SANCHEZ BAQUERO MANUEL MARIA

EDUCADOR.- Nació en Quito el 19 de diciembre de 1879 en la casa de sus padres ubicada en la carrera Flores entre Mejía y Olmedo. Hijo legítimo de Quintiliano Sánchez Rendón, poeta, gramático y académico de la lengua, autor de la novela de costumbres “Amar con desobediencia” y de varias leyendas como la del Padre Almeida, cuya biografía puede verse en este diccionario; y de Amelia Baquero Melo, quiteño y guarandeña respectivamente.
De seis años inició sus estudios con el maestro Roberto Cruz, pasó al Seminario Menor de San Luís, concluyó la secundaria en el “San Gabriel” de los jesuitas y en 1895 se graduó de Bachiller en filosofía y letras y entró al seminario, pretendiendo hacerse sacerdote, pero tras varios años, finalmente desistió y vivió una intensa bohemia, época en la cual ingresó a la masonería.
En 1902 se matriculó en la Facultad de Jurisprudencia de la Universidad Central donde fue compañero de Luís Napoleón Dillon y en unión de otros intelectuales fundó la “Sociedad Jurídico Literaria”, iniciando la publicación de una revista que aún subsiste, en la que aparecieron varios poemas suyos de un género elegiaco y original, que buscaba la belleza allí donde había dolor. Su primera poesía tituló “Los Expósitos”, aunque pronto incursionó con temas épicos y patrióticos como “Paz” y “Patria” y con los de contenido americano “Entre las selvas”, haciéndose conocer en los círculos literarios de la capital.
El 22 de enero de 1905 fue premiado con medalla de plata en los juegos florales guayaquileños organizados por el diario “El Grito del Pueblo” con su poema “A la prensa.” Ese año fue designado profesor de Literatura del Instituto Mejía de Quito y desde el l de enero de 1906, junto a Nicolás Jiménez Mena y Julio E. Moreno, estuvo entre los fundadores y colaboradores de “El Comercio” bajo el seudónimo de “Leumann”. Poco después fue nombrado Juez Primero (Comisario) de la parroquia urbana del Sagrario y en agosto ascendió a Oficial Mayor de la Cámara del Senado.
Su poesía romántica prontamente se abrió al modernismo que se estaba iniciando en el Ecuador. Rodrigo Pesantez Rodas ha dicho que fue un lector incansable de autores clásicos y modernos, de ahí la gran variedad de rasgos estilísticos dentro de su propio estilo.
El 25 de abril de 1907 una manifestación de estudiantes universitarios salió a recorrer las calles de Quito reclamando mayor libertad electoral y fueron apaleados.
El periodismo protestó y se ordenaron varias prisiones, permaneciendo escondido por algunos días hasta que pasó el problema, pero ya no volvió a escribir en “El Comercio”, colaborando con “El Grito del Pueblo Ecuatoriano” de Guayaquil, siempre bajo el seudónimo de “Leumann” que fue el que más usó, aunque a veces firmaba “Caupolicán” o como “Malthius”
En 1908 continuaba viviendo en San Agustín, al año siguiente murió su madre, eran sus amigos los poetas de la generación decapitada. Se graduó de Licenciado, fue designado jefe de la delegación ecuatoriana al II Congreso de Estudiantes Universitarios celebrado en Bogotá concurriendo con Cesar Arroyo y fue honrado con la vicepresidencia de ese evento por sus hermosas dotes de orador. De Colombia siguió a Venezuela y al regresar por mar tocó en Panamá, donde presenció en el cementerio de “El Islote”, la acumulación de cadáveres de los apestados de fiebre amarilla que inspiró el tema de su poema “Tristitia Rerum.”
El 10 de agosto de 1909 fundó “La Prensa” con Gonzalo S. Córdova y Manuel R. Balarezo para combatir el régimen del presidente Alfaro a través de chispeantes décimas, después editó los “Lunes de la Prensa” en la casa paterna de San Agustín junto a otros jóvenes intelectuales como él, entre los cuales estaban Cristóbal de Gangotena, Francisco Pérez Borja, Hugo Borja y Borja, Arturo Borja Pérez, Ernesto Noboa y Caamaño, Humberto Fierro, Alfonso Moscoso Sánchez, César Arroyo, Eudófilo Alvarez, etc. En la Prensa salió su poema titulado “Ofrenda a España”.
En 1910 se enroló en las Guardias Nacionales con sus amigos Gonzalo S. Córdova y Manuel R. Balarezo. El presidente Alfaro le hizo capitán. El 25 de abril de 1911 “La Prensa” fue cerrada y el 26 a las 7 de la noche se promovió una algazara cuando Luís Napoleón Dillon quiso abrir los candados y actuó la policía.
El 27 de julio de 1911 se recibió de Doctor y el 5 de agosto se incorporó de Abogado ante la Corte Suprema. Al iniciar su presidencia de la República Emilio Estrada Carmona fue designado Subsecretario de Instrucción Pública.
