REYES OSCAR EFREN

ENSAYISTA HISTORICO.- Nació en la pequeña población de Agua Santa de Baños, simple Misión de la Orden Dominicana, situada en el camino al río Pastaza, provincia del Tungurahua, el 13 de Junio de 1896 y fue hijo único de Amador Barriga Vásconez y de María Petronila (Petita) Reyes Noboa, vecinos de esa Jurisdicción. Ella era hija legítima de Francisco Reyes Hidalgo, bailarín y guitarrero que estableció su hogar en la población oriental de Canelos donde prestaba servicios a la misión dominicana y de Regina Noboa Rodríguez, nieta paterna de Valentín Hidalgo y Dolores Reyes quien al ser abandonada por su esposo Hidalgo solicitó al Teniente Político de Baños que cambiara el orden de los apellidos de (Francisco) su hijo único.

Amador Barriga Vásconez había sido enviado por su familia a Panamá, de regreso a Baños viajaba mucho porque era arriero, ocupó la presidencia del Concejo municipal de Baños, dio impulso a su estructura urbanística pues antes de su gestión era un pueblo con un montón de chocitas desordenadas, pero él tenía “un numeroso cuadro de familia” de manera que no protegió a su hijo Oscar Efrén, quien creció al lado de su madre en grave pobreza y abandono, sin siquiera ser visto por su padre ni aceptado por su madrastra que no permitía que visite su casa.

En 1905, cuando solamente tenía nueve años, enfermó su madre de cáncer y la cuidó pues eran los dos solos. Una tarde entró un toro al cuarto que habitaban, ella se cubrió con las cobijas y el se trepó a una barenga de madera hasta que el animal, dando un coletazo salió a la calle. Pocas semanas después ella murió. Era mujer bella de rostro y de personalidad profundamente humana y compasiva, por eso al reflexionar sobre su temprana muerte, escribió su hijo // Vida que te enciendes como un cirio / y enseguida te apagas dulcemente. //

Abandonado y huérfano a tan corta edad, fue recogido por sus tíos Juan Reyes Noboa y Rosita Romo de Reyes que también eran pobres y vivían con la abuelita Dolores Reyes. Allí encontró unos cuantos libros que empezó a leer con fruición.

I hubieran muerto de inanición de no haber sido porque su tío Virgilio Reyes Noboa les auxiliaba con cien sucres mensuales producto de la venta de las naranjillas cosechadas en dos pequeñas fincas de los abuelos, llamadas Rosa Blanca y la Escudilla, ubicadas cerca de Río Verde, a pocos kilómetros de Baños, en el camino al oriente, que producían caña de azúcar, naranjillas, cafetos, camotes y ajíes, y cuando llegaba a la casa, golpeando la ventana de la habitación que daba a la calle, le decía: Acabo de vender la naranjilla, ya mismo te traigo el mejor pan, siendo respondido por el niño: yo te tengo el chocolate.

Baños era un pueblito situado en el territorio de las misiones dominicanas hacia la región de Canelos. En 1911, fray Reinaldo Van Schoote, de paso por el lugar, se fijó en el pequeño Oscar Efrén y admirado de sus conocimientos y seriedad y que gustaba leer, pagó a un profesor de matemáticas y gramática llamado Flodoardo Vásconez, quien solía pegar con palmeta, a fin de que pudiera completar su formación y considerando que merecía todo estímulo lo dejó encargado al Párroco del lugar fray Juan Halflants, quien le tomó a cargo y dos años después le puso de profesor auxiliar, y fue un niño – maestro en la escuelita rural de la misión dominicana de Agua Santa de Baños, recibiendo una renta de su protector. Los alumnos, niños pobres del lugar, llegaron a quererle entrañablemente. Aún quedaban en 1988 algunos con vida y le recordaban con profunda emoción pues era un joven serio y circunspecto, más bien introvertido, que gustaba confinarse en su habitación para concentrarse en sus lecturas, prefiriendo a los autores Clásicos y entre los ecuatorianos a Juan Montalvo y como nunca faltaba a clases aunque lloviera a cántaros y los caminos se cubrieran de lodo, era el profesor perfecto.

