Solier de San Miguel.

En 1582 el cadáver del Obispo Solier de San Miguel – que embalsamado se lo trasladaba de Riobamba a Quito – es digno de honras fúnebres tanto en Mocha como en Ambato y Latacunga y en los pueblos del tránsito. Los curas de estos lugares salieron a recibirle, y al día siguiente por la madrugada antes de ponerse en camino se cantaba la Misa de Réquiem y seguía la procesión a la parroquia inmediata con la Cruz alta y mucho alumbrado de cera.