Richter Enrique

Alcedo dedicó lugar al P. Richter en su «Biblioteca Americana». Así: «De la Compañía de Jesús, nació en Coslaú del Imperio de Alemania, el año 1653, tomó la sotana de edad de 16 años y enseñó letras humanas en Bohemia; solicitó siempre pasar a las Misiones de América, y al fin lo consiguió y se embarcó el año de 1684, con el Pade Samuel Fritz para el Reino de Quito y desde aquel Colegio fue destinado a las Misiones de Mainas en el río Ucayale, donde catequizó muchas naciones descendientes de los indios del Perú, que vivían retirados en los bosques como fieras. Trabajó muchísimo entre ellos por espacio de doce años, al cabo de los cuales coronó sus fatigas con el martirio que padeció por la fé a manos de aquellos infieles, el año de 1699.

Apunta a continuación Alcedo la obra que le valió al P. Richter mención en la «Biblioteca»: «Descripción geográfica del río Ucayale y breve noticia de sus islas». En latín. Manuscrito en 4º, con láminas. Fechado en 1686 (66).

Figura de contornos heroicos el misionero. Fundó la reducción de la Santísima Trinidad de Cunivos; en 1686 agrupó a los Mochovos y Comavos; en 1687 reunió a los dispersos Manamabobos en el pueblo de San Nicolás. Luego quiso extender su acción a los feroces Campas y a los más feroces Piros Upatarinavas. Fracasó en este empeño, así como en una expedición a los Amenguacas. y tuvo aún mayor fracaso cuando el superior de las misiones, P Viva, le encomendó una gran expedición hacia los jívaros, que duró de 1691 a 1693. En 1695 fue, desde la Trinidad de Cunivos, a un traicionero llamado de los Piros y fue asesinado. Lo había presentido. En su última carta al P .Vivas se había despedido por adelantado, haciendo gala de un humor que siempre le fue caracerístico: «Padre mío, el estado que al presente tiene esta Misión da esperanzas de un buen macanazo. Dios sabe si nos hemos de ver más en este mundo» (67).

Eximio linguista, el P. Ritchter aprendió a manejar con expedición el español, compuso obras de linguística y tradujo a las lenguas nativas textos que le eran necesarios para su labor apostólica. En 1685 compiló un «Vocabulario de la lengua campa, pira y cuniba». Cuando marchó hacia los Piros para ser sacrificado, llevaba ya el catecismo vertido en su lengua.

«Ni con el hierro, ni con arte alguna, convertirás a estos indios; sudarás en vano, si no prepararas algunos regalos.

Y aunque vengas tú mismo, Homero, con cortejo de Musas, si nada llevas, te irás, Homero, fuera».

Citado por el P. Francisco Viva, a quien fue dirigida esa carta. Texto en el Archivo de la Compañía de Jesús.