En 1913 comenzó un diario íntimo que tituló “ Memoria y Vida Propia” y en una de sus páginas anotó lo siguiente: Me levantaré muy de mañana. Me lavaré. Me peinaré. Me pondré al escritorio y leeré Clásicos españoles y americanos. Haré ensayos de retórica hasta las siete del día. Desde esa hora daré clases de gramática a los niños y mientras el almuerzo leeré gramática. Desde las dos de la tarde estudiaré obras históricas y por las noches obras filosóficas. Por ese tiempo envío colaboraciones a los diarios “El Comercio” y “La Prensa” de Quito e hizo poemas a la Virgen de Agua Santa que se venera en Baños.

El 14, ya sin el apoyo del padre Van Schoote, quien “había sido trasladado a Bélgica y de allí a no se qué parte del Africa tenebrosa”, fue becado por el estado. En Octubre viajó a Quito, vivió al amparo de la familia López España, ingresó al Normal Juan Montalvo regido por los miembros de la segunda

Misión Pedagógica alemana que implantó el método neo herbatiano o de los Pasos Formales. De esta época es un nuevo diario titulado “Intimas” con textos muy personales. Yo no debo tener confianza en nadie sino en mí mismo. Seré frio, se que el furor me pone en ridículo. Un alma fuerte puede extirpar las malas pasiones que se hallan próximas a corromperla. Seré firme e inquebrantable como un roca. Las sugestiones que yo me doy son para practicarlas, no las consagro de ningún modo a la teoría.

Durante su estadía en el Normal tuvo como mejor amigo a Ulpiano Navarro y colaboró en la revista literaria “Juan Montalvo” que dirigía en Guayaquil el escritor obrero José Buenaventura Navas, el 15 dio a luz “Capítulos Liminares: intelecto: la imaginación, el profesional, el hombre artista” en 21 págs. con pensamientos para comprender al hombre y “Los oportunos: don Quijote y don Juan Montalvo” en 16 págs. obras de juventud que se presentan como una serie de divagaciones ordenadas tan solo por la asociación de ideas.

En Junio del 16 se graduó de Normalista con la más alta calificación: los tres unos, fue llamado aparte por uno de sus maestros alemanes de la Primera Misión Pedagógica quien le manifestó que deseaban enviarlo a perfeccionar sus estudios en Alemania, pero el joven Oscar Efrén agradeció el gesto y “no se presentó al examen por no tener zapatos” prefiriendo cumplir dos años con su obligación de becario, impartiendo clases en alguna escuela de su provincia. Por eso fue enviado de Director – profesor a la “Escuela Central de Varones” de Pelileo donde permaneció siete años que fueron muy importantes por formativos, con esporádicas colaboraciones al periódico “El Cóndor” de Ambato, siendo su fuerte el ensayo; pues, aunque hizo poesías y aspiró a que salieran publicadas en “El Telégrafo literario” de Guayaquil, no lo consiguió. Fue su etapa simbolista, influenciado por Paul Verlaine y escribió poesías más bien sencillas como él era y había sido su entorno durante su niñez y juentud: Fragmento. // Tras las moles andinas y entre nubes de grana / se ocultaron los rayos pudibundos del sol / y la tarde cual virgen, cual virgen lejana / se alejaba diciendo tristemente un adiós. //

Sus lecturas modernas le volvieron liberal en política y soñador en literatura. Amaba la poesía, defendió al gran poeta del amore Gabriel Danunzio y fue lector insaciable de las Charlas de Ernesto Mora, pseudónimo con el que escribía diariamente Manuel J. Calle en Guayaquil; por entonces se enamoró de Clara Aurora Torres Vallejo, hija de los esposos Luís Felipe Torres y Amalia Vallejo, dueños del hotel Tungurahua en Pelileo, ubicado en la estación del ferrocarril al Curaray y reputado el mejor de la población. Ella era una joven ágil, activa, bonita, inteligente y de mucha personalidad, que ayudaba a su madre en la atención a los clientes, pero también tenía el carácter recio, solía montar a caballo y tomaba sus propias decisiones. Se casaron el año 18, al principio fueron muy felices y tuvieron siete hijos, de los cuales uno falleció en la infancia, pero el joven profesor debió vencer la oposición de las beatas de Pelileo que le hacían contra por su condición de maestro laico. Con los años, las diferencias de caracteres se volvieron irreconciliables, surgieron animadversiones y finalmente terminaron separados. Otro asunto importante durante su estadía en Pelileo es que en 1921 aprovechó para registrar su nacimiento con su segundo nombre Efrén, pues habiendo nacido en 1896, es decir, cinco años antes de la existencia del Registro Civil, solo poseía la fe de bautismo.

