VERA DE MENDOZA : Juan


Estaba casado con doña Clara Eugenia Nuñez de Bonilla; sus bienes de fortuna pasaban de trescientos mil pesos, y no tenía más que una hija, Dona Maria, la cual se casó con el tristemente famoso Don Tomás de Larraspuru Aranibar. En el año de 1622 los jesuitas de Quito trataron con empeño de fundar una casa de noviciados y a este fin aceptaron la donación de treinta mil pesos, que les hizo Don Juan Vera de Mendoza uno de los personajes más ricos y nobles, que había entonces en la colonia. Los fundadores, además de los treinta mil pesos, ofrecieron construir a sus expensas la iglesia y la casa de habitación debía llamarse Santo Tomas Cantuariense, y se determinó que se edificará en el obraje de San Ildefonso, que poseían los jesuitas en la provincia de Ambato, entre los pueblos de Pelileo y de Patate. Esta fundación aunque fue aceptada y aprobada por el padre Vitelleschi, General de la Compañía, no llegó a verificarse, porque el Consejo de Indias negó el permiso para ponerla por obra. Pidió la Licencia del Rey para la fundación de este noviciado el Padre Francisco Crespo, procurador de la provincia del Nuevo Reino de Granada, que entonces se llamaba también de Quito; era provincial el Padre Florean de Ayerve. Celebró la escritura en la capilla de nuestra Señora de Loreto, y el Provincial se comprometió a traer la licencia de Rey dentro de dos años, 23 de abril de 1622; el Consejo respondió que, para dar o negar la licencia, se pedirían informes, el 20 de marzo de 1624. Después los jesuitas pusieron su noviciado en la hacienda que tenían en el valle de Chillo, desde el principio de su fundación, lo abrieron en su mismo colegio de Quito: después, por largo tiempo pala en toda la provincia no hubo más que una sola casa de noviciado, establecida en la ciudad de Tunja en la actual Colombia.