Rivet Paul

(1876-1958)

En “Antología del Folclore Ecuatoriano” de Paulo de Carvallo-Neto se anota: “Antropólogo mundialmente conocido. Comenzó su carrera científica en el Ecuador, cuando aquí estuvo en los años de 1901 a 1906, con una nueva estadia de pocos días en 1951 y 1952. Por su misión entre nosotros recibió la Medalla de Oro de la Sociedad de Geografía de París, los títulos de Doctor Honoris Causa de la Universidad Central del Ecuador y de la Universidad de Cuenca, la Gran Cruz del Orden Nacional “Al Mérito” del Ecuador y la Medalla Abdón Calderón, entre otras distinciones honoríficas de relieve. En su vasta bibliografía figuran aproximadamente 23 trabajos ecuatorianos, con los cuales puede ser considerado, absolutamente sin dudas, el iniciador de la edad moderna de los estudios sobre el hombre ecuatoriano. Desgraciadamente, no formó discípulos, con poquísimas excepciones”.

Su contribución al desarrollo del pensamiento ecuatoriano y a la mejor investigación de la ciencia histórica, especialmente, es de indiscutible importancia. Su nombre bien merece constar en todo estudio de este género que se realice en el país, ya por el valor mismo de Rivet, ya también como agradecimiento a la imponderable labor que cumplió por acá.

Acompañó a la expedición geodésica francesa en los años de 1901 a 1906, el médico Dr. Paul Rivet sin duda ahora mucho más conocido por sus grandes éxitos en el campo de la prehistoria ecuatoriana, que como profesional de la expedición que había causado su llegada.

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Nacido en Wasigny (Ardennes), el 17 de Mayo de 1876, es el personaje francés que más entronque ha tenido con el Ecuador, siendo, por tanto, uno de los europeos, si no el primero de los últimos tiempos, que más ha hecho conocer a nuestro país en el Exterior, por medio de sus publicaciones, conferencias y demás labores de investigación médico-científica; por lo cual le dedicaremos unos renglones más amplios en estas notas.

Obiene el Doctorado en Medicina en Lille en 1897; y bajo la influencia de las lecturas de Julio Verne, orienta su vocación por la aventura y los viajes. Es así como, cuando Francia decide enviar su segunda misión Geodésica al Ecuador para medir un arco del Meridiano terrestre, según compromiso adquirido anteriormente, pronto se inscribe como médico de la misión y en 1901 emprende viaje al Ecuador, en donde permanecerá por cinco años.

Vuelve a Francia en 1906 con una importantísima colección de flora, fauna, antropología y etnología. En 1908 es nombrado Asistente del Laboratorio del museo de Historia Natural de París, y años más tarde Profesor titular de la Cátedra, logrando después fusionar los museos de Etnología y otros y formar el famoso Museo del Hombre, cuya Dirección llevó desde 1937 hasta cerca de su muerte.

También fue político: creía que el hombre de ciencia no debía ser indiferente a los problemas de su Patria y funda en 1938 el “Comité de Vigilancia de los intelectuales antifascistas” y de la Clandestinidad, del mismo nombre. Caído su país bajo la garra germana, pasa a España y de ahí a Sud-américa en 1941.

En 1951 volvió al Ecuador, en donde la Casa de la Cultura tanto en Quito como en Cuenca, le rindió homenaje con motivo del cincuentenario de su primera visita al país. En Quito, declaró que Ecuador era su segunda Patria, a la que le ligaban 50 años de vida, y a la que conocía en su devenir histórico y en la geografía de sus ríos y montañas, más que a su misma Francia. En Cuenca, lo recuerdo bien, porque tuve el placer de conocerle y oírle: un viejecito afable, sencillo y bondadoso, (recordemos que a la época tenía 75 años), a quien, a su vez le mirábamos con cariño de semicompatriota, para el Ecuador, encontró en Cuenca en su juventud, una bella mujer que le acompañaría como esposa para el resto de su vida; hermosa dama, Doña Mercedes Andrade, a quien conocimos también en su ancianidad, que en París, según se sabe,