Fallecido Estrada cuatro meses más tarde ascendió el presidente del Senado Carlos Freire Zaldumbide pero sufrió la revolución del General Pedro J. Montero, Jefe de Zona en Guayaquil; entonces fundó con varios amigos el periódico “La Constitución” para combatirla y producido los combates de Huigra y Naranjito que fueron favorables a los constitucionales, solicitó en reiteradas ocasiones y desde las columnas del periódico “El Constitucional” la muerte de Alfaro y sus tenientes.
Cuando entró Plaza en Quito lo recibió con un discurso en Santo Domingo pues gozaba fama de orador desde que había pronunciado en homenaje a Chile una célebre alocución en el teatro Sucre, que fue aplaudida varios minutos. Entonces el Presidente encargado Francisco Andrade Marín lo nombró Subsecretario de Gobierno.
Desde 1912 colaboró en la revista “Guayaquil artístico” hasta su desaparición tres años después y también lo hizo en “La Linterna” de Quito.
Al inaugurar el General Leonidas Plaza su segundo mandato constitucional en Agosto del 12, fue electo Secretario de la cámara del Senado, luego fue llevado por su amigo el Ministro de Instrucción Pública, Luís Napoleón Dillon, a la subsecretaría de dicho portafolio, que sólo ocupó seis meses hasta abril de 1913; de allí pasó a la del Ministerio del Interior (Gobierno) con el titular doctor Modesto A. Peñaherrera su antiguo maestro universitario. Ese año estuvo entre los fundadores del periódico “El Día” y comenzó a colaborar en los Anales de la Universidad Central con varios ensayos, entre los que sobresale “La Delincuencia en el Ecuador” en 30 págs.
En diciembre de 1912 había casado en Riobamba con su sobrina segunda Inés Uquillas Moncayo viuda del Coronel Pacífico Gallegos Barba.
El 12 de noviembre de 1913 fue electo Rector del Instituto Mejía en reemplazo del Doctor Manuel Eduardo Escudero y en enero del 14 pasó con licencia a desempeñar las funciones de Ministro de Instrucción Pública, en reemplazo de Dillon, emprendiendo una reforma medular en planes y programas de enseñanza y en los diversos reglamentos y contando con el asesoramiento técnico de la I Misión Pedagógica Alemana que llegó al país contratada por su antecesor.
En el ministerio “luchó por la capacitación de los docentes, por una mejor organización del sistema escolar, el desarrollo de la formación técnica y científica en menoscabo del academicismo de la enseñanza tradicional y por la creación de escuelas en las zonas rurales.”
En agosto de 1916 cesó el mandato de Plaza y por consiguiente el ministerio de Sánchez, que regresó el 7 de noviembre al rectorado del Mejía iniciando “una de las mejores etapas de ese plantel, llamada con razón la edad de oro del Mejía”, pues el 18 presentó al Congreso un proyecto sobre la reorganización de la enseñanza el 20 logró la creación de nuevas rentas, adquirió un amplio espacio de terreno para la construcción del nuevo edificio que comenzó y dejó casi terminado. Igualmente dotó al colegio de laboratorios de Física y Química, de un Museo de Ciencias Naturales, de una escuela anexa para niños indígenas en la hacienda Pirca y de los servicios de extensión secundaria.
En 1921 fue designado Miembro de Número de la Academia ecuatoriana de la Lengua donde tantos años había trabajado su ilustre padre pero no se incorporó. En 1922 fue electo Diputado por el Pichincha, concurrió al Congreso y fue electo Vicepresidente de esa Cámara. Era un liberal prominente en el ala gobiernista, de tendencias progresistas y elevados ideales. En 1926 fue designado Abogado – Procurador de la Junta de Beneficencia y Asistencia Pública de Quito.
En 1928 nuevamente fue electo Diputado por el Pichincha a la Convención Nacional y brilló como orador parlamentario y hombre bondadoso, justiciero y sin egoísmos, formando parte de la Comisión encargada de redactar la Constitución. También luchó por obtener la implantación de la Ley Orgánica de Educación elaborada por técnicos en la materia, que estatuía que la educación es función primordial del Estado, lo cual atrajo la animadversión de los grupos más recalcitrantes que veían en esto un atentado contra la educación religiosa.
Estuvo entre los Diputados que votaron a favor de la elevación presidencial del doctor Isidro Ayora, que de dictador pasó a Presidente por un período de cuatro años.
En 1929 fue llamado por Ayora para ocupar el Ministerio de Instrucción Pública y un grupo de damas concurrió al Palacio a protestar por su designación pero de todas maneras se posesionó y con motivo de la celebración del centenario de la República convocó para mayo de 1930 el Congreso Nacional de Educadores Primarios y Normalistas, celebró la I Exposición de Dibujo y Trabajos Manuales en Riobamba e instituyó en el Normal “Juan Montalvo” un curso especial de Trabajos Manuales.