Durante esos años escribió diversos artículos de matiz político en “El Cóndor” semanario liberal dirigido por Víctor Oviedo, en “Ecuatorial” de Francisco Montalvo y en la revista “América Latina” de Manuel Moreno Mora que le invitó y así salieron varios sobre Manuel J. Calle.

A principios del 24 fue sacado del cargo por cuestiones políticas. En Abril viajó a Guayaquil cuando logró el nombramiento de Profesor de la escuela de Montecristi pero al llegar al puerto principal ocurrió que un sujeto desconocido le narcotizó y robó de manera que al despertar con un fortísimo dolor de cabeza encontró que había perdido el barco a Manabí, entonces se dedicó a visitar los diarios y encontró al periodista Heleodoro Avilés Minuche, quien le facilitó una pequeña cantidad en préstamo para que pudiera sobrevivir y al mismo tiempo le nombró Jefe de Redacción de “El Guante” con ciento cincuenta mensuales de sueldo. Entre sus obligaciones estaba escribir un promedio de tres artículos a la semana, recortar y comentar artículos de periódicos nacionales y extranjeros, dirigir la sección bibliográfica nacional y extranjera, hacer de relacionador público con los visitantes importantes, etc. Para completar el presupuesto consiguió ser bedel – profesor del Vicente Rocafuerte” y finalmente en el verano pudo hacer venir a los suyos.

Los horarios de trabajo copaban todo su tiempo. De diez de la noche a tres de la mañana en El Guante, y de siete de la mañana a doce del día en el Vicente, luego la jornada vespertina hasta las cinco de la tarde en el mismo Colegio, pero el 8 de Junio del 26 se clausuró “El Guante” y quedó desempleado cuando el diario fue acusado de regionalista por defender el Federalismo y preconizar el separatismo.

Reyes había colaborado bajo los nombres de “León Fort”, “Jessie” y “Saint Cyr” sumando ciento catorce artículos a razón de tres semanales, aparecidos bajo las columnas “Actualidades”, “Cosas”, “La vida política” y “La vida en torno” con una prosa sobria y clara, sugiriendo respuestas en el lector mediante el uso de la ironía a través de la interrogación y revelando una rara madurez política – literaria pues, teniendo una ideología laica y liberal radical, su racionalismo y positivismo le hacía receptivo a todo cambio o transformación social. Lamentablemente sus orígenes pueblerinos serranos le onnubilaban a veces el buen entendimiento, sobre todo cuando se trataba de enfrentamientos regionalistas como sucedió en la revolución de Concha en Esmeraldas, a la que ni comprendió ni justificó. Por el contrario, la atacó impunemente. “No fue la Campaña de esmeraldas siquiera una lucha brava y decisiva, sino una serie de sorpresas, emboscadas y asesinatos a mansalva en el corazón de la selva, como en toda revuelta sangrienta verdaderos facinerosos pudieron encubrir con el pretexto político sus defectuosos instintos y simple hombres de presidio se convirtieron en capitanes y comandantes revolucionarios… ..”Después de esta lectura se ve a las claras que Reyes jamás había estado en el teatro de los sucesos ni conocía la topografía de los lugares donde se dieron las tres grandes batallas de la revolución de Concha: 1) El Guayabo, 2) Camarones y 3) La Propicia, con la participación de numerosos batallones formados por soldados del gobierno, usando materiales modernos: fusiles de última data, artillería de montaña o sea cañones de largo alcance y gozando siempre del apoyo logístico de la marinería embarcada en varias naves de guerra destacados en las costas. No fueron, pues, sorpresas y/o emboscadas y los que cayeron en dichos campos de batalla murieron o fueron tomados prisioneros en su ley.

