implica, definitivamente que es caro». Le decimos que el asunto municipio, mejor lo marginamos, porque allí hay mucho fuego que encender. Así que mejor lo dejamos apagado.
TEATRO… DESDE CUANDO
1929 (no sabemos cuántos años tenía ni tampoco hemos preguntado)… era un niño cuando ingresó a la Compañía Infantil de Teatro de Eduardo Beltrán, con la idea quizá aún inconsciente de consagrarse a ese arte, de por vida.
Por su extraordinaria predisposición para el arte escénico, pronto lideró la creación de grupos profesionales en los que también actuó. Actor por vocación, durante bastante tiempo trabajó a lo Dante (“por el amor que mueve el sol y las demás estrellas”). Así, dirigió Radio “El Telégrafo», donde ad honorem daba clases de locución. Además, creó y produjo “El teatro en su hogar”, también en Radio «Quito», donde adaptaba a ese medio importantes obras del gran teatro universal, para transmisiones dominicales.
Por su experiencia de relieve, el Gobierno estadounidense lo invitó como consultante de programas en castellano, a través de las estaciones NBC y CBS de New York. Como director artístico de la radio de nuestra Casa de la Cultura, implementó programas didácticos de música clásica, a los que ingenio métodos para ampliar audiencia y así llegar a mayor cantidad de escuchas.
Siendo un pionero de radio, trasladó su saber a la televisión, por lo cual su nombre también consta como el del primer director artístico de “Primera Televisión Ecuatoriana Canal 4”, medio que inició la televisión profesional y comercial en el Ecuador.
Su incursión en el cine también es memorable: actuó y dirigió la primera película parlante en nuestro país: “Se conocieron en Guayaquil”.
Más, su trayectoria teatral en nuestro medio es de especial recordación por dos hechos importantes: fue profesor fundador de la primera escuela de Arte Dramático de la Casa de la Cultura, Núcleo del Guayas, que inicia actividades por el año 1952, -antecesora de la que posteriormente conduciría la directora y actriz guatemalteca residente en Quito, Ilonka Vargas y, además, director fundador del Teatro “Ágora” de la Facultad de Filosofía y Letras de la Universidad de Guayaquil, que marcó una época importante de este arte en el país, y básicamente en nuestro puerto.
El trabajo profesional creativo desarrollado en Estados Unidos por Paco Villar, bien valdría una nota aparte, pues también tuvo participación en la programación del Canal 47, el primer medio televisivo en castellano, en Nueva York. En síntesis, su trabajo de pionero aquí y fuera de su medio nativo, es ya historia. Nosotros la recogemos para ejemplificar los alcances de quienes se atreven a aspirar a más y trabajan perseverantemente por ello.