Robalino Víctor.

“Abrazó la vida religiosa en la temprana edad de 17 años. Trajo a la religión un corazón puro, un alma inocente, una inteligencia despejada, una voluntad firme y constante y un amor profundo, y ardorosa a la divina vocación”. El año de 1857 hizo su profesión; en 1862 se ordenó de sacerdote y poco después recibió el título de Lector en Sagrada Teología, desempeñando en seguida y con mucho lucimiento el cargo de profesor de dicha ciencia, durante un curso íntegro. Desde el año de 1870, esto es, cuando apenas contaba con 31 años de edad, se le abre la honrosa carrera de la prelacía, mereciendo de sus superiores y hermanos la confianza para el cargo de Comendador en el Convento Máximo. En 1874 partió a Roma, para arreglar asuntos de vital importancia para la Orden; fue benévolamente recibido por Pío IX; alcanzó despacho favorable en todos los negocios, y se restituyó a su patria. En 1880, recibió orden del Padre General de la Orden, Fray P. Armengol Valenzuela, para trasladarse a la Argentina, en representación de su suprema autoridad: allí dejó muy bien puesto el nombre ecuatoriano en el desempeño de su alta misión. Reedifica un hermoso templo en Córdova; funda un noviciado en Mendoza; organiza perfectamente los estudios de aquella Provincia; instala la vida común, y deja asegurada la fiel observancia de las reglas del Instituto. De vuelta a Quito, fue nombrado Provincial, cargo que desempeñó hasta 1887. Desempeñó muchos otros cargos de importancia en la Provincia”. Dotado de exquisita prudencia para el gobierno, fue un verdadeo Padre para sus religiosos súbditos; muy humilde, amante de su Orden, murió el 26 de junio de1902.