Entonces, por esta clase de artículos, muy del gusto del gobierno de turno, obtuvo la visitaduría escolar del Guayas con doscientos cincuenta mensuales donde laboró brevemente, mejorando en algo su situación económica.

En Enero del 28 fue cronista del diario “El Universo” de Guayaquil con editoriales sobre la realidad histórico – económica del país a partir de la revolución Juliana que culminó con la reforma administrativa efectuada por la Misión Kemmerer. Lo mejor de esta etapa intelectual recogió en dos pequeños libros en octavo: 1) “Historia de la República” en 1931 en 331 págs. e ilustraciones, esquema de ideas y hechos del Ecuador a partir de la emancipación, y 2) “Los últimos Siete Años” (1925-32) en 201 págs editada en 1933 y considerada una obra modelo en el genero narrativo pues recogió la desestructuración del liberalismo, el surgimiento de un nuevo tipo de intervención militar en la vida del país, el inicio de una etapa de modelo económico y la institucionalización de la cuestión social, todo lo cual tiene una importancia decisiva para la comprensión de esa revolución y los cambios siguientes que se hicieron notar en el país. Era un periodista de fuste que no se desperdiciaba en comentar el momento, que iba siempre a lo medular y trascendente del acontecer patrio, se relacionaba con gente valiosa del puerto principal, entre otros con el sabio entomólogo Francisco Campos Rivadeneira, el notable periodista Nicolás Jiménez.

El 28 viajó a Quito nombrado Profesor del Normal Juan Montalvo y en sociedad con sus amigos Antonio Montalvo y Filomentor Cuesta, propietario de la fábrica de calzado de caucho “Venus” que puso el dinero, fundaron la editorial Raza Latina para sacar una Monografía histórico – geográfica que titularon “La Provincia del Tungurahua en 1928”, obra de lujo en 365 págs y numerosas ilustraciones, que causó revuelo en el país aunque no tuvo el éxito económico esperado. Su colaboración fue decisiva, casi toda la obra es de su autoría, para lo cual estudió la historia de su provincia, recogió datos, informes, biografías, tratando de reflejar la realidad del entorno geográfico y socioeconómico de cada lugar. Fue un trabajo realizado con gusto y sentido profesional.

A principios del 29 yen situación precaria pues su esposa acababa de pasar una grave fiebre tifoidea, fue profesor del Instituto “Luís A. Martínez” de Ambato. Luego enseñó Castellano, Historia y Literatura en el “Bolívar” invitado por su amigo el rector Víctor Gabriel Garcés, dirigió la revista “Cultura” órgano de ese plantel, prestigiándola y aumentando su difusión. Existe una reedición de 1990 por cuenta del Banco Central del Ecuador. En el periódico “El Heraldo” escribió sobre política. Esta fue una fructífera etapa, investigó, adquirió valiosas amistades: Celiano Monge, Francisco Montalvo, Julio P. Mera y escribió para la revista “Horizontes” un artículo sobre “Lo que fue Ambato en el siglo XVI” y como seguía siendo un profesor y un periodista pobre, alquilaba un departamento en la Guayaquil y Olmedo. Entonces, más para ayudarlo, Ricardo Jaramillo le invitó a escribir en su periódico “El Día” de Quito, también colaboraba con “El Telégrafo” de Guayaquil y era miembro del Grupo América, que reunía a lo más granado de la intelectualidad capitalina, en cuya revista apareció “Un capítulo de Historia del Ecuador: Liberales y Conservadores, las luchas” en 6 págs. y el 31 un texto que tituló “Historia de la República”.

En 1930 editó “La vida y la obra de Manuel J. Calle” en 45 págs. dividida en cinco acápites descubriendo sus limitaciones físicas, su personalidad díscola y difícil y las genialidades de su obra periodística y literaria: en suma, un héroe intelectual, un personaje intenso, contradictorio, brillante, rebelde y derrotado por la fatalidad y el alcoholismo.

