SCHUMACHER NIESSEN PEDRO

II OBISPO DE PORTOVIEJO.- Nació el 14 de septiembre de 1839 en la población de Kerpen, situada en el camino entre Colonia y Aquisgran, región del río Rhin, Alemania, gemelo de su hermana Gertrudis, quien entró a monja en Alemania y años más tarde pasó a Portoviejo con varias compañeras como superiora de las monjas de la Caridad, cuando su hermano Pedro ya era Obispo.
Hijo legítimo de Teodoro Schumacher Halms y de Cristina Niessen, naturales de Kerpen y Aquisgran respectivamente. Estudió las primeras letras en la escuelita del maestro Jakog Whilhem Statz y destacó desde niño porque era de conducta moral y juicioso carácter.
En 1851 realizó su primera comunión. Al año siguiente abandonó la escuela para seguir farmacia en Perl y aunque aprendió latín no logró pasar los exámenes por su corta edad. Entonces viajó con su hermano Gerard al colegio de Muenstereifel, aprobó todos los cursos hasta el grado superior y quiso ingresar a la Universidad de Bonn, sin embargo por consejos de su confesor viajó en 1857 a París y entró de novicio en la Orden Lazarista. El 3 de Junio de 1861 recibió el subdiaconado. El 14 de junio de 1862, víspera de la fiesta de la Santísima Trinidad fue consagrado sacerdote y destinado a las misiones a Chile. Poco después se embarcó en El Havre y tras un accidentado viaje en el buque de vela “Arequipa” arribó a La Serena el 11 de enero de 1863 y trabajó cinco años en el Hospital.
En 1868 enfermó gravemente con bronquitis, regresó a París y fue destinado al Seminario de Montpellier, población que goza de un excelente clima de montaña, donde enseñó la asignatura de “Historia Eclesiástica” que comprendía Sagradas Escrituras e Historia de la Filosofía.
En enero de 1870 falleció en Kerpen su madre y pocas semanas más tarde se declaró la guerra Franco-prusiana, pasando duros momentos por su condición de alemán; así pues, solicitó su regreso a América y fue destinado a la dirección del Seminario de Quito, asumiendo el cargo en diciembre de 1872. Su labor no era fácil, el antiguo edificio del Convictorio de San Fernando no prestaba ninguna comodidad, de suerte que inició a fines de 1874 la construcción de uno nuevo. “Cogía lodo, empañetaba, cargaba materiales y ponía manos como peón” y en poco tiempo vio concluida su labor.
En 1875 García Moreno fue asesinado y subió Antonio Borrero a la Presidencia de la República. En 1876 lo derrocó Ignacio de Veintemilla. En 1877 fue asesinado el Arzobispo Ignacio Checa y Barba y el Vicario Capitular Arsenio Andrade, hombre poco dúctil, se negó a celebrar una misa por los caídos en la revolución de 1869 del General José de Veintemilla, hermano del presidente. Pronto surgieron otros incidentes como el de las campanas, Andrade excomulgó a Veintemilla y abandonó la capital declarándola en entredicho y aunque fue detenido por la policía logró escabullirse y Schumacher lo ocultó en el nuevo edificio del Seminario. El 14 de mayo se combatió en las calles de Quito, Schumacher transformó el Seminario en Hospital. Entonces se dijo de él que “era valeroso y decidido, no en vano se le llamaba el espíritu de García Moreno.
En 1878 reemplazó al Padre Foing como Visitador de la Orden Lazarista en el Ecuador, viajó a París para asistir al Capítulo General, de allí pasó a Roma y se entrevistó con León XIII. A su regreso el 4 de noviembre fue notificado por la policía de Guayaquil que le estaba prohibida su entrada al puerto; pero sin desanimarse en lo absoluto siguió a Paita, desembarcó y cruzando el desierto de Suyana en burro, entró por Macará, disfrazado de paisano.
En enero de 1879 estaba de incógnito en Quito y así vivió hasta 1883, aprendiendo el idioma quichua, que llegó a dominar al igual que el inglés, francés, español, además de su lengua nativa el alemán.
