MORA SAÚL T.

MAESTRO Y PERIODISTA.- Nadó en la cabecera parroquial de Checa, Cantón Cuenca, el 11 de Octubre de 1911. Hijo legítimo de Hipólito L. Mora Delgado, autodidacta, Administrador de Correos y profesor privado en Naranjal. Amanuense de una Notaría en Cuenca, finalmente Notario en propiedad siete meses antes de su fallecimiento. Respetado, consultado y hasta admirado por los Jueces de Cuenca que reconocían su gran capacidad jurídica, de suerte que en algunas ocasiones llegó a redactar sentencias difíciles; y de Victoria Montesdeoca Ochoa, naturales de esa Parroquia.

El último de una familia compuesta de ocho hermanos, Fue llevado a Naranjal, aprendió a leer oyendo las clases de su padre. Después tomaría las lecciones a sus pequeños compañeritos.

En 1923 regresaron a Cuenca y entró al cuarto grado de la escuela “Luis Cordero” donde culminó la primaria tras publicar un periodiquito “El Cóndor” del que llegó a sacar catorce números.

Entre 1925 y el 31 estudió en el “Benigno Malo” sin jamás perder un solo punto, editó el periódico “El Colegial” y la revista estudiantil “Alba”. En el sexto curso escribió un artículo que el Consejo Estudiantil consideró irrespetuoso porque en él les daba consejos sobre la mejor marcha del plantel. El Vicerrector Januan’o Palacios le pidió que se retracte por escrito, pero como no le aceptó, quiso expulsarlo. Entonces intervino el Rector Carlos Cueva Tamariz y solo lo suspendieron, aunque perdió el Premio “Juan Bautista Vásquez” que anualmente se concede en ese plantel al mejor Bachiller, que de todas maneras quedó en casa, pues quien le seguía en puntaje era su hermano Alfredo Mora.

En 1931 vivían en una casita arrendada en la calle Sandes. Su padre les decía: “Como no les puedo premiar cuando sacan buenas notas, les castigo cuando las sacan malas, a sabiendas que algún día me lo agradecerán” pues así era de estricto y disciplinado. Graduado de Bachiller pasó de profesor a la escuelita rural de la parroquia Sidcay con S/.80 mensuales. Poco después consiguió que lo trasladaran en comisión de servicios a un Curso Intensivo para Normalista en el “Manuel J. Calle” con el mismo sueldo. Allí dirigió la revista “Hélice”.

En 1932, graduado de Profesor Normalista, fue por sorteo a dar clases en la escuela “Luis Cordero” de Cuenca con S/. 120 . Estuvo tres años y por esa época escribía para la ^ revista socialista “En Marcha” de Luis

Monsalve Pozo.

Eran los años cumbres de esa doctrina sociopolítica en e! Ecuador y no pudo sustraerse a ella. En eso llegaron de Quito unos Universitarios de la Central, le oyeron dar un discurso político y se entusiasmaron tanto que intercedieron ante el Lic. Néstor Mogollón, director del Diario socialista “La Tierra”, de Quito, para que le concediera una columna semanal. Mora se sentía mas bien anarquista, a lo mayiacosky, pues no le agradaba que nadie mandara en su vida.

En 1933 reunió varios de sus artículos literarios y hasta les agregó un breve ensayo. Así salió su primer libro “Crítica Literaria”, que le dio a conocer en el país, sobretodo entre la intelectualidad de izquierda que lideraba en Guayaquil Joaquín Gallegos Lara y el español Francisco Ferrandis Albornos, a) Feafa, que ejercitaba la crítica literaria desde las páginas del Diario “El Telégrafo” con singular maestría.

Famoso se hizo entonces un pensamiento de Mora, tomado de su ensayo “Bastantes Libros” que republicara íntegramente “El Universo” de Guayaquil. “Al indio

islas y se formaron Comités de lucha en Guayaquil y Quito. Finalmente el dictador tuvo que autorizar el retorno de la mayor parte de los confinados, pero hubo algunos que permanecieron en las Galápagos hasta la instalación de la Asamblea Nacional Constituyente de 1938, que decretó una Amnistía general.