El 31 salió su “Historia de la República del Ecuador” que había aparecido por entregas en el diario “El Universo” de Guayaquil desde Agosto del año anterior.

La Historia de Oscar Efrén Reyes que es como se ha conocido su libro y en el que yo estudié durante mi primer año en el Vicente Rocafuerte en 1952 es una texto de enseñanza con aspiraciones a obra mayor, expone con profundidad de juicio los primeros años de vida independiente, los acontecimientos políticos de la República, los sufrimientos y errores del convivir democrático y finalmente deja una puerta abierta a la esperanza. Es un libro de fácil lectura y comprensión, escrito para estudiantes secundarios y universitarios, de suerte que puede ser catalogado como algo más que un texto, sin llegar a los pormenores documentales de una obra de consulta, pues en todo prima el género periodístico y al mismo tiempo el afán pedagógico del maestro normalista que siempre fue su autor. I a la par de estos éxitos del espíritu, seguía viviendo la sencilla vida de un maestro laico, percibiendo un módico sueldo que no le permitía tener casa propia. La Historia de Oscar Efrén Reyes ha servido para enseñar Historia patria a numerosas generaciones en los últimos cincuenta años. Es la obra de consulta referencial obligada por sus numerosísimas ediciones, contiene datos expuestos con orden y claridad, constituye un trabajo de paciencia y perseverancia, y no ha sido superada por otro texto de historia general del Ecuador.

También se ha dicho que estableció un método cíclico de apreciación posponiendo lo que era una mera cronología y enfocó la Historia contemporánea con documentos y ceñido al rigor científico de los hechos, por eso animó los acontecimientos con análisis y dialéctica de las sociedades cambiantes y sirvió a las ciencias histórica, a la educación, a la administración y que no escribió la Historia para contarla sino para vivirla. Reyes dividió al libro en cinco partes: 1) La antigüedad, 2) Los pueblos aborígenes, 3) Los Incas, 4) La conquista española y 5) La colonia.

El 31 y luego el 32 lo requirieron como candidato a Senador funcional por la educación pero declinó el honor aunque de todas maneras salió electo Suplente. El 32 ingresó a la Academia Nacional de Historia en calidad de miembro correspondiente. El 33 pasó a ocupar la Dirección de Educación Primaria y Normal llamado por su amigo el Ministro Leopoldo N. Chávez, organizó los cursos Intensivos para preparar maestros y viajó por el país en afán de mejorar las condiciones materiales, administrativas y pedagógicas. En el “Boletín del Mejía” consta su “Breve biografía de don Celiano Monge” en 5 págs.

El 34 salió su pequeño libro “Brevísima Historia General del Ecuador” en 253 pags impresa en los Talleres Gráficos Nacionales que comprendía desde la prehistoria hasta 1933. El Presidente electo José Maria Velasco Ibarra le envió una carta de protesta que Reyes contestó y desde entonces hubo entre ambos un distanciamiento ideológico.

En Septiembre el Ministro de Educación Luís Villamar le delegó la presidencia del Ecuador a la II Conferencia Interamericana de Educación realizada en Santiago de Chile.

El 34 el Ministro de Educación Franklyn Tello Mercado lo nombró Subsecretario de Educación y por iniciativa del historiador Héctor de Ravena fue designado miembro de la Academia chilena de la Historia. Ese año construyó una casa en Baños pues amaba entrañablemente su terruño.

Tras un trivial incidente con el Presidente Velasco Ibarra perdió la cátedra en el Normal. Desempleado por algunos meses, con la información que le entregó su amigo Juan Francisco Montalvo, sobrino del gran escritor, bajo el auspicio del grupo América y en los talleres nacionales editó la “Vida de Juan Montalvo” en 418 págs. que dividió en capítulos, a saber: 1) Los elementos de formación, 2) El estudiante, 3) La época de “El regenerador”, 4) Los odios máximos, 5) Los resplandores de la celebridad 6) El sudario de París.

