RAMIREZ DE LA FITA CAYETANO

POLITICO Y ORADOR.- Nació en Latacunga el 16 de Noviembre de 1776 y fueron sus padres legítimos Mariano Nicolás Ramírez de la Carrera, Contador de la Real fábrica de pólvora en Latacunga y de Beatriz de la Fita y Carrión (hija natural de José Villagómez Ortega en María Vásquez Albán) Monseñor Francisco Xavier de la Fita y Carrión, III Obispo de Cuenca, la crió a ella, por solidaridad cristiana, como su hija adoptiva.
Recibió el Orden Sacerdotal hacia 1801 y desde Enero de 1805 fue Cura de Montecristi, desempeñándose hasta el 10 de Septiembre de 1843, un total de treinta y siete años y ocho meses. Wilfrido Loor ha escrito: Buen párroco, los jueves celebraba misa solemne en obediencia a un auto del Obispo de Cuenca, José Carrión y Marfil y los domingos por la tarde con el Santísimo expuesto, cantando el Trisagio. Era cuidadoso en el aseo del templo y renovaba frecuentemente las formas sacramentales, tan fáciles de deteriorarse en los climas húmedos y cálidos. Defendió con celo la integridad de las tierras de su curato en un litigio que duró varios años, desde 1806, en el sitio San José, por otro nombre Manantiales, que Jipijapa lo creía suyo. En 1812 hizo jurar en Montecristi la Constitución española. En 1818 se ausentó por breves meses a Lima y cuando en Septiembre algunos marinos ingleses despojaron a la iglesia de Montecristi de sus tesoros, denunció el asunto a su regreso, gestionando ante el Gobernador de Guayaquil la recuperación de esos bienes.
En 1820 se hallaba en Cuenca con motivo de la provisión de Curatos y sabedor de la independencia en Guayaquil, lanzó proclamas de su puño y letra para enardecer los ánimos que dejó preparados y el 28 de Octubre regresó a Guayaquil a ponerse a las órdenes del Coronel Gregorio Escobedo y solicitarle armas y hombres. Días más tarde José María Vásquez de Noboa proclamó el 3 de Noviembre la independencia de Cuenca.
El 2 de Febrero del 21 estaba de regreso en Montecristi dedicado a enviar gente a la lucha y dinero para los gastos. Alimentó, vistió y dio albergue en grandes ramadas especialmente construidas a los numerosos batallones colombianos llegados desde Buenaventura y desembarcados en Manta para seguir por tierra a Guayaquil y emprender las campañas libertadoras que terminaron en Junín y Ayacucho.
En 1822 conformó el Colegio Electoral como representante de Montecristi. Su actividad y cultura le distinguieron de los demás Diputados. El 23 estuvo entre los partidarios más entusiastas de la incorporación de Guayaquil a Colombia. Poco después Bolívar regaló al Teniente Coronel Vicente Castro las tierras baldías de Portoviejo y Montecristi por deudas en servicio de la causa de la independencia. Ramírez de la Fita se opuso porque tales tierras pertenecían al pueblo y como de todas maneras salieron a remate, las compró para el cabildo de Portoviejo y las Cofradías de la iglesia de Montecristi, entregándolas al uso gratuito del vecindario. Por eso jamás hubo latifundios en esa zona.
El 20 de Octubre de 1824 abandonó su curato al dirigirse al Congreso de Bogotá como representante de la nueva provincia de Manabí y no regresó sino en Enero del 27.
En 1829 fue nuevamente elegido Diputado para el Congreso Admirable.