A la caída de Veintemilla fue propuesto por el Presidente Plácido Caamaño para ocupar la difícil “Diócesis de misiones” – Manabí, Esmeraldas y el territorio insular de las islas Galápagos – vacante por renuncia de Monseñor Luís de Tola y Avilés. El 20 de febrero de 1884 la Asamblea Nacional Constituyente pidió su nombramiento al Papa. Tenía cuarenta y cuatro años de edad, era alto, blanco, musculado, ojos azules, pelo ensortijado y rubio. El 31 de mayo de 1885 fue consagrado en la Catedral de Quito como II Obispo de Portoviejo, de inmediato se trasladó a su Diócesis que encontró en estado de sitio, amagada con las montoneras y guerrillas liberales. Casi no había curas, el único manabita era el doctor Vicente Loor, en Portoviejo vivían el Doctor Abad retirado de sus funciones por la avanzada edad y el Cura Bermeo dedicado a la usura con varias mujeres y numerosos hijos, dando un ejemplo poco edificante a la grey; el atraso cultural y material parecía el signo visible de todas las poblaciones y como el nuevo Obispo no era hombre que se dejaba dominar por el desaliento comenzó su labor civilizadora.
Llegó decidido a contrarrestar la insurgencia liberal alfarista que había radicalizado posiciones en Manabí y el país, separándose de la corriente liberal decimonónica preconizada por Pedro Carbo en Guayaquil. El alfarismo planteaba cambios estructurales profundos, que ponían en serio peligro el poder de la Iglesia.
En 1886 Schumacher se entrevistó en Guayaquil con el Presidente de la República al que expuso sus ambiciosos y patrióticos planes. Caamaño le entregó “graciosamente” el mando supremo de la provincia, dando instrucciones al Gobernador de Manabí para que se sujete en todo al Obispo, como que sabía que éste era “el espíritu de García Moreno”.
En Junio de 1887 partió a New York en busca de socorros, de allí siguió a París y a Roma siendo nuevamente recibido, pero esta vez en audiencia privada, por el Papa ¡Ya era hombre importante! En septiembre visitó Karpen y “para recibir al dignísimo prelado, el pueblo adornó con bonito gusto artístico casas y calles y le hizo una recepción magnífica”.
En Suiza convenció a siete misioneras del convento franciscano María Auxiliadora para que lo acompañen a Manabí, mientras tanto su hermana Sor Gertrudis Schumacher y otras monjas lazaristas recién llegadas a Portoviejo, estaban dedicadas al servicio comunal.
Incansable en recorrer su diócesis aún a costa de grandes peligros y sacrificios. Entre 1884 y el 88 aumentó el número de sacerdotes de 6 a 18. Trajo de Europa a capuchinos y oblatos, así como a numerosas monjas. Fundó en Portoviejo dos Seminarios, uno para jóvenes con vocación que denominó de San José en la población Andrés de Vera y otro para estudiantes de Filosofía que llamó de San Pedro en el punto Santa Cruz. Adquirió una moderna máquina impresora, editó la hoja periódica “En defensa de los intereses de la Iglesia y el Pueblo” donde comenzaron a salir numerosas Pastorales, recogidas entre 1928 y 29 por el doctor Wilfrido Loor, quien las publicó en tres volúmenes en la imprenta de El Globo, Bahía de Caráquez.
Justamente a causa de una de sus Pastorales, la Novena, que envió al doctor Felicísimo López, se originó la contestación de éste y una larga y complicada polémica, el enjuiciamiento criminal y la Excomunión de López quien fue electo diputado por Esmeraldas pero fue descalificado en el congreso por su condición subjudice con gravisimo escándalo en la República Schumacher siendo Alemán inhabitaba a un ciudadano ecuatoriano..
En 1890 editó “La Sociedad civil cristiana según la doctrina de la Iglesia Romana”, confundiendo el catecismo con la política y dividiendo a los gobiernos del mundo occidental en cristianos y ateos-liberales. El libro fue un éxito, se conocen las ediciones de Portoviejo, Quito y Friburgo de Brisgovia (Alemania) Ese año asistió en Guayaquil a la consagración episcopal de Isidoro Barriga Farías, manabita de nacimiento.