Mientras tanto proseguía sus estudios de Derecho en la Universidad de Cuenca y fue candidatizado a Concejal del Cantón por VRS saliendo electo. Era por esos días miembro del grupo cultural universitario “Mástil” con Víctor Lloret Mosquera, Julio Iñiguez Arteaga, Ricardo Márquez Moreno, César Hermida Piedra, Max Aguilar Arévalo y Arturo Crespo Toral, quienes combinaban la política con la literatura y publicaron desde Enero del 38 la revista de la Asociación Estudiantil Universitaria del Azuay llamada “Mástil”, aparecida hasta 1940 que el grupo se disolvió.

Entre el 37 y el 38, en la dictadura del General Alberto Enríquez Gallo, por influencia de su amigo el Coronel Francisco Urrutia, desempeñó las funciones de Visitador Escolar de Loja.

En 1938, en el gobierno de su amigo el Dr. Manuel Maria Borrero, fue ascendido a Director de Estudios del Cañar.

En 1939 publicó “La Jerga y la jorga revolucionaria” con punzantes críticas literarias que le originaron polémicas y reacciones negativas. Ese año fundó el bisemanario “El Sol” del que salieron 46 números porque fue designado profesor del Colegio Vicente León y tuvo que establecerse en Latacunga. Al año siguiente pasó al Eugenio Espejo de Babahoyo.

En 1940 ingresó al Benigno Malo de Cuenca donde se mantuvo por varios años y editó el periódico arroyista “El Guante” en nueve números. Estaba en su mejor época, dedicado a la política y a escribir sobre literatura. Adolfo H. Simmonds le consideraba la figura más interesante de la moderna generación azuaya, mezcla de erudito y fustigador.

En 1944 dirigió la revista “Mediodía”, órgano de la Asociación de Profesores Normalista australes. El 51, su amigo el Presidente Galo Plaza, le designó Director de Educación del Azuay y comenzó a escribir en el bisemanario “El Tiempo” en su segunda época, por S/. 400 mensuales; donde mantuvo su afamada columna “El Fresco de Piña” con el pseudónimo de “Juan

Peña” y los Editoriales hasta 1967. Sin embargo, es necesario advertir, que el periodismo mató al crítico que tanto prometía, dispersando sus esfuerzos, minimizando en asuntos diarios su producción.

El mismo año 51 adquirió una casa en el barrio de San Sebastián, ubicada en las calles Sucre y Miguel Vélez, que habitó en unión de sus dos hijas. El 53, al dejar la Dirección de Educación, fue homenajeado por el magisterio azuayo con una Pluma de Oro y con tal motivo editó “Pluma de Oro. Crónica de un galardón”.

El 54 comenzó a escribir para “El Universo” de Guayaquil bajo el pseudónimo de “Jorge Sierra”, la columna semanal “Desde una margen del Tomebamba” que mantuvo hasta 1962 y renunció por falta de tiempo.

Desde Noviembre de 1958 volvió a ocupar una de las Concejalías del Cantón Cuenca. El 60 fue reelecto. El 61 desempeñó la Dirección de Estudios del Azuay. El 62, apoyado por las izquierdas independientes, salió Diputado por las minorías y concurrió al Congreso de ese año, pero al siguiente se declaró la dictadura de la Junta Militar de Gobierno y perdió su ^ representación.

En 1965 recibió del Ministro Humberto Vacas Gómez la Condecoración al Mérito Educacional de Primera Clase. El 67 se jubiló en el Colegio Benigno Malo. El 74 escribió “Las Cinco diferencias entre las Constituciones nuevas y del 45 reformada” como aporte al anunciado Referendum dictatorial, folleto que fue muy leído en Cuenca.