El 29 de Septiembre recibió instrucciones de los manabitas sobre la conveniencia del gobierno monárquico moderado y que fuere Bolívar el primero en ocupar el trono de la Gran Colombia; pero como los diputados liberales del ala de Santander tomaron el mando, el proyecto no pudo ser presentado
El 13 de Mayo de 1830 se produjo la separación del Distrito Sur de la Gran Colombia. Manabí se adhirió al nuevo estado el 30 de dicho mes y Ramírez de la Fita asistió a la primera Constituyente celebrada en Riobamba, con los presbíteros Manuel Rivadeneira de Portoviejo y Manuel García Moreno de Jipijapa y fiel a los dictámenes de su conciencia y a la petición del Obispo Lasso de la Vega, pidió la derogatoria de la ley del Patronato, aunque solo obtuvo el apoyo del Dr. Mariano Veintimilla, representante de Cuenca. Con este consiguió la prohibición de ingreso de libros prohibidos y la vigilancia sobre la circulación de impresos, pero fracasó al mocionar que la nueva República se divida en provincias y no en departamentos, que el Presidente de la República fuera designado por Asambleas electorales, que dicha función recaiga en un ecuatoriano de nacimiento, que el Congreso sea bicameral, que se restablezca las municipalidades suprimidas, etc. y no sin grandes trabajos consiguió la habilitación de los puertos de Manta y Bahía que había sido cerrados.
Designado nuevamente Diputado por Manabí, asistió en 1832 al Congreso de Quito, atacó el proyecto de aumentar los bienes del estado con rentas eclesiásticas, defendió a los indios de nuevas contribuciones y en la sesión del 22 de Octubre se opuso a que el estado adopte al niño Juan Fabricio Flores Jijón, hijo del Presidente Flores. Por ello se ganó la animadversión del primer mandatario, que lo tuvo desde entonces entre sus opositores de consideración.
En 1833, después de los asesinatos de los patriotas del Quiteño Libre, apoyó la revolución de los Chihuahuas y a Rocafuerte, pero cuando se unió a Flores, luchó contra los dos, logrando el 23 de Septiembre de 1834 que la Provincia de Manabí apoye al gobierno de José Félix Valdivieso. Ese año, durante la guerra civil, los soldados de Rocafuerte y Flores robaron dos mil cabezas de ganado a la Cofradía de Nuestra Señora de Monserrat por un valor de 32.462 pesos, suma altísima para la época. El Gobernador de Manabí, Coronel Carlos Vicendón, le tomó preso y remitió a Guayaquil, donde Rocafuerte lo envió al destierro en el Perú.
En Lima permaneció hasta Septiembre del 36 y para evitar que pueda concurrir a nuevos Congresos. Rocafuerte hizo aprobar en el reglamento de elecciones una cláusula por la cual se prohibía a los Párrocos ser electos Diputados. Sin poder político y relegado a una zona poco importante, rumió rencor hasta Abril del 39, en que amistado nuevamente con Flores le solicitó reemplazar al Dr. Miguel Rodríguez, que había renunciado por edad al deanato de la Catedral de Guayaquil. El 41 salió electo Senador por Loja y por Manabí. El Congreso no puso sesionar por falta de quorum, Ramírez de la Fita propuso que se le confiera la facultad al Presidente para convocar un Congreso extraordinario y así se aprobó. Flores decidió complacerle por esta actuación política, pero como el nombramiento debía conferirlo de acuerdo con el Consejo de Estado y previa aprobación del Senado, tardó algunos meses. Finalmente el 18 de Marzo de 1842 le designó Dean y tomó el Juramento el 27 de ese mes.
El Obispo de Guayaquil Francisco Xavier de Garaycoa se opuso a esta intromisión del ejecutivo puesto que por la Bula de creación de la Diócesis en 1837, el título significaba también el curato de la iglesia catedral y era condición que se efectuara por Concurso.
Mientras tanto el 20 de Mayo de 1842 se había producido el gran incendio de Montecristi. Se quemó la casa de Ramírez de la Fita, la casa parroquial donde estaban almacenadas algunas arrobas de plata propiedad de la iglesia. Durante la epidemia de fiebre amarilla, que en Montecristi no tuvo las consecuencias catastróficas de Jipijapa y Guayaquil, se portó humanitariamente. Por ello el Gobernador Manuel Alvarez del Barco certificó su buena conducta, indicando que fue de los pocos curas que no cobró derechos eclesiásticos por los entierros. El Presidente Flores, para ayudarle, había solicitado al Papa la separación del deanato del curato de la iglesia Matriz de Guayaquil y tuvo Monseñor Garaycoa que designarlo Dean interinamente el 2 de Julio del 44 hasta tanto se resolvía el asunto en Roma.
