Sorrosa María del Tránsito

Vivió en el siglo XVI y que sin títulos de ninguna clase se dice que fue experta en asistir partos y mujer virtuosa y santa que mereció las consideraciones y gratitiud de los guayaquileños. Era una hábil «recibidora», palabra con que fueron designadas las parteras en el tiempo colonial. Fue su virtud y caridad o fue su habilidad en el arte de partear lo que le granjeó las simpatías populares a esta mujer de raza negra, a quien llamó el pueblo la «Mano de seda». «Fue guayaquileña esclava y debió su libertad a esas cualidades y haber salvado la vida a su ama y a sus hijas en partos muy complicados, uno de ellos en alta mar. Era la mirada del señorío y todo él concurrió a su última enfermedad y su sepelio que se hizo con gran pompa fúnebre en Santo Domingo, incluso el sermón en que se exaltó tan elocuentemente su vida, que el público empezó a rendirle a su memoria el culto de una binaventurada. Tuvo una buena casa con vasto huerto en la falda del Santa Ana por donde hoy asciende una calleja en gradas.