En 1974 publicó por entregas y luego reunió en un tomo polémico, de ataques a Hernán Rodríguez Castelo, varios artículos sobre crítica y en defensa de ciertos valores cuencanos y en especial Remigio Romero y Cordero, que tituló eufónicamente “La Sonata del Rebenque” y nuevamente alcanzó celebridad que luego ha perdido con el paso de tiempo. El 75 editó el No. 1 de la revista “Letras del Azuay” como miembro de la Casa de la Cultura de Cuenca.

En 1979 publicó “La Hora” hasta el número nueve, siguiendo su antigua costumbre de inaugurar periódicos y luego cerrarlos por falta de apoyo económico; admira su constancia y el esfuerzo que desplegaba en ello, pues a veces escribía enteramente cada número sin ayuda de amigos o

de mucho carácter. Ambos lojanos, propietarios de la finca “Parucato”, atrás del nudo de Cajanuma, muy extensa y fría por montañosa.

Fue el antepenúltimo de una larga familia compuesta de diez hermanos y nació como todos ellos en la casita familiar de Loja. Su niñez fue sin privaciones, cursó la primaria en la escuela fiscal Miguel Riofrío hasta el quinto grado. Su padre murió en 1924 y le pusieron en el Seminario Conciliar de San José a que estudie para sacerdote pero solo estuvo un año porque dado su carácter alegre y primario, pronto le cansaron los rezos y salió con destino a la escuela de los Hermanos Cristianos donde terminó la primaria. Enseguida pasó al Bernardo Valdivieso formando parte de una jorga burlona y traviesa que por ello sacaba las notas más bajas del Colegio.

En Junio de 1928, al finalizar el quinto curso de secundaria, se sustrajeron los libros de Calificaciones; sin embargo, eran los mejores deportistas y excelentes muchachos. Recuerda como sus mejores profesores a Carlos Manuel Espinosa en Literatura y a Clodoveo Carrión Mora en Ciencias Naturales. Hacía poemas indigenistas y románticos, cantos de angustia, soledad y dolor, amó y fue amado y se graduó de Bachiller en Junio del 32 tras varios años de escarceos literarios en el grupo y revista “Hontanar” que alcanzó gran prestigio bajo la dirección de su profesor Espinosa entre el 31 y el 32 que salieron diez números. Hontanar se editaba en los talleres gráficos del Colegio y colaboraron en ella los alumnos Luis Torres Riofrío, Alfonso Aguirre S. Juan Cueva Ontaneda, Jorge Suárez Buraco, Alejandro Carrión Aguirre, Jorge Mora Ortega, etc. Su Definición decía “Para todos es. I del espíritu de todos se nutrirán sus páginas. A quienes sientan y vivan la palpitación de la belleza y quieran verter en cauces nuevos el sutil veneno de sus pensares, sino en vista les tiende cordial sus manos y les brinda hidalga su generosa acogida. No al caso sino en virtud de un meditado simbolismo, lleva el nombre que tiene la música de un gorjeo y la transparencia humedecida del rocío mañanero: Hontanar.

La revista circuló de inmediato en Quito, Guayaquil y Cuenca. Mandaron colaboraciones Ignacio Lasso, Jorge Fernández. Humberto Vacas Gómez y José Alfredo Llerena desde Quito. Joaquín Gallegos Lara, Enrique Gil Gilbert, Demetrio Aguilera Malta y Jorge Ismael Gandú desde Guayaquil,

El 36 volvieron los socialistas a tener influjo político con dos Ministros en el gabinete dictatorial del Ing. Federico Páez y fue designado Oficial Mayor de la Intendencia de Policía y el 37 viajó a Guayaquil como director de la Escuela de Trabajo No. 2.

En 1938 fue Inspector – profesor sustituto en el Colegio Mejía hasta que en Julio del 39 volvió a Loja sin haber culminado la carrera de Abogado, matriculándose en el tercer curso. Al mismo tiempo fue designado Secretario y profesor del Bernardo Valdivieso y tuvo varias funciones en el poder judicial.

En 1944 representó a los estudiantes en el Consejo Universitario y salió electo Presidente de la FEUE de Loja, luchando por la conquista de la autonomía universitaria.

