Samaniego Manuel.

Fue retratista de subidísimos quilates, pero ponía más atención en los rostros que en los cuerpos y en estos la concentraba sólo en la vestimenta, pero sus cabezas rebosantes de vida y de una encarnación vigorosa y fresca, pueden figurar junto a, los mejores del final del setecientos.

Autor de grandes cuadros inundados de luz radiante, de colores claros o vivos como el Tránsito de la Virgen, se sobrepuja a sí mismo en los de pequeñas dimensiones en que se muestra naturalista consumado. Pertenece a la escuela francesa de Boucher y Fragonard, por el colorido y la pincelada fina y por cierto acento pastoril y profano, que, no sabríamos decir por qué, se desprende de sus lienzos. Es un pintor rococó que se equipara con el escultor Caspicara en algunos respectos, pero que no llegó a ser como éste neoclásico y académico”.

Samaniego, en un juicio presentado por su esposa en Noviembre de 1797: “Dijo llamarse Don Manuel Samaniego, natural y vecino de esta ciudad, ser de edad de más de treinta años, casada con Doña Manuela Jurado, de ejercicio pintor”.

Al finalizar el siglo XVIII, Manuel Samaniego compuso su “Tratado de Pintura”, en que se consignó además de las recetas ya conocidas, algunas otras adquiridas por su experiencia de pintor.