Rodríguez Lara Guillermo

-3-

La demora en la construcción de la refinería de Esmeraldas y la selección para este objeto de la misma firma japonesa que un año antes ofreció sus servicios por un capital infinitamente menor al pactado con el Ministro de Recursos Naturales, ocasionó una monstruosa pérdida al Ecuador.

Quedaron al descubierto los negociados turbios de FENACOOPARR con el arroz de ENAC, la desaparición de dicha gramínea de la Piladora Modelo y el incendio provocado allí para que nadie conozca el valor del perjuicio.

LARGA LETANIA

Los oficiales resentidos se encargaron de divulgar en los cuarteles el tráfico de influencias del jefe supremo para obtener y beneficiarse de créditos bancarios; el nepotismo, la protección desmedida a sus parientes y amigos que ocuparon los más altos cargos públicos; el empleo indebido de personal, maquinaria y equipos de la Acción Cívica en sus propiedades; los contratos para alcantarillado y pavimentación de Manta adjudicados al concuñado del mismo Rodríguez Lara con el sobreprecio de 57 millones de sucres, el reflotamiento de la empresa Blanchilandia que estafó a centenares de ciudadanos, con el propósito de que las señoras de los generales Rodríguez, Aguirre y López recuperen sus inversiones; la reventa del cemento Guapán por parte de la cuñada del “Presidente”, España León, que figuraba como Sabina de Moncayo; la adjudicación de diez mil hectáreas de terrenos que hizo el IERAC a la Compañía Abacá del Ecuador y el préstamo del BNF de cien millones para fomentar el cultivo de dicha oleaginosa; en el listado de los miembros de esta cooperativa se incluían doce familias de Rodríguez Lara, etc.

Las constantes denuncias, encontraron eco en las unidades militares, cuyos comandantes no ocultaban el descontento. Ante esta actitud el gobernante perdió los estribos y puso fuera de línea a varios agitadores.

SEPTIEMBRE NEGRO.

El 1º de septiembre de 1975, el Jefe del Estado Mayor Conjunto, general Raúl González Alvear, encabezó la rebelión de cuarteles en Quito. Al rayar el alba fue ametrallado el Palacio de Gobierno. El general Araujo y los coroneles Cevallos, Manjarrez, Cabrera y Maldonado tomaron posiciones estratégicas. Las fuerzas rebeldes penetraron hasta el despacho y la residencia presidencial y atronaron el ámbito con nutridos tiroteos destruyendo cuanto encontraron al paso: libros, muebles y fotografías del jefe supremo, cuya familia se salvó ocultándose en un sótamo.

Rodríguez, sin percatarse de nada, había viajado la víspera a una casa de campo cercana a Latacunga. Fue encontrado por un chofer y un ministro que le participaron de la sedición militar, resolvéndose a viajar de inmediato a Riobamba, donde obtuvo la ayuda del batallón mecanizado. Enseguida marchó sobre Quito. Mientras tanto sus secuaces, expertos en la compra de conciencias, maniobraron hábilmente el viraje de los rebeldes que eran comandados por el general Raúl González Alvear desde una funeraria. Cuando llegó Rodríguez Lara prácticamente la contienda había cesado y triunfó sin mayor dificultad mientras su oponente se asilaba en la Embajada de Chile.

EL MARISCAL LITERATO

Cuando Velasco Ibarra supo que en la aludida revuelta habían destruido la biblioteca de Rodríguez Lara, lamentó las pérdidas del “mariscal literato”, pronosticando su caída en dos o tres meses, por haber sido moralmente herido. Y en cuanto a González Alvear, observó que es absurdo dirigir revoluciones desde las funerarias.

LA CAIDA

Al debilitarse en el mando, el jefe de Estado empezó a reflexionar y aprobó un plan de retorno al régimen constitucional elaborado por sus asesores y no por las Fuerzas Armadas, cuya inquietud al respecto le fue comunicada el 8 de enero de 1976.

Entonces optó por dimitir ante los comandantes de fuerza y estados mayores, que dudaron de su palabra y le desconocieron como Presidente, permitiéndole eso sí mantenerse en el Palacio por dos días hasta la celebración de las bodas de su hija una vez que los partes matrimoniales habían sido cursados. Es así como a la medianoche del 10 de enero una dotación militar puso fin a la recepción que ofrecían los padres de la novia, ordenando a familiares e invitados que abandonen la casa presidencial.

Rodríguez Lara quedó solo. A la mañana siguiente, muy temprano, salió del Palacio en medio de honores, cual vencido que pasara por las horcas caudinas.

No obstante, restando importancia a la “deslealtad” de sus colaboradores bailó alegremente en Latacunga, y prosiguió luego a su finca rural de Tigua, tan rica como la hacienda pública. Y es que “golpe de Estado” que significa apropiarse del poder político por medios ilegales, no hubo. ¿Acaso las dictaduras se sustentan en leyes constitutivas para pensar en tamaño despropósito?

CUBREN LA RETIRADA

El Consejo Supremo de Gobierno – nueva etiqueta de la dictadura militar – nombró comisiones asalariadas para introducir reformas a la Constitución de 1945 y elaborar otra Carta Política, para que cualquiera de las dos apruebe la ciudadanía en un acto plebiscitario o referendum.

Eso, según el doctor Velasco Ibarra “era ignorar el origen institucional del referendum y lo que esto significa e ignorar los conocimientos, la sensatez, la habilidad de oportunidad con que debe ser dada una Constitución Política. No se puede imponer instituciones ignorando las situaciones concretas de un país”.

De acuerdo a la doctrina velasquista la ley fundamental de una nación se expide siempre por una Asamblea Constituyente elegida por el pueblo soberano que mantiene con sus impuestos y su esfuerzo la vida nacional.

Más, para cubrir la retirada del general Rodríguez Lara y de los militares que se encaramaron en altas funciones administrativas, el Consejo Supremo de Gobierno hizo aprobar por referendum, con más votos que votantes, una Constitución Política vulgar, que ha sido reformada y contrarreformada; expidió una Ley que obliga al Presidente de la República nombrar para Ministro de Defensa al militar de más alta graduación y asimismo por Ley estableció que no se puede pedir