En Mayo participó en favor de la revolución anti arroyista y el nuevo Gobernador Pío Jaramillo Alvarado le nombró Director Provincial de Educación, desempeñándose hasta finales de Noviembre que viajó nuevamente a Quito y comenzó a trabajar en la Contraloría como Jefe de Despacho de la Secretaría General, llevado por su paisano Ángel Felicísimo Rojas.

Tras la dictadura de Marzo del 46 en Julio de 1946 volvió a Loja y el 51 fundó el Club de Leones, presidiéndolo por varios períodos. El 50 se graduó finalmente de Abogado a los treinta y ocho años de edad y fue Agente Fiscal segundo del Crimen. El 54 organizó el Colegio nocturno “Leones de Loja” para ayudar a los obreros e impartirles gratuitamente educación social, consiguió rentas permanentes para su sostenimiento en 1962 y siendo Concejal de Loja logró que se le declare la sección nocturna del Bernardo Valdivieso, con un numeroso plantel de profesores y extenso alumnado. Ese año fue nombrado Rector del Colegio Nacional de señoritas “Beatriz Cueva de Ayora” donde prestó sus servicios por más de veinte años consecutivos.

En 1967 fundó la Escuela provincial para ciegos de la cual fue director en sus dos primeros años, hoy es el Instituto Fiscal para ciegos “Byron Eguiguren” y sigue funcionando en el terreno donado por el Club de Leones.

El 65 había viajado a México y a los Estados Unidos y de regreso inició la construcción del edificio del “Beatriz Cueva de Ayora”. Posteriormente adquirió los laboratorios, el Serviciodental, el Departamento de orientación Educativa y Vocacional, el Gabinete de idiomas, la Galería y Sala de profesores, la Biblioteca, el Servicio Médico, etc.

En 1970 fue electo primer Concejal del Cantón, figuró entre los fundadores del “Instituto Indigenista” núcleo de Loja. El 71 viajó a Europa y estuvo en Rusia invitado por dicho gobierno, con Humberto Vacas Gómez, José Alfredo Llerena, Rafael Borja, Mario Suárez Salvador. El 75 recorrió China, Tailandia, el Oriente medio, India, Turquía, Grecia, Italia y España.

En 1977 fue vocal del Directorio del Núcleo de Loja de la Casa de la Cultura Ecuatoriana. Entre 1979 y el 81 fue Gobernador de Loja durante la presidencia de Jaime Roldós Aguilera, renunciando tras la muerte del mandatario El 80 editó “Relatos y Siluetas” en 170 págs. con prólogo de Alejandro Carrión. Son seis relatos de bravos cuentos en los que la realidad se mezcla con el delirio, aparte de las nueve siluetas biográficas. Este primer libro suyo recogió algunas de sus producciones que andaban dispersas en diarios y revistas de su provincia. A principios de los 80 dio la vuelta al mundo para llegar al Japón y a los países del Medio Oriente.

En 1984 dio a la luz “Poemas y Canciones” en 118 págs. con un agudo sentido del humor muchas veces resuelto por lo grotesco, siempre jocundo.

Dotado de infernal alegría, ha sabido vivir con una generosidad que la vida nunca ha podido dominar. En 1986 recibió la medalla al Mérito Educacional de primera clase.

Tiene inédito ‘’Reestructuración Jurídica del Estado” con enfoques sobre las dictaduras y el acontecer político del Ecuador en la década de los años 1970 al 80, los partidos políticos y sus líderes, título del libro que concuerda con el de su columna periodística mantenida en el Diario “El Mundo” de Loja con el pseudónimo de “Alamarada Cid”

Su creación literaria, producida a saltos y con largos intervalos, es una actividad extracu rricu lar, pues siempre ha sido más maestro que abogado o cualquier otra cosa, quizá por eso su figura se tornó solo regional sin alcanzar niveles de importancia nacional como en otros compañeros generacionales suyos.

Alto, blanco, rasgos regulares, pelo

negro. Atento, cordial, educado y sumamente servicial y útil al prójimo.