La crítica se mostró muy favorable, Gonzalo Zaldumbide exclamó “Ya hay biografía”. Remigio Crespo Toral calificó a la obra de “escrita sin amor y sin odio” para resaltar el criterio imparcial de su autor; sin embargo, con el correr de los años le salieron al paso varios detractores, siendo el más contundente Clodoveo González autor de “San Juan Montalvo,” soldado y campeón de la libertad, maestro de los maestros laicos, Quito, 1960.

En la presentación de la obra de González el crítico Alejandro Carrión se preguntó ¿Qué le parecerá a don Oscar Efrén este inesperado contendor que le sale al frente con tanta pasión. El distinguido historiador se sentirá herido en muchas ocasiones porque C. G. en la fiebre de la polémica, en la ansiosa sed de la lucha, dispara flechas ardorosas y logra blancos. Pero, al final me parece que don Oscar Efrén se sentirá extrañamente más satisfecho que ofendido, porque el haber suscitado este desborde de pasión y haber permitido que nazca un libro como éste, en el que – iluminada de fervor – se ve como está de viviente la enseñanza montalvina. Es para quien ama realmente a Montalvo, una satisfacción. Porque lo que le pasó a don Oscar Efrén fue un curioso acontecer, que cualquier día nos pasa a todos nosotros. Deseoso de combatir excesos de admiradores, que iban convirtiendo a Montalvo en un semidiós sin ninguna humanidad, y pensando que solo lo humano es grande, porque en suma es lo humano la medida de todo lo humano, la grandeza humana incluida, hurgó en papeles y en recuerdos y admitió chismes y contó esas pequeñas minucias, esas tristezas inevitables del alma, que caben en las grandes vidas y que hacen que ningún gran hombre lo sea para su ayuda de cámara Puesto a coleccionar minucias, pequeñeces, rotos y cuentas impagas quiso interpretar el espíritu del tigre y resultó en verdad que sin proponérselo, lo empequeñecía. Resuelto a dar dimensiones humanas al semidiós se le fue la mano y lo empequeñeció, pero eso no estuvo jamás en su querer. Disiento en este extremo de la opinión del autor C. G. de este libro. Reyes es en realidad un hombre honesto, un intelectual probo, que ha prestado servicios notables a la vida espiritual del país, en especial con su Breve Historia del Ecuador, en la cual un gran equilibrio de criterio permite ver en su verdadera medida y su justo color muchos instantes del vivir de la Patria. Reyes, en suma, no pensó en empequeñecer sino en humanizar a Montalvo. A veces nuestras obras producen resultados que nosotros no queríamos.

Oscar Efrén jamás contestó a González de manera que la polémica iniciada por éste no llegó a fructificar.

En 1939 editó en colaboración con Francisco Terán la “Historia y Geografía del Oriente Ecuatoriano”. El 40 fue clausurada la facultad de Pedagogía por el Ministro de Educación José María Estrada Coello y al ser reabierta como Instituto Superior fue designado Vicerrector y profesor, el 41 se fundó el Colegio Nacional Juan Pío Montúfar, cuyo rectorado ocupó y al que orientó pedagógicamente. Durante la maduración de esas labores repartió una fina y pequeñita edición de “El Libro de mis Hijos” de Paul Doumer, ex presidente de la república francesa, traducción del francés dedicada a sus hijos Byron y Galo.

El 41 se empeñó en buscar colocación para los cientos de profesores refugiados orenses en Guayaquil y Quito principalmente a causa de la invasión peruana y apareció su ensayo sobre el Reino de Quito en los Cuadernos de Divulgación Cultural para los Obreros del Ecuador y en la Revista América salió “La Dictadura y la Restauración” en 21 pags. El 42 editó en la revista de la Educación “La Revolución de Quito” en 39 pags.

El 43 asistió como Representante del Ecuador al Congreso Interamericano de Maestros realizado en Santiago de Chile y tras la revolución del 28 de Mayo del 44 cayó en desgracia por ser afiliado al liberalismo y haber desempeñado funciones públicas durante el arroyismo, perdió su empleo en el Montúfar tras dos años y medio de labores.

