Urbina Jado Francisco.

Respetado banquero y financista. Nació en Guayaquil el 14 de septiembre de 1859. Desempeñó la Gerencia del Banco Comercial y Agrícola desde el año 1901 hasta el 9 de julio de 1925, institución que fue el eje de la economía ecuatoriana, liderada por la burguesía exportadora guayaquileña. Don Francisco Urbina Jado se ganó una reputación como un hombre de gran influencia en la política nacional. Un caudillo de los banqueros había surgido; con una inteligencia poco común había desarrollado su banco hasta convertirlo en el más rico de la ciudad puerto, además de respetado internacionalmente. Era excesivamente reservado, fue apresado por la revolución militar que derrocó el Gobierno Constitucional del Dr. Gonzalo Córdova. Fue un hombre que se mantuvo en los entretelones de la política nacional por 11 años, de 1914 a 1924, Falleció el 20 de enero de 1926, en Valparaíso, sus restos fueron traídos a Guayaquil en febrero de 1926.

Don Francisco Urvina Jado.- Un día como hoy, en 1926 falleció en Valparaíso (Chile) en forma intempestiva el ilustre guayaquileño don Francisco Urvina Jado, quien dio de sí lo mejor para el progreso de nuestro país. Hombre de notables ejecutorias, estudioso de la economía y certero banquero, ejerció la gerencia del prestigioso Banco Comercial y Agrícola, fuente motor del desarrollo de la economía ecuatoriana, pues actuó como un banco de fomento de la producción costeña exportable. El Banco Comercial y Agrícola estuvo bajo la gerencia de don Pancho Urvina desde el 30 de marzo de 1902, y luego de la crisis que atravesó la Institución a raíz de la quiebra de la firma Reimberg, fueron el conocimiento y el prestigio del banquero Urvina lo que hizo enrumbar a tan importante entidad de crédito hacia el desarrollo que propició el auge económico de la costa ecuatoriana. El señor Urvina sufrió personalmente todos los embates que se prepararon en contra de la economía costeña, al momento de la revolución del 25 de julio de 1925, cuando

Urvina Jado las maniobras regionalistas de Luis Napoleón Dillon y Alfredo Albornoz consiguieron terminar con la banca guayaquileña representada por tan importante institución crediticia que fue el Banco Comercial y Agrícola. El carácter de lucha de don Pancho le hacen afrontar con entereza la prisión a bordo del barco “Cotopaxi” (hoy Abdón Calderón) luego de ser arrestado por un pelotón militar en la tarde del 9 de julio de 1925, permaneció en el barco hasta su exilio al Perú en octubre del mismo año. Víctima de factores políticos, pero conservando siempre la talla de un hombre impar por sus cualidades de inteligencia, responsabilidad y patriotismo, don Francisco Urvina Jado ocupa un sitial entre los hijos predilectos de Guayaquil, a cuya memoria debe rendírsele pleito homenaje. Don Francisco Urvina Jado fue hijo del General José María Urvina, Presidente de la República, el libertador de los esclavos, y de la señora Teresa Jado de Urvina.

Nació el 14 de Septiembre de 1859 y era hijo del General José María Urbina Viteri y de Teresa Jado y Urbina. Su padre que fue Presidente de la República, aparece en la historia como una discutida figura política, fue victorioso militar y durante su gobierno se liberó a los esclavos en el Ecuador. El joven Urbina tiene que haber aprendido bajo la égida de su padre, a conocer a los hombres y percatarse objetivamente de las cosas, cualidades que después le valdrían para la grandiosa obra económica que pudo llevar a cabo. Manifestó desde niño notable afición por las matemáticas, todo lo cual lo llevó a ocupar un cargo de responsabilidad en el diario La Nación que dirigía don Juan Bautista de Elizalde y Pareja, y más tarde ingresó al Banco Comercial y Agrícola, donde sus conocimientos y alta visión lo elevaron a Gerente.

Eran los primeros años del siglo XX. Don Francisco Urbina se percató rápidamente de las condiciones económicas del país y especialmente de la necesidad de que Guayaquil fuera y continuara siendo el emporio de riqueza y dínamo de la República. Desde la Gerencia del Banco Comercial y Agrícola, uno de los tres Bancos de emisión que funcionaban en ese tiempo, Urvina apoyó y fomentó el desarrollo de la riqueza, del comercio y de la industria, valiéndose para ello de su extraordinario capacidad, objetividad y al mismo tiempo intuición, que él hacían conocer a los hombres y saber dónde y cómo debía llegar con el apoyo de su Banco. Levantó y mantuvo las exportaciones del cacao, café y orchilla, sobre todo en el período de la I Guerra Mundial; Fomentó con todo el poder de su respaldo la industria azucarera, vislumbró el Guayaquil del futuro creando facilidades económicas gracias a las cuales centenares de hombres ambiciosos y dinámicos fundaron diversas empresas y negocios y multiplicaron la riqueza de la ciudad.

El poder económico del Banco Comercial y Agrícola se reflejó en el poder político. Durante todos los años que siguieron a la desaparición de Alfaro, fue Francisco Urbina Jado la figura determinante de la política nacional y con los empréstitos del Banco Comercial y Agrícola sostuvo a los Gobiernos neo-liberales que se sucedieron hasta 1925. Su poder llegó hasta ser el quién designaba a las personas que habían de ser Presidentes, uno tras otro, y por su medio se nombraba a Ministros y autoridades. El centro de la actividad político-económica era Guayaquil. Se sabe que, si el señor Urbina no hubiera ayudado al Gobierno del General Leónidas Plaza, acosado por la ofensiva revolucionaria del Coronel Carlos Concha Torres en Esmeraldas, tal Gobierno habría caído y el Coronel Concha hubiera sido el Presidente. / /Producido el movimiento militar del Nueve de Julio de 1925, el primer acto de los militares golpistas fue la prisión de Francisco Urbina, / Preso y desterrado, murió de un ataque cardíaco en Valparaíso el 20 de Enero de 1926. Como era Vicepresidente de la Sociedad Filantrópica del Guayas, fue velado en sus salones.

Fue casado en primeras nupcias con la señora Evangelina Caamaño y García, que falleció tempranamente. En segundas nupcias, años después, se casó con la señora María Ortiz Robles, y son sus hijos, el doctor Francisco Urvina Ortiz, diplomático, el señor José María Urvina Ortiz, hombre de negocios y deportista, casado con la señora Carmela Guzmán de Urvina, y las señoras Rosa Urvina de Bielich y María Urvina de Navarro, residentes estas dos últimas en Lima. Un busto de bronce recuerda la figura del egregio guayaquileño don Francisco Urvina Jado, en la avenida Nueve de Octubre más allá de la Plaza del Centenario,