Entre Julio del 44 y del 45 fue Cura de la Catedral, pero su carácter vivo y desenvuelto le atrajo la envidia de los miembros del Cabildo Catedralicio que no tenían sus altas ejecutorias ni la facilidad de palabra que tanto le distinguía. El 13 de Abril del 45 accedió Roma a los deseos del gobierno y separó el Deanato del Curato. El 12 de Agosto Garaycoa le dio posesión del deanato en propiedad, su protector el General Flores se encontraba en el exilio a causa de la revolución marzista.
Poco después se presentó como candidato a Diputado a la Constituyente de Cuenca por las provincia de Manabí y Pichincha. En esta última le tildaron de patriota pero viejo pues iba a cumplir 69 años de edad. De Manabí tampoco recibió el apoyo deseado y entonces viajó a Loja y consiguió la elección pues aún le sobraban arrestos como antaño. De allí pasó a la Convención en Cuenca y formó parte del bloque de apoyo a Vicente Ramón Roca, quien ganó la presidencia al liberal José Joaquín de Olmedo. El joven Gabriel García Moreno, que era olmedista, le insultó como a los demás sacerdotes convencionales, en un periodicucho que sacó en Quito bajo el nombre de “El Zurriago”. Durante los debates sobre los tratados de la Virginia tomó partido contra su antiguo protector el General Flores, por entonces en desgracia.
En 1848 entró nuevamente en disputas con el Obispo Garaycoa de Guayaquil cuando este nombró Canónigo Penitenciario al Dr. Mariano Sáenz de Viteri y para llenar la vacante dejada por Viteri designó Garaycoa al Dr. José Tomás de Aguirre Anzoátegui.
Ramírez de la Fita creía honestamente que el Obispo no se hallaba facultado para hacerlo, pues tales designaciones eran de competencia del Cabildo eclesiástico. El asunto pasó en consulta a Roma y fue fallado a favor de Garaycoa.
En 1850, al producirse la revolución de Diego Noboa Arteta contra el Vicepresidente Manuel de Ascázubi Matheu, fue designado con el Dr. Francisco Marcos y Crespo para entenderse con los comisionados de éste último, finalmente no se llegó a ningún acuerdo.
En 1851, al ascender Garaycoa al Arzobispado de Quito, quedó vacante el obispado de Guayaquil y hasta la designación del nuevo propietario debía nombrarse un Vicario Capitular. Ramírez de la Fita se encontraba ausente en Cuenca. El cabildo eclesiástico guayaquileño estaba conformado por Sáenz de Viteri y por Aguirre como ya se dijo, por Luís de Tola y Avilés de vacaciones en Lima y por José de la Cadena y José María Aragundi. Reunidos Sáenz de Viteri, Aguirre, de la Cadena y Aragundi se tomó votación y de la Cadena logró tres votos, y habría obtenido unanimidad si no hubiera dado su voto por delicadeza, en la persona del Dr. Manuel Salazar, Párroco de la Concepción de Ciudavieja. Su elección fue aprobada por el Gobernador José García Moreno. Monseñor Cadena era un buen sacerdote aunque no ilustrado y jamás había pasado de simple cura, por ello surgieron voces de protesta y el asunto se tornó litigioso.