El 45 adquirió un terreno en Quito en el sitio el Placer y edificó una casa pequeña pero a su gusto pues sabía mucho de arquitectura. Ese año dio a la Revista América su ensayo “Las Grandes Culturas en América” en 22 pags y cuando se fundó la Casa de la Cultura Ecuatoriana en Agosto no fue considerado entre sus miembros fundadores. El 49 comenzó a dictar la cátedra de Periodismo en la Universidad Central, dio a la luz “Descubrimiento y conquista del Ecuador: Historia de las exploraciones españolas en territorio ecuatoriano” en 46 pags.

Afiliado al Partido liberal muchos años, el 47 terció para Senador por la provincia del Tungurahua y salió Suplente, candidatizado nuevamente el 48 y el 50 tampoco logró la tan ansiada senaduría. En Agosto del 49, mientras estaba aumentando su casita en Baños, su esposa y cuatro hijos pequeños se trasladaron a esa población. La tarde el día 29, a eso de las 1 y 45, todo comenzó a moverse a causa del terremoto y aunque permanecieron incomunicados por espacio de ocho días durmiendo en el interior de un automóvil, no les pasó nada más.

El 50, por encargo del Concejo Cantonal de Baños escribió una Monografía sobre dicha población, que aun permanece inédita a pesar que su hija mayor la presentó bajo pseudónimo en 1983, a un Concurso promovido por la Casa de la Cultura Ecuatoriana, resultando premiada.

El 52 editó su “Historia animada del Ecuador” como texto didáctico dirigido a los niños de enseñanza primaria, con dibujitos de Betancourt, preguntas y recuadros para facilitar su asimilación. La obra salió con motivo del cincuentenario de la creación de los Normales y fue premiada en la Exposición organizada en Quito.

El 53 vendió su casa de El Placer para adquirir una villa céntrica, en la Ciudadela La Floresta, cerca de la Universidad Central y del Normal Manuela Cañizares donde estudiaban sus hijas. La Academia Nacional de Historia le promovió a Miembro de Número. El “Mejía” le contó desde el 55 entre sus profesores y el 57 ocupó el Vicerrectorado en dicho Instituto.El 55 salió su “Breve Historia General de América.” El 56 el Consejo de la Universidad Central le había otorgado el título de Profesor de Enseñanza Superior en las cátedras de Historia del Ecuador e Historia de América. El 59 colaboró en la edición conmemorativa de los setenta y cinco años de fundación del diario “El Telégrafo”.

Entre el 59 el 62 ocupó el rectorado del Mejía en reemplazo de Leonidas García Ortíz y realizó varias remodelaciones en el edificio. Este último año se acogió a los beneficios de la jubilación, le fue concedida la Medalla al Mérito Educacional de Primera Clase y se dedicó a leer, escribir y descansar largas temporadas en Baños pues desde un accidente de tránsito sufrido meses atrás no se encontraba bien de salud.

En Octubre del 66 empezó a sufrir de retención de orina a causa de una hipertrofia prostética, fue operado en el Hospital Militar por el Dr. Ernesto Gándara, regresando sin novedad a Baños. Un mes después sintió ligeras molestias y viajó a Quito. Era sábado de tarde cuando arribó al Hospital y como el médico se estaba retirando a su domicilio, encargó a un inexperto practicante que le coloque una sonda de caucho en la uretra, maniobra sencilla pero realizada con tan poco cuidado y pericia que le ocasionó una hemorragia. Operado de urgencia, ya no se recuperó porque tuvo complicaciones con una úlcera en el estómago y tras larga y penosa gravedad, su amigo y médico de cabecera Dr. Max Ontaneda Pólit reunió a la familia y dijo “Es hora de dejarle morir en paz” y se extinguió suavemente en la pieza No 32, la mañana del 1 de Diciembre, a los setenta años de edad. Años después se encontró entre sus papeles un sencillo testamento con pensamientos íntimos para sus hijos.

De estatura más bien baja, rostro canela, pelo y ojos café. De joven delgadísimo, casi transparente, porque siempre fue de poco apetito y muy selectivo en sus comidas. Introvertido, de escasos amigos, de mirar sereno, casi triste. Afectuoso en la intimidad, sabía ser educador en su vida hogareña y trataba de inculcar hábitos de lectura a sus hijos relatando a medias las historias, para que al día siguiente se preocuparan de terminar de leerlas, casi siempre novelas de interés, clásicos literarios, etc.