En 1893 excomulgó a Joaquín J. Loor y a Tiburcio Macías, editores de la hoja “El Bien Público”, quienes tuvieron que retractarse para librarse de la pena. El impreso, como es lógico suponer, dejó de aparecer. Poco después salió en viaje de trabajo a Europa. En 1894 fundó en Portoviejo el semanario “El Hogar Cristiano” que tanta repercusión tuvo en la república, sobre todo en Quito y Guayaquil, al punto que en esta última ciudad Angela Carbo de Maldonado fundó otro con igual nombre.
Ese año intrigó ante el padre Reginaldo María Duranti, superior de los dominicanos en Quito, para que proteste contra el Tomo IV de la Historia de González Suárez. El incidente originó diversas publicaciones y la Iglesia se perjudicó con el alboroto.
A principios en 1895 al conocerse el vergonzoso negociado llamado de la venta de la bandera, salió el pueblo de Quito a protestar en las calles. Schumacher estaba por fundar una Congregación de sacerdotes y hermanas de San José pero la provincia de Esmeraldas proclamó la insurrección al norte, lo mismo que el cantón Daule al sur. El 5 de Junio Guayaquil plegó a la revolución y los más prestantes líderes llamaron al General Eloy Alfaro que se encontraba en Centroamérica. El Coronel Ricardo Cornejo Naranjo, jefe militar de Manabí, viendo que la situación en Portoviejo era desesperada pues la ciudad estaba amenazada por todos los lados, decidió salir con destino a Quito a través de las selvas y tomó la vía de Calceta, Chone y Santo Domingo con los 350 soldados que conformaban el Batallón Cuarto de línea.
El 15 de junio Schumacher publicó su última Carta Pastoral despidiendose de la feligresía y denunciando que “el radicalismo creyéndose triunfante, llamaba en las puertas de Manabí”. Como su vida corría peligro, dada su condición de extranjero y por los muchos abusos cometidos, se sumó a las fuerzas de Cornejo y con ellas arribó a Calceta donde sufrieron el ataque de los liberales. Esa noche se incendió la población y ambos bandos se acusaron mutuamente aunque parece que el incendio fue fortuito.
De Calceta pasaron a Chone, siempre perseguidos por las guerrillas que no se cansaban de hostilizarlos y tras vencer formidables obstáculos naturales treparon la cordillera y llegaron a Turubamba, donde comenzó una multitudinaria manifestación. En San Bartolo le dio el abrazo de bienvenida el Arzobispo Pedro Rafael González Calisto exclamando lleno de contento “Bendito el que viene en nombre del Señor”, luego lo saludaron el Vicepresidente de la República, los Ministros de Estado, los delegados del clero y las autoridades civiles.
A las dos de la tarde del día 20 de julio Schumacher hizo su espectacular entrada a la capital en la carroza del arzobispo. Los jefes de las tropas fueron acomodados en los carros de los Ministros. Hubo guardia de honor de 500 jinetes y 30 coches. Todas las campanas se echaron al vuelo y los cañones de las colinas del Panecillo atronaron el aire con sus estampidos, era el saludo del ejército al heroico Batallón Cuarto de Línea y al Obispo – guerrero. El lujo se ostentaba en todos los balcones donde colgaban alfombras y gobelinos, las calles fueron tapizadas de pétalos de flores y numerosas señoritas vestidas de blanco llevaban coronas de triunfo.
Temporalmente se asiló en el Seminario pero como el ejército de la revolución triunfó en Gatazo y amenazaba la capital, el 17 de agosto salió de Quito, donde solamente había podido permanecer menos de un mes, pasó la frontera con Colombia y se instaló en el convento de los padres Capuchinos de Túquerres, mientras el Arzobispo González Calisto huía a Tulcán.
“En Túquerres rezo y espero” escribió en Octubre. Lo acompañaban numerosos exiliados. Allí permaneció un año organizando grupos guerrilleros que asolaron la frontera norte del Ecuador, hasta su definitiva derrota en octubre de ese año 96. Entonces se trasladó a Pasto y publicó el folleto “Teocracia o Demonocracia, que conoció dos ediciones, la segunda en Friburgo, al año siguiente.