En eso regresó Ramírez de la Fita y tanto insistió en la nulidad de esta elección que terminó Cadena por renunciar. Entonces convocó a una nueva elección y como Sáenz de Viteri se hallaba ausente en el campo convaleciendo de paludismo, le hizo volver a Guayaquil. Cadena pensó que la finalidad de Ramírez de la Fita era hacerse elegir con los votos de Sáenz de Viteri y de Aragundi que había sido su coadjutor en Montecristi, y molesto retiró su renuncia. Entre tanto Noboa había sido depuesto de la presidencia, que ocupaba el general José María Urbina, viejo amigo de Ramírez de la Fita. Quizá por eso el Dr. Francisco de Marcos y Crespo comunicó al Cabildo eclesiástico que el Presidente se oponía a que Cadena ocupe la Vicaría Capitular y que por lo tanto debía precederse a efectuar una nueva elección, la que se realizó con el siguiente resultado: Sáenz de Viteri votó por Ramírez de la Fita y éste por aquel. Uno cada uno. Los otros concurrentes: Aguirre y Cadena votaron por Luís de Tola y Avilés, pero como ninguno obtuvo la mayoría de tres votos, volvió el asunto al tapete de las discusiones y en Quito decidieron en favor de Tola por tener un grado doctoral y haber sido Vicario en alguna ocasión anterior.
El Presidente Urbina no se conformó con lo efectuado y el 28 de Agosto de 1852 apeló a Roma, de suerte que el asunto siguió siendo escandaloso por muchos meses más hasta que el Papa Pío IX desde el 29 de Mayo, en atención a la petición de Tola y el Cabildo eclesiástico, había concedido amplias facultades al Arzobispo Garaycoa para la solución de la controversia, quien zanjó toda discusión designando Vicario Apostólico a fray José María Yerovi Pintado, sacerdote manso de espíritu y hasta simplón pues vivía entre penitencias y arrobos místicos, y por eso solo permaneció un año en funciones alejándose misteriosa y subrepticiamente de Guayaquil en 1853 sin siquiera avisar y peor despedirse, pues había decidido encerrarse en un convento de Pasto. Entonces Garaycoa le reemplazó con el rector del Colegio Seminario Dr. José Tomás de Aguirre, ya sin las discusiones de antaño.
Cabe anotar que en 1851, poco antes de su caída, el Presidente Diego Noboa Arteta, en uso de las atribuciones del Patronato, había designado a Aguirre para ocupar el obispado vacante de Guayaquil y a Ramírez de la Fita para el de Cuenca. La Asamblea Nacional reunida en Guayaquil eligió el 16 de Septiembre del 52 a fray Vicente Solano para el obispado de Cuenca, al Dr. José María Riofrío como Obispo Auxiliar de Quito y a Ramírez de la Fita para el de Guayaquil. Se excusó Solano pensando que en Roma no harían caso de una decisión nacida en la voluntad de un gobierno que acababa de expulsar a los jesuitas. Ramírez de la Fita, en cambio, aceptó el Obispado de Guayaquil y se posesionó cuatro días después, pero el asunto recién se resolvió el 53 cuando el Papa eligió Obispo de Guayaquil a Aguirre, y auxiliar del Arzobispado de Quito a Riofrío. Sin sede quedó Ramírez de la Fita, únicamente por la oposición de Garaycoa. De todo esto quedó un profundo resentimiento en Ramírez de la Fita contra Garaycoa, como se desprende de varias comunicaciones cursadas entre ambos.
Ramírez de la Fita se encontraba viejo y debilitado, tenía setenta y siete años y sufría dos dolencias relativamente graves, de las que posiblemente murió el 14 de Abril de 1854 en Guayaquil y fue sepultado en la iglesia Catedral.
Numerosos autores han estudiado sus actuaciones públicas y privadas pues fue un político de elevado criterio y patriotismo por lo que sufrió un destierro y varias persecuciones. Como sacerdote le han acusado de ser urbinista como si ello fuere un delito.
Modelo de virtudes: generoso, sabio, altruista. Mantecristi le debe mucho. Es una de las más altas figuras de la iglesia ecuatoriana del siglo XIX y tiene que ser revalorizado a la luz de la crítica imparcial, que le hará justicia, poniéndole entre los grandes jerarcas del catolicismo nacional de todos los tiempos pues fue un personaje con criterio moderno y social, en Montecristi defendió a los pobres y ayudó a los indígenas, cobró fama como orador, actuó en política y se le consideraba todo un carácter.