Por las noches solía revisar los dormitorios para constatar que sus hijos estuvieran abrigados y si les oía toser iba a la cocina a prepararles limonada caliente. Si la tos persistía consultaba sus libros de Medicina, que los tenía en abundancia pues le encantaba esa ciencia y hasta sabía recetar.

En ocasiones, después de almorzar, solía bailar en son de broma y con un brazo en alto alrededor de la mesa y su mayor gusto era que le sigan el compás.

Respetuoso y considerado con todos, tenía la costumbre de proteger a los niños, ancianos y desvalidos. Había una viejecita muy pobre que vendía chucherías en la esquina de su casa a la que siempre compraba sus cosas inútiles, simplemente por ayudarla, pues no las necesitaba.

Impecable en el vestir, se sabía persona de valer, era extremadamente pulcro y nítido en todo, usaba únicamente sombreros borsalinos que eran los más caros, así como ternos de legítimo casimir inglés, distinguiendo la calidad porque los quemaba en una puntita y si se chamuscaban en forma de bolita, era signo inequívoco de excelencia. Por eso sus hijas decían que cuando salía a adquirir un corte de casimir, primero se guardaba una caja de fósforos en los bolsillos.

Los días sábados concurría a algún mercado cercano a comprar una gallina, sardinas españolas, embutidos de la casa Lukue, etc. porque le agradaba la buena mesa y sin ser bebedor tomaba sus vinos con las comidas.

Los domingos de mañana salía con su familia a pasear por los bosques a fin de respirar aire puro, o por los campos comarcanos, o se iban a bañar a las piscinas del Tingo.

Sencillo en todo, más que escritor fue un maestro a tiempo completo, por las mañanas dictaba sus clases y por tas tardes corregía tareas y exámenes, y preparaba el material del día siguiente, hacía apuntes de Historia en las bibliotecas y archivos Municipal y Nacional, iba de visita donde sus amigos los franciscanos y dominicanos o a la Editorial Jodoco Ricke dirigida por el español fray José Pedrosa, con quien acostumbraba tener amenas pláticas. Allí se imprimían sus textos de Historia a crédito, que recibía por parte a medida que los iba vendiendo y abonando, pues el consumo era seguro dada la valía. Dichos textos, más que de historia eran considerados ensayos sobre la filosofía de la historia ecuatoriana, pues no gustaba narrar anécdotas sino explicar situaciones generales.

En sus ratos libres disfrutaba de la lectura de obras de filosofía, historia y literatura. De noche dictaba a sus hijas, sobre todo a Elsa, paseándose por el estudio – biblioteca. Después corregía a mano los borradores mecanografiados. Siempre tuvo un marcado sentimiento pedagógico de las cosas y hacía extractos para dar a sus alumnos instrumentos válidos de conocimiento.

De salud precaria desde su juventud, durante su estadía en “El Guante” de Guayaquil pasaba por nervioso y aprensivo, de setenta años le operó el Dr. Isidro Ayora de unos cálculos en la lengua, dolencia rarísima de la que sin embargo sanó por completo. Siempre friolento, de continuo usaba abrigos y en la edad madura empezó a sufrir de constantes afecciones respiratorias, al punto que se le hizo una bronquiectasia.

Nunca bebió licores fuertes ni fumó, austero en todo, guardó siempre la fidelidad conyugal. Aún permanece inédita su obra “Baños del Tungurahua, desde sus orígenes al cabildo” en 216 págs. con cincuenta dibujos y fotografías antiguas.

Como buen maestro luchó a través de su producción intelectual para que se conozca la verdad completa, dicha sin subterfugios, pues en eso fundamentó siempre su definición moral y la coherencia de sus principios.

De lo único que quizá se le pueda acusar es de regionalista con los negros esmeraldeños, con los cuales se ensañó al referir los hechos de la revolución del Coronel Carlos Concha, tildándoles de asesinos. Bien es verdad que “El Guante” era un diario de propiedad de notables periodistas placistas.