En 1897 radicó en la pequeña población de Samaniego y con el dinero recibido de la testamentaría de la suegra de García Moreno editó su opúsculo dedicado al Obispo de Pasto, fray Ezequiel Moreno Díaz, titulado: “El liberalismo confundido con sus doctrinas falsas y sus obras malas” en 6 capítulos, con preguntas y respuestas, dando reglas para combatirlo. También fundó una pequeña Banda de Música y dirigió una partida de guerrilleros.
En 1900 estaba nuevamente en Pasto y publicó el folleto: “Con Dios, por la religión y la Patria, una palabra de consuelo y aliento, por Pedro Schumacher, Obispo de Portoviejo”, del que se hicieron dos ediciones.
I perdidas sus últimas esperanzas de recobrar el poder político en el Ecuador sufrió grave desaliento hasta que en en Julio se declaró la peste en Samaniego, muchos enfermaban y morían de tifus. El 12 de ese mes se sintió mal y no pudo dar misa, se había contagiado al atender a cuatro enfermos en una casa poco ventilada, donde posiblemente fue picado por una pulga infectada. En la madrugada del día 15 estuvo con hipo, a las cinco de la tarde empeoró y recibió al santísimo, estaba consciente pero muy debilitado. A las ocho no pudo santiguarse y murió a las diez de la noche, siendo enterrado al día siguiente en la iglesia del lugar.
El Padre Angel escribió su biografía que fue publicada en Friburgo en 1906 con algunos grabados. En 1908 el Padre Leonardo Dautzenberg editó en alemán otra más completa, titulada “Un hombre apostólico de la región de Rhin en el siglo XIX”, con el precioso tesoro de sus cartas, en 633 págs. que el doctor Wilfrido Loor tradujo al castellano en 1932 y reeditó en 1968.
Manuel J. Calle ha escrito de Schumacher lo siguiente: “Irascible, neurótico, intemperante en eso del deber: quería en su diócesis ser no sólo el jefe espiritual sino también el mandarín político y el patriarca, esto es, el jefe de la familia; y así se entrometía en la vida privada del prójimo, como alzaba la voz contra el liberalismo de una provincia tan libérrima como Manabí…”
Para cada elección nacional hacía recoger firmas en toda la provincia, fijándose bien en quienes no aceptaban hacerlo, para tenerlos entre los enemigos a quienes debía vigilarse y en muchas ocasiones perseguir a través de las autoridades de policía.
Violentaba la correspondencia en Portoviejo para enterarse de la vida privada de sus diocesanos, polemizaba sobre aspectos alejados de su alto ministerio y perseguía a quienes no comulgaban con los gobiernos de su tiempo. A González Suárez ordenó habitar en casa del doctor Vicente Loor cuando visitó Portoviejo con fines arqueológicos, incidente que los distanció para siempre. En otras palabras, no aceptaba que nadie piense o actúe por cuenta propia.
Activo, nervioso y político con don de mando; las persecuciones sufridas en Alemania por los católicos en tiempos del Canciller Otto von Bismark y el mal ejemplo del Vicario Arsenio Andrade Landázuri en Quito, predispusieron su voluntad contra el liberalismo.
Examinada cuidadosamente su interesante figura creemos que fue un hombre superior, amante del progreso material y constructor de obras de servicio. Manabí le debe mucho en estos aspectos; sin embargo, su índole conflictiva le llevó a cometer numerosos abusos, pues creía que el Ecuador era una simple colonia de la Santa Sede.
Por su actividad incansable, por su fe en el predominio de la Iglesia sobre los estados modernos, por su entrega total al desarrollo de la provincia de Manabí, está considerado un fanático y su figura histórica aún causa resquemores; sin embargo de lo cual, nadie le discute su calidad de líder del sistema teocrático en el Ecuador a finales del siglo XIX.
En 1902 se publicó en Quito un folleto con discursos, poesías, artículos e inscripciones en su honor y el Canónigo Teófilo Rubianes editó su “Corona Fúnebre”.