Sánchez de Orellana Góngora Rosa.

Estando Don Antonio Sánchez de Orellana en Quito, su hija Rosa se fue al convento de Santa Clara de Quito contra la voluntad de su padre. “Se llevó consigo, dice el Marqués, el importe de dos mil pesos en joyas de oro y alhajas, y en dicho convento se mantuvo sin querer salir de él, hasta que tomó el hábito de religiosa, en que le dieron de mi cuenta, para los alimentos gastos y lo demás necesario, más de mil pesos hasta su profesión, con más de mil quinientos pesos que le dieron para su dote, al dicho convento. Y, en un monto, estoy en que será de cinco mil pesos hasta el año en que murió. Después de profesa, hice gastos en ella, y las legítimas, paterna y materna, no le podían tocar otro tanto, según los muchos hijos que tuve” (2)

Este es todo el recuerdo que nos queda de la voluntariosa hija del Marqués de Solanda.