I en el Concurso Nacional de Composición Musical convocado por el ministerio triunfó el maestro pianista y compositor Sixto María Durán con su canción “Patria,” cuya letra pertenecía al Ministro Sánchez, que se convirtió en una especie de segundo Himno Nacional del Ecuador porque se popularizó y cantó a nivel de escuelas y colegios de la República hasta bien entrada la década de los años cincuenta y luego se lo ha vuelto a cantar en la presidencia del Econ. Rafael Correa Delgado que se inició en el 2007 como canción de su partido Alianza País desvirtuando su esencia y valor cívico pues nunca se escribió para iniciuos grupúsculos ni desvergonzadas y pícaras banderías, si no para levantar el civismo nacional.
¿Quién no recuerda Patria? Fragmento.- // Patria, tierra sagrada, de honor y de hidalguía / que fecundó la sangre y engrandeció el dolor / cómo, me enorgullece, poder llamarte mía / mía, como la sangre, con infinito amor. // Por tus cruentos martirios y tus dolientes horas, / Por tus épicas luchas y tu aureola triunfal, / por tus noches sombrías y tus bellas auroras, / cúbrenos, siempre ¡Oh Patria¡ / con tu Iris inmortal. //
Estas dos estrofas corresponden a la séptima y octava de las nueve que forman el inspirado poema compuesto en versos de catorce sílabas llamados alejandrinos pareados porque riman en forma perfecta, el primero con el tercero y el segundo con el cuarto, compuestos en forma rítmica y tuvieron gran uso durante la época modernista que en nuestro País estaba finalizando en 1930.
En 1931 cayó el régimen constitucional del presidente Ayora, cesó en sus funciones en el Ministerio y pasó a figurar entre los fundadores del “Grupo América” con Augusto Arias, Isaac J. Barrera, Hipatia Cárdenas de Bustamante, Gonzalo Zaldumbide, Oscar Efrén Reyes, Luís Bossano, José María Velasco Ibarra, Hugo Moncayo, Gonzalo Escudero, etc. también fue designado Ministro Fiscal de la Corte Suprema de Justicia “en cuyo ejercicio le sobrevino la muerte súbita, en la mañana del 28 de julio de 1935, a consecuencia de un infarto del miocardio”, cuando solamente tenía cincuenta y seis años y aún podía esperarse mucho más de su talento y patriotismo.
Fue enterrado en el cementerio de San Diego, sus funerales fueron apoteósicos. En 1938 aparecieron reunidas ciento veinticinco de sus producciones en 325 páginas con el título de “Poesías”, prólogo e índice de su amigo el crítico Nicolás Jiménez, quien las dividió en épicas, elegiacas, descriptivas y varias, notándose la influencia de su maestro en poesía César Borja Lavayen. Esta obra vio una segunda edición en 1952 y aunque los versos tienen forma impecable y ritmo innato y en algunos ha tentado el alejandrino tan del gusto modernista de principios de siglo, la mayor parte son decimonónicos y tardíos por faltos de textura y por no contener los elegantes y exóticos vocablos con que se vistió de gala el idioma a principios del siglo XX en el Ecuador.
Su labor como educador aún no es bien alabada, impulsó la multiplicación de escuelas primarias, la modernización de los sistemas de enseñanza y brilló como “caballero de la imprenta”, capaz de llenar un periódico con amenas crónicas, editoriales y artículos de fondo.
PIEDAD
Manuel María Sánchez Baquero.
Piedad para los débiles, los niños
que van por los caminos de la vida,
huérfanos de esperanzas y cariños,
de caída en caída.
Piedad para sus frentes – abrileños
lirios que el viento del dolor inclina
donde jamás tejieron los ensueños
su tela peregrina.
Piedad para sus ojos errabundos,
que parecen mirar cosas extrañas,
ojos meditativos y profundos,
de pupilas hurañas.
Para sus labios secos y marchitos
que la miseria con sus hielos llena
piedad, piedad, para sus roncos gritos
de hambre, de sed, de pena.
Piedad para sus manos, esas manos
que, cruzadas de rojas cicatrices,
demandan compasión de sus hermanos,
los ricos, los felices.
Piedad para sus plantas diminutas,
que hieren y ensangrientas los zarzales,
plantas que, acaso, seguirán por rutas
y senderos fatales.
Piedad para sus cuerpos mal vestidos,
que el frío azota y el calor hostiga;
cuerpecitos dolientes de vencidos,
que caen de fatiga.
Piedad para sus tristes corazones,
en donde nada canta ni florece,
yermos que el huracán de las pasiones
devasta y aridece.
Piedad para sus almas sin ternura,
de donde huyeron ya las alegrías,
almas faltas de sol, almas oscuras,
como ánforas vacías.
Piedad para sus días sin encanto,
piedad para sus noches sin sosiego,
piedad para su llanto.
¡